La batalla es la gran redentora, el feroz crisol en el que solo se
forjan los verdaderos héroes.
Bill Paxton, el sargento Farell en “Al filo del mañana”
La guerra no convierte a los niños en hombres sino a los hombres
en muertos.
Ken Gillespie
Federico Guillermo I de Hohenzollern (1688-1740) fue entre 1713 y 1740 el segundo rey de Prusia tras la unión con
Brandeburgo del antiguo Ducado y su conversión en reino en 1701. Aunque implantó la obligatoriedad de la
enseñanza básica en sus dominios, creándose escuelas por todo el país, Federico Guillermo no era precisamente
alguien interesado en la cultura. Extremadamente grosero y violento, hablaba
muy mal el alemán y se negó a aprender francés, lengua de la corte en Prusia
antes de su ascenso al trono. Por el contrario le atraían la caza, la buena mesa
y, ante todas las cosas, su gran pasión consistía en pasar revista a sus
soldados, siendo esta última una de las razones por las que entró en la historia
bajo el sobrenombre de El Rey soldado. Lo cierto es que durante el reinado de Federico Guillermo el reino de Prusia apenas participó en guerras, salvo un
conflicto de poca importancia con los suecos al poco de comenzar dicho reinado. Aun así la desmedida pasión de Federico Guillermo por la vida castrense le llevó –con muy buen tino político, todo sea dicho- a modernizar
y ampliar el por entonces raquítico e irrelevante ejército prusiano hasta
convertirlo en la máquina de guerra de la que luego haría buen uso su hijo. En adelante, parafraseando una famosa cita, Prusia ya no sería un Estado con un ejército sino justo lo contrario, un ejército a un Estado pegado.








