Surgió el asunto de las películas sobre cómics, como era de esperar. Cuando me preguntaron, aventuré mi opinión sincera de que encontraba algo preocupante el hecho de que el público de las películas de superhéroes esté ahora compuesto casi exclusivamente por adultos, hombres y mujeres en la treintena, cuarentena y cincuentena, que hacen cola ansiosamente para ver personajes y situaciones que fueron expresamente creados para entretener a chiquillos de trece años de hace medio siglo. (...) Para mí, esto de aferrarse a lo que inequívocamente fueron personajes para niños en su origen a mediados del siglo XX, parece indicar una retirada de las ciertamente abrumadoras complejidades de la existencia moderna. Me parece que una significativa parte del público, habiéndose rendido en el intento de entender la realidad en la que vive, ha razonado que quiere al menos ser capaz de comprender los desmadejados y desprovistos de sentido, pero todavía finitos, “universos” presentados por DC o Marvel Comics.
Alan Moore en una entrevista para “The Guardian”
Hay un truco que se explota mucho en la creación de universos de fantasía. Lo podéis intuir detrás de periodos imaginarios como la era Hiboria en que vive Conan el Cimmerio, o el mundo de El señor de los Anillos creado por Tolkien, pero también ocurre algo parecido en el concepto de fondo en torno al que giran creaciones más recientes como Juego de Tronos. Los autores imaginan de manera detallada un mundo fantástico normalmente caracterizado por unas relaciones sociales y una tecnología vagamente medieval y después asumen la congelación en el tiempo de ese estado de cosas durante miles y miles de años. De tal forma en esas historias pueden llegar a transcurrir diez mil años, en ese tiempo cambian los reyes, las dinastías y hasta las civilizaciones protagonistas, quizás algunas religiones aparecen o desaparecen, o quizás son los dragones o la magia los que lo hacen, pero más allá de eso, en lo tocante a los mecanismos profundos que caracterizan el mundo en el que se ambientan los hechos nada cambia. En esos universos de fantasía, pese al transcurso inexorable de los milenios, la tecnología bélica sigue siendo básicamente la misma, igual que las formas de pago o de explotación de la tierra, los mecanismos de sustracción de excedentes por parte de las clases acomodadas, los materiales y la lógica arquitectónica imperantes, las estructuras jurídicas y en general todo el resto de elementos que dan forma al mundo que se describe. De alguna forma se transmite la sensación de que en los mundos de fantasía, más allá de los cambios de nombre de los grandes imperios y alguna otra cosa muy visible, el resto de elementos que conforman el modo de vida cotidiano, desde la comida a la ropa, la forma de las casas o los modos de organización y explotación de la mano de obra no han cambiado nunca de forma suficientemente significativa como para dejar huella.
Esto no es malo, es totalmente lógico e incluso necesario tomarse algunas licencias para construir un universo de ficción. Simplemente para explicaros después otra cosa ahora necesito empezar resaltando que a día de hoy nuestros conocimientos sobre la evolución social niegan la posibilidad de un estancamiento tan prolongado. Y pongo un ejemplo.
Como algunos que me leéis desde hace tiempo habréis notado soy un convencido de la idea, polémica sobre todo para los medievalistas (obviamente), de que los siglos medievales significaron inicialmente un retroceso respecto al mundo clásico y, más adelante, tras una pequeña recuperación, todavía atravesaron algunos siglos más de estancamiento. A muchos medievalistas decir esto les parece una ofensa porque entienden que de algún modo quita importancia o atractivo a "su" periodo, el cual ellos describen con trazos inequívocamente dinámicos. No voy a entrar en ese debate ahora, para mi está claro que en la Europa de la época la reducción en la capacidad de transporte y desplazamiento a media y larga distancia, la caída de los rendimientos agrícolas, el más que evidente retroceso en las técnicas arquitectónicas, en la calidad de las esculturas, en la capacidad de representación de la tercera dimensión en la pintura, la reducción del tamaño de las ciudades o de los ejércitos, del volumen de los intercambios comerciales o del número de libros en las bibliotecas, el paso atrás en cuanto al tamaño y complejidad de cualquier cosa parecida a una administración, así como muchos otros factores, muestran una clara involución que ya empieza durante los momentos finales del Imperio romano en el s. III y se prolonga hasta el s. IX más o menos. Luego se produce una cierta recuperación que a partir del s. XII o inicios del XIII toma velocidad y parece que va a dar algo nuevo, hasta que la crisis de la Peste Negra retrasa la eclosión del mundo medieval en algo diferente durante casi otro siglo, hasta finales del s. XV, momento en el que la demografía, la tecnología bélica o marítima en general, el arte, etc. por fin igualan e incluso empiezan a superar los niveles que se habían alcanzado durante el mundo clásico en su momento de plenitud, solo que por entonces extendiendo el ámbito de influencia de todo eso hacia el interior de Europa cuando en su momento, durante la antigüedad, los grandes logros se habían limitado casi a las riberas del Mediterráneo si bien en sus dos orillas.
