jueves, 8 de abril de 2021

Mola mazo

 

Surgió el asunto de las películas sobre cómics, como era de esperar. Cuando me preguntaron, aventuré mi opinión sincera de que encontraba algo preocupante el hecho de que el público de las películas de superhéroes esté ahora compuesto casi exclusivamente por adultos, hombres y mujeres en la treintena, cuarentena y cincuentena, que hacen cola ansiosamente para ver personajes y situaciones que fueron expresamente creados para entretener a chiquillos de trece años de hace medio siglo. (...) Para mí, esto de aferrarse a lo que inequívocamente fueron personajes para niños en su origen a mediados del siglo XX, parece indicar una retirada de las ciertamente abrumadoras complejidades de la existencia moderna. Me parece que una significativa parte del público, habiéndose rendido en el intento de entender la realidad en la que vive, ha razonado que quiere al menos ser capaz de comprender los desmadejados y desprovistos de sentido, pero todavía finitos, “universos” presentados por DC o Marvel Comics.

Alan Moore en una entrevista para “The Guardian”




Hay un truco que se explota mucho en la creación de universos de fantasía. Lo podéis intuir detrás de periodos imaginarios como la era Hiboria en que vive Conan el Cimmerio, o el mundo de El señor de los Anillos creado por Tolkien, pero también ocurre algo parecido en el concepto de fondo en torno al que giran creaciones más recientes como Juego de Tronos. Los autores imaginan de manera detallada un mundo fantástico normalmente caracterizado por unas relaciones sociales y una tecnología vagamente medieval y después asumen la congelación en el tiempo de ese estado de cosas durante miles y miles de años. De tal forma en esas historias pueden llegar a transcurrir diez mil años, en ese tiempo cambian los reyes, las dinastías y hasta las civilizaciones protagonistas, quizás algunas religiones aparecen o desaparecen, o quizás son los dragones o la magia los que lo hacen, pero más allá de eso, en lo tocante a los mecanismos profundos que caracterizan el mundo en el que se ambientan los hechos nada cambia. En esos universos de fantasía, pese al transcurso inexorable de los milenios, la tecnología bélica sigue siendo básicamente la misma, igual que las formas de pago o de explotación de la tierra, los mecanismos de sustracción de excedentes por parte de las clases acomodadas, los materiales y la lógica arquitectónica imperantes, las estructuras jurídicas y en general todo el resto de elementos que dan forma al mundo que se describe. De alguna forma se transmite la sensación de que en los mundos de fantasía, más allá de los cambios de nombre de los grandes imperios y alguna otra cosa muy visible, el resto de elementos que conforman el modo de vida cotidiano, desde la comida a la ropa, la forma de las casas o los modos de organización y explotación de la mano de obra no han cambiado nunca de forma suficientemente significativa como para dejar huella. 

Esto no es malo, es totalmente lógico e incluso necesario tomarse algunas licencias para construir un universo de ficción. Simplemente para explicaros después otra cosa ahora necesito empezar resaltando que a día de hoy nuestros conocimientos sobre la evolución social niegan la posibilidad de un estancamiento tan prolongado. Y pongo un ejemplo.

Como algunos que me leéis desde hace tiempo habréis notado soy un convencido de la idea, polémica sobre todo para los medievalistas (obviamente), de que los siglos medievales significaron inicialmente un retroceso respecto al mundo clásico y, más adelante, tras una pequeña recuperación, todavía atravesaron algunos siglos más de estancamiento. A muchos medievalistas decir esto les parece una ofensa porque entienden que de algún modo quita importancia o atractivo a "su" periodo, el cual ellos describen con trazos inequívocamente dinámicos. No voy a entrar en ese debate ahora, para mi está claro que en la Europa de la época la reducción en la capacidad de transporte y desplazamiento a media y larga distancia, la caída de los rendimientos agrícolas, el más que evidente retroceso en las técnicas arquitectónicas, en la calidad de las esculturas, en la capacidad de representación de la tercera dimensión en la pintura, la reducción del tamaño de las ciudades o de los ejércitos, del volumen de los intercambios comerciales o del número de libros en las bibliotecas, el paso atrás en cuanto al tamaño y complejidad de cualquier cosa parecida a una administración, así como muchos otros factores, muestran una clara involución que ya empieza durante los momentos finales del Imperio romano en el s. III y se prolonga hasta el s. IX más o menos. Luego se produce una cierta recuperación que a partir del s. XII o inicios del XIII toma velocidad y parece que va a dar algo nuevo, hasta que la crisis de la Peste Negra retrasa la eclosión del mundo medieval en algo diferente durante casi otro siglo, hasta finales del s. XV, momento en el que la demografía, la tecnología bélica o marítima en general, el arte, etc. por fin igualan e incluso empiezan a superar los niveles que se habían alcanzado durante el mundo clásico en su momento de plenitud, solo que por entonces extendiendo el ámbito de influencia de todo eso hacia el interior de Europa cuando en su momento, durante la antigüedad, los grandes logros se habían limitado casi a las riberas del Mediterráneo si bien en sus dos orillas.

Pero hasta un tipo como yo, es decir alguien que mira con cierto recelo o supuesto desdén la Edad Media, admite que durante todos esos siglos los cambios fueron muy evidentes. Porque eso es lo normal con las sociedades humanas. 

