jueves, 9 de agosto de 2018

The power of love


- En algunas religiones se cree que el huevo simboliza el alma. ¿Lo sabía?
- No, no lo sabía.
- ¿Le apetece uno?

Robert de Niro y Mickey Rourke en “El corazón del ángel”




La semana pasada estuve en Ucrania. Es un país muy interesante aunque desaprovechado: debido a los ecos del conflicto con Rusia en el Este y, claro, también al miedo a la envenenada herencia de Chernóbil, la mayoría de turistas occidentales que acuden a la zona son hombres en busca de un polvo barato con alguna joven guapísima. Lo cual, todo sea dicho, no es una buena idea ya que lo anterior a su vez explica que Ucrania sea uno de los países de Europa con mayor porcentaje de enfermos de SIDA, particularmente en el caso de la población femenina urbana.

Es una pena porque Ucrania es asimismo un país que dentro de sus fronteras cuenta con algunas playas decentes en el Sur, en la zona de Odessa, precios bajos, monasterios y catedrales impresionantes (si bien muchas se encuentran en proceso de restauración/reconstrucción debido a los estragos que causó en la zona la II Guerra Mundial), pero sobre todo es un país que está dotado de un cierto exotismo en un mundo en el que cada vez todo es más homogéneo pese a las supuestas diferencias.

Y esto último también se nota en el campo de la arqueología debido a la peculiar historia de la zona y las singularidades de las culturas que conformaron las primeras etapas de civilización en aquella parte del mundo.

La cuestión es que en la típica campaña de excavaciones de verano este año ha logrado cierto eco el hallazgo de una tumba de la cultura Wysocka. Se trata de restos procedentes de una sociedad en transición entre el Bronce y el Hierro a finales del II milenio y comienzos del primer milenio antes de nuestra era, ubicada en la zona occidental de la actual Ucrania en las proximidades de Lviv (de hecho el nombre de dicha cultura se tomó a principios del s. XX de una aldea de la región llamada Wysocko Wyzne).

En cualquier caso la cultura Wysocka acabó desapareciendo en las brumas de la historia, quizás bajo la influencia escita, y puede decirse que no posee demasiado interés hoy en día. Ahora bien, la tumba que fue dada a conocer hace poco si que posee cierto interés, al menos periodístico, debido a cuestiones digamos estéticas ya que ofrece la potente imagen de lo que parece ser una pareja abrazada aun después de muerta. 



Algunos han querido ver en lo anterior una historia de amor. En cierta forma una de las primeras historias de romanticismo y devoción con tintes poéticos tal y como nosotros entendemos esos conceptos.

Pero claro, las apariencias pueden resultar engañosas a la hora de interpretar restos del pasado a la luz de nuestros valores y obsesiones, máxime en culturas exóticas de un área que no conocemos bien, un ejemplo de lo cual ya os lo puse a través de Facebook hace algunos meses con esta foto de los restos de un niño sármata con una deformación craneal intencionada encontrado en Crimea.



Lo cierto es que existen diversas tumbas neolíticas mediterráneas como los amantes de Valdaro que muestran ese tipo de posicionamiento de los cadáveres, y sobre todo es algo que se documenta con cierta frecuencia en los enterramientos propios de pueblos de la estepa en la época de los metales, por ejemplo en el caso de la cultura de Andronovo.




El problema es en qué medida donde nosotros vemos amor romántico y cariño (basándonos sobre todo en la posición de los difuntos) hay matices que para nuestra moral pueden resultar inquietantes.

De hecho los análisis de este tipo de tumbas normalmente indican que uno de los miembros de la pareja, la mujer en concreto, se suicidó o -más probablemente- fue sacrificada durante el ceremonial del enterramiento del hombre. Eso más que de amor nos habla también de posesión, dominación y culturas patriarcales donde la esposa no debía sobrevivir al marido si este detentaba una determinada posición, o donde los ritos funerarios se mezclaban con un culto a la fertilidad o con algún tipo de esperanza de reencarnación para lo cual el varón era acompañado de una fémina, no necesariamente su esposa, quizás una esclava, en la muerte. Tras lo anterior en determinadas ocasiones, sin que esté clara para nosotros la razón, se enterraban sus cadáveres y al hacerlo se tenía mucho cuidado en colocarlos específicamente en el tipo de posturas del que hablamos, recreando de esa forma la iconografía "amorosa" de alguna leyenda, relato oral o credo religioso perdido. Simplemente por ahora nos faltan elementos del puzzle de cara a entender el sentido de tales disposiciones.  



   Aunque, también podemos pensar que detrás de todo eso, más allá de las cuitas arqueológicas sobre las mentalidades propias de cada tiempo y cultura, en el fondo, de alguna manera, se encontraba el amor. Lo cierto es que nunca lo sabremos con total seguridad porque el amor es una cuestión que atañe a las personas implicadas mientras que los demás solo miramos desde fuera y, en este caso, desde muy lejos en el tiempo. Quizás incluso con cierta envidia y desazón, a veces con desasosiego.

8 comentarios:

  1. Parece que hay algo más detrás de esta entrada.

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  2. Estoy de acuerdo. Entre esta entrada y la anterior ando despistado. Algo ha cambiado en este blog, y no sé lo que es.

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  3. Quizás demasiada información personal. Pero no es algo que se vaya a sostener en el tiempo. Solo una casualidad.

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  4. Invita a hacer arqueología del lenguaje y comprobar si el término "amor" y su poliédrica dimensión actual tiene profundas raíces. Intuyo que no.

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  5. Como nadie lo ha preguntado os aclaro que las ilustraciones de cómic de la última imagen son un montaje a partir del cómic "Le Feul" una pequeña maravilla de ciencia-ficción en tres albumes que os recomiendo si podéis echarle mano. Es una pena que solo se pueda encontrarse en francés, me temo.

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  6. Yo creo que va haciendo falta que hagas una entrada sobre comics.

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    1. Es una idea, desde luego, ahora no tengo tiempo pero me gustaría hacerla.

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  7. Lo que está claro es que no fueron los finados los que adoptaron esta postura sino que fueron quienes los enterraron los que situaron así los cadáveres.

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