Pero hasta un tipo como yo, es decir alguien que mira con cierto recelo o supuesto desdén la Edad Media, admite que durante todos esos siglos los cambios fueron muy evidentes. Porque eso es lo normal con las sociedades humanas.
Entre una región europea al azar en el año 600 y el mismo lugar en el año 1200 por ejemplo no había casi punto de comparación para un ojo experto. En el campo había cambiado la tecnología para arar la tierra, desde la estructura del propio arado a los sistemas de sujección y tiro que se empleaban con las reses, esto a su vez desencadenó cambios en la productividad y vino acompañado de modificaciones en la estructura de la propiedad agraria y en los sistemas de rotación de cultivos. Durante todo ese tiempo el estatuto jurídico de los cultivadores también cambió, desde una evolución del "colonato" romano al inicio de ese período, pasando por la institución de una servidumbre puramente feudal probablemente en torno al s. IX (según el lugar del que hablemos) hasta los inicios del declive de esas relaciones de explotación con la irrupción de cada vez más relaciones mercantiles pagadas con moneda para el final del período escogido. Por entonces los tipos de contrato mercantiles habían comenzado a evolucionar, por no hablar de lo que había cambiado para entonces la comunicación entre personas con la eclosión de las lenguas romances. La estructura de clases sociales también ha cambiado durante esos años, los núcleos de artesanos urbanos empiezan por entonces a formar una “burguesía” urbana embrionaria que a su vez pronto mostró una estratificación entre los comerciantes y prestamistas exitosos y los simples artesanos a pequeña escala. A nivel político hay un mundo entre la primera fecha que cité y la última. Primeramente la idea imperial romana tuvo que dejar paso a los reyes tribales germanos, sostenidos en muchos casos sobre un derecho oral consuetudinario. Después el cristianismo intentó imponer una visión vertical del poder como algo derivado de dios, con lo que pasado el tiempo monarcas cada vez más fuertes tuvieron que entrar en confrontación con lo anterior para intentar desligar su poder de la voluntad de la Iglesia o al menos del Papa. Y en cuanto a las formas de construcción de las grandes obras públicas…. bueno os lo resumo en imágenes.
Por no hablar de las convenciones empleadas en las representaciones pictóricas, la evolución de los ropajes… en fin de todo. No quiero extenderme.
Básicamente he explicado esto para poneros un ejemplo de que los cambios en las sociedades humanas a medida que se suceden las generaciones suelen acumularse a un ritmo mayor del que creemos, incluso durante los periodos de evidente estancamiento. No es posible imaginar miles de años sin cambios sustanciales y totalmente radicales en una sociedad humana con una densidad demográfica mínima. Millones de mentes pensando durante tres o cuatro generaciones implican desarrollos tecnológicas que van a tener consecuencias económicas que provocarán cambios sociales y políticos siempre. Claro está un autor de fantasía ya tiene bastante con inventarse un universo con unas reglas un poco complejas y a la vez coherentes como para tener que inventarse reglas complejas y coherentes pero a la vez distintas para cada uno de los cuatro o cinco períodos que en su conjunto tendrían que sucederse en el tiempo largo que a él le interesa usar para poder narrar grandes historias no limitadas por un margen de tiempo estrecho. Y la cosa se pone más compleja porque en los universos de fantasía existen normalmente distintas razas y culturas. Con lo que habría que inventar reglas coherentes no solo para cada una de ellas sino, de cara a ser precisos, para cada uno de las etapas en su evolución durante las eras de las que se habla. Y nada obliga, de hecho lo normal es lo opuesto, a que todas esas razas y culturas se ubiquen al mismo tiempo más o menos en un estrato tecnológico equiparable.