Entre una región europea al azar en el año 600 y el mismo lugar en el año 1200 por ejemplo no había casi punto de comparación para un ojo experto. En el campo había cambiado la tecnología para arar la tierra, desde la estructura del propio arado a los sistemas de sujección y tiro que se empleaban con las reses, esto a su vez desencadenó cambios en la productividad y vino acompañado de modificaciones en la estructura de la propiedad agraria y en los sistemas de rotación de cultivos. Durante todo ese tiempo el estatuto jurídico de los cultivadores también cambió, desde una evolución del "colonato" romano al inicio de ese período, pasando por la institución de una servidumbre puramente feudal probablemente en torno al s. IX (según el lugar del que hablemos) hasta los inicios del declive de esas relaciones de explotación con la irrupción de cada vez más relaciones mercantiles pagadas con moneda para el final del período escogido. Por entonces los tipos de contrato mercantiles habían comenzado a evolucionar, por no hablar de lo que había cambiado para entonces la comunicación entre personas con la eclosión de las lenguas romances. La estructura de clases sociales también ha cambiado durante esos años, los núcleos de artesanos urbanos empiezan por entonces a formar una “burguesía” urbana embrionaria que a su vez pronto mostró una estratificación entre los comerciantes y prestamistas exitosos y los simples artesanos a pequeña escala. A nivel político hay un mundo entre la primera fecha que cité y la última. Primeramente la idea imperial romana tuvo que dejar paso a los reyes tribales germanos, sostenidos en muchos casos sobre un derecho oral consuetudinario. Después el cristianismo intentó imponer una visión vertical del poder como algo derivado de dios, con lo que pasado el tiempo monarcas cada vez más fuertes tuvieron que entrar en confrontación con lo anterior para intentar desligar su poder de la voluntad de la Iglesia o al menos del Papa. Y en cuanto a las formas de construcción de las grandes obras públicas…. bueno os lo resumo en imágenes. 





Por no hablar de las convenciones empleadas en las representaciones pictóricas, la evolución de los ropajes… en fin de todo. No quiero extenderme.

Básicamente he explicado esto para poneros un ejemplo de que los cambios en las sociedades humanas a medida que se suceden las generaciones suelen acumularse a un ritmo mayor del que creemos, incluso durante los periodos de evidente estancamiento. No es posible imaginar miles de años sin cambios sustanciales y totalmente radicales en una sociedad humana con una densidad demográfica mínima. Millones de mentes pensando durante tres o cuatro generaciones implican desarrollos tecnológicas que van a tener consecuencias económicas que provocarán cambios sociales y políticos siempre. Claro está un autor de fantasía ya tiene bastante con inventarse un universo con unas reglas un poco complejas y a la vez coherentes como para tener que inventarse reglas complejas y coherentes pero a la vez distintas para cada uno de los cuatro o cinco períodos que en su conjunto tendrían que sucederse en el tiempo largo que a él le interesa usar para poder narrar grandes historias no limitadas por un margen de tiempo estrecho. Y la cosa se pone más compleja porque en los universos de fantasía existen normalmente distintas razas y culturas. Con lo que habría que inventar reglas coherentes no solo para cada una de ellas sino, de cara a ser precisos, para cada uno de las etapas en su evolución durante las eras de las que se habla. Y nada obliga, de hecho lo normal es lo opuesto, a que todas esas razas y culturas se ubiquen al mismo tiempo más o menos en un estrato tecnológico equiparable.

Pero se comprende que los autores se tomen licencias y se inventen un mundo medieval donde hay quizás pueblos nómadas, otros de tipo vikingo y otros con una estética por ejemplo islámica y todos en general permanezcan en una especie de era medieval con magia durante 3.000 o 5.000 años, con una o dos lenguas francas que más o menos todos entienden y punto. Ese tipo de licencia es el equivalente a las series de ciencia ficción donde los humanos viajan por el universo y no paran de encontrar extraterrestres humanoides con los que se comunican a través de algún tipo de traductor universal. Es una simplificación necesaria a la que pocos autores logran sustraerse. Así que no hay probema.

Entonces por qué os hablo de esto. Bien, nosotros somos conscientes de esto que he explicado respecto a nuestra propia historia. O por lo menos creo que no vais a intentar negarlo. Por muy malos estudiantes que hayáis sido en el colegio entendéis que la Atenas de Pericles era fundamentalmente diferente a la Córdoba califal y esta a su vez a la Venecia del s. XVI y al Londres victoriano. Y cada una de estas ciudades era diferente de las otras en términos estéticos, pero no solo eso, lo importante es que eran diferentes porque en última instancia albergaban sociedades diferentes insertas en modos productivos, sistemas políticos y universos mentales distintos. Quizás los cambios concretos en aspectos complejos entre uno y otro momento se os escapan pero gracias a la pintura historicista o a las películas y series de dicha temática tenéis en vuestra cabeza unas referencias básicas sobre cómo evolucionaron la ropa y los peinados, o cómo cambiaron los palacios, los templos, o las armas, de un tiempo al otro.

Sin embargo no siempre ha sido así. No siempre los humanos hemos podido viajar libremente para darnos cuenta de la variedad cultural a lo largo del planeta, ni siempre hemos tenido libros de historia y museos y películas de época que nos hagan conscientes de la multitud de culturas que han existido en el planeta y la larga evolución tecnológica y político-social que nos ha traído al punto en el que nos encontramos en el presente.

El ejemplo palmario lo tenemos precisamente en la cultura medieval, profundamente teocéntrica y durante un tiempo propia de un mundo eminentemente rural, autárquico, analfabeto, donde los viajes y los contactos culturales eran poco frecuentes entre el grueso de la población. La consecuencia es que cuando los autores medievales intentaban plasmar en dibujos o pinturas otros lugares del planeta u otras épocas sucedía algo curioso, casi divertido a nuestros ojos. Resulta que todo lo imaginaban siguiendo los patrones que conocían. Un ilustrador que tenía que representar la China del Gran Khan en la época mongola, otro que ilustraba las peripecias bíblicas de Moisés y otro que pretendía recrear la antigüedad helenística para amenizar por ejemplo el Roman d´Alexandre… en esencia dibujaban lo mismo, guerreros con armaduras y espadas de estilo medieval, reyes y reinas con ropajes y coronas europeas de tiempos feudales, viviendo en castillos al estilo de los que existían en europa occidental en la época, e incluso a veces se dibujaban iglesias como decorado de fondo de las ciudades pese a retratar a sociedades paganas. Ciudades por supuesto con tejados a dos aguas propios de la Europa de aquel tiempo. 

Para un erudito medieval todo el mundo era en esencia igual y siempre lo había sido. En su cabeza no había otras modas, otros estilos arquitectónicos, ni por supuesto otras ideas políticas y religiosas correctas (aunque esto ya no se reflejase tan directamente en lo visual) diferentes a las de la sociedad en la que vivía. Y no podía ser de otro modo como digo, en un mundo en el que no había museos, ni libros de historia rigurosos y de acceso público, ni tiques baratos de Ryanair

Lo que pasa cuando es un cronista medieval el que te cuenta la película.

