Oh, verá, mi opinión es que no tengo opinión, pero me encantaría
acompañarle para ver cuál podría ser mi opinión. La diplomacia es la seducción
disfrazada señor Adams, uno mejora con la práctica.
Tom Wilkinson en la serie “John Adams”, capítulo “Independencia”
La entrada de hoy, como
las últimas, va a ser breve y para nada trataré algo especialmente original o novedoso. Muy al contrario, simplemente
voy a hacerme eco de una cosa que se ha mencionado de pasada en las redes sociales durante
las últimas horas y que me ha llamado la atención toda vez que encaja con temáticas que ya han sido tocadas en este blog otras veces.
Veamos. Cualquiera
próximo al mundillo académico sabe cómo funciona el tema de los “Congresos”. De
cada diez uno es importante de verdad y permite acumular méritos relevantes o aprender cosas auténticamente valiosas. El resto, los otros
nueve, suelen ser una mera excusa para de vez en cuando salir de la rutina e irse por ahí durante unos días a hacer turismo y ya de paso quedar con los
colegas que trabajan en otras universidades. Todo ello con los gastos pagados a
cargo de alguna institución cultural bajo el supuesto de que nos estamos
reuniendo para debatir sobre temas muy sesudos (sobre todo la calidad
de las cervezas en la zona, o cómo se llama el mejor restaurante de la ciudad de
turno).






