lunes, 3 de septiembre de 2018

Tss, tss. Que vienen, que vienen...



Aprender historia quiere decir buscar y encontrar las fuerzas que conducen a las causas de las acciones que escrutamos como acontecimientos históricos. Fue quizá decisivo en mi vida posterior el tener la satisfacción de contar como profesor de Historia a uno de los pocos que la entendían desde este punto de vista, y así la enseñaban. Todavía hoy me acuerdo con cariñosa emoción del viejo profesor que, en el calor de sus explicaciones, nos hacía olvidar el presente, nos fascinaba con el pasado y, desde la noche de los tiempos, separaba los áridos acontecimientos para transformarlos en viva realidad. Nuestro fanatismo nacional, propio de los jóvenes, era un recurso educativo que él utilizaba a menudo para completar nuestra formación más deprisa de lo que habría sido posible por cualquier otro método. Este profesor hizo de la Historia mi asignatura predilecta. De esa forma, ya en aquellos tiempos, me convertí en un joven revolucionario.

Adolf Hitler






Podría decirse que a fin de cuentas la Historia del Arte se reduce a una alternancia sin fin entre períodos donde predomina la abstracción (como en caso del arte egipcio, el arte medieval europeo, el arte precolombino mesoamericano o el arte contemporáneo occidental) y otros donde se impone la tendencia hacia un realismo creciente en las representaciones (caso del Renacimiento o el Realismo socialista, los cuales en el fondo consistían en idealizar y sublimar la "realidad", pero al menos a través de representaciones naturalistas de las personas y los objetos).

De igual forma la historia política de las sociedades en el fondo puede resumirse en torno a la pugna eterna entre dos elementos: las tendencias conservadoras, en ocasiones hasta el punto de lo reaccionario, y las ideas progresistas que en determinadas coyunturas pueden alcanzar el grado de revolucionarias. Bajo ese prisma la historia de los últimos siglos se reduce a una eterna tensión dialéctica entre los partidarios del mantenimiento del status quo, o incluso la involución hacia un supuesto idílico pasado, frente a los defensores del cambio a través de la reforma, o la ruptura violenta si es preciso. Según épocas unos u otros han ostendado la hegemonía y a ese respecto, no se si os habéis dado cuenta, estamos atravesando un período de repunte y readaptación del ideario conservador después de unos años en que, debido a las consecuencias de la crisis económica del 2008, parte de sus postulados parecían desacreditados.

¿A qué se debe lo anterior? Bien, en principio hay tres factores a considerar. Por un lado está el aspecto puramente demográfico. La esperanza de vida en Occidente ha crecido mucho durante las últimas décadas, la natalidad se ha estancado y eso hace que en nuestras sociedades crezca el porcentaje de viejos frente al de jóvenes con las consecuencias evidentes que eso supone en el campo de las mentalidades, en tanto que los grupos de edad avanzada suelen ser por definición más conservadores que los de menor edad.

Un segundo aspecto a analizar, que no suele ser tenido en cuenta, es la configuración de los distritos electorales en muchas democracias avanzadas. En general sistemas como el de EE.UU., Gran Bretaña o España distribuyen de una forma bastante uniforme por todo su territorio la elección de los representantes populares. La cuestión es que en la medida en que el trabajo cada vez se está concentrando más en determinadas áreas urbanas, es allí adonde acude la gente a vivir. Enormes migraciones interiores están despoblando áreas rurales de casi todos los países para concentrar a la población en grandes ciudades. Esa gente de las ciudades, por una serie de cuestiones en las que no voy a extenderme, tiende a ser más abierta y progresista hacia los extranjeros, las nuevas ideas, la moral sexual, etc., que la gente que vive en el campo. Es decir que las ciudades aglutinan la mayoría de los votantes de los partidos y los líderes progresistas. El problema es que ese tipo de votante, en lo que concierne a los sistemas electorales, se encuentra excesivamente concentrado en la medida en que áreas rurales -donde comparativamente puede vivir por ejemplo un 30% de la población- pueden llegar a otorgar, en función del sistema electoral en vigor, el 40 o el 45% de los representantes del Parlamento o la Cámara de turno lo que sobreprima de cierta manera el voto de los escasos habitantes rurales que, por otra serie de cuestiones (entre ellas nuevamente el éxodo rural), tienden a ser también mayoritariamente grupos de edad avanzados, es decir conservadores por partida doble. Por tanto, en contrapartida, el voto progresista se convierte en parcialmente ineficiente al estar menos desperdigado.

Pero lo descorazonador es un tercer aspecto, creo que también escasamente debatido.

