domingo, 5 de mayo de 2019

El hombre y los tanques


Out of the night that covers me,
black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
for my unconquerable soul.
(…)
It matters not how strait the gate,
how charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.

William Ernest Henley, Invictus



Esta imagen que podéis ver más arriba pertenece a un rincón de Minsk en la actualidad y encabeza la entrada de hoy porque, si lo pensáis bien, cuenta la historia del mundo en el último cuarto de siglo. En todo caso no importa demasiado si no entendéis exactamente qué quiero decir, porque hoy voy a hablar de otra fotografía mucho más conocida, perteneciente a uno de los momentos en que empezó todo. 

Tal día como hoy, hace justo 30 años, en 1989, arreciaban en China las protestas que en Occidente relacionamos de una manera un tanto reduccionista con la Plaza de Tiananmén, en Pekín (Beijing si se prefiere). Los tumultos y el ambiente de revuelta duraron todo el mes de mayo y se extendieron por diversas ciudades aunque fue en la capital, en la emblemática plaza citada, donde se produjeron las mayores muestras de descontento y donde la represión fue más dura. Es por eso que los medios occidentales, amigos de la efeméride fácil, van a conmemorar de alguna manera todo lo ocurrido seguramente el próximo 4 de junio, día en que el ejército desalojó dicho lugar con la mano dura que siempre ha caracterizado al poder chino de toda época y color, poniendo así punto y final a la revuelta. Nunca se ha conocido con precisión el número exacto de muertos, desaparecidos y detenidos que se produjeron en aquella jornada. Tenéis en Internet suficiente información para formaros vuestro propio punto de vista, así que no voy a darle vueltas a algo que todo el mundo conoce, o debería conocer.


Obviamente hay cosas que no son muy conocidas. Es el caso de esta imagen de más abajo que muestra como supuestamente algunos estudiantes se defendieron y mataron a soldados cuyos cadáveres luego exhibieron como trofeos (recordar que en cualquier caso la historia casi nunca es blanca o negra sino más bien gris).


Pero la imagen que todo el mundo asocia con los sucesos de Tiananmén es una fotografía tomada la mañana siguiente por el fotógrafo estadounidense Jeff Widener.


Es una imagen que fue captada desde el sexto piso de un hotel (situado a unos 800 metros de distancia), y que muestra un hombre enfrentándose a una columna de tanques los cuales, una vez realizado su sucio trabajo, pretenden alejarse del lugar. Es un gesto absurdo, inútil, irracional, llevado a cabo a destiempo, cuando ya todo ha terminado, pero a la vez valeroso hasta la inconsciencia. Y, ante todo, realizado por un individuo anónimo al que no vemos la cara. Un hombre común que puede ser cualquiera. Quizás de ahí la potencia de la imagen.

Por supuesto, con la legendaria perspicacia que en general caracteriza a los jurados de los premios, a Widener no le dieron el Pulitzer. Se lo dieron a las fotos que un diario de Oakland publicó sobre un terremoto en el área de la bahía de San Francisco. Pero la fotografía del "hombre del tanque" tenía algo muy poderoso y tras cobrar vida propia ha pasado a la posteridad como una imagen icónica.

Además, con el tiempo, han aparecido otras imágenes del incidente tomadas por Stuart Franklin de Magnum Photos; Charlie Cole de Newsweek (que él si ganaría el World Press Photo por su imagen), o Arthur Tsang Hin Wah de la agencia Reuters; y hasta un VIDEO. Materiales que permiten tener una perspectiva más amplia de lo sucedido.




