domingo, 24 de marzo de 2019

Algo huele a podrido ahí dentro (y el olor empieza a ser insoportable)



Para mí dios siempre fue como algo que el hombre inventó para sentirse menos solo. Y ahora estoy más solo que nunca y en lugar de desear a dios estoy rezando para que no exista... Porque si existe, vivo o muerto, no habrá paz para mí, mis pecados me perseguirán más allá de la tumba.

      Kai Proctor en "Banshee" (episodio nueve de la segunda temporada)




En el mundo todos los días se publican miles, tal vez millones, de libros y artículos. Pero pocos de ellos sirven realmente para darte una nueva perspectiva de la realidad como es el caso del libro, cuya portada podéis ver más arriba, publicado por el escritor y periodista francés Frédéric Martel, gay especializado precisamente en temática gay. Claro está muchas veces lo relevante es también incómodo, así pues, de cara a contextualizar lo que plantea Martel y de paso entender mejor la importancia de su libro, empecemos por el contexto.

Como (casi) todos sabemos la Iglesia católica tiene un problema. Bueno, en realidad tiene muchos, pero uno de ellos destaca sobre todos los demás porque es un problema realmente muy gordo: los abusos sexuales a niños. Respecto a lo anterior las acusaciones y testimonios que han salido a la luz durante los últimos años son demoledores e incontables lo que no permite ignorar por más tiempo una cuestión que vivió largo tiempo oculta tras los oropeles vaticanos. 

Ahora mismo hay 6.000 sacerdotes acusados de abusos sexuales en EE.UU., 2.000 en Australia, 1.700 en Alemania, 800 en Holanda, 500 en Bélgica, en Francia hay por ahora 2.800 denuncias, en Irlanda ni se sabe... Como en España, un país donde todo hace indicar que el día que se levante el tapón la mierda que salga puede cubrir el sol. Y lo peor es que todo hace sospechar que lo que hoy se sabe es apenas la punta del iceberg de cientos de miles de abusos sexuales llevados a cabo durante décadas a lo largo de todo el mundo. Porque da muy mala espina que lo que se sepa proceda de países digamos “desarrollados”, ricos, donde la Iglesia está perdiendo prebendas a marchas aceleradas y por tanto se ha abierto la veda para hablar en público de una cuestión tabú en el pasado. Pero claro, si esas cosas terribles han sucedido en países de Europa y Norteamérica (y sabemos que ha sido así) entonces ¿qué no habrá pasado en América del Sur o África, en un contexto de mucho mayor descontrol e impunidad? Todo lo que podemos decir al respecto es que, por ahora, no hay apenas testimonios porque en esos lugares hay otras prioridades sociales en este momento, lo cual aún permite que pasen un tanto desapercibidos los abusos que se hayan podido cometer en el pasado reciente. 

En cualquier caso insisto en que se trata de un tema espinoso que solo puede ir a más, no a menos. Hablamos por tanto de algo que potencialmente puede poner en serio peligro la estabilidad de una institución que ha resistido de todo durante dos mil años. Desde la Reforma de Lutero la Iglesia no se encontraba ante una amenaza semejante para su prestigio y posición en la sociedad. Sobre todo porque en este momento clave, igual que ocurrió entonces, algunos (muchos) de sus miembros con voz y voto en la jerarquía parecen no darse por enterados.

Ante tal situación no extraña que en círculos críticos con la Iglesia se empiece a ver la institución como un nido de pederastas. No obstante a veces se nos pasa por alto que en todo caso se trataría de un tipo de pederastas muy específico. Por ejemplo, según la investigación que el diario Boston Globe llevó a cabo en los EE.UU. (y que recrea la película Spotlight) el 85% de las víctimas de abusos por parte de sacerdotes son niños. NiñOs. No niñas. En una institución formada mayoritariamente por hombres constreñidos al celibato los abusos de niñas deberían sobre el papel ser mucho mayores. Pero en todos los países de los que por ahora se tienen datos (insisto que aún pocos) siempre, de forma consistente, los abusos a niños varones aparecen por encima del 80%. Por tanto la Iglesia estaría dando cobijo en todo caso a un amplio grupo de pederastas homosexuales. Lo que algunos consideran el núcleo de la famosa “camarilla gay” de la que a veces se ha hablado en términos conspiranoicos y que Martel considera poco menos que un mito porque no se trataría de ninguna camarilla sino de la realidad intrínseca del sacerdocio actual.