Al respecto quiero escribir una entrada corta y directa, así que contendré mi habitual verborrea. Tampoco es cuestión de entrar en un duelo de cifras y gráficos que no conduce a nada porque al final existen estudios que sirven tanto para “demostrar” determinadas tendencias como para supuestamente invalidarlas. Vamos a acudir por tanto a la sucia realidad y a la experiencia de los más viejos que puedan leer estas páginas. Ellos podrán confirmar, o no, que hace algunas décadas era posible que un trabajador normal, incluso sin una carrera universitaria, accediese a un empleo estable de por vida. Empleo dotado de un sueldo mediante el que era posible mantener a una familia de varios hijos y pagar los estudios de estos así como comprar un coche y un piso en una ciudad en un período razonable de años. De esa forma con el trabajo remunerado de un solo miembro de la familia y reservando quizás un tercio del salario mensual era posible pagar una hipoteca en unos quince años. Hoy en día, trabajando los dos padres (el acceso, mejor o peor, de las mujeres al mercado de trabajo ha sido tanto una conquista como una necesidad del sistema productivo y político para camuflar la pérdida de poder adquisitivo de los salarios medios) y aportando estos en torno al 50% de sus sueldos, esa misma hipoteca puede lastrar la economía familiar durante 30 o 40 años.

Por supuesto hoy puedes viajar más barato y más fácil, y comprarte cachivaches tecnológicos que te hagan más amenas las enormes esperas para desplazarte al trabajo todos los días (porque, de hecho, al aumentar el tamaño de las ciudades cada vez pasamos más horas de nuestras vida simplemente esperando o desplazándonos de un punto a otro, entre el lugar de trabajo y el hogar). También puedes acceder de forma sencilla a discursos y actividades que te hagan sentir más sano, autocentrado y vital… para ser más productivo en tu trabajo de mierda en el que pasas la mayor parte de tu vida lejos de tu familia y las cosas que de verdad deberían hacerte feliz.


Pero en el fondo hay menos movilidad social que en las últimas décadas. En los años 60 y 70, un poco más tarde en el caso de España, una persona de una familia humilde a través del trabajo duro o los estudios podía esperar con razonable seguridad acceder a una más o menos confortable clase media protegida por unos sistemas de seguros sociales (pensiones, cobertura sanitaria y de desempleo, becas de estudios, etc.) bastante serios. Hoy ocurre al contrario y es la clase media la que, pese a trabajar más horas que nunca y estudiar más años que nunca está pasando a convertirse de nuevo en clase baja debido al encarecimiento de los bienes de primera necesidad, empezando por la vivienda y la educación. Todo ello mientras los muy ricos se hacen más y más ricos a costa del resto de la sociedad. 


Toda esta problemática que resumo aquí pero que es bastante más compleja debería estar haciendo crecer el voto progresista que en el último siglo era sinónimo de voto de “izquierdas”, al menos en países como España. Pero eso NO está sucediendo. De hecho en algunas zonas (que están ejerciendo de laboratorios de lo que puede generalizarse en el futuro a corto plazo) lo que se detecta es un aumento del voto de “derechas” e incluso un desplazamiento hacia la ultraderecha en áreas pobladas por clases bajas trabajadoras.  

Esto de más abajo es Alemania. Tres décadas después de la caída del Muro la Alemania del Este continua siendo (y todo apunta a que no es algo temporal) un territorio más pobre, despoblado y con más paro que la antigua Alemania Federal.


Lo anterior, sumado al pasado comunista de la zona, explicaban que desde la Reunificación hasta hace unos años en esas zonas se refugiase gran parte del voto propiamente de izquierdas (en un país tan conservador como Alemania).


Pero desde hace cuatro o cinco años la Extrema Derecha ha convertido esos territorios en su bastión. ¿Cómo es posible un giro tan aparentemente radical en las tendencias de voto de esos electores: pasar de votar a nostálgicos comunistas a neonazis encubiertos prácticamente de un año para otro?