Pero se comprende que los autores se tomen licencias y se inventen un mundo medieval donde hay quizás pueblos nómadas, otros de tipo vikingo y otros con una estética por ejemplo islámica y todos en general permanezcan en una especie de era medieval con magia durante 3.000 o 5.000 años, con una o dos lenguas francas que más o menos todos entienden y punto. Ese tipo de licencia es el equivalente a las series de ciencia ficción donde los humanos viajan por el universo y no paran de encontrar extraterrestres humanoides con los que se comunican a través de algún tipo de traductor universal. Es una simplificación necesaria a la que pocos autores logran sustraerse. Así que no hay probema.
Entonces por qué os hablo de esto. Bien, nosotros somos conscientes de esto que he explicado respecto a nuestra propia historia. O por lo menos creo que no vais a intentar negarlo. Por muy malos estudiantes que hayáis sido en el colegio entendéis que la Atenas de Pericles era fundamentalmente diferente a la Córdoba califal y esta a su vez a la Venecia del s. XVI y al Londres victoriano. Y cada una de estas ciudades era diferente de las otras en términos estéticos, pero no solo eso, lo importante es que eran diferentes porque en última instancia albergaban sociedades diferentes insertas en modos productivos, sistemas políticos y universos mentales distintos. Quizás los cambios concretos en aspectos complejos entre uno y otro momento se os escapan pero gracias a la pintura historicista o a las películas y series de dicha temática tenéis en vuestra cabeza unas referencias básicas sobre cómo evolucionaron la ropa y los peinados, o cómo cambiaron los palacios, los templos, o las armas, de un tiempo al otro.
Sin embargo no siempre ha sido así. No siempre los humanos hemos podido viajar
libremente para darnos cuenta de la variedad cultural a lo largo del
planeta, ni siempre hemos tenido libros de historia y museos y
películas de época que nos hagan conscientes de la multitud de
culturas que han existido en el planeta y la larga evolución
tecnológica y político-social que nos ha traído al punto en el que
nos encontramos en el presente.
El ejemplo palmario lo tenemos precisamente en la cultura medieval, profundamente teocéntrica y durante un tiempo propia de un mundo eminentemente rural, autárquico, analfabeto, donde los viajes y los contactos culturales eran poco frecuentes entre el grueso de la población. La consecuencia es que cuando los autores medievales intentaban plasmar en dibujos o pinturas otros lugares del planeta u otras épocas sucedía algo curioso, casi divertido a nuestros ojos. Resulta que todo lo imaginaban siguiendo los patrones que conocían. Un ilustrador que tenía que representar la China del Gran Khan en la época mongola, otro que ilustraba las peripecias bíblicas de Moisés y otro que pretendía recrear la antigüedad helenística para amenizar por ejemplo el Roman d´Alexandre… en esencia dibujaban lo mismo, guerreros con armaduras y espadas de estilo medieval, reyes y reinas con ropajes y coronas europeas de tiempos feudales, viviendo en castillos al estilo de los que existían en europa occidental en la época, e incluso a veces se dibujaban iglesias como decorado de fondo de las ciudades pese a retratar a sociedades paganas. Ciudades por supuesto con tejados a dos aguas propios de la Europa de aquel tiempo.
Para un erudito medieval todo el mundo era en esencia igual y siempre lo había sido. En su cabeza no había otras modas, otros estilos arquitectónicos, ni por supuesto otras ideas políticas y religiosas correctas (aunque esto ya no se reflejase tan directamente en lo visual) diferentes a las de la sociedad en la que vivía. Y no podía ser de otro modo como digo, en un mundo en el que no había museos, ni libros de historia rigurosos y de acceso público, ni tiques baratos de Ryanair.