Y es que para Martel, sin que existan datos concretos que lo respalden (ni probablemente nunca existirán porque es imposible hacer tal encuesta) la Iglesia católica actual es una institución profundamente homófoba formada en gran parte, o incluso ya en su mayoría, por hombres gais. Una contradicción fascinante. 

Si bien podemos poner en cuestión el dato anterior aquí empiezan las aportaciones del libro de Martel. Para Martel NO existe en ningún caso una ligazón especial entre homosexualidad y pedofilia. Para Martel los homosexuales abusan de niños igual que algunos heterosexuales trastornados abusan de niñas. Hay homosexuales pedófilos como hay heterosexuales pedófilos.

¿Entonces por qué cada vez más tenemos la impresión de que los colegios controlados por sacerdotes y algunos otros entornos dependientes de la Iglesia son un lugar particularmente propicio para los abusos sexuales, especialmente a niños?

En realidad el libro de Martel no es un libro sobre pedofilia sino sobre homosexualidad reprimida y sus consecuencias en el seno de una institución oscurantista. Lo que se puede interpretar y deducir de lo que expone sería lo siguiente. La Iglesia, debido a sus particulares métodos de reclutamiento y la posterior exigencia a sus miembros de reprimir públicamente su sexualidad, se ha convertido en un lugar particularmente apto para atraer a gais y concretamente en muchos casos a gais provenientes de familias ultraconservadoras y por tanto a jóvenes reprimidos y acomplejados, con graves problemas para asumir públicamente su condición sexual, que de repente se encuentran como pez en el agua en un lugar donde todo gira en el fondo en torno a intentar contener y ocultar los instintos sexuales entendidos como algo negativo. 

A fin de cuentas un seminarista no parece el tipo de persona que esté en condiciones de aceptar y mostrar claramente sus instintos y deseos sexuales. Lo que a su vez no parece lo más sano para la formación de la personalidad madura. Con el tiempo una vez que una masa crítica de ese tipo de personalidades se ha aglutinado en torno a seminarios y diócesis esas personas se dan de bruces con la parte digamos “agradable” de encontrarse en una institución donde, por lo que he explicado, hay muchas más personas como ellos. Inevitablemente algunos descubren que tras la retórica homófoba de la Institución hay un grupo amplio de personas que en muchos casos comparten sus instintos y deseos largo tiempo inhibidos. Encuentran así el contexto en el que por fin pueden dar rienda suelta a su sexualidad, en principio teniendo sexo con sus propios compañeros de profesión. Es decir, otros sacerdotes. Y en este punto no hablamos aún de pedofilia hablamos de mutuo consentimiento entre adultos.

El problema vendría de la naturaleza intrínsecamente hipócrita de lo anterior que acarrearía tres tipos de consecuencias muy problemáticas:

- En primer lugar, no en todos los casos pero si en muchos, se daría una pérdida de respeto por la propia ideología de la institución una vez que los propios empleados de la misma se dan cuenta de que parte de sus discursos públicos consisten en mera retórica que no se respeta de puertas adentro. De hecho es al contrario, mientras de cara al público se habla de castidad y heterosexualidad reproductiva muchos sacerdotes comprueban que parte de sus compañeros, incluso los bien situados en la jerarquía, tienen sexo habitualmente, en muchas ocasiones con otros hombres, frecuentemente también sacerdotes. De tal forma se incumplen tres tabúes de forma simultánea: mantener el celibato, en caso de no hacerlo al menos no tener sexo con hombres y desde luego no tener sexo con sacerdotes. 