A lo que parece por todas partes los más desfavorecidos se están refugiando en el ultranacionalismo, la xenofobia o el racismo a falta de respuestas alternativas adecuadas. Los intelectuales liberales creyeron que era posible construir sociedades basadas en el egoísmo individual y la competición entre individuos y clases sociales... pero a la vez mantener Estados (no digamos ya construcciones como la UE) donde esas mismas personas aceptasen un mínimo de solidaridad y redistribución de los recursos entre regiones o países (algo necesario siquiera para mantener la eficiencia de los mercados de intercambio entre esos territorios). Lo que ha ocurrido en cambio es que cuando han aparecido los problemas lo que se documenta es, vaya sorpresa, el triunfo del egoísmo y la insolidaridad, no ya entre clases sociales sino entre esos grupos humanos igualmente artificiales llamados naciones. El mismo egoísmo que hizo inevitable la caída del comunismo y con él la llegada de la globalización puede poner en peligro el paraíso global de libremercado draconiano resultante. Qué ironía. Además en gran parte de los Estados que se sitúan en el núcleo de ese mercado globalizado el capitalismo de cuño neoliberal está agrandando tanto la brecha entre los ricos y el resto de la sociedad como para poner en peligro el funcionamiento de dichas "democracias". Eso ocurre porque las élites, cada vez más poderosas y ricas, están gracias a ello en disposición de comprar y controlar tanto a los partidos políticos que nos "representan", como los mass media que deben suministrar información veraz a los ciudadanos para que estos (demasiado fatigados y angustiados en sus vidas miserables) "decidan". 

Pero si tras el colapso del comunismo a finales de los años 80 los intelectuales liberales se volvieron en exceso confiados y optimistas, por su parte los intelectuales de izquierda pecaron de forma mucho más grave: simplemente desertaron. Se acobardaron y en muchos casos dejaron de basar sus ideas en cuestiones puramente socioeconómicas y de redistribución de la renta entre clases sociales así como de los recursos entre territorios. Lo que debería ser su núcleo identitario ahora y siempre sin discusión posible. 

No obstante como desde los 90 ese tipo de discurso ya no parecía “estar de moda” pronto muchos se subieron al carro de la defensa del ecologismo, los derechos de diversos colectivos minoritarios, la multiculturalidad de las sociedades y otra serie de cosas muy bonitas y positivas pero que en el fondo solo constituyen el problema central en la vida de sectores sociales para nada dispuestos a una fuerte movilización social de cara a solicitar cambios estructurales, ya que esos sectores masivamente integrados por profesionales liberales sienten que viven en el seno de sociedades que básicamente funcionan bien a falta de algunos arreglos puntuales. Y lo que es más, para centrarse en ese tipo de problemáticas muchos de los nuevos intelectuales "de izquierdas" en boga (como siempre en su mayoría salidos del seno de familias burguesas) dejaron de preocuparse por los feos problemas jodidos de las personas realmente necesitadas, precisamente las que no tienen nada que perder a la hora de intentar cambiar, de verdad, el pacto social imperante. De tal forma los nuevos intelectuales de izquierdas "new age" empezaron a ofrecer a toda esa gente desamparada unos discursos "progres" demasiado complicados para ser entendidos por ese tipo de ciudadanos y demasiado alejados de sus problemas cotidianos reales como para que, de poder entenderlos, pudiesen importarles. Es triste, es incómodo, pero el deshielo de los polos, los derechos de los transexuales, la experimentación con monos, las corridas de toros, los refugiados de guerra sirios, o incluso los últimos debates sobre las problemáticas de género, importan entre poco y nada cuando no llegas a fin de mes, no tienes tiempo ni dinero para pasarte el día despotricando en Internet, trabajas de limpiadora, vives en un piso asqueroso en el extrarradio del que debes dos meses de hipoteca y a tu marido lo acaban de echar de su trabajo en la última fábrica de la zona. Es así. No digamos si vives en un pueblo donde ya no hay ni trabajo, ni vida cultural y pronto no habrá ni colegio ni siquiera lineas de autobuses diarios a la ciudad más próxima.  

Y ante el vacío de ideas en torno a las que canalizar la comprensiva frustración que se genera en ese tipo de situaciones y otras muchas que cada vez son más habituales fuera del anillo gentrificado de las grandes ciudades o de las urbanizaciones de buen nivel a las afueras de las mismas -esos oasis privilegiados donde los problemas son otros, quizás menos acuciantes-, determinados partidos e ideólogos con un discurso simple, por ello comprensible, emotivo y sobre todo apegados a los miedos y prejuicios de muchas personas de a pie, comienzan a ganar terreno situando en el centro del debate, por ejemplo, cuestiones identitarias en detrimento de la incómoda problemática sobre la desigualdad. Preguntémonos entonces ¿paradójicamente a que grupo social beneficia eso en el fondo?, ¿a aquellos que tienen más y van ganando con el actual reparto o a los que tienen problemas? 