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| Lo que pasa cuando es un cronista medieval el que te cuenta la película. |
Solo en la época Moderna esta visión empezó a
ampliarse debido a la expansión del mundo conocido, primero de manos
de hispanos y portugueses y luego también con la colaboración de
ingleses y franceses. Pero no fue hasta el s. XIX, en el momento
álgido de la explosión colonial en África y el Sureste de Asia,
así como con el nacimiento de la ciencia moderna, cuando el punto de
vista de la sociedad europea se ensanchó de manera definiva. Y pese a todo ello, esa ampliación de miras no fue tan grande como a veces se dice, porque
las primeras sociedades geográficas, o los inicios de los estudios de
antropología en las universidades, sufrieron todavía durante mucho
tiempo el lastre de los prejuicios, el racismo y la visión
eurocéntrica. Así que los habitantes de Londres, Nueva York, París o Berlín a finales
de ese siglo eran conscientes de que el mundo había sido muy diferente en el pasado y que en su propio presente había en otros continentes sociedades diversas, pero la consecuencia lógica para ellos era celebrar eso a través de Ferias y exposiciones
universales que mostraban lo primitivo que era todo lo que no era
perfectamente anglosajón, francés o alemán en ese momento de la
historia. Todavía debería pasar otro siglo más para que
empezásemos a contemplar la evolución humana y las diferencias entre culturas con cierta neutralidad o incluso autocrítica. Y no estoy seguro de si alguna vez logramos conseguirlo por completo.
Una vez explicado todo eso llego por fin a donde quería llegar. El caso es que estoy empezando a notar un cierto retroceso. Y esta vez viene de una dirección inatendida. Lo explico.
Como historiador estoy acostumbrado a enfrentarme a una visión digamos “de derechas” que considero nociva para el análisis del pasado. Es una visión que entiende los tiempos pretéritos como una fuente de orgullo y sentido de pertenencia. Bajo ese punto de vista el pasado consiste esencialmente en la historia de lo que han hecho bien “los míos” en oposición a “los otros” que son básicamente tontos, malvados e inferiores. Es más, criticar a "los míos" es visto casi con un crimen de traición a la patria.
Por supuesto me podéis decir con razón que la historia de cuño digamos marxista también ha hecho cosas feas. Desde ocultar masacres estalinistas o centrarse demasiado en la economía (en realidad no se si es posible centrarse demasiado en la economía porque es jodidamente importante). Pero me temo que los marxistas no han sido tantos ni tan relevantes o populares y sobre todo, en la medida en que su visión sobre el pasado se reduce a una fuente de la que extraer lecciones sobre problemas sociales a eliminar en el presente, la necesidad de glorificar el pasado o identificarse emocionalmente con el mismo es menor.
Es decir para mi hasta hace poco el enemigo tradicional, casi entrañable y perfectamente reconocible, eran unos señores que olían a naftalina (los simpatizantes de la visión de la historia de tipo mas marxista olemos más bien a cadáver putrefacto) y que no paran de repetirte una y otra vez la fecha de la batalla de Covadonga o, en su variante nacionalista, la de tal o cual asedio a Barcelona o el día que "les" quitaron "a ellos" sus fueros medievales hace 300 años. Y luego conmovidos por lo anterior lloran de emoción o de pena ante tal hazaña o semejante afrenta que sienten como propia porque entienden que esos señores de hace 300 o 1300 años de los que hablan eran los “suyos”. Y tú no.
Por todo ello tradicionalmente la alteración del pasado por razones emocionales de comodidad/incomodida venía de la derecha.
Hasta ahora.
En los últimos años, ha empezado a pasar algo muy interesante. Empecé a leer sobre ello hace cinco o seis años en relación a universidades estadounidenses donde sucedían cosas... raras. Por ejemplo alumnos superprogresistas que denunciaban a profesores no por ningún acto malsano sino simplemente por explicar en clase cosas que les incomodaban. O directamente por gilipolleces. Este video es de un profesor de Yale que tuvo que renunciar junto con su mujer porque ella escribió un email diciendo que aunque durante Halloween era mejor evitar disfraces que tal vez pudiesen ofender a minorías culturales (fijaros en todas las salvedades que ya incorportaba el mensaje) confiaba en que los estudiantes pudiesen regularse por si mismos de cara a no elegir algo especialmente provocativo.