- Para que eso se mantenga secreto a lo largo del tiempo se requiere una fuerte cultura del silencio, la opacidad, el ocultamiento y la condena al “chivato”. Cultura que ha podido enquistarse en la institución porque se trata de valores ya de por si propios del ambiente eclesiástico desde tiempo inmemoriales y porque además en tiempos recientes realmente existiría una mayoría, o al menos un núcleo importante y muy cohesionado de gais, en el seno de la Iglesia. Todo ello a la vez que muchos de sus compañeros no gais también tendrían muchas cosas que silenciar en relación a incumplimientos de la norma del celibato (auténtico núcleo del problema al ir en contra de una pulsión básica del ser humano, por tanto algo muy difícil de refrenar a lo largo de toda una vida).

- Y por último todo lo anterior hace particularmente vulnerables al chantaje a muchos miembros de la jerarquía eclesiástica en tanto que ocultan algo en su vida personal, no necesariamente abusos, pero sí algo de lo que se avergüenzan y que de ser revelado en público puede llevarles a perder no solo el respeto de su familia y amigos sino también su “puesto de trabajo”. Un puesto al que en algunos casos les ha costado muchos años de trabajo acceder y que es una vocación pero también un medio de vida fuera del cual resulta difícil reciclarse llegados a una determinada edad. Al fin y al cabo aunque estemos hablando de fe la Iglesia no deja de ser una institución que comparte características con grandes compañías internacionales o las grandes burocracias estatales y por tanto sus rangos están formados por lo que podríamos definir como "personal cualificado", con particulares ambiciones místicas pero también en muchos casos puramente profesionales.

Martel pone un origen en el tiempo a este estado de cosas, en concreto el pontificado de Pablo VI (1963-1978) y a partir de ello relaciona por ejemplo el controvertido apoyo de la Iglesia a diversas dictaduras latinoamericanas en aquellos años al hecho de que muchos de los miembros de la jerarquía católica ya eran muy vulnerables al chantaje de los servicios secretos por entonces.

Pero la idea importante es que la pedofilia en el seno de la Iglesia católica estaría muy vinculada al secretismo y la cultura del encubrimiento imperante en la institución. La generalización de un Estado de cosas en el que no se habla de los pecados del compañero para que él no hable de los tuyos habría creado el caldo de cultivo perfecto para que determinados individuos desviados operen con total impunidad. Y de ahí vendría el tremendo problema de los abusos. En principio ese tipo de individuos se pueden encontrar en cualquier parte. Pero en el caso de la Iglesia católica, en tanto que  virtualmente no existen mecanismos ni voluntad para detener o exponer públicamente a esos personajes, más bien al contrario, ese tipo de pervertidos habrían encontrado el lugar perfecto de cara a encontrar víctimas (debido a la labor educativa y de cuidado y formación de menores que se presupone a la institución). Además la existencia de una política de ocultación sistemática y de encubrimiento mutuo generalizada (incluso entre los que no son responsables de delitos criminales pero si se sienten avergonzados y atemorizados de que alguien rebele algún día su secreto) llevaría a que ese tipo de delincuentes sexuales (es hora de llamarlos por su nombre) hayan podido hacerse fuertes en el seno de la organización.

Lo que viene a decir Martel no es que la alta proporción de gais entre el clero lleve de por si a mayor incidencia de abusos a menores, sino que la omnipresente deshonestidad clerical con respecto a su homosexualidad lleva a una cultura del encubrimiento de la que se aprovechan los que abusan de menores para hacer verdaderos estragos gracias a las posibilidades e impunidad que les ofrece su condición de hombres de Iglesia y al hecho de que muchos de sus compañeros se sienten inclinados a callar y a hacer la vista gorda para no ser a su vez chantajeados y/o expuestos públicamente aunque sea en relación a cosas de las que en una institución normal no tendrían que avergonzarse.

Llegados aquí ni el autor, que como dije es gay sin complejos, ni yo, sugerimos que ser gay es anormal o un problema en sí mismo, pero sí que puede serlo en el seno de una institución públicamente homófoba encargada en muchos casos de cuidar a niños y adolescentes. Sería eso lo que ha creado un contexto perfecto para abusadores, en concreto en la mayoría de los casos hombres gais convertidos por sus trastornos en abusadores de niños varones. Matiz que se presupone pero en el que no se incide demasiado.