Lo preocupante a mi juicio es que lo que está pasando en Alemania va a pasar pronto o incluso ya está pasando también en otros lugares (EE.UU. por ejemplo donde Trump se ha visto favorecido por todo esto en detrimento de los demócratas, pero es algo que también está pasando incluso en países tradicionalmente moderados como Francia o Suecia y por ejemplo resulta muy evidente a lo largo del olvidado Este de Europa, que en comparación con los países punteros de la UE sigue siendo un reducto más atrasado, pobre e injusto socialmente y, aun así, también más conservador a cada año que pasa). Mientras tanto la "izquierda", si es que eso existe todavía, sigue centrada en sus estériles debates bizantinos y sus gestos de cara a la galería que en el fondo jamás suponen cuestionar de manera frontal, pública e inequívoca el modelo político y socioeconómico imperante pese a que desde hace años, muy especialmente en países como España, la coyuntura es de clara quiebra social y se supone que por ello debería ser terreno fértil para un debate valiente sobre el cambio radical de sistema o al menos para situar otra vez las cuestiones socioeconómicas en el centro del debate político. 

24 comentarios:

  1. ¿Acaso no has escuchado hablar al secretario general del PCE tratando la ilegitimidad de la propiedad privada de los medios de producción?

    ¡Ah! ¿No?

    Pues yo tampoco. De hecho, la última vez que tuve noticia de alguien tan irrelevante, era a cuenta del tema de la prostitución.

    Es más. ¿Cuándo fue la última vez que leíste en un medio escrito ese término, "propiedad de los medios de producción"? Y en él está todo, es el que traza la línea que parte el espacio político en dos partes, ni mucho menos simétricas (de hecho, me pregunto si queda alguien en el espacio político a la izquierda de esta línea, también llamado socialismo). A la derecha, se llama capitalismo, y concentra la práctica totalidad de cuerpo electoral, incluso aquellos cretinos que echan pestes del capitalismo, identificándolo con progreso, organización del trabajo y tecnificación. Menudo elogio que le hacen al capitalismo.

    En los medios de comunicación se ha dejado de leer sobre la propiedad del capital, y ahora la trinchera está en conceptos como heteropatriarcado, lenguaje inclusivo, bienestar animal o feminismo islámico. ¿A que sí que recuerdas haber leído estos términos últimamente?

    Quedémosnos con la última, el feminismo ha dejado de defender la igualdad sustancial entre hombres y mujeres, y la irrelevancia de ese accidente somático en la esfera pública, para etiquetar un movimiento que sostiene exactamente lo contrario (si Simone levantara la cabeza...).

    En cuanto a las religiones, hemos pasado de considerarlas el opio del pueblo a expresiones de sabiduría ancestral, que junto con viejas y nuevas meigalladas exóticas tipo ayurveda, medicina tradicional china, pachamama, jainismo u homeopatía son el nuevo fermento que nutre la izquierda new age, peleada con el racionalismo científico (que es parte del heterocispatriarcado neocolonialista del sistema capitalista, como todo el mundo sabe, quién me iba a decir a mí que mi viejo tocho de Física de 1º de carrera era en realidad un manual reaccionario).

    ¿Y qué decir del ecologismo? La amarga soledad en que me encuentro procurando luchar contra la expansión del eucalipto, la pérdida de suelos debido a los reiterados incendios, la crítica situación de especies debido a la desaparición de su hábitat... mientras el centro de gravedad de la sensibilidad urbana se desplaza a ocuparse de la comodidad de los animales de compañía (y, los muy radicales, amplían su espectro a los de granja).

    No solamente esta ideología que ha sustituido las clases sociales por grupos sociales como sujetos de la actividad política, cada cual buscando las razones para sentirse más ofendidito que el otro, ha conseguido que la sociedad acepte su adscripción a la categoría de izquierda; sino que se ha convertido en un tiempo récord en LA izquierda, convenciendo a cada vez más gente de que, en realidad, son de derechas.

    Y puesto que en la nueva distribución del espectro ideológico son de derechas, votan como tal, ya que no se sienten representado en el espacio creado por esta nueva generación de ideólogos nacidos tras la caída del muro de Berlín.

    ResponderEliminar
  2. Hacía tiempo que no leía un artículo tan bueno: claro, cortito y al pie. El que no lo vea claro es porque no quiere...


    ResponderEliminar
  3. La izquierda se ha vuelto comodona, está aburguesada y apoltronada. La izquierda se ha vuelto un quejido de los blandos (pijos y hipis), que no de los débiles. La izquierda está menchevique, idealista, moralista, ya no es bolchevique, materialista, realista. Hasta que no se dé cuenta de que para hacer tortilla hay que cascar huevos, nada que hacer.