Solo en la época Moderna esta visión empezó a ampliarse debido a la expansión del mundo conocido, primero de manos de hispanos y portugueses y luego también con la colaboración de ingleses y franceses. Pero no fue hasta el s. XIX, en el momento álgido de la explosión colonial en África y el Sureste de Asia, así como con el nacimiento de la ciencia moderna, cuando el punto de vista de la sociedad europea se ensanchó de manera definiva. Y pese a todo ello, esa ampliación de miras no fue tan grande como a veces se dice, porque las primeras sociedades geográficas, o los inicios de los estudios de antropología en las universidades, sufrieron todavía durante mucho tiempo el lastre de los prejuicios, el racismo y la visión eurocéntrica. Así que los habitantes de Londres, Nueva York, París o Berlín a finales de ese siglo eran conscientes de que el mundo había sido muy diferente en el pasado y que en su propio presente había en otros continentes sociedades diversas, pero la consecuencia lógica para ellos era celebrar eso a través de Ferias y exposiciones universales que mostraban lo primitivo que era todo lo que no era perfectamente anglosajón, francés o alemán en ese momento de la historia. Todavía debería pasar otro siglo más para que empezásemos a contemplar la evolución humana y las diferencias entre culturas con cierta neutralidad o incluso autocrítica. Y no estoy seguro de si alguna vez logramos conseguirlo por completo.

Una vez explicado todo eso llego por fin a donde quería llegar. El caso es que estoy empezando a notar un cierto retroceso. Y esta vez viene de una dirección inatendida. Lo explico.

Como historiador estoy acostumbrado a enfrentarme a una visión digamos “de derechas” que considero nociva para el análisis del pasado. Es una visión que entiende los tiempos pretéritos como una fuente de orgullo y sentido de pertenencia. Bajo ese punto de vista el pasado consiste esencialmente en la historia de lo que han hecho bien “los míos” en oposición a “los otros” que son básicamente tontos, malvados e inferiores. Es más, criticar a "los míos" es visto casi con un crimen de traición a la patria. 

Por supuesto me podéis decir con razón que la historia de cuño digamos marxista también ha hecho cosas feas. Desde ocultar masacres estalinistas o centrarse demasiado en la economía (en realidad no se si es posible centrarse demasiado en la economía porque es jodidamente importante). Pero me temo que los marxistas no han sido tantos ni tan relevantes o populares y sobre todo, en la medida en que su visión sobre el pasado se reduce a una fuente de la que extraer lecciones sobre problemas sociales a eliminar en el presente, la necesidad de glorificar el pasado o identificarse emocionalmente con el mismo es menor.   

Es decir para mi hasta hace poco el enemigo tradicional, casi entrañable y perfectamente reconocible, eran unos señores que olían a naftalina (los simpatizantes de la visión de la historia de tipo mas marxista olemos más bien a cadáver putrefacto) y que no paran de repetirte una y otra vez la fecha de la batalla de Covadonga o, en su variante nacionalista, la de tal o cual asedio a Barcelona o el día que "les" quitaron "a ellos" sus fueros medievales hace 300 años. Y luego conmovidos por lo anterior lloran de emoción o de pena ante tal hazaña o semejante afrenta que sienten como propia porque entienden que esos señores de hace 300 o 1300 años de los que hablan eran los “suyos”. Y tú no.

Por todo ello tradicionalmente la alteración del pasado por razones emocionales de comodidad/incomodida venía de la derecha.

Hasta ahora.

En los últimos años, ha empezado a pasar algo muy interesante. Empecé a leer sobre ello hace cinco o seis años en relación a universidades estadounidenses donde sucedían cosas... raras. Por ejemplo alumnos superprogresistas que denunciaban a profesores no por ningún acto malsano sino simplemente por explicar en clase cosas que les incomodaban. O directamente por gilipolleces. Este video es de un profesor de Yale que tuvo que renunciar junto con su mujer porque ella escribió un email diciendo que aunque durante Halloween era mejor evitar disfraces que tal vez pudiesen ofender a minorías culturales (fijaros en todas las salvedades que ya incorportaba el mensaje) confiaba en que los estudiantes pudiesen regularse por si mismos de cara a no elegir algo especialmente provocativo. 

                    

Mirad como argumenta el aquelarre de universitarios progresistas y multiculturales. Solo les faltan las antorchas. Mientras tanto la carrera del tipo en cuestión a la basura no por cometer un error esporádico o decir algo que fuese mentira. No, faltaría más. Simplemente por defender las opiniones de su mujer las cuales algunos estudiantes, bajo su particular criterio, consideraban inconvenientes. 

Esto empezó a suceder hace algún tiempo en diversas cátedras de estudios sociales y culturales y pronto llegó a las asignatura de historia. Pero en el último año y medio más o menos ha saltado también a otros ámbitos. Hemos visto esa ola de ¿hipersensibilidad reivindicativa? ¿hipercorrectismo justiciero? ¿postureo para la galería? llegando hace poco al campo de la traducción literaria (el link no tiene desperdicio). Pero me interesan ahora especialmente sus consecuencias en la representación visual del pasado a través de series o películas.

Este es Aquiles en la reciente "Troy: Fall of a City" de la BBC.

Como el pasado es una mierda y lo normal en la historia humana ha sido la violencia, la explotación, la xenofobia, el machismo y las injusticias de todo tipo pues resulta que de un tiempo a esta parte representar el pasado de forma realista se ha vuelto inconveniente para la generación de los ofendidos por antonomasia. Esa gente que ha nacido con la piel tan fina que la mera mención de cualquier abuso les resulta psicológicamente insoportable.

Y este es Zeus. 

Esto tiene varios problemas porque lo primero para resolver las injusticias es identificarlas, nombrarlas, mirarlas directamente y entender su lógica para luego a partir de ese conocimiento proponer soluciones. Mientras que esconderlas bajo la alfombra y hacer como que no existen… bueno, es un procedimiento un tanto raro que nunca relacioné con el pensamiento de izquierdas y que no creo que ayude realmente a hacer lo que deseamos todos, que es eliminar los problemas en la realidad y no solo en nuestras fantasías.

La evolución del dios nórdico Heimdall también tiene tela. 

