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sábado, 2 de septiembre de 2017

El cuento de la buena pipa


Para que los bastardos lleguen al poder el pueblo solo tiene que hacerse a un lado y callar.

Castlevania “Necrópolis”





El mundo está casi lleno de países democráticos (al menos oficialmente). Vivimos en la era de hegemonía de la democracia como paradigma político. Pese a ello uno ha de admitir que a lo largo del planeta es posible encontrar democracias muy raras.

   Y es que, normalmente, al pensar en el funcionamiento de un sistema democrático presuponemos un cierto grado de alternancia en la cúspide del poder. De lo contrario pasado un cierto punto las elecciones periódicas solo sirven para legitimar el control del Estado por parte de unas élites plutocráticas o tecnocráticas que, argumentando limitarse a ejecutar los deseos del pueblo, se dedican a transmitirse década tras década, de forma endogámica y en beneficio propio, el control del gobierno. 

sábado, 18 de junio de 2016

El Japón decimonónico en imágenes




La técnica para hacer fotografías fue descubierta a mediados en los años veinte del s. XIX, aunque las primeras cámaras no empezaron a salir al mercado con cuentagotas hasta casi veinte años más tarde. Además por entonces resultaban todavía muy rudimentarias ya que solo podían tomar imágenes en blanco y negro de baja calidad.

Sin embargo el nuevo invento progresó rápido y ya desde los años sesenta de ese mismo siglo se implementaron los primeros sistemas para obtener imágenes en color. Aunque se trataba de mecanismos muy complejos, lentos y caros, por lo cual la fotografía en color propiamente dicha no se generalizó comercialmente hasta un siglo después. Antes de eso solo a partir de comienzos del s. XX se empezaron a disponer sistemas relativamente fiables para tomar imágenes en color de buena calidad, pero tales sistemas obtuvieron muy escasa difusión debido a su elevado precio, alta complejidad y a los sofisticados cuidados requeridos tanto por las cámaras como de cara a revelar las imágenes. No obstante de todo esto ya os he ido hablando poco a poco a lo largo de las diversas entradas que he dedicado a la fotografía durante esos años.

La cuestión es que el caso japonés resulta particularmente interesante porque allí en esa confusa etapa que va de 1860 a 1900 aproximadamente se produjeron muchas fotografías de calidad y se llegó a experimentar a gran escala con un sistema muy particular enfocado a proporcionar color a tales imágenes.

lunes, 13 de junio de 2016

Paisajes idealizados y gentes estereotipadas del País del Sol Naciente





Antes de entrar en materia me gustaría enmarcar lo que voy a comentar dentro de un proceso más amplio. En concreto la formación a finales del s. XIX de una imagen tópica de la cultura japonesa, o al menos de una cierta estética derivada de ella que luego sería difundida de forma global mediante los mecanismos de la cultura de masas contemporánea. Esto último a través de muy diversos medios, desde el cine a la pintura, pasando por el cómic o los videojuegos.

jueves, 9 de junio de 2016

Paisajes y gentes del País del Sol Naciente




En nuestra época la imagen del turista japonés cámara de fotos en mano se ha convertido en un tópico. Pero en realidad el arte de la fotografía en Japón tiene tras de sí una amplia trayectoria.

Según Terry Bennett, Photography in Japan, 1853-1912, la introducción de la fotografía en ese país fue un proceso que se inició en 1848 (con la llegada del primer Daguerrotipo a las islas en un barco procedente de Holanda) y que culminó en 1857 con la primera fotografía tomada con éxito en suelo japonés, en concreto esta imagen de al lado que muestra a Shimazu Nariakira un señor feudal del clan Satsuma. 

   Poco después, en paralelo a la progresiva apertura de Japón al exterior, numerosos fotógrafos extranjeros se establecieron en el archipiélago convirtiendo así a Japón en una avanzadilla de la industria fotográfica en Asia. Me refiero a gente como el suizo Pierre Rossier (1829-1890), quien realizó una corta pero fructífera estancia en Nagasaki entre 1859 y 1860. Y sobre todo Felice Beato (1832-1909), gran amigo y fotógrafo favorito de este blog. Felice llegó a Japón en 1863 tras haber recorrido el Norte de la India y parte de China. En Japón se asentó en Yokohama y allí alcanzó su madurez como artista fotográfico dirigiendo un estudio hasta 1877 aproximadamente. Luego, a partir de ese año, empezó a dejar de lado su actividad como fotógrafo para dedicarse a diversos negocios hasta que finalmente abandonó el país en 1884. Vendió entonces gran parte de su material y de sus negativos, los cuales acabaron en manos del italiano Adolfo Farsari (1841-1898), quien a su vez ejerció de fotógrafo en el país nipón entre 1873 y 1890, asentado también en Yokohama. Además por esas fechas resultó asimismo digna de mención la labor del barón austriaco Raimund von Stillfried (1839-1911), el cual permaneció en Japón entre los años 1870 y 1885 aproximadamente. 

miércoles, 7 de enero de 2015

El arte de Hasui Kawase


La fama es fugaz pero el anonimato es eterno.

