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sábado, 7 de abril de 2018

El topo



Me atormenta un eterno anhelo por cosas remotasansío navegar mares prohibidos.

Herman Melville, “Moby Dick”




James Mellaart fue un arqueólogo británico de origen holandés nacido en 1925 y muerto en 2012. Su historia empezó de una forma clásica: de niño quedó fascinado por las civilizaciones antiguas el día que su tío le regaló, por su once cumpleaños, un libro sobre el antiguo Egipto. Pronto el chaval aprendió precisamente egipcio antiguo así como griego antiguo y latín a la vez que demostraba poseer un sorprendente sexto sentido para hallar restos del pasado. Por ejemplo en una ocasión, mientras viajaba con su familia por la campiña inglesa, encontró un broche de la Edad de Hierro y, años después, durante un viaje a Chipre, dio con varias piezas de bronce micénico. Por ello no sorprendió a nadie cuando en 1947 empezó a estudiar Historia Antigua y Egiptología en Londres. Se graduó cuatro años más tarde y en uno de sus primeros trabajos como arqueólogo, en un viaje a Jericó, encontró una tumba antigua intacta.

Puede decirse que tenía un don. Y sin embargo ya por entonces empezó a mostrar un carácter impulsivo y problemas para seguir las convenciones de la arqueología científica. La pasión de Mellaart era desenterrar cosas, encontrar joyas, restos de edificaciones y ajuares, y hacerlo cuanto antes mejor. Lo suyo no era excavar pacientemente durante años un par de metros cuadrados de terreno para encontrar restos de semillas o algunos trozos de vasijas sin importancia. 

Con todo, en los años cincuenta, empezó a familiarizarse con la escritura luvita y puso su atención en la Península de Anatolia lo que le iba a proporcionar inesperadas satisfacciones. Primero realizó grandes hallazgos de estatuillas primitivas de la Edad del Cobre en el sitio de Hacilar y más tarde, en 1958, llegó el premio gordo con el descubrimiento del sitio de Catalhöyük, un emplazamiento clave a nivel mundial para conocer el tránsito hacia el Neolítico entre los años 7.500 y 5.500 a.n.e.

Para poneros en situación, en dicho asentamiento aparecieron entre otras cosas lo que en su día fueron los primeros restos de producción de textiles elaborados, también algunos de los más tempranos vestigios de cerámica, de domesticación de ganado y de pinturas en paredes de edificaciones (no en muros de piedra naturales como había sido común en el arte anterior a esos momentos). En su día Catalhöyük fue ya algo muy parecido a un asentamiento urbano, milenios antes de las más antiguas ciudades-estado de Mesopotamia. De tal forma las publicaciones del propio Mellaart y su equipo abrieron el camino para las modernas teorías sobre los cambios en las sociedades humanas durante la transición hacia el Neolítico.

Mellaart se había transformado en una estrella de la arqueología.

Y justo en ese momento se vio implicado en un asunto bastante extraño.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Hera mitocondrial


Usted es siciliano ¿eh?, ¿sabe? yo leo mucho, sobre todo cosas ocurridas en la historia. Para mí es un hecho fascinante y hay algo que no se si usted conoce: los sicilianos descienden de negros. Y si usted no me cree documéntese, hace cientos y cientos de años los moros conquistaron Sicilia. Y los moros... son negros.

(Dennis Hopper durante un inolvidable intercambio de pareceres con Christopher Walken en “True Romance”)


                   



Lo cierto es que el trabajo de escudriñar en el pasado tiene a veces su lado sucio. Hace unos quince años, a eso de las seis de la mañana de un día cualquiera, periodistas del diario Mainichi Shimbun grabaron a Shinichi Fujimura, director del Instituto Paleolítico de Tohoku y por entonces quizás el arqueólogo más famoso de Japón, enterrando piezas en uno de los yacimientos que estudiaba con la intención de realizar su sorprendente “descubrimiento” durante los días siguientes “demostrando” así de paso la antigüedad de las primeras culturas japonesas. 

miércoles, 21 de octubre de 2015

Ya puestos


El creacionista no es ese friqui fanático que se aferra a la literalidad del primer capítulo del Génesis; es, pura y simplemente, la persona que se niega a comulgar con las ruedas de molino del pienso ideológico con el que nos pretenden abducir y se pregunta: ¿Qué ocurrió en las cavernas para que un ser rudo y primitivo se pusiera a pintar?.

Extracto de un artículo de Juan Manuel de Prada en “El Semanal”, nº 1092. 





En una reciente Encuesta de Percepción Social de la Ciencia en España publicada a comienzos de este año por la FECYT el 11,5% de los encuestados negó que los seres humanos procedan de la evolución de especies animales previas. El año anterior un sondeo distinto, llevado a cabo en nuestro país por el British Council, obtuvo un 18% de creacionistas que negaban la validez de la teoría de la evolución aplicada a los seres humanos. No es que vaya a extenderme al respecto de este tema, solo aprovecho el impulso de la última entrada para mencionar de soslayo este problema en cuanto a la distorsionada percepción a nivel de calle de algunas cuestiones relativas al pasado humano

   Cumplida la misión voy a tocar una cuestión indirectamente relacionada con la formación de la azarosa amalgama de visiones e ideas sobre las sociedades de tiempos pretéritos que de una u otra forma llegan a la cabeza del ciudadano medio. Ya sabéis que en gran medida estoy convencido de que esa “imagen del pasado” que opera a nivel de masas es básicamente un caótico conglomerado de ideas surgido de múltiples fuentes: películas y series de televisión de ambientación “histórica”, novelas “históricas”, mitos nacionalistas o prejuicios religiosos y políticos transmitidos a través de artículos de periódico, programas de radio, o páginas de Internet. Pero también, cómo no, recuerdos borrosos de los manuales escolares de cuando éramos críos.

viernes, 16 de octubre de 2015

Semiótica de un bisonte


El hombre prehistórico sólo nos ha dejado mensajes truncados. Tal vez colocó en el suelo una piedra después de celebrar un largo ritual en el que ofrendaba un hígado de bisonte asado en un plato de corteza pintado de ocre. Sin embargo desde entonces los gestos, las palabras, el hígado y la bandeja han desaparecido; en cuanto a la piedra, de no mediar un milagro, no la distinguiremos de las demás piedras de los alrededores.