    La izquierda hoy, en los juegos de internet, a la pregunta "¿matarías antes a tu perro o a una persona desconocida?" contesta "a un desconocido"; es basura indecente. La izquierda hasta que no recuerde que hay que socializar los medios de producción y fusilar a unos cuantos malvados, y siga dedicándose a las mascotitas, a los veganismos, y al compplejo de superioridad supremacista y opulenta (nacionalismo de ricos: vascos catalanes, padanos...) está perdida.

    ResponderEliminar

  4. Un buen artículo, como siempre, que sin embargo cojea un poco en la explicación del problema. Me explico. Lo que hizo inevitable la caída del comunismo no fue solo el "egoísmo individual", que supongo que es como llamas al individualismo fomentado por el neoliberalismo, sino también -y sobre todo- el propio comunismo en sí, es decir, la naturaleza de las dictaduras comunistas. El socialismo real creo que es lo que más daño ha hecho a la izquierda a lo largo del último siglo, sobre todo desde que empezaron a salir a la luz los crímenes de Stalin tras su muerte. Esto hizo que muchos intelectuales de izquierda se vieran obligados, por una mera cuestión ética, a cambiar su discurso y terminaran perdiéndose en la defensa de las causas menores que mencionas (por no hablar de los izquierdistas "new age", "feng-shui" o como los queramos llamar, entregados a las pseudociencias, la charlatanería y las sectas).

    También es responsabilidad del comunismo el diagnóstico erróneo sobre la naturaleza del fascismo, y esto sigue haciendo mucho daño. Durante mucho tiempo, y aún hoy, para los comunistas el fascismo no ha dejado de ser un producto radical y corrupto del capitalismo, una argucia de la derecha para hacer frente al marxismo-leninismo, lo que les ha servido de excusa para tildar de fascista a todo aquel que osara criticar el sistema soviético. Esta interesada interpretación es completamente falsa, pues sabemos que los primeros fascistas y nazis, empezando por Hitler y Mussolini, eran de origen humilde y que antes de pasarse a la extrema derecha fueron de izquierdas. Este patrón de conversión de las clases bajas en extremistas de derechas se ha repetido en más ocasiones y de hecho es justo el que tú mencionas, y evidentemente ocurre (y seguirá ocurriendo) en situaciones de crisis socioeconómicas.

    ¿Solución al problema? Pues no me parece nada fácil, sobre todo teniendo en cuenta que es cierto que el debate político está centrado en si hay que limitar la libertad de expresión para que nadie se ofenda y en las cuestiones identitarias (aka Cataluña). Supongo que lo ideal sería crear una nueva ideología dedicada básicamente a resolver los problemas socioeconómicos que nos asolan, y que a la vez estuviera comprometida claramente con la democracia y la defensa de las libertades, es decir, que se apartara definitivamente del marxismo. Complicado, sí.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Primer párrafo. Confunde comunismo y dictadura; y soviético y estalinista. Y olvida también que ahora mismo hay un país comunista que en unos lustros será el líder del mundo multipolar al que nos dirigimos. Comunista, sí, y no sólo por el nombre, sino por el horizonte al que se dirige. El comunismo es el movimiento, aunque actúe en el mercado y con empresas privadas, al igual que hay capitalismo en lugares y momentos sin que lo impidan intervencionismos y estatalizaciones.

      Segundo párrafo. Hace una descripción psicologista de la conversión de Hitler o Mussolini que no conduce a nada. El fascismo es capitalismo en estado de excepción, que se expresa de manera irracionalista, estatalista, chauvinista y violenta. Y no deja de ser capitalismo puro y duro, que le pregunten si no a las grandes empresas alemanas que lo fueron antes, durante y después del nazismo.

      ¿Solución al problema? Cascar huevos.

      Eliminar

    2. En mi opinión lo único que le queda a China de comunista es precisamente la dictadura... porque estaremos de acuerdo en que es una dictadura, ¿no? En cualquier caso, si dice que China es comunista y acepta que es una dictadura, pues ya ve, como para no confundir ambas cosas ;)

      Por cierto, ya es llamativo que cuando las dictaduras comunistas empiezan a ser prósperas económicamente es precisamente cuando introducen medidas capitalistas (véase la NEP o China en la actualidad).

      En cuanto a la tortilla y los huevos, soy partidario de nuevas recetas, sobre todo si las viejas conducen siempre y de forma sistemática a la dictadura y el terror. Vamos, que prefiero construir antes que romper.