Es un tema nada políticamente correcto ni para la derecha política, que ve como todo esto puede servir para poner en cuestión a la institución eclesiástica, ni para la izquierda política, que puede entender que incidir demasiado en la condición homosexual de la inmensa mayoría de los abusadores supone la revitalización de viejos prejuicios contra la comunidad gay .

Y no me gustaría terminar sin mencionar, porque es de justicia, que otra cosa que "descubriremos" con horror, pero esto ya dentro de cincuenta o cien años, porque aún no ha llegado su momento, es que en los monasterios griegos ortodoxos o en los templos budistas asiáticos también hay muchos homosexuales, algunos de ellos trastornados y que abusan de novicios sin que eso trascienda casi nunca. Ahora mismo esto se queda en una suposición personal, pero estoy completamente seguro de que el tiempo me dará la razón. Tal es mi fe inquebrantable en las miserias de la condición humana. 

19 comentarios:

  1. Una hipótesis sociológica del problema que, lamentablemente, dado el estado de cosas que vivimos, será cuasi imposible refrendar con datos. Personalmente, coincido plenamente con la argumentación del autor del libro y las terribles conclusiones del autor del artículo.
    Un saludo

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  2. Yo no soy creyente ni simpatizante de la Iglesia Católica, pero sí puedo advertir quién está detrás del ataque SISTEMÁTICO al catolicismo, que no es lo mismo eso, que una religión cualquiera (para mí despreciables) que sorben el seso humano.

    Existe un interés claro y es el de la cultura protestante (A LA QUE CURIOSAMENTE NUNCA SE ATACA) que va vinculada al poder del capital anglosajón que nos llama P.I.G.S. y cuyas calificadoras de riesgo (en manos judeo-protestantes) sólo intentan ponernos la bota en el cuello, porque saben que una IBEROAMÉRICA unida sí puede despertar y mejor que China.

    A la iglesia Católica, quienes mejor la pueden criticar es sus propios creyentes y si además son practicantes, mejor que mejor...

    Los ateos con cultura católica de la que estamos orgullosos por lo que signifió históricamente, no necesitamos la mano impulsora de feke news del capitalismo judeo-protestante.

    INSISTO: Estamos orgullosos por lo que signifió históricamente, porque estamos al tanto (también desde el punto de vista progresista e incluso marxista):

    1º De las falsedades de la Leyenda Negra

    2º De que las sombras de la Inquisición y cualquier oscurantismo que se pueda achacar al catolicismo es INFINITAMENTE, CUANTITATIVAMENTE, menos oneroso que el del mundo protestante

    3º El segundo punto es histórica y fehacientemente así precisamente por el racionalismo impuesto en Trento donde ni siquiera la censura fue del calibre y magnitud que en el mundo protestante.

    4º De aquellos polvos los lodos del siglo XX, donde ni siquiera la dictadura franquista tipificó ni legisló tan duramente como los norteeuropeos (siendo democracias "honestas") delitos de homosexualidad (que no desapareció de Finlandia hasta 1977 y en el Reino Unido hasta 1968) o discriminaciones por ser de religión católica que en la dictadura franquista NO EXISTIERON contra los protestantes. En España un protestante pudo siempre ser funcionario público, en Escandinavia y Finlandia no.

    Así que cuando se hable de lo que huele a podrido que se cuente todo.

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    1. No me queda claro. Le parece oportuno el análisis expuesto o intenta usted decir que no lo comparte porque está motivado por oscuras fuerzas protestantes que, como con la Leyenda Negra, únicamente persiguen denigrar a sus oponentes con falsedades.
      Sinceramente, considero su digresión fuera de lugar. El problema de la pedofilia en la iglesia católica, es suficientemente importante para no necesitar contemplar otras creencias.