Aquí en el lucrativo universo cinematográfico de Marvel.

Pero de alguna forma la izquierda postmodernista está asumiendo ideas muy discutibles como que el lenguaje puede modificar por si mismo la realidad. Y de tal forma toda una generación de ofendidos ha decidido borrar el machismo, el racismo, el antisemitismo, la homofobia, la xenofobia y hasta el maltrato animal... de los libros y de las películas y de las conversaciones. Porque así el mundo será un lugar mejor y con el tiempo, de manera un tanto mágica, todo hay que decirlo, el que ellos dejen de mencionar o siquiera pensar en esas cosas... hará que dejen de suceder y desaparezcan del mundo real. 

Es así como una primera ola ha intentado eliminar esas realidades del lenguaje. Y la siguiente ola pretende hacerlo de la representación de la historia a través de su plasmación visual en productos de época. Repito, no se trata de eliminar la injusticia de la realidad cotidiana en el presente (eso es bueno y es lo que queremos todos) sino que se empieza a considerar como un paso necesario para corregir el presente el reescribir cómo se representa la historia en la ficción y esta tendencia ya empieza a ser muy clara por ejemplo en casi todas las series de época producidas en Gran Bretaña en los últimos dos años. 

Trama inclusiva de aristócrata negra en la Inglaterra victoriana en "Sanditon"

La aristocracia británica del periodo según "Los Bridgerton". Para que luego se queje Meghan Markle. 

El Dr. Watson en "The Irregulars". Y ya paro.


   Me temo que estamos ante una tendencia que va a ir en aumento una vez sea plenamente asumida por Hollywood donde ya ha puesto un pie. La idea es que muchos showrunners anglosajones están aceptando ese planteamiento de que a partir de ahora hay que representar el pasado de forma "inclusiva" para evitar problemas en las campañas de márketing. Esto implica incluir variedad racial en el reparto aunque tu serie se ambiente en la Prusia del s. XVIII e inventarte tramas que incluyan historias de relaciones siguiendo tendencias del presente (normalización de la homosexualidad, poliamor, etc.) y empoderamiento femenino, independientemente de la época del pasado que elijas para dar un poco de ambientación. Así evitas que grupos organizados de activistas de esos movimientos, muy beligerantes los últimos años, te organicen un boicot virtual, o simplemente dejen de consumir tu producto. 

Yo personalmente acepto que esto se haga digamos en un 50% de los casos para dar satisfacción a las necesidades del público. O para que actores pertenecientes a determinados grupos tengan suficientes opciones para trabajar. Pero si uno revisa las series anglosajonas (nos guste o no son las que marcan tendencias) producidas en los últimos dos años, entre aquellas dedicadas a tratar sociedades pretéritas se atisba una tendencia preocupante. La representación "de época" donde se coge una ambientación con vestidos y edificios antiguos pero para contar lo-que-me-da-la-gana, aunque no tenga lógica alguna o conexión con el contexto histórico que se escoge como envoltorio, se está convirtiendo cada vez en algo más y más habitual. 

Es como si representar de forma fidedigna el pasado (o al menos buscar el mayor grado de veracidad que se pueda lograr) empezase a ser considerado directamente inconveniente. Y no por las tradicionales razones esgrimidas por la derecha (demasiada autocrítica, desmitificación del héroe, etc....), sino por un nuevo tipo de queja que viene de generaciones jóvenes, de estudiantes universitarios, de mujeres con puestos directivos bien remunerados, de sectores tradicionalmente progresistas en teoría, pero que ahora entienden el progresismo de un modo un tanto extraño: no me da la gana de saber la verdad porque la verdad no me hace sentir bien conmigo mismo. 

En otras palabras, las nuevas generaciones progresistas han llegado a converger en cierta forma con las viejas generaciones conservadoras: solo quieren visualizar o escuchar aquello que confirma sus puntos de vista y nada más. Un auténtico error porque una de las bases de su tradicional superioridad moral era el hecho de que la izquierda y el progresismo en general habían sido siempre mucho más autocríticos que el pensamiento conservador de derechas, esencialmente chauvinista por definición. 

Esto que os puede parecer una tontería va a tener consecuencias, por ejemplo para los escolares. Para ellos cada vez será más difícil identificar diferencias entre el presente y el pasado ya que, para empezar, las nuevas generaciones han dejado de lado el papel (aceptémoslo) porque son una generación esencialmente audiovisual que añade información a su cerebro a través de videos. Y como pasarán décadas hasta que todo el saber que hay ahora mismo concentrado en papel llegue al formato audiovisual, están cada vez más expuestos a formarse sus ideas sobre el pasado en base a las escasas representaciones de ese pasado supuestamente lejano que pueden ver en las películas y series recientes (como se ha dado un auténtico salto tecnológico pero también conceptual durante los últimos años, para un escolar actual ver una película histórica de hace más de veinte o treinta años es, literalmente, del siglo pasado, y supone contemplar un material aburrido, lento e incomprensible en su propio lenguaje expresivo y su ritmo narrativo, algo similar a ver cine mudo para nosotros). Pero como os intento explicar los productos recientes en cambio hacen enormes esfuerzos para asimilar el pasado al presente y reducir las diferencias entre épocas a poco más que los ropajes y los edificios ante la obsesión de moda por eliminar selectivamente toda alusión a cosas que pudieran o pudiesen resultar inconvenientes a ojos de los nuevos movimientos sociales de nuestro tiempo.

Lo anterior, me temo, lejos de volver a nuestros jóvenes mejores personas simplemente los hace más acríticos y más vulnerables a la manipulación política. Cada vez me encuentro a más estudiantes que tienen enormes problemas para establecer razonamientos de tipo causa -> consecuencia, porque para empezar no tienen en su cabeza unos criterios básicos de qué ocurrió antes, qué ocurrió después y cuales eran las diferencias entre esas dos épocas. Y a partir de ahí son incapaces de formular hipótesis sobre las razones de problemas históricos en tanto que les resulta muy dificil secuenciar una cadena de eventos, es como si en su cabeza todo estuviera superpuesto y sucediera al mismo tiempo. O como si todo fuese siempre básicamente igual y no supieran identificar claramente diferencias entre periodos, o al menos las diferencias verdaderamente importantes. ¿Que esto que digo es imposible porque son cosas de cajón? Haceos profesores, quitad por un momento la mirada de los grupos de estudiantes competentes o los hijos de padres con estudios universitarios, coged a un grupo de estudiantes con problemas procedentes de familias de baja estracción social... y luego lo hablamos otra vez. 