      Eliminar
    3. @Anónimo Esa actitud me recuerda a mi padre hace años diciendo una y otra vez "Son los mismos perros con distintos collares". Quizá no será "fascismo" técnicamente, pero "cascar huevos" como usted lo llama no es más que la misma mierda ejecutada por los mismos moralistas egocéntricos, megalómanos y salvapatrias pero con el pelaje de otro color. No se me ocurre ni un solo ejemplo de las decenas de intentos de implantación del comunismo en el mundo que no haya acabado en miseria y/o violencia. El comunismo es una utopía en el más literal de los sentidos. La realidad y la psicología humana lo hacen imposible.

      En cuanto al artículo, coincido con @Pedro Núñez en que el cojea en su apreciación de los motivos de la fallida del comunismo, o quizá más precisamente, peca de inocencia si cree que el "individualismo egoísta" no está, estuvo y estará presente en todas y cada una de las posibles organizaciones sociales que la humanidad pueda crear.

      Eliminar
    4. Claro, el capitalismo sí responde a la naturaleza humana y el capitalismo no ha arrasado el mundo con guerras y masacres.
      Lo del pelaje de otro color, si usted lo ve así ... Por cada eminencia comunista en cualquier orden, me da un euro y por cada eminencia fascista, se lo doy yo, a ver quién se hace rico antes.
      Lo mismo con distinto pelaje, ya,...

      Sobre lo del egoísmo y la cooperación humanos,lea un poco más de neurología y así dirá menos simplezas políticas.

      Eliminar
    5. Habiendo leído un poco de neurología, pienso que las conclusiones no concluyentes del señor Núñez, son bastante razonables. La neurología actual y la etología, se han dado en comprobar la existencia de impulsos básicos no egoistas ni individualistas, que parecían ser los únicos posibles desde una perspectiva darwinista ya superada, en los seres vivos, en general, y en el ser humano en particular. Inferir desde esta base que el comunismo es necesariamente viable, queda por demostrar. Igual de demostrable es, desde la neurología, la existencia de impulsos básicos egoístas e individualistas. La neurología, no es política, como tampoco lo es la historia.
      Por tanto, bajo mi punto de vista que parece alinearse con el del señor Núñez, estamos ante una situación histórica que no nos permite demasiadas "ilusiones" radicales. Nos vemos, pues, expuestos a plantear soluciones políticas nuevas o, al menos, recicladas, evitando simplificaciones excesivas que, tanto la ciencia como la historia, demuestran totalitarias en la práctica.
      Los seres humanos somos complejos, individual y colectivamente, y los problemas a los que nos enfrentamos probablemente no puedan ser solucionados con acciones y teorías que eviten considerarlo. Estamos forzados a vivir y pensar paradójicamente; nuestro egoísmo exige tener en cuenta a los demás.
      Lo de las eminencias, en cualquier caso, no es cierto o, al menos, fácil de demostrar. No llegará a rico por ese camino, me temo. Ese es parte del problema, bajo mi punto de vista, el exceso de convencimiento a la hora de proponer apuestas.
      Un saludo

      Eliminar
    6. Disculpe, pero convencido me parece usted.
      Lo de las eminencias es cierto y bastante fácil de demostrar con un libro de historia contemporánea en la mano. Que una persona (¿medianamente?) culta lo niegue, es lo que a mí me resulta extraordinariamente sorprendente.
      Y puntualizo: dije eminencias comunistas vs fascistas: Picassos, Niemeyers, Makarenkos... a punta pala vs Ezra Pound y Heidegger.

      Sobre la cooperación y la neurología, por ejemplo: http://dccs.udd.cl/2017/12/13/755/

      Eliminar
  5. Muy buen articulo, coincido en casi todo, pero ¿hay solución? o sencillamente nos encaminamos sin remedio a un futuro muy muy negro. Diagnosticar que estamos mucho peor que hace 20 años es evidente para cualquiera que como yo ya tiene los 50, encontrar soluciones es otra cosa, cualquier atisbo de pequeña revolución es machacada por el poder y sus tentaculos, politicos y periodistas. Lo dicho, lo veo todo muy muy negro.

    ResponderEliminar
  6. Muy buen articulo, realmente la izquierda y el progresismo necesitan una reafirmación ideológica, hacer las paces con la ciencia y alejarse de la maguferia, y volver a las causas y luchas que verdaderamente pueden reformar la sociedad y hacerla más justa, equitativa y avanzada.

    ResponderEliminar
  7. Creo que la síntesis al falso dilema planteado ya la expusieron filósofas como Nancy Frasser. Las sociedades con los cambios tecnológicos, algo que el artículos no considera,se complejizan. Nuevos problemas aparecen, como el cambio climático o las migraciones globales, y ante ello las soluciones, como pasa con determinadas funciones o ecuaciones no son únicas. En el caso que nos ocupa hacen falta al menos atender a dos necesidades básicas del ser humano en el ámbito político: reconocimiento y redistribución o, lo que es lo mismo,tener en cuenta la pluralidad y la justicia.

