Estos que
ves ahora deshechos, maltrechos, furiosos, aplanados, sin afeitar, sin lavar,
cochinos, sucios, cansados, mordiéndose, hechos un asco, destrozados, son,
sin embargo, no lo olvides nunca pase lo que pase, son lo mejor
de España, los únicos que, de verdad, se han alzado, sin nada, con sus manos,
contra el fascismo, contra los militares, contra los poderosos, por la sola
justicia; cada uno a su modo, a su manera, como han podido, sin que les
importara su comodidad, su familia, su dinero. Estos que ves, españoles rotos,
derrotados, hacinados, heridos, soñolientos, medio muertos, esperanzados
todavía en escapar, son, no lo olvides, lo mejor del mundo. No es hermoso. Pero
es lo mejor del mundo. No lo olvides nunca, hijo, no lo olvides.
Max Aub en "Campo de los almendros"

Francesc Boix i Campo nació en Barcelona,
en 1920, en el seno de una familia a la vez muy de izquierdas y catalanista.
Sus padres eran dueños de una sastrería en la zona de Poble-sec y pertenecían a lo que podríamos denominar como clases
medias del período.
La infancia y
juventud de Francesc fue como la de cualquier otro muchacho barcelonés de la época
salvo quizás por dos particularidades que luego resultarían muy importantes. La primera fue
que Francesc se aficionó a la fotografía desde muy joven por influencia paterna. La segunda consistió en que se
convirtió en militante de las Juventudes Socialistas Unificadas de Cataluña y
posteriormente del propio PSUC (de orientación comunista). Debido a ello
ejerció de reportero y quizás soldado durante la Guerra Civil (momento en el
que se familiarizó con el uso de cámaras Leica alemanas, otro detalle que le
sería muy útil más adelante).
Ante el definitivo avance franquista, temiendo por las posibles
represalias, a comienzos de febrero de 1939 huyó y se
exilió en Francia, al igual que hicieron cientos de miles de republicanos en su situación. Lo
curioso del caso es que buena parte de esos españoles que cruzaron la frontera
con Francia fueron inmediatamente recluidos en campos para refugiados que eran más bien verdaderos campos de internamiento. De hecho en ellos se produjeron muchísimas muertes por hambre, frío o enfermedades, particularmente
disentería.
El problema de fondo era el
mismo que había sellado la suerte de la IIª República española al ser condenada al
abandono y el embargo de armas por parte de las potencias democráticas
occidentales del momento. Se ha especulado mucho al respecto pero con toda probabilidad lo anterior se debió, fundamentalmente, a que en los gobiernos y círculos políticos más influyentes de Francia e Inglaterra existía por entonces una desmedida preocupación -para nada desencaminada, pero desde luego también insensible, cruel y a la larga quizás contraproducente- en cuanto a los vínculos anarquistas
y sobre todo comunistas de buena parte de las bases republicanas españolas. Por eso en Francia una vez sellado el destino de la débil e inestable República española se impuso evitar el "contagio" aunque fuese al precio de hacer el juego al filofascismo hispano ya que en aquel momento aún se veía dicho bando ideológico como un mal menor y más razonable que su némesis comunista. Debido a todas estas cuestiones de fondo al final, como otros muchos refugiados españoles, Boix acabó internado en uno de esos campos franceses, concretamente el de Combrimont, en el Sur de Francia, para luego ser sucesivamente transferido a
otros campos, en concreto Vernet d`Ariège y Septfonds.
Durante los siguientes