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    3. Yo no niego que exista el mal, ni digo que se deba justificar. Simplemente digo que sólo oigo la misma canción constantemente y atacando siempre a lo mismo y sólo a los católicos cuando en el mundo protestante “a calderadas” y es incluso peor ¡¡PERO!! no se habla. Está clarísimo que es por algo y que está orquestado.

      La historia, como ciencia empírica es inopinable y sin embargo propagandas como esta han hecho que en el imaginario colectivo sólo quede lo peor y sea una opinión falsa y falsificada.

      E INSISTO. Aunque lo malo sea una realidad incontestable, también lo es que:

      1) NO ES LO QUE ABUNDA y

      2) No es aquello por lo que la Iglesia deba ser juzgada ni considerada, ni condenada, a no ser que se condene PRIMERO a otras religiones mucho peores. Lo contrario sería un despropósito y una desproporción. Nadie está defendiendo la maldad que es lo que se da a entender. La maldad es lo que se desprecia y critica pero debe hacerse POR COMPARACIÓN y en TODOS los frentes.

      Y ya he dicho que soy ateo y que desprecio las religiones, pero eso es una cosa y la cultura católica, otra muy diferente; así como la Iglesia es otra y sus individuos delincuentes otra.

      Lo que se pretende con mala intención es MEZCLAR lo que no se puede mezclar para que LOS DE SIEMPRE SAQUEN TAJADA. No es opinión mía sino una reflexión de todo punto ponderada.

      Ilústrense con este vídeo de una joven profesora de Salamanca, que no es sino una clase de Historia, ES DECIR CIENCIA EMPÍRICA Y POR TANTO, TAMPOCO ES OPINABLE:


      https://www.youtube.com/results?search_query=forja+026

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    4. Conste que no comparto su justificación organizativa para realizar un juicio de unos hechos que no necesitan comparación para calificarlos de atroces. Pero, le compro su argumento. Por favor, podría desglosar la calamitosa realidad del protestantismo en relación a la pedofilia, que es el tema que este artículo ilumina.

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  3. SI TUVIERA QUE ANARIZAR ESTA FRASE: "(...)Dios siempre fue como algo que el hombre inventó para sentirse menos solo. Y ahora estoy más solo que nunca y en lugar de desear a dios estoy rezando para que no exista... Porque si existe, vivo o muerto, no habrá paz para mí, mis pecados me perseguirán más allá de la tumba"

    No queda otro remedio que decir que es un planteamiento absurdo y contradictorio.

    1º Porque quien dice esto lo que hace es sustituir una religión que le ha fallado (porque en realidad las religiones son un sissenido) por la psicología, que por no ser ciencia empírica es otro sinsentido para muchos.

    2º Lo peor de todo viene después cuando al hablar del pecado:

    a) Da por supuesto que el pecado existe cuando lo más seguro es que no

    b) No se define qué es pecado y qué no es por lo tenato está sufriendo sin duda por algo que aunque existiese de verdad tal y como las religiones dicen, ellas mismas dan la solución para que aquello por lo que teme sea inocuo, innecesario y absurdo.

    Por lo tanto aqí estamos frente a alguien que on esa frase lo que está haciendo es MENTIRSE A SÍ MISMO.

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  4. En Tailandia, país en el que resido es algo conocido también el abuso por parte de monjes a los novicios, salen en las noticias de vez en cuando, solo que no llega a la prensa internacional. Al final es el poder el que corrompe y en cualquier tipo de organización, sea religiosa o no, la jerarquía lo tiene muy fácil para abusar de su posición de poder, lo realmente triste y cosa que se debería de evitar al 100% es cuando los que los sufren son los niños.

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  5. Excelente análisis como siempre, un placer volver a leerte. Pero en cuanto a la desproporción en abusos a menores varones, habría que tener en cuenta la casi absoluta segregación por sexos en la educación en centros religiosos. Los colegios donde iban las niñas solían estar administrados por monjas, y la represión del instinto sexual en las mujeres raramente produce depredadores sexuales, aunque sí otros trastornos.

    Salvador.