      
Por no centrarme solo en la cuestión racial. En "Vikings", a medida que a los guionistas se les fue la olla con el éxito, aprendemos que entre los nórdicos abundaban las mujeres sexualmente liberadas con habilidades de combate comparables cuando no superiores a cualquier representante de la clase guerrera heteropatriarcal. Y ya de paso las escenas sexuales suben la audiencia, no nos engañemos sobre los progresistas motivos de los productores. 

Hay muchas cosas que discutir sobre esto que está pasando, aunque como no quiero imponer mi opinión os doy la oportunidad a través de los comentarios de machacarme por políticamente incorrecto.

Antes de pasar a ello no obstante debo clarificar algo. Considero algo cualitativamente diferente a todo esto el tomar decisiones por ejemplo sobre a qué personas se rinde homenaje en el presente a través de la toponimia o monumentos públicos. La revisión de algo así me parece correcta porque toda sociedad puede elegir qué valores del pasado quiere escoger de cara a promoverlos y homenajearlos en el presente. Nada como sociedad nos obliga a dedicar días festivos, o partes del callejero, o estatuas, a figuras históricas que hoy sabemos que no comulgan con valores que consideramos justos. Eso no implica falsear la historia. Al contrario presupone de partida un esfuerzo por analizarla, conocerla y recordarla tal y como fue. A fin de cuentas el renunciar a recordar determinados eventos o realidades del pasado simplemente porque nos resultan incómodas ha sido siempre algo que ha servido precisamente a los intereses de los herederos de esos personajes oscuros.

En cambio me parece preocupante a la hora de analizar la forma de pensar de un cierto sector digamos "pijo" dentro de la izquierda actual, sector que me temo cada vez pesa más dentro del pensamiento "progre" del presente, el que estén dispuestos a eliminar de las representaciones del pasado las diferencias raciales o de género, la homofobia, el desprecio a los extranjeros, que los nuevos creadores estén casi obligados a imaginar un pasado donde nadie fuma, o tiene mala higiene dental, o no se depila, o le da una patada a un perro, no hablemos ya de una bofetada a un niño… pero, ey, las diferencias sociales esas no son algo que nos incomode tanto. De hecho no hay problemas con las tramas donde se muestran enormes diferencias entre ricos y pobres presentadas como algo natural, o algo consustancial a la existencia, algo unicamente relacionado con diferencias en el "talento", nadie parece querer criticar en Twitter que eso sea un problema o señalar que rara vez se ahonda en un análisis de las causas profundas de tal disparidad. Mucho menos señalar el lavado de imagen enorme que se está haciendo a varias casas reales los últimos años a través de producciones de tipo "histórico". En el plano de los productos de ficción lo importante parece ser asegurarse de que algún que otra incómoda diferencia de rango y capacidad adquisitiva de bienes y servicios entre personas sea el marco en el que se narre una historia de poliamor, o quizás la más clásica historia de alguna chica pobre que se enamora de un chico rico, o lo contrario, y quizás hasta cantan y al final formalizan su relación entre iguales de manera laica, heteronormativa y respetuosa con el medio ambiente. Porque las diferencias en su capacidad de ahorro nunca han significado barreras más importantes que las marcadas por la sexualidad o el grupo étnico o directamente la identificación de grupo a título individual. Así que lo importante es que en la pantalla se respeten sus preferencias veganas sin dejarse influir por prejuicios raciales. Esas cosas son las que de verdad cuentan y por ello son las que potencialmente nos podrían ofender. Lo de que haya gente que acumula miles o millones de veces el volumen de bienes del que disponen otras personas, eso no. Eso es algo normal y no vamos a reflexionar mucho sobre ello, lo importante es transmitir las emociones interiores de los protagonistas y que estas vayan en consonancia con los consensos de opinión actuales en las redes sociales. 

Interesante.

Muy interesante.


Bonus. Si tiene que haber dioses nórdicos negros y poderosas mujeres guerreras vikingas, para no caer en el racismo y la exclusión, ¿por qué coño los soldados y líderes de Wakanda son todos negros? ¿no es eso también racismo pero a la inversa? ¿por qué no puede haber dioses congoleños pelirrojos o de aspecto balcánico? ¿o más villanos terroristas de nacionalidad estadounidense? ¿por qué nadie se queja de que en las películas sobre el Holocausto apenas aparecen gitanos? ¿y por qué no se dan casi nunca papeles de judíos a actores palestinos? ¿o maoríes? ¿o japoneses? ¿sería legítimo rodar una teleserie turca sobre el período otomano con actores chinos?

viernes, 19 de marzo de 2021

Las cicatrices que pisamos

 

Tengo la convicción profunda de que las desigualdades proceden de Dios, que son propias de nuestra naturaleza y creo, supuesta esta diferencia en la actividad, en la inteligencia y hasta en la moralidad, que las minorías inteligentes gobernarán siempre el mundo.


   A. Cánovas del Castillo. Citado en el Libro Mundo Hispánico, 3º de BUP, Geografía e Historia, 1989, reimpreso en 1991, Ediciones SM.



El mundo en el que vivimos es como una piel que posee arrugas y cicatrices causadas por el tiempo y las diferentes experiencias vividas. Ahora bien la Geografía de nuestro planeta no solo está marcada por la erosión o los efectos del clima sino sobre todo por las consecuencias de la actividad humana. En las sociedades contemporáneas el entorno natural está continuamente siendo transformado por las consecuencias de fenómenos como la industrialización o la urbanización acelerada. Pero ya antes de nuestra época ocurría algo similar, por ejemplo la expansión de las sociedades agricolas o de la navegación marina a gran escala precisaron de la roturación y deforestación de amplios espacios boscosos como medio para abrir paso a nuevos terrenos de cultivo o proporcionar la madera con la que construir naves con las que surcar mares y océanos.