André Leroi-Gourhan, “Las religiones de la Prehistoria”, 1964


            



Desde 2008 nada menos que catorce cuevas con arte rupestre del Norte de España son Patrimonio de la Humanidad según la UNESCO. Veintitrés años después de que se reconociese así a Altamira en ese año se le unieron Tito Bustillo, La Peña, Llonín, Covaciella y El Pindal en Asturias; Chufín, Hornos de la Peña, Monte Castillo (este caso en realidad agrupa varios yacimientos de la zona, en concreto La Pasiega, Monedas y Chimeneas), El Pendo, La Garma y Covalanas en Cantabria; y Santimamiñe, Ekain y Altxerri en el País Vasco. E incluso así en dicha zona Norte de nuestro país aún quedan algunos otros sitios de menor importancia con restos del período, como por ejemplo La Lluera, La Viña, La Lloseta, Pedroses, Micolón, La Haza, Cullalvera, Pondra, El Arco, Venta de la Perra o Arenaza. Por tanto hoy hablaré de un tema que debería resultar cercano e intrigante a bastantes lectores del blog.

De cara a ello vamos a viajar en el tiempo al llamado Paleolítico Superior, momento en que los Homo Sapiens que acababan de extenderse por el mundo crearon la primera manifestación artística de la historia. O más bien la más temprana manifestación artística de arte mural, en paredes de piedra, que ha llegado hasta nosotros. Porque cada vez parece más claro que los Neandertales (y quizás también otras especies del complejo árbol evolutivo de los Homininos) ya realizaban algunos objetos “artísticos”, puede que primitivas esculturas o sencillos adornos muy modestos vinculados al arte mueble o a rituales funerarios.

En todo caso no voy a tratar aquí esa última cuestión. Lo que sí voy a hacer es resumiros y replantearos someramente lo que conocemos (o creemos conocer) sobre un tipo de arte que frecuentemente se categoriza como perteneciente al espacio entre la Península Ibérica y los Urales, vinculado a una etapa cronológica que va del año 30.000 a.n.e. hasta el año 10.000 a.n.e. aproximadamente, correspondiendo su momento de mayor vigencia quizás al arco entre los años 18.000 y 12.000 a.n.e.

domingo, 26 de octubre de 2014

La verdad está ahí debajo


Verás, hemos estado investigándolo en plan Copérnico, cuando tenemos que ponernos en plan Galileo con este cabrón, ¿me pillas?. 

El detective Holder expresa este curioso razonamiento en el sexto capítulo de la tercera temporada de “The Killing”



En los años 80, mientras se sumergía cerca de Marsella, un buzo aficionado llamado Henri Cosquer encontró  la entrada de una cueva submarina próxima a la costa. La entrada a esa caverna se ubicaba a casi 40 metros bajo el agua pero resultó que en su interior había más de 100 pinturas rupestres realizadas entre los años 25.000 y 17.000 antes de nuestra era.

La Prehistoria aún es para nosotros en cierta forma un océano de dudas abocado a un desierto de respuestas. Pero desde hace unos años surge la posibilidad de que algunas respuestas a la imposible dicotomía anterior se encuentren desde siempre ante nuestras narices, precisamente en los mares y océanos, o más concretamente… bajo ellos.

martes, 5 de agosto de 2014

La venganza de Smaug



A ver si logro explicarlo bien porque salió a la luz ayer y hoy debería ser una de las noticias científicas del día.   

Entre 2003 y el año siguiente, 2004, en una cueva caliza de la isla de Flores perteneciente al archipiélago indonesio, un equipo conjunto de científicos australianos e indonesios encontró casi todo el esqueleto completo de un individuo, en puridad una hembra (denominada luego como espécimen LB1), así como múltiples restos parciales de varios individuos más entre unos 30.000 y 13.000 años de antigüedad (aunque en el caso de algunos restos la antigüedad podría llegar de unos 70.000 años), así como también restos de herramientas que más o menos se solapaban con ese espectro temporal, arrancando eso sí desde más atrás, tal vez unos 90.000 años de antigüedad.   

viernes, 4 de abril de 2014

Pedos de dinosaurio


Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y tiempo y sueño y agonía?.

        Jorge Luis Borges 

¿El huevo o la gallina?, ¿aún usamos esa expresión?. Dada la abrumadora evidencia a favor de la teoría de la evolución debo hacer una declaración real oficial. La respuesta es, rotundamente, el huevo.

          Ian McShane en la fallida serie Kings, capítulo titulado “Goliath”.


  
Ante la llegada a las carteleras de cine del Noé de Aronofsky -película caracterizada por mezclar con el componente propiamente bíblico del mito elementos de los que podríamos calificar como “fumada con tintes de ecologismo new age”- se me ha ocurrido realizar un pequeño experimento.

Voy a dejar un tanto de lado anécdotas y recopilaciones de fotografías históricas para dedicar varias entradas sucesivas a poner en relación cuestiones de Geografía (campo que tengo por ahora totalmente postergado en el blog), Paleontología e Historia.