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  6. Los argumentos que utilizan todas las personas que oigo defender a alguna religión (monoteísa, que son a quienes más conozco), siguen la misma línea: Han causado menos daño que otros machos y éstos son controladores de capitales... En fin, la masculinidad rancia que construimos entre todxs, acomplejada de su construcción sexual/ fisiológica/ material...que a costa de quiénes son más vulnerables encuentra un reconocimiento y es arropada por sus igusles. Con eso tenemos que terminar y empieza en la primera institución jerárquica: la familia.
    El mundo muaulmán más de la misma putrefacción (homo y heterosexual).

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    1. No entiendo bien lo que quieres decir y tampoco sé si lo que dices es respuesta a lo que yo he explicado. Pero sigo sin comprender la relación.

      Un saludo

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  7. Después de leer el artículo, que es una bonita manera, como otra cualquiera, de amargarte la semana, me han dado unas ganas tremendas de meterle fuego a la parroquia de al lado, no sé por qué.
    Menos mal que el amigo Javier, en los comentarios, me ha hecho descojonarme un rato, que si no...
    Ahora ya en frío, pensando racional y objetivamente, vuelvo sin embargo a la misma conclusión inevitable: la Iglesia debe ser erradicada. El mensaje de Jesús es positivo sin duda. Hay bellísimas personas en su seno. Pero no basta para equilibrar la balanza habiendo tanta muerte y tanto dolor en el otro lado. Delenda est Ecclesia.

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    1. Bueno, no os podéis quejar. Tuve una época en la que os intentaba amargar casi cada semana. Ahora a duras penas os estropeo el día cada par de meses. Es posible que sea una señal de que el mundo mejora.

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    2. No te columpies John, que me tenías ya preocupado con una ausencia tan larga. A ver si la próxima no se alarga tanto y, a ser posible, tiene una mijita más de guasa. ;)

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    3. No entiendo o no veo qué de descojonante pueda tener que la pugna de viejos imperios y religiones (o mejor dicho culturas religiosas)todavía existente hoy aunque simplemente comercial y tecnológica, pero no menos encarnizada, no sea una realidad que pretende humillar (PIGS) no sólo económicamente sino en el plano más íntimo y financiar desde los nacionalismos a "La Europa de los pueblos" o movimientos indigeniistas que no tienen nada que ver con libertades ni derechos humanos sino con el III Reich. Para que no sea tan gracioso, no hace falta más que tirar del hilo y ver quién financia TODO eso.

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    4. "Bueno, no os podéis quejar. Tuve una época en la que os intentaba amargar casi cada semana."

      Pues intenta amargarnos más a menudo :)

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  8. Tengo mis dudas sobre la relevancia que pueda tener la homosexualidad reprimida de algunos (o muchos) sacerdotes católicos. Me parece más relevante el secretismo que impera en la Iglesia Católica.

    Y es que, al menos desde mi punto de vista, siempre que tengamos un adulto con autoridad a cargo de un grupo de niños, existe el riesgo de que se nos cuele algún pederasta. Los boy scouts, por ejemplo, también tienen a sus espaldas varios casos de abusos sexuales a menores. Y seguro que en las escuelas hay más abusos de los que normalmente se cuenta.

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    1. Efectivamente. Y eso precisamente es lo que quería decir cuando he hecho alusión al mundo protestante donde precisamente por ser muchas las religiones y no una sola es donde se hace efectivo el refrán: " En todas partes cuecen habas y en la mía a calderadas" Y las calderadas están en la olla protestante que es la interesada en arrojar mierda al débil que en este caso (lo es desde el punto de vista del prestigio) la Iglesia Católica

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  9. Benedicto XVI sitúa el origen de la pederastia en la Iglesia en el Mayo del 68:

    https://elpais.com/sociedad/2019/04/11/actualidad/1554971508_393148.html

    También dice que la situación "no fue aguda hasta mediados de los años 80". O sea que implícitamente admite que el problemilla lleva más de 30 años siendo "agudo" sin que se tome ninguna medida drástica. Claro está eso en la escala de tiempo de la Iglesia es un instante pero para las víctimas igual suena a una cierta pasividad.

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