Napoleón Bonaparte 





 Hoy vengo a traeros una coqueta galería de imágenes. En este caso son estampas de ukiyo-e, ese peculiar campo artístico japonés dedicado a los dibujos para grabados y del que ya he hablado anteriormente en un par de entradas del blog. Concretamente las imágenes que se incluyen al final de esta entrada pretender servir para transmitiros una idea general sobre la obra de Hasui Kawase (1883-1957). 

   ¿Por qué él?. Lo interesante de la obra de este autor es que se ubica a medio camino entre la pintura japonesa tradicional y otras corrientes más modernas sin que pueda adscribirse decididamente a ninguna de ellas. Para ser precisos su obra debe incluirse en lo que se conoce como movimiento shin-hanga, el cual se desarrolló en Japón entre los años de la Iª Guerra Mundial y los inicios de la Segunda, tras la cual desapareció.

jueves, 1 de enero de 2015

El samurái improbable


¿Qué hacer si el ruiseñor no canta?
Nobunaga dice “¡Mátalo!”.
“Haz que quiera cantar”, ordena Hideyoshi.
Ieyasu responde: “Espera”.

Inicio de “Taiko”, de Eiji Yoshikawa.



Tras el éxito de “El último samurái” (2003), hermosa película protagonizada por Tom Cruise transmutado en samurái, se despertó un cierto interés por conocer y recuperar casos de extranjeros que, a imagen de la ficticia historia narrada en ese film, se hubiesen llegado a convertirse realmente en samuráis.

En el fondo se trata de una historia mil veces vista pero que aún así siempre suscita fascinación. La historia del hombre que, inmerso en una sociedad totalmente ajena a la suya de origen, por las circunstancias que sean, acaba identificándose tanto con su nueva cultura de adopción que no solo llega a ser aceptado en el seno de un pueblo extranjero sino que incluso a veces termina por una posición predominante en el seno de dicho pueblo a la hora de resistir contra fuerzas externas. Desde el mito de Gonzalo Guerrero a la historia de Lawrence de Arabia hablamos de un arquetipo tan viejo como la propia humanidad.

Volviendo al caso japonés el problema es que la película citada fijó el interés en un período de la historia de Japón (finales del s. XIX) durante el cual la cultura tradicional japonesa ya se encontraba sumida en una irreversible crisis. De hecho, para entonces, el período de paz y aislamiento vivido por Japón desde comienzos del s. XVII había pasado factura a la casta samurái, la cual se había vuelto mucho menos diestra y preeminente que antaño. Por contra en esos momentos la cultura occidental lanzaba su famosa "carga del hombre blanco" por todo el globo. En ese contexto a comienzos de la época contemporánea existieron pocos extranjeros que lograran más o menos penetrar la coraza de la cultura japonesa; además en la mayoría de los casos ese hecho se debió a una simple atracción transitoria por el exotismo de lo oriental y no a un cambio vital realmente completo.

Si queremos por tanto buscar una historia de transformación personal un poco más intensa tenemos que partir de una tumba encontrada en 1872. En esa fecha un tal James Walters, un occidental de viaje por Japón, encontró dos estelas que atribuyó a una pareja de un inglés y su esposa japonesa muertos hacía más de 250 años. Siguiendo esa pista debemos por tanto remontarnos a otra época diferente del s. XIX, en concreto a finales del s. XVI y principios del s. XVII, cuando la cultura samurái todavía se mantenía pura y activa. Una vez allí vamos a intentar aproximarnos a la historia no del último samurái extranjero sino de los primeros samuráis nacidos fuera de Japón -e incluso del Extremo Oriente- a ver si localizamos al primero de todos ellos.

miércoles, 19 de marzo de 2014

4 8 15 16 23 42



¿Sabes lo que son los números primos?, porque si no lo sabes deberías marcharte de aquí ahora mismo.

         "La habitación de Fermat"

  


Hace unos días me encontraba en Italia y unos amigos me invitaron a una fiesta celebrada en el magnífico ático que tienen en Roma. Allí charlando en la terraza del mismo, mientras disfrutábamos de un impagable atardecer romano con los restos del Coliseo al fondo, me contaron la historia de la “Puerta Mágica” o “Puerta Alchemica”.  

jueves, 6 de febrero de 2014

La gran ola japonesa (II): Hiroshige


Construimos nuestro legado pieza a pieza y a lo mejor te recordará todo el mundo o a lo mejor solo un par de personas pero hacemos lo que podemos para asegurarnos seguir presentes cuando ya nos hayamos ido.