Aun hoy cuando se mira la Tierra desde lo alto a través de la ventanilla del avión los distintos países se pueden reconocer por su paisaje característico, no solo en cuanto a la vegetación y orografía típica sino debido a los diferentes cultivos propios de las prácticas más comunes en cada lugar. Según el país que sobrevolamos es más frecuente contemplar campos dedicados a la producción de cereales, largas filas amarillas de viñedos, verdes regadíos, o los cultivos de arroz de color esmeralda. En el Este de Europa desde el aire aún se aprecia el fracaso de la colectivización comunista en países como Polonia ya que los campos son más pequeños que en otros países del entorno. En los países ricos en general la huella lumínica de las ciudades es mucho más intensa que en los países más pobres y dentro de esos países ricos hoy son perfectamente visibles los efectos de procesos como los ensanches típicos de Europa occidental durante la segunda mitad del s. XIX cuando la pujante y racionalista nueva clase burguesa rehízo las ciudades medievales para adaptarlas a sus nuevas necesidades vitales y empresariales.

Es más, el particular patrón de vientos de nuestro continente implicó que durante las primeras fases de la industrialización gran parte de las nuevas factorías se ubicasen en la zona Este de las urbes, ya que el viento dominante normalmente sopla de Oeste a Este, desde el Atlántico hacia el interior. Por ello en las fases iniciales de la revolución industrial los ricos empezaron a asentarse compulsivamente en la zona Oeste de las ciudades, parcialmente a salvo de los olores y efectos de la contaminación que sus empresas provocaban. Con el tiempo las ciudades han cambiado y crecido, pero todavía en muchos lugares los precios del suelo muestran restos de esa vieja historia.

Asimismo cada país cuenta con un pasado diferente. En los países sin verdadera historia profunda, como EE.UU., Canadá o Australia, el centro de las ciudades suele por ello limitarse hoy en día a ser un funcional distrito financiero y de negocios poblado con rascacielos y oficinas. 

Nada que ver con la antigüedad de la arquitectura en los barrios de época hispana de los países de América del Sur, o con algunas ciudades costeras de África y Asia donde aún se pueden apreciar estructuras cuyo origen se remonta a los típicos puertos coloniales construido en su día al servicio de los intereses de las potencias imperialistas europeas. Por no hablar de las extensas huellas del pasado romano y medieval o incluso de la época griega e islámica que se pueden encontrar en muchas ciudades de la vieja Europa particularmente en el Oeste y del Sur. Podemos ver más abajo un ejemplo con Toledo, pero casi cualquier ciudad de España o Italia sirve para ilustrar lo anterior. 







Por su parte el Este de Europa sigue su propia lógica debido a una combinación de factores específica. Por un lado tenemos un pasado medieval peculiar debido por ejemplo a la existencia de abundantes guetos judíos, a lo que habría que sumar las terribles destrucciones sufridas por esos mismos centros durante las Guerras Mundiales, particularmente la segunda. Por otro lado se nota en gran parte de los territorios que en su día cayeron bajo la influencia de la URSS la obsesión que en su día tuvo el mundo comunista por el urbanismo de tipo racionalista, social en su propósito retórico pero inhóspita para el individuo. Por tanto la estructura y la lógica de las grandes ciudades en esta parte de Europa es diferente a la de una urbe española o italiana. Los distritos de ocio están fuertemente concentrados en el centro urbano que suele ser también el casco histórico, mientras que los grandes centros comerciales que han florecido como setas en paralelo a la llegada de fondos europeos, y a las hordas de turistas, se sitúan en un anillo exterior. En el medio…. la nada en forma de cuadrantes de barrios residenciales de origen soviético por los cuales puedes caminar kilómetros en línea recta sin encontrar un solo transeúnte en invierno, ni tampoco un bar, restaurante, peluquería o siquiera un mísero kiosco o librería donde meterte. Pienso que es el urbanismo que nos espera en un futuro próximo y que ya existe desde hace mucho tiempo con matices en las grandes urbes anglosajonas, aunque como he dicho también fue muy popular en su día en el mundo soviético si bien desprovisto, por supuesto, de las urbanizaciones burguesas del extrarradio típicas del modelo anglosajón.

En definitiva no solo las ciudades nos dan información y nos cuentan una historia a través de sus edificios y arquitectura típica,  










sino que es la estructura del poblamiento en su conjunto la que nos aporta información.  Y esto puede extrapolarse a gran escala.

En España por ejemplo es algo recurrente en la Historia Contemporánea el interrogarse por los fallos en la industrialización española del s. XIX. Pero claro, cuando uno intenta ahondar en esa cuestión pronto se da cuenta de que muchas de las causas de los problemas relacionados con la misma tienen sus raíces en períodos anteriores. Así para entender los problemas del mundo contemporáneo… nos vemos obligados a remontarnos a la Edad Moderna, momento en el que los países más exitosos pusieron las bases para su despegue económico posterior.

Lo increíble es que cuando uno analiza estas cuestiones durante años llega un punto en el que se da cuenta de que es posible remontarse aún más atrás en el tiempo y encontrar incluso en el mundo medieval rastros de la génesis de problemáticas y cuestiones que aún presentan algunos efectos secundarios en el tiempo presente, cientos de años después.

Siempre he pensado que eso es algo fascinante que nos habla del poder del pasado en las sociedades humanas y de lo difícil que es cambiar las grandes estructuras socio-económicas y mentales porque estas no funcionan según los parámetros del tiempo humano, adaptado al rápido ritmo de las generaciones de hombres, sino que son cuestiones que responden a un “tiempo largo” del que hablaba ya Fernand Braudel, una escala a medio camino entra los millones de años de la geología y el fugaz paso de los años y las décadas a través del que los humanos normalmente tendemos a pensar el tiempo. A fin de cuentas los cambios en la arquitectura, los sistemas políticos, las jerarquías sociales, los imperativos éticos o las costumbres cotidianas no se adaptan bien a nuestro ritmo vital sino que tienen una vida útil mucho más lenta y debido a eso normalmente necesitan varias generaciones humanas para experimentar un cambio profundo de verdad.