meses, a medida que la guerra entre Alemania y Francia se hizo más inminente y
luego en los primeros momentos tras su estallido, mientras los alemanes se hallaban
ocupados en Polonia, los franceses decidieron recurrir a esa mano de obra
semiesclava -constituida por los españoles que tenían aislados en campos- de
cara a usarla en labores como ayudar a construir trincheras y reparar fortificaciones en
la frontera con el país teutón. De esta forma Francesc acabó siendo enviado al Norte de Francia,
junto con otros excombatientes republicanos españoles, todos ellos encuadrados
en la 28 Compañía de Trabajadores Extranjeros.
Cuando en mayo de 1940 las líneas francesas se
desmoronaron buena parte de los refugiados españoles que habían sido antiguos combatientes republicanos (esencialmente aquellos que tuvieron la suerte de no caer inmediatamente prisioneros de los nazis) se enrolaron en la Resistencia francesa y más adelante en el ejército de la Francia Libre donde jugaron un
papel bastante destacado en la medida de sus posibilidades. Es decir que
después de experimentar tres años de guerra en España tuvieron que vivir seis
años de penalidades y lucha en Francia solo para luego caer en el olvido o
intentar prolongar esa lucha intentando a continuación regresar de forma clandestina a España
para formar parte de una resistencia antifranquista en forma de maquis, estrategia ésta que con
el tiempo fracasaría por completo.
En cambio el destino
de otro grupo de aquellos hombres fue aún más duro, trágico y olvidado ya que
muchos de los que se encontraban en manos
francesas como compañías de trabajo cayeron inmediatamente presos en
manos de los alemanes durante su avance. De la sartén francesa a las brasas germanas.
Además el
régimen franquista que se había asentado en España tenía buenos motivos
para ignorar la suerte de dicho colectivo. En primer lugar, durante aquellos primeros
momentos de la Guerra Mundial, años en que la suerte de la contienda parecía
inclinarse a favor de Alemania, el régimen español no tenía remilgos a la hora
de favorecer y realizar guiños al gobierno alemán en cuestiones diplomáticas o acuerdos comerciales, todo ello por principios o como simple
forma de congraciarse con la nueva gran potencia europea. De hecho Ramón Serrano Súñer, el Cuñadísimo, precisamente
el ministro de Exteriores español en aquellos tiempos (en sustitución del más bien filoinglés Beigbeder), resultaba ser el más ferviente germanófilo del país.
Por otra parte nadie
en el gobierno español quería realmente saber nada de aquellos excombatientes
republicanos que habían sido sus enemigos. La única excepción fueron algunos
casos de dirigentes u oficiales renombrados del período republicano que, esos sí, resultaron
repatriados a España para enfrentarse a la cárcel y/o el pelotón de
fusilamiento.
Consiguientemente al
resto, la masa anónima, se los dejó sin más en manos de
los alemanes esperando que el “problema” desapareciera por su propio peso. El
gobierno francés colaboracionista instaurado en Vichy tampoco puso ningún
problema para esto ya que ningún burócrata del mismo quiso complicarse la vida
por causa de los que al fin y al cabo eran unos extranjeros.
A partir de ahí
aquellos hombres cayeron en el limbo jurídico y fueron básicamente tratados
como ciudadanos “sin patria” por parte de los alemanes. En adelante su destino
pasaba a ser el trabajo forzado hasta que se murieran desembarazando tanto al
régimen nazi alemán como al gobierno franquista de España de su incómoda
existencia.