    ResponderEliminar
  8. Sr. Surenna, si me permite la recomendación, le animo a mirar todos los vídeos, debates, artículos, coloquios, libros, etc. posibles de Juan Ramón Rallo, Daniel Lacalle, Antonio Escohotado y Visualpolitik. Ninguno es perfecto. Ni tampoco es mi intención insinuar que acabará pensando como ellos, pero estoy seguro de que después de un tiempo su punto de vista habrá salido muy enriquecido.

    Nunca hace daño escuchar a los del "otro palo", ¿verdad?

    He leído su entrada con mucha atención, y sólo puedo pensar que me lo acabará agradeciendo. No es usted consciente de la cantidad de años que estuve pensando exactamente igual que usted. Y lo rematadamente equivocado que estaba.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Las personas que, superada la muy primera juventud, cambian los principios y valores sustanciales de su ideología política o son charlatanes o son puros ignorantes.

      Todos esos que de jóvenes "tenían corazón y eran de izquierdas" y de mayores "tienen cerebro y son de derechas" lo que siempre fueron es chaqueteros y truhanes.

      Eliminar
    2. Soy el mismo anónimo. Y perdone que le diga, pero mis principios y valores sustanciales son exactamente los mismos de siempre. Lo que el tiempo da es la oportunidad de estudiar más cosas. Es eso lo que me ha hecho darme cuenta de que el camino que creía que era el correcto para mejorar la vida de la gente estaba peligrosamente desatinado.

      Y sí, ese dicho es una estupidez; hay otro que me gusta más: "el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones". Y lo mejor es que se puede aplicar tanto a las suyas, como a las mías.

      Eliminar
    3. Yo también soy el mismo anónimo que ya era antes.

      Esa pléyade de neoliberales que cita (Rallo, Lacalle,...) es un grupito bastante ful y señoritingo, un club de individualistas, encantados de haberse conocido y de ser tan pijos, y tan utópicos como los izquierdistas más fumados.

      A ellos los liberales clásicos los correrían a gorrazos, por ejemplo, cuando defienden la supresión del impuesto de sucesiones, una medida cristalinamente conservadora (o propia de los quiero-y-no-puedo) que va contra la meritocracia.

      Puestos a liberales, quedémonos con uno de sus gigantes actuales:“Los demagogos (de izqdas o dchas, añado yo) tienen seguidores porque los liberales no tienen nada que ofrecer”

      https://www.letraslibres.com/mexico/revista/los-demagogos-tienen-seguidores-porque-los-liberales-no-tienen-nada-que-ofrecer-entrevista-john-gray

      Eliminar
    4. Ah, creo que me has malinterpretado un poco al menos. Mi recomendación no iba con el fin de contrargumentar la preocupación del Sr. Surenna sobre el nuevo auge de la extrema derecha en occidente. En eso estoy de acuerdo en su mayor parte (lo digo por el enlace que has compartido).

      Quizá algún día me anime a escribir un comentario lo suficientemente largo como para poder explicar porqué creo que la concepción del mundo de esos sujetos es más interesante de lo que nos parece a simple vista. Y, por el contrario, como la nuestra, la de los commies, poco a poco va dejando de encajarte.

      En cualquier caso hablo por mí, al menos yo forzándome a escucharlos he aprendido muchas cosas que luego he tenido la oportunidad de contrastar; siendo incapaz de encontrar forma de rebatirlo en el "otro lado".

      "Esa pléyade de neoliberales que cita (Rallo, Lacalle,...) es un grupito bastante ful y señoritingo, un club de individualistas, encantados de haberse conocido y de ser tan pijos, y tan utópicos como los izquierdistas más fumados."

      Vamos a evitar los ad hominem por L'Oreal a partir de ahora. Porque en ese caso me temo que no volveré a contestar.

      El impuesto de sucesiones es algo muy complejo que puedes apoyar o no por un sinfín de razones. Y no, el liberalismo no tiene nada que ver con la meritocracia. Es una filosofía bien jodida y ninguna de las personas que he mencionado sienta cátedra sobre ella (al menos más allá de lo básico o de su idealismo, que ellos mismos reconocen).

      Yo no digo que el pensamiento de Rallo por ejemplo tenga sentido, porque en realidad no lo sé. Sólo digo que escucharle es muy interesante, y como mínimo aporta tanto como oír a divulgadores antiliberales. A día de hoy yo creo que debemos andar más hacia al liberalismo para salir de este capitalismo de amiguetes en el que nos metieron los burgueses decimonónicos. Cuánto hay que andar hacia él es la cuestión.