España no consiguió industrializar de forma temprana y homogénea su territorio en el s. XIX al ritmo que si lograron otras áreas como Francia, Inglaterra, Bélgica o Alemania debido a que llegó a ese siglo con muchos problemas demográficos y económicos que podemos remontar atrás en el tiempo a las guerras incesantes de los Austrias que despoblaron Castilla, a la querencia de dichos soberanos por la financiación “extranjera” y al desprecio de los artesanos peninsulares. En el s. XVI el capital llegaba de América pero lejos de invertirse en la Península (donde solo causaba inflación) se iba a financiar talleres metalúrgicos en Lombardía, productores textiles en Flandes, o acababa en manos de banqueros austriacos y genoveses que lo reinvertían obviamente en su entorno. El esfuerzo de los conquistadores extremeños o vascos no revertía en progreso urbano y económico en sus regiones de origen sino que por efecto de las políticas de los Austrias favorecía en realidad el despegue de otros territorios de sus dominios, la mayor parte de las veces alejados de la Castilla que sostenía las empresas militares necesarias para mantener unido semejante conjunto incoherente de posesiones.

Pero el origen de la mentalidad parasitaria (“extractiva” que dirían ahora los modernos liberales como D. Acemoglu y J. Robinson) de las élites castellanas de época moderna se asienta mucho más atrás en el tiempo ya que se forjó a fuego durante la peculiar Reconquista hispana. Un periodo en el que la guerra casi permanente implicó opciones económicas inusuales incluso desde la perspectiva del resto de la nobleza guerrera de Europa occidental. Mientras en la vecina Francia las élites aristocráticas tenían claro que las explotaciones agrícolas de sus dominios eran la clave para tener abundantes campesinos que pagasen fuertes impuestos, en la Península ibérica (y particularmente en el Reino de Castilla, el que más tiempo tardó en completar el proceso militar de Reconquista) se optó como opción para obtener recursos por el cobro de tributos a los vecinos musulmanes en forma de parias, cuando no por el saqueo, y en territorio propio se apostó por la ganadería ovina, opción esta última mucho menos productiva que la agricultura de regadío comercial que practicaban los musulmanes en algunas zonas, pero más fácil de alejar del peligro si llegaba una razzia

Pronto una cosa llevó a la otra, la lana de esas ovejas se dedicó masivamente a la exportación a través de instituciones como la Mesta en lugar de fomentar una industria textil primitiva propia. Un modelo económico de país "tercermundista" exportador de materias primas que ya se documenta en la Castilla del s. XIII. Vemos así como en una época tan antigua los notables que decidían el devenir de la sociedad castellana ya tenían claro que las ciudades, el comercio y las primitivas manufacturas artesanales no satisfacían ni su mentalidad fuertemente militarista y jerárquica ni si crónica necesidad de ingresos a muy corto plazo. Esa mentalidad fue la que luego colaboró a introducir en el Nuevo Mundo americano descubierto por Colón instituciones netamente parasitarias como la encomienda o la Mita, o a crear grandes haciendas autosuficientes en parte de ese territorio en vez de optar por una economía de plantaciones altamente orientadas a la exportación, o tal vez por un tejido de pequeños propietarios libres y autónomos que nutriesen al Estado con sus impuestos, como ocurrió en los territorios de América del Norte colonizados por mercaderes de pieles franceses y fanáticos religiosos anglosajones. Unos fanáticos que pese a todo eran altamente productivos e independientes y estaban interesados en alejarse de instituciones y formas de hacer que les recordasen las formas del feudalismo parasitario europeo del que pretendían escapar, muy al contrario de los hijosdalgos y soldados de fortuna hispanoportugueses quienes para nada querían construir un "Nuevo Mundo" sino que soñaban (de manera un tanto miope) precisamente con reconstruir en él esas instituciones de las que eran subordinados en Europa para en esta ocasión ponerse ellos a la cabeza de las mismas en los nuevos territorios.

A veces me sale una sonrisa cuando nos quejamos de la falta de I+D en la España del presente, o de la obsesión con el turismo en detrimento de otras opciones más prósperas pero intensivas en capital humano e inversión. El desinterés de las élites peninsulares, particularmente las castellanas, por la inversión a medio y largo plazo se remonta más atrás en el tiempo de lo que algunos pensáis. Y sus consecuencias van a ser más difíciles de solucionar que a través de algunos cambios en una legislatura política.

Estas ideas que pueden parecer controvertidas en realidad abundan cada vez más en la literatura especializada de los últimos años. Y lo extraño es que empieza a repetirse no solo por parte de viejos historiadores de cuño marxista, amargados como yo. No. Son muchos expertos en historia de la economía de formación puramente liberal los que se están dando de bruces con la (incómoda) evidencia.

Francisco Beltrán Tapia especialista en Historia económica que trabaja en Inglaterra publicó hace unos cinco o seis años un estudio donde hacía notar las similitudes entre las diferencias regionales en el desempeño educativo presentes en los informes PISA del presente con las diferencias en la distribución geográfica de la tasa de alfabetización que existía... en 1860 y cómo a su vez esas diferencias en el s. XIX se ajustaban sorprendentemente bien a los patrones de distribución de la tierra durante ¡¡los siglos medievales¡¡. Básicamente aún hoy en día se puede apreciar como buena parte de las regiones típicamente latifundistas en España, especialmente en colegios fuera de sus capitales de provincia, es decir en el mundo rural propiamente dicho, muestran ratios con peores resultados escolares que las escuelas e institutos ubicados en regiones del norte de la Península donde el minifundio fue más habitual desde fechas que pueden remontarse a los patrones repobladores de la Baja Edad Media.


Pero mi favorito es este mapa procedente de otro estudio diferente aunque muy relacionado escrito por Daniel Oto-Peralías, otro especialista que trabaja en el mundo anglosajón, y Diego Romero Ávila de la U. Pablo de Olavide. Para nada unos comunistas radicales.   


El mapa en cuestión muestra el porcentaje de jornaleros sin tierra en Andalucía a finales del s. XVIII. Una cuestión que, apunto yo, se podría relacionar en el s. XIX con el auge del anarquismo, el cual generará a su vez otra serie de problemas políticos endémicos en el sistema de la Restauración española hasta su colapso y la posterior Guerra Civil. Pero en este caso los autores del estudio no miraron en esa dirección sino hacia atrás.