El objetivo de los campos de exterminio
como Mauthausen era la aniquilación de
los presos mediante el trabajo obligatorio llevado hasta el límite de la
resistencia humana. La mayoría de las muertes se debían al agotamiento producido por el duro trabajo a la intemperie en unas canteras cercanas (de hecho fueron los mismos presos los que construyeron la carretera general y parte de su propia prisión transportando generalmente a mano las piedras necesarias), todo ello unido a la malnutrición crónica. Aunque también una parte de los presos, entre
ellos muchos españoles, fueron gaseados en el centro de “eutanasia” de
Hartheim.


En el caso de Francesc tuvo la fortuna de que, gracias a su experiencia como reportero en la Guerra Civil sus
conocimientos de las cámaras fotográficas alemanas y su propia facilidad con el
alemán, pronto acabó siendo adscrito al laboratorio fotográfico del
campo, hecho que sin duda le salvó la vida. Pero ese laboratorio iba a resultar clave para más cosas.


Por aquel tiempo algunos colectivos de
presos tenían autorización para salir del campo a realizar trabajos en canteras
y otros lugares fuera del mismo. Entre ellos los que integraban el llamado Poschacher Kommando una brigada de trabajo compuesta por presos
particularmente jóvenes. Algunos miembros del mismo trabaron contacto durante sus salidas con una joven
austríaca de simpatías socialistas llamada Anna Pointner que fue quien adelante
se encargó de guardar -en una hendidura de la verja de su jardín- el archivo de
fotos ya existentes así como las nuevas que se iban realizando y que le
fueron haciendo llegar en secreto dos jóvenes presos españoles llamados Jesús Grau y Jacint Cortés encargados de llevar la comida al Kommando cuando se encontraba fuera del campo.

Tras la liberación del campo Francesc Boix
recuperó los famosos archivos de fotografías ocultos. En relación con ello
durante 1946 Boix fue testigo en dos importantes procesos contra criminales de guerra
nazis. Por un lado testificó ante el Tribunal Internacional de Núremberg y
más adelante también declaró en el proceso celebrado en Dachau contra 61 acusados de
crímenes en Mauthausen. En ambos casos “sus” fotografías sirvieron como pruebas
ya que mostraban la cruda realidad del
campo y de las prácticas de exterminio de los presos a la vez que en algunas
aparecían también los rostros de los responsables del campo y de altos jerarcas
del nazismo que lo visitaron. De hecho resultaron clave para refutar parte de los
alegatos de individuos como Albert Speer y, sobre todo, Ernst Kaltenbrunner quien
negaba saber nada de la existencia de los famosos campos de exterminio pese a
haberlos visitado personalmente.

En realidad, como dije al principio,
las líneas generales de esta historia son relativamente conocidas entre
aficionados a la historia, incluso entre el público en general ya que una obra de teatro El triángulo azul -representada hasta finales del pasado mayo en el Centro Dramático Nacional- se ha dedicado a recrear parte de los sucesos aquí narrados, con las fotografías mencionadas como fondo. Aunque en esta ocasión yo me he permitido realizar una reconstrucción de los hechos un tanto personal y que no coincide exactamente con la que se puede leer de forma más
habitual. Por supuesto, como digo, es una mera especulación a título personal.
Y es que en concreto existen dos
versiones distintas de esta historia, la de Antonio García y la del propio Francesc Boix,
sobre lo ocurrido en Mauthausen y la procedencia de las famosas fotografías. Tradicionalmente se da por bueno el testimonio de Francesc y se desecha el de Antonio García, aunque personalmente no tengo claro que en su momento ninguno de los dos dijese por completo la verdad en sus testimonios. De hecho ambas versiones presentan contradicciones y puntos oscuros.