      Y no olvidemos que el marxismo no rechaza per sé al capitalismo, su objetivo es monopilizar el capital y el uso del mismo desde el Estado.

      En fin, ya que he escrito más de lo que debería, al menos permíteme hacer dos preguntas: suponiendo que valoramos el "progreso" actual (que quizá ustedes no comulgan con la idea de que "tiene sentido", cosa que yo mismo me planteo a menudo), ¿cómo puede funcionar una sociedad donde se planifica la vida de siete mil millones de personas de su padre y de su madre? ¿cuál es la alternativa al sistema de precios que emerge de forma natural en las sencillas reglas de juego del liberalismo?

      Eliminar
    5. Y tirando ya la casa por la ventana... ¿por qué tenemos que obligar a todo el mundo a pensar y a vivir como nosotros queremos? ¿Cómo estamos tan seguros de que acertamos en la idea de que todos DEBEMOS ser iguales? A mí me da miedo la responsabilidad de creer que una persona es "fallida" por pensar que el estaría agusto en un modelo distinto de sociedad al mío.

      ¿Por qué cojones Anguita no puede montar sus falansterios de Fourier si él quiere? Mientras no obligue a nadie a vivir con él, yo no veo ningún problema. Quizá intente disuadirle mientras vigilo sus resultados, pero no voy a decir que esté "alienado" aunque luega ponga la mano en el fuego creyendo que llevo razón.

      Esto mismo te lo podría suscribir cualquiera de esos que yo menciono. Y te dirían más: y si sale bien, todos nos vamos a vivir con él. Y si sale mal, pues nada, a intentar que a nadie más le pase, y si pasa, vuelta a empezar.

      Quizá mi problema es que me estoy acobardando con los años, y como diría Aristóteles, he dejado el punto medio atrás.

      En tus comentarios veo lo mismo que veo en la entrada del Sr. Surenna, la necesidad instintiva que tenemos de tener todas las respuestas que construyan un todo que de sentido a nuestra existencia. Y claro, nuestra capacidad y conocimientos no dan para ello. Así que nuestro cerebro se "protege" simplificando la realidad hasta el absurdo, y tendiendo a la dicotomía en todo: o estás acertado, o estás equivocado. O eres egoísta, o eres solidario. O eres interesado, o eres altruista. Nunca hay hueco para el gris, nunca hay hueco para intentar averiguar si la mejor forma de ser solidario es siendo egoísta, o si el altruismo es un concepto tan absurdo como el del "bien" contra el "mal".

      De hecho tampoco hay nunca opción para estar equivocados los dos. Nunca he leído terminar una conversación diciendo: vaya, me has hecho cambiar de opinión sobre este tema... ¿pero te imaginas que los dos estamos equivocados y que dentro de un año nos daremos cuenta de ello?

      Por eso mi posición consiste simplemente en compartir de buena fe (y evitando todo lo posible los maximalismos) lo que para mí tiene sentido. Pero siendo muy consciente de que lo más probable es que aún esté equivocado.

      Eliminar
  9. "Esa pleyade..." no es un ad hominem contra el interlocutor, es una descripción de una referencia usada por él.
    Decir que son interesantes también es ad hominem.

    ResponderEliminar
  10. https://www.cuartopoder.es/ideas/2018/09/05/fascismo-en-italia-decreto-dignidad/

    https://www.cuartopoder.es/ideas/2018/09/07/decreto-dignidad-fascismo-en-italia-una-respuesta/

    Izquierda, fascismo e iliberalismo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La izquierda: opción B

      https://blogs.elconfidencial.com/espana/postpolitica/2018-09-07/anguita-izquierda-opcion-b-monereo_1612530/

      Eliminar
  11. Hoy aparecía esta noticia que nos recuerda que los viejos problemas siguen existiendo:

    https://elpais.com/elpais/2018/09/04/planeta_futuro/1536080666_957102.html

    y lo que más rabia da es que a diferencia de los nuevos problemas los viejos son perfectamente solucionables, tenemos la tecnología y los recursos, lo que falta es voluntad.

    ResponderEliminar
  12. Gran artículo, John, y cargado de razón. Coincide en gran medida con mi percepción. Si a lo que comentas le añades el cambio de modelo productivo debido a la automatización, que está dejando cada vez a más gente en el desempleo; y la previsible crisis energética que se avecina, tenemos un "crash course" casi inevitable. La humanidad superará la crisis. Lo que no sabemos es a qué coste.

    ResponderEliminar