Su razonamiento es que la velocidad y el contexto concreto en cada fase del avance cristiano durante las distintas fases de la Reconquista influyó en la diferente concentración de poder económico y político entre grupos sociales del período y en última instancia en el reparto de la tierra disponible, que es como decir de la riqueza en el mundo preindustrial y precapitalista del período.

Como todos sabéis, supongo, en un primer momento, más o menos hasta la definitiva conquista y “repoblación” de los valles del Duero, Tajo y Ebro, el avance cristiano fue muy lento y necesitó básicamente cuatro siglos para apropiarse de dichos espacios. Por tanto durante ese tiempo la ocupación de nuevas tierras (arrebatas de entre los dedos muertos de ¿los pérfidos otomanos sarracenos? ¿el invasor islámico? ¿antiguas poblaciones hispanorromanas traidoras a la fe de San Isidoro pero en el fondo legítimas propietarias de los terrenos de los que fueron expulsadas?) se llevó a cabo de forma gradual y los nuevos terrenos en buena medida pasaron a manos de colonos individuales, con lo que se produjo una distribución relativamente equitativa de las propiedades agrarias entre la nobleza militar, la Iglesia y pequeños agricultores más o menos libres que pasaron a ser propietarios de pequeñas explotaciones.

Sin embargo sobre todo a partir de la batalla de las Navas de Tolosa, con el colapso almohade y la definitiva fragmentación del territorio musulman entre unas muy débiles terceras taifas, el avance cristiano hacia el Sur cogió gran velocidad y en unas pocas décadas se ocuparon regiones enteras. Eso entre otros factores, como la relativa debilidad demográfica de los reinos cristianos del período y los particulares problemas de los monarcas castellanos de los siglos XIII y XIV para imponerse sobre sus vasallos mas poderosos, prácticamente obligó a dichos soberanos a entregar grandes porciones de tierra a la alta nobleza y las órdenes militares, las cuales están en el fondo en la génesis de las familias que desembocarían luego mucho tiempo después en los “señoritos” y caciques extremeños y andaluces que en el s. XIX apoyaban al Partido Conservador, pero esta es una larga historia. El caso es que la extrema desigualdad en la estructura de la propiedad resultante de la forma en que se conquistaron y ocuparon durante la segunda mitad de la Edad Media regiones como Extremadura, Andalucía y parte de Castilla La Mancha tuvo consecuencias, en tanto la mayor parte del pueblo llano se quedó en esas regiones sin acceder a la propiedad legítima siquiera de un pequeño trozo de terruño. Algo que no ocurrió en los territorios originales de la resistencia cristiana, como Cataluña, el País Vasco, Navarra, La Rioja y el Norte de Castilla. (Sobre las derivaciones que eso pudo tener luego por ejemplo de cara a explicar las particularidades regionales en el proceso de industrialización no vamos a entrar ahora)

Lo interesante del análisis de los autores que antes cité está en el hecho de que incluso dentro de Andalucía se detectan diferencias producto de ese tipo de dinámicas históricas. Como sabéis en Andalucía el Reino de Granada resistió la ocupación cristiana hasta el final de la Edad Media, por lo que esa parte de Andalucía experimentó una dinámica alternativa a la del resto de Andalucía. Castilla conquistó el Reino de Granada entre 1481 y 1492, y dado que eso supuso el final del proceso de avance hacia el Sur de los reinos cristianos las nuevas áreas que había que reorganizar ya no estaban sujetas a la amenaza de la frontera lo que modificaba completamente el equilibrio de poder resultante y, por tanto, la distribución del poder económico y político en la zona. Así que el territorio granadino se ocupó rápido, como casi todo Sur de España durante los siglos anteriores, pero…. bajo un contexto negociador donde la Corona (además fortalecida por los Reyes Católicos tras el final de las guerras civiles castellanas ocurridas durante el siglo anterior) tenía la mejor mano y ya no estaba especialmente interesada en reforzar el poder de la levantisca nobleza. Por ello favoreció una redistribución relativamente equitativa de las nuevas tierras, justo como había sucedido muchos siglos antes con territorios mucho más al Norte, pero al contrario de lo que había sucedido en el resto del territorio andaluz (de ahí la diferenciación en dos zonas que podéis observar en el mapa de antes). Y eso, tres siglos después, todavía se podía apreciar perfectamente en los catastros andaluces de época ilustrada pese a que en medio de ambos momentos se había producido la sucesión de más de una docena de generaciones de personas. 

Como os digo me fascina que los efectos este tipo de procesos históricos todavía puedan apreciarse de vez en cuando incluso en el presente por ejemplo, como os hablé antes, a través de cosas como los macroresultados de encuestas sobre niveles educativos (los pobres siempre van a tener peores resultados y los pobres de hoy en muchos casos son los descendientes de los que no tenían tierra hace siglos).  

Pero bueno, siempre podemos pensar que todo esto que os he contado es pura casualidad. Curiosamente en un país hermano como Italia las diferencias en los niveles de renta (izquierda, altos niveles de renta per cápita en color rojo intenso) todavía se corresponden con las zonas con mejores y peores resultados escolares (derecha, mayor fracaso escolar en color más oscuro). Y todo ello a su vez con las diferencias en la ocupación del territorio en época moderna entre el virreinato de Nápoles en manos hispanas y el resto del territorio italiano en manos de repúblicas mercantiles. 

Un poco de modo similar a como ocurre en Alemia donde las diferencias en los niveles educativos también se corresponden con las diferencias en nivel de renta, las cuales se superponen a su vez con las antiguas fronteras de la RDA y la RFA durante la Guerra Fría. 


Son cosas que simplemente ocurren según algunos. Para mí en cambio plantearse el análisis del pasado (y del Arte y de la Geografía humana) tiene que ver con asumir que quizás no es así. 

Gracias a los que aún consultáis de vez en cuando este viejo blog y aguantáis mis largas pausas sin publicar en un tiempo en el que se impone publicar rápido, lo que sea, todos los días o como mucho todas las semanas. Poco a poco, de forma caótica, los textos de alguna forma continuarán afluyendo. Espero que continuéis visitando este lugar de vez en cuando.