Al final yo aquí he
intentado reconciliar ambas versiones entre sí -la de Antonio y la Francesc- desentendiéndome de los odios y
enemistades personales que tal vez pudieron llevarlas a diferir y de los
motivos tras los mismos, algo que nunca sabremos.
De hecho sobre todo el asunto planea la incómoda cuestión, nunca aclarada, de si los comunistas del campo aceptaron más o menos implícitamente colaborar con los nazis, ejerciendo de esbirros para ellos, de cara a sobrevivir aferrados a ocupaciones no demasiado extenuantes. A fin de cuentas ellos se consideraban la vanguardia del proletariado y debían preservar sus vidas no solo por miedo a la muerte sino como una misión con la historia, ya que tenían un objetivo superior que cumplir. Pero el problema es que de cara a ello tal vez hubieron de hacer cosas que en contrapartida sirvieron para condenar a otros reclusos menos organizados políticamente. Como digo nunca lo sabremos, aunque no es un pecado considerar la cuestión debido a la existencia de sospechosas sombras en las narraciones de algunos de los interesados.
En cualquier caso lo que queda, y es lo que importa, son un montón de testimonios fotográficos de lo bajo que puede llegar a caer el ser humano. Diría que también lo son de algunos chispazos sueltos que testimonian la grandeza del hombre cuando se ve sometido a situaciones límite, pero esto último no se si es totalmente cierto o si resultará suficiente como defensa de nuestra especie en caso de que algún día seamos juzgados como colectivo.
De hecho sobre todo el asunto planea la incómoda cuestión, nunca aclarada, de si los comunistas del campo aceptaron más o menos implícitamente colaborar con los nazis, ejerciendo de esbirros para ellos, de cara a sobrevivir aferrados a ocupaciones no demasiado extenuantes. A fin de cuentas ellos se consideraban la vanguardia del proletariado y debían preservar sus vidas no solo por miedo a la muerte sino como una misión con la historia, ya que tenían un objetivo superior que cumplir. Pero el problema es que de cara a ello tal vez hubieron de hacer cosas que en contrapartida sirvieron para condenar a otros reclusos menos organizados políticamente. Como digo nunca lo sabremos, aunque no es un pecado considerar la cuestión debido a la existencia de sospechosas sombras en las narraciones de algunos de los interesados.
En cualquier caso lo que queda, y es lo que importa, son un montón de testimonios fotográficos de lo bajo que puede llegar a caer el ser humano. Diría que también lo son de algunos chispazos sueltos que testimonian la grandeza del hombre cuando se ve sometido a situaciones límite, pero esto último no se si es totalmente cierto o si resultará suficiente como defensa de nuestra especie en caso de que algún día seamos juzgados como colectivo.
A propósito del tema en cuestión: ayer mismo se nombró a Boix y a la presencia de prisioneros españoles en Mauthausen en un artículo de Jot Down: http://www.jotdown.es/2015/02/mi-tio-un-personaje-de-javier-cercas/
ResponderEliminarLa autora del artículo es sobrina del historiador que desenmascaró hace ya una década al ínclito Enric Marco, el tema central del artículo difiere de lo que aquí se trata, toca el tema de las fotografías tangencialmente, pese a ello me ha resultado interesante, además de haberme ayudado a recordar esta entrada.
Me quedo con la frase final del artículo, que inevitablmente me ha recordado en cierta manera a este blog:
"Por muy pequeñitos y olvidables que sean, qué importantes son los historiadores que les aguan la fiesta solo por su amor a la verdad".
En El País digital también se han hecho eco de este asunto por el 70 aniversario de la liberación del campo:
ResponderEliminarhttp://cultura.elpais.com/cultura/2015/05/04/actualidad/1430750092_079466.html
También ABC:
ResponderEliminarhttp://www.abc.es/cultura/20150505/abci-mauthausen-francisco-boix-nazi-201505042039.html
COMUNISTA FIGLIO DI TROIA TUA MADRE E' UNA VACCA FOTTUTA, AVETE AMMAZZATO 100 MILIONI DI PERSONE BRUTTI FIGLI DI TROIA EBREI!!!
ResponderEliminarMe ha dicho un pajarito que para dentro de un año más o menos habrá película sobre estos sucesos protagonizada por Mario Casas.
ResponderEliminarVa en serio.
BUENA PELÍCULA, "EL FOTÓGRAFO DE MAUTHAUSEN", EN NETFLIX.
Eliminarhttp://www.eldiario.es/sociedad/Paris-entierra-honores-fotografo-Mauthausen_0_655135214.html
ResponderEliminarGracias por otra tarde de interesante lectura. Qué poco sé a mi edad... Uffff.
ResponderEliminarEn esa zona de penumbras se hallaba Jorge Semprún, que fue internado en el campo de Buchenwald, pero que trabajó en la administración del mismo. Su hermano Carlos lo consideraba un "Kapo", un colaboracionista al servicio de los nazis aprovechando su dominio de la lengua por ser su madre alemana. En su descargo se ha alegado que no se dispone de pruebas incriminatorias y que Semprún fue protegido por el "kapo" reconocido, Willi Seifert. Hay un artículo sin desperdicio en:
ResponderEliminarhttps://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-contemporanea/20200411/48398556572/jorge-semprun-buchenwald-campo-concentracion-liberacion-partido-comunista.html