Mirad como argumenta el aquelarre de universitarios progresistas y multiculturales. Solo les faltan las antorchas. Mientras tanto la carrera del tipo en cuestión a la basura no por cometer un error esporádico o decir algo que fuese mentira. No, faltaría más. Simplemente por defender las opiniones de su mujer las cuales algunos estudiantes, bajo su particular criterio, consideraban inconvenientes.
Esto empezó a suceder hace algún tiempo en diversas cátedras de estudios sociales y culturales y pronto llegó a las asignatura de historia. Pero en el último año y medio más o menos ha saltado también a otros ámbitos. Hemos visto esa ola de ¿hipersensibilidad reivindicativa? ¿hipercorrectismo justiciero? ¿postureo para la galería? llegando hace poco al campo de la traducción literaria (el link no tiene desperdicio). Pero me interesan ahora especialmente sus consecuencias en la representación visual del pasado a través de series o películas.
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| Este es Aquiles en la reciente "Troy: Fall of a City" de la BBC. |
Como el pasado es una mierda y lo normal en la historia humana ha sido la violencia, la explotación, la xenofobia, el machismo y las injusticias de todo tipo pues resulta que de un tiempo a esta parte representar el pasado de forma realista se ha vuelto inconveniente para la generación de los ofendidos por antonomasia. Esa gente que ha nacido con la piel tan fina que la mera mención de cualquier abuso les resulta psicológicamente insoportable.
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| Y este es Zeus. |
Esto tiene varios problemas porque lo primero para resolver las injusticias es identificarlas, nombrarlas, mirarlas directamente y entender su lógica para luego a partir de ese conocimiento proponer soluciones. Mientras que esconderlas bajo la alfombra y hacer como que no existen… bueno, es un procedimiento un tanto raro que nunca relacioné con el pensamiento de izquierdas y que no creo que ayude realmente a hacer lo que deseamos todos, que es eliminar los problemas en la realidad y no solo en nuestras fantasías.
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| La evolución del dios nórdico Heimdall también tiene tela. |
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| Aquí en el lucrativo universo cinematográfico de Marvel. |
Pero de alguna forma la izquierda postmodernista está asumiendo ideas muy discutibles como que el lenguaje puede modificar por si mismo la realidad. Y de tal forma toda una generación de ofendidos ha decidido borrar el machismo, el racismo, el antisemitismo, la homofobia, la xenofobia y hasta el maltrato animal... de los libros y de las películas y de las conversaciones. Porque así el mundo será un lugar mejor y con el tiempo, de manera un tanto mágica, todo hay que decirlo, el que ellos dejen de mencionar o siquiera pensar en esas cosas... hará que dejen de suceder y desaparezcan del mundo real.
Es así como una primera ola ha intentado eliminar esas realidades del lenguaje. Y la siguiente ola pretende hacerlo de la representación de la historia a través de su plasmación visual en productos de época. Repito, no se trata de eliminar la injusticia de la realidad cotidiana en el presente (eso es bueno y es lo que queremos todos) sino que se empieza a considerar como un paso necesario para corregir el presente el reescribir cómo se representa la historia en la ficción y esta tendencia ya empieza a ser muy clara por ejemplo en casi todas las series de época producidas en Gran Bretaña en los últimos dos años.
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| Trama inclusiva de aristócrata negra en la Inglaterra victoriana en "Sanditon" |
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| La aristocracia británica del periodo según "Los Bridgerton". Para que luego se queje Meghan Markle. |
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| El Dr. Watson en "The Irregulars". Y ya paro. |
Me temo que estamos ante una tendencia que va a ir en aumento una vez sea plenamente asumida por Hollywood donde ya ha puesto un pie. La idea es que muchos showrunners anglosajones están aceptando ese planteamiento de que a partir de ahora hay que representar el pasado de forma "inclusiva" para evitar problemas en las campañas de márketing. Esto implica incluir variedad racial en el reparto aunque tu serie se ambiente en la Prusia del s. XVIII e inventarte tramas que incluyan historias de relaciones siguiendo tendencias del presente (normalización de la homosexualidad, poliamor, etc.) y empoderamiento femenino, independientemente de la época del pasado que elijas para dar un poco de ambientación. Así evitas que grupos organizados de activistas de esos movimientos, muy beligerantes los últimos años, te organicen un boicot virtual, o simplemente dejen de consumir tu producto.