En los años 89-91 se produjeron hechos de una importancia capital. Muchos creemos que corresponden incluso a un cambio de era, terminando entonces el mundo contemporáneo tal y como se estudia en los manuales de Historia escolares, para dar paso al mundo globalizado actual. Pero de todas las fotografías emblemáticas que se conocen de aquellos años la del "hombre del tanque" me sigue pareciendo la más fascinante por muchas razones. Tal vez, como dije antes, porque nada se sabe de su protagonista. Ni su hombre, ni su edad, ni sus motivos. Se especuló con un nombre, Wang Weilin, pero es eso, una pura especulación. Seguramente nunca sabremos más datos a ciencia cierta. Y quizás es mejor así. Vivimos en un mundo necesitado de héroes y estos tienden a dejar de serlo cuando pierden su misterio y se vuelven humanos, con todas sus miserias. 

Sobre lo ocurrido algunos testigos contaron que, al parecer, después de unos interminables segundos de tensión debido a sus escarceos delante del coloso de acero que parece que va a perder la paciencia y aplastar al insignificante mosquito que se le opone con tenacidad inaudita, dos personas también anónimas se llevaron al hombre fuera del campo de visión y la columna de tanques procedió a continuar su camino como si nada hubiera ocurrido. Sobre esas dos personas misteriosas tampoco sabemos nada, quizás eran amigos que lo ayudaron a razonar y perderse entre la multitud o tal vez eran policías que lo detuvieron.

Los jóvenes estudiantes que protestaban en Tiananmén pedían reformas políticas. Lo que obtuvieron en cambio fueron reformas económicas. Más consumismo. A lo que luego siguió una mejora tecnológica general en nuestras sociedades que ha sido usada entre otras cosas para perfeccionar y hacer más sutiles los medios de propaganda y control social que apuntalan los sistemas políticos de cualquier color. De hecho la propia imagen de la que estamos hablando está prohibida en China. El Gobierno controla Internet e impide su difusión con lo que se ha fantaseado con la posibilidad de que el "hombre del tanque" esté vivo y libre en algún lugar de China pero no sea consciente de ser famoso, dado que en China la mayor parte de la población joven no sabe nada de las protestas de Tiananmén y los que las vivieron no hablan de ellas por temor a represalias, a la vez que muchos desconocen el eco que tuvieron fuera del país debido al silencio informativo impuesto.

Resulta irónico que, de esa forma, el aparato del Estado no necesite detener al héroe de la historia para hacerlo irrelevante. Le basta borrarlo de la memoria para condenarlo al olvido y al desconocimiento hasta de sí mismo.

Así pues, transcurridos treinta años, las medidas tomadas desde entonces por el Partido Comunista Chino para mantener el control de la población se han rebelado de una eficacia asombrosa. La población es feliz de su propia ignorancia y prospera en un país que no deja de crecer gracias a disponer de una masa de mil millones de humanos que no aspiran a otra cosa que a trabajar mucho para luego poder satisfacer sus anhelos de compra mientras miran al suelo de manera dócil.

El "hombre del tanque" en el fondo profetizaba el signo de los tiempos que vivimos, la libertad perdía la partida y lo único que le quedaba para consolarse eran las bolsas de la compra que llevaba en las manos. De allí nació la exitosa "vía china": una sociedad de compradores sin derechos reales. A lo que parece un modelo a imitar en tanto que silenciosamente gobiernos de todo el mundo buscan aproximarse a esa ¿utopía? de estabilidad y provecho económico para los de siempre.

Por eso me apetecía recordaros hoy esa imagen. Y también esta otra foto tomada por Terril Jones de Associated Press y que no tuvo prácticamente difusión en su momento.


Miradla bien porque, sin que pueda explicaros por qué, es una foto que me genera cierta esperanza. Nos muestra que, cuando todo el mundo corre en la otra dirección, pese a ver los tanques venir desde bien lejos, a veces sale de la multitud un tipo dispuesto a ponerse en medio de la calle sin que nada pueda forzarlo a abandonar su posición. Y el que vemos en la imagen no puede ser el único. Lo fue en su momento. Pero en el mundo hay más. Seguro. Siempre los ha habido y siempre los habrá. Y hasta es posible que un día no estén solos. Y sean millones.