“A ghost story”





Utagawa Hiroshige fue el seudónimo artístico de Ando Tokutaro. Igual que Hokusai también Hiroshige nació en Edo, en su caso en el año 1797. Era hijo de Ando Genuemon, un capitán de bomberos de casta samurái. Como el cargo de “inspector de incendios” era hereditario dicha ocupación fue transmitida de padre a hijo y por tanto es a lo que se dedicó Hiroshige tras alcanzar la mayoría de edad. No obstante su vocación era otra, así durante algunos años compatibilizó el dibujo con sus ocupaciones como bombero. El problema es que cambiar de profesión no resultaba tan sencillo porque, si bien su cargo tenía la ventaja de ser algo garantizado, al transmitirse como una herencia Hiroshige no podía abandonar dicha ocupación sin encontrar a alguien de su familia que lo sustituyese en dicha labor. Finalmente, en 1823, logró renunciar a su puesto de bombero al encargarse de cubrir su vacante primeramente su hermano Tetsuzo y más adelante, en 1832, su primer hijo, Nakajiro. Gracias a eso Hiroshige pudo por fin dedicarse por completo a su vocación artística dando comienzo su carrera como tal.  

martes, 4 de febrero de 2014

La gran ola japonesa (I): Hokusai


- Oh, Dios mío. ¿Qué es esto?
- Es un pulpo dándole placer a una dama. Era de Cooper. Ha estado siempre en su despacho. Puedes quedártelo y ponerlo en el tuyo.
- No. No me tomarían en serio.
- Es bastante serio. Tiene ciento cincuenta años.

("Mad men" episodio doce de la séptima temporada) 






     Durante la época conocida como período Edo (1603-1868) Japón estuvo gobernado por el Shogunato Tokugawa, el cual a los pocos años de hacerse con el poder cerró el país a todo contacto exterior. Los cristianos fueron perseguidos y los comerciantes europeos expulsados, todo lo cual visto desde la perspectiva japonesa supuso el arranque de una etapa de paz y cierta prosperidad tras las guerras civiles acaecidas en Japón durante los siglos XV y XVI. Es cierto que más adelante ese aislamiento también implicó un estancamiento tecnológico y económico, pero esto último solo se hizo evidente ya bien entrado el s. XIX por lo cual el período Edo sigue siendo valorado hoy de una forma mayormente positiva. 

     Durante dicho período, aunque Kyoto seguía siendo la sede de la corte imperial, la capital propiamente dicha se estableció en Edo (la actual Tokyo), lo que contribuyó a dar nombre a esa etapa histórica. Pero no solo eso. Tras su cambio de status dicha ciudad creció con gran rapidez, especialmente tras su reconstrucción en 1657 debido a un gran incendio en el que murieron más de 100.000 de sus habitantes y que la destruyó casi por completo (un fenómeno común en aquellos tiempos; Londres por ejemplo sufrió también un inmenso incendio nueve años más tarde). Tras recuperarse de aquella catástrofe Edo se convirtió definitivamente en una de las ciudades más populosas del mundo con más de un millón de habitantes (y de las más hermosas y limpias, algo que ya no era tan común por entonces). Además ese crecimiento se sostuvo en el tiempo y por ello a finales del s. XVIII o comienzos del XIX la ciudad llegó a poseer una población de casi dos millones de habitantes.

    Mientras todo esto ocurría, ya desde finales del s. XVII, se desarrolló en torno a Edo y su Distrito Rojo de Yoshiwara (dedicado al ocio en general y al sexo en particular) una cultura hedonista y vital, interesada en diversiones y placeres mundanos que poco a poco se expandió hacia otras ciudades importantes del período, especialmente Osaka y Kyoto. Esa cultura recibió el nombre de “mundo flotante” o ukiyo, perfectamente descrita en la obra de Asai Ryoi, "Ukiyo monogatari" (1661): "vivíamos sólo para el momento, volviendo plenamente nuestra atención a los placeres de la luna, de la nieve, del cerezo en flor y de las hojas multicolores del arce; cantando canciones, bebiendo vino, divirtiéndonos, flotando, flotando, volviendo la cara a la miseria, negando el desaliento, nos dejamos llevar como una calabaza flotando en la corriente del río; esto es lo que nosotros llamamos el mundo que fluye, el mundo pasajero".