Yo personalmente acepto que esto se haga digamos en un 50% de los casos para dar satisfacción a las necesidades del público. O para que actores pertenecientes a determinados grupos tengan suficientes opciones para trabajar. Pero si uno revisa las series anglosajonas (nos guste o no son las que marcan tendencias) producidas en los últimos dos años, entre aquellas dedicadas a tratar sociedades pretéritas se atisba una tendencia preocupante. La representación "de época" donde se coge una ambientación con vestidos y edificios antiguos pero para contar lo-que-me-da-la-gana, aunque no tenga lógica alguna o conexión con el contexto histórico que se escoge como envoltorio, se está convirtiendo cada vez en algo más y más habitual.
Es como si representar de forma fidedigna el pasado (o al menos buscar el mayor grado de veracidad que se pueda lograr) empezase a ser considerado directamente inconveniente. Y no por las tradicionales razones esgrimidas por la derecha (demasiada autocrítica, desmitificación del héroe, etc....), sino por un nuevo tipo de queja que viene de generaciones jóvenes, de estudiantes universitarios, de mujeres con puestos directivos bien remunerados, de sectores tradicionalmente progresistas en teoría, pero que ahora entienden el progresismo de un modo un tanto extraño: no me da la gana de saber la verdad porque la verdad no me hace sentir bien conmigo mismo.
En otras palabras, las nuevas generaciones progresistas han llegado a converger en cierta forma con las viejas generaciones conservadoras: solo quieren visualizar o escuchar aquello que confirma sus puntos de vista y nada más. Un auténtico error porque una de las bases de su tradicional superioridad moral era el hecho de que la izquierda y el progresismo en general habían sido siempre mucho más autocríticos que el pensamiento conservador de derechas, esencialmente chauvinista por definición.
Esto que os puede parecer una tontería va a tener consecuencias, por ejemplo para los escolares. Para ellos cada vez será más difícil identificar diferencias entre el presente y el pasado ya que, para empezar, las nuevas generaciones han dejado de lado el papel (aceptémoslo) porque son una generación esencialmente audiovisual que añade información a su cerebro a través de videos. Y como pasarán décadas hasta que todo el saber que hay ahora mismo concentrado en papel llegue al formato audiovisual, están cada vez más expuestos a formarse sus ideas sobre el pasado en base a las escasas representaciones de ese pasado supuestamente lejano que pueden ver en las películas y series recientes (como se ha dado un auténtico salto tecnológico pero también conceptual durante los últimos años, para un escolar actual ver una película histórica de hace más de veinte o treinta años es, literalmente, del siglo pasado, y supone contemplar un material aburrido, lento e incomprensible en su propio lenguaje expresivo y su ritmo narrativo, algo similar a ver cine mudo para nosotros). Pero como os intento explicar los productos recientes en cambio hacen enormes esfuerzos para asimilar el pasado al presente y reducir las diferencias entre épocas a poco más que los ropajes y los edificios ante la obsesión de moda por eliminar selectivamente toda alusión a cosas que pudieran o pudiesen resultar inconvenientes a ojos de los nuevos movimientos sociales de nuestro tiempo.
