No hay dios,
no hay política,
no hay paz,
no hay amor,
no hay control,
no hay planes.
no hay política,
no hay paz,
no hay amor,
no hay control,
no hay planes.
"Abraza la
oscuridad" de Charles Bukowski
Estos días leo las
noticias y me invade una cierta sensación ya conocida de incómodo, familiar e
insensible hastío. Veo las informaciones sobre la decapitación del periodista
estadounidense y en general sobre las barbaridades cometidas por la organización
radical islámica de turno, en este caso el supuesto califato islámico de Oriente
Medio que copa las portadas en los últimos tiempos. Parece que el salvaje que mató al pobre hombre procedía de la civilizada Inglaterra, solo que se fue a dar rienda a sus
fantasías de violencia a un lugar más propicio para ello. Me informo también
sobre la muerte a manos de la policía de un joven negro en EE.UU. y los
consiguientes disturbios raciales que ha causado la difusión de la noticia.
Nada nuevo bajo el sol, esta vez ha sido Michael Brown en Missouri como antes
fueron Trayvon Martin en Florida o la paliza recibida por Rodney King a manos
de la policía de Los Ángeles. A veces todo se desencadena a partir de una injusticia
evidente, en otras ocasiones los hechos de fondo son menos claros pero igualmente
sirven como excusa para hacer estallar todo.