Lo anterior, me temo, lejos de volver a nuestros jóvenes mejores personas simplemente los hace más acríticos y más vulnerables a la manipulación política. Cada vez me encuentro a más estudiantes que tienen enormes problemas para establecer razonamientos de tipo causa -> consecuencia, porque para empezar no tienen en su cabeza unos criterios básicos de qué ocurrió antes, qué ocurrió después y cuales eran las diferencias entre esas dos épocas. Y a partir de ahí son incapaces de formular hipótesis sobre las razones de problemas históricos en tanto que les resulta muy dificil secuenciar una cadena de eventos, es como si en su cabeza todo estuviera superpuesto y sucediera al mismo tiempo. O como si todo fuese siempre básicamente igual y no supieran identificar claramente diferencias entre periodos, o al menos las diferencias verdaderamente importantes. ¿Que esto que digo es imposible porque son cosas de cajón? Haceos profesores, quitad por un momento la mirada de los grupos de estudiantes competentes o los hijos de padres con estudios universitarios, coged a un grupo de estudiantes con problemas procedentes de familias de baja estracción social... y luego lo hablamos otra vez.
Hay muchas cosas que discutir sobre esto que está pasando, aunque como no quiero imponer mi opinión os doy la oportunidad a través de los comentarios de machacarme por políticamente incorrecto.
Antes de pasar a ello no obstante debo clarificar algo. Considero algo cualitativamente diferente a todo esto el tomar decisiones por ejemplo sobre a qué personas se rinde homenaje en el presente a través de la toponimia o monumentos públicos. La revisión de algo así me parece correcta porque toda sociedad puede elegir qué valores del pasado quiere escoger de cara a promoverlos y homenajearlos en el presente. Nada como sociedad nos obliga a dedicar días festivos, o partes del callejero, o estatuas, a figuras históricas que hoy sabemos que no comulgan con valores que consideramos justos. Eso no implica falsear la historia. Al contrario presupone de partida un esfuerzo por analizarla, conocerla y recordarla tal y como fue. A fin de cuentas el renunciar a recordar determinados eventos o realidades del pasado simplemente porque nos resultan incómodas ha sido siempre algo que ha servido precisamente a los intereses de los herederos de esos personajes oscuros.
En cambio me parece preocupante a la hora de analizar la forma de pensar de un cierto sector digamos "pijo" dentro de la izquierda actual, sector que me temo cada vez pesa más dentro del pensamiento "progre" del presente, el que estén dispuestos a eliminar de las representaciones del pasado las diferencias raciales o de género, la homofobia, el desprecio a los extranjeros, que los nuevos creadores estén casi obligados a imaginar un pasado donde nadie fuma, o tiene mala higiene dental, o no se depila, o le da una patada a un perro, no hablemos ya de una bofetada a un niño… pero, ey, las diferencias sociales esas no son algo que nos incomode tanto. De hecho no hay problemas con las tramas donde se muestran enormes diferencias entre ricos y pobres presentadas como algo natural, o algo consustancial a la existencia, algo unicamente relacionado con diferencias en el "talento", nadie parece querer criticar en Twitter que eso sea un problema o señalar que rara vez se ahonda en un análisis de las causas profundas de tal disparidad. Mucho menos señalar el lavado de imagen enorme que se está haciendo a varias casas reales los últimos años a través de producciones de tipo "histórico". En el plano de los productos de ficción lo importante parece ser asegurarse de que algún que otra incómoda diferencia de rango y capacidad adquisitiva de bienes y servicios entre personas sea el marco en el que se narre una historia de poliamor, o quizás la más clásica historia de alguna chica pobre que se enamora de un chico rico, o lo contrario, y quizás hasta cantan y al final formalizan su relación entre iguales de manera laica, heteronormativa y respetuosa con el medio ambiente. Porque las diferencias en su capacidad de ahorro nunca han significado barreras más importantes que las marcadas por la sexualidad o el grupo étnico o directamente la identificación de grupo a título individual. Así que lo importante es que en la pantalla se respeten sus preferencias veganas sin dejarse influir por prejuicios raciales. Esas cosas son las que de verdad cuentan y por ello son las que potencialmente nos podrían ofender. Lo de que haya gente que acumula miles o millones de veces el volumen de bienes del que disponen otras personas, eso no. Eso es algo normal y no vamos a reflexionar mucho sobre ello, lo importante es transmitir las emociones interiores de los protagonistas y que estas vayan en consonancia con los consensos de opinión actuales en las redes sociales.
Interesante.
Muy interesante.










































