domingo, 15 de noviembre de 2015

Almost Superstars


De Musaylimah, Mensajero de Dios, para Muhammad, Mensajero de Dios. Saludos.

Misiva de un profeta de la zona Este de Arabia para otro profeta, con el tiempo más exitoso, asentado por aquel entonces en el Oeste de la región.


Pues si de Cristo se predica que ha resucitado de los muertos ¿cómo entre vosotros dicen algunos que no hay resurrección de los muertos? Si la resurrección de los muertos no se da, entonces tampoco Cristo resucitó, vana es entonces nuestra predicación y vana también nuestra fe.

Corintios, 15:12-14




"Jesucristo" es un sobrenombre occidentalizado. En realidad “nuestro” Jesús vivía en una sociedad que usaba el arameo como lenguaje y por tanto los nombres propios de la época se diferenciaban bastante de lo que nosotros estamos acostumbrados a usar y pronunciar. Debido a ello probablemente su verdadero nombre sonaba bastante parecido a YehoshúaYeshúa (algo así como “Yahvé salva”). Los primeros textos cristianos se escribieron en griego y en ellos se usó el nombre Iesous debido a que los cristianos de habla griega no usaban el sonido sh. Luego ese nombre se convirtió más adelante en el Iesua latino que posteriormente derivó en el "Jesús" que nosotros utilizamos de forma corriente. Por su parte el vocablo “Cristo” proviene también del griego y vendría a ser un intento de traducir a dicha lengua (mediante la cual se redactaron los primeros Evangelios) el título original de Mashiach, es decir de “Mesías”, de "ungido", un concepto perteneciente a la tradición hebraica, con el que se referían a él sus primeros seguidores. A partir de tal origen el término "Cristo" con el tiempo se hizo muy popular, pasó a definir a los “crist-ianos” como conjunto y unido al nombre de Jesús forma el vocablo Jesu-cristo al que me refería antes.

El fondo de la cuestión es que Jesucristo se llamaba Yeshúa. Ese es el nombre que le había puesto su padre el día de su circuncisión y era tan corriente entonces que había que añadirle algo más para identificar con precisión a la persona. Por ello en su localidad natal a nuestro profeta favorito la gente lo llamaba Yeshúa bar Yosef, es decir “Jesús el hijo de José” siguiendo el sistema patronímico de la época. Mientras que lejos de allí lo conocían como Yeshúa ha-notsrí, “Jesús el de Nazaret” (porque es allí donde nació y no en Belén, un puro mito inventado a posteriori, como tantos otros presentes en los Evangelios).

Tan común era ese nombre por entonces (los arqueólogos han desenterrado más de setenta tumbas de la época con ese nombre grabado) que hasta "Barrabás" (aquel prisionero que fue liberado en vez de Jesús sellando así el destino de este último) se llamaba de esa misma forma. En concreto, Yeshúa bar Abbá. Lo cual vendría a ser algo así como “Jesús, el hijo del padre”, nombre confuso por otra parte. No es descartable por tanto que este segundo apelativo haya llegado a nosotros contaminado. De hecho los primeros padres de la Iglesia, al ponerse a traducir y reelaborar las primeras versiones de los Evangelios, se mostraron muy molestos y conmocionados de que un pecador se llamase exactamente igual que el hijo de Dios. Por lo cual suprimieron su nombre real y pasaron a conocerlo por el sobrenombre que nos suena a nosotros hoy en día, "Barrabás", el cual como digo es posible que además sea producto de algún tipo de alteración lingüística o literaria de su filiación auténtica.

Aunque no quiero aburriros con estas cuestiones. Quedémonos por ahora con el dato de que probablemente un porcentaje importante de los varones judíos de la época de Jesús se llamaban exactamente igual que él. Y entre ellos no faltaban los profetas. No hay cifras exactas pero tirando por lo bajo puede asegurarse que en un lapso de unos 25 años antes y después de la muerte de Jesús los romanos hicieron ejecutar en Jerusalén no menos de una docena de profetas, varios seguramente con ese mismo nombre.

Tal es así que en el año 62 conocemos un caso curioso según lo cuenta Flavio Josefo en el Libro VI de La guerra de los judíos. Ese año apareció por Jerusalén un mesías llamado (nuevamente) Yeshúa. Más en concreto se le denominó en hebreo Yeshua ben Hananiah (“Jesús el hijo de Ananías”). Como vemos los sacerdotes no daban abasto a reprimir visionarios y sediciosos relacionados de una u otra forma con ese nombre. Pues bien, este Jesús también fue detenido por los sacerdotes del templo, también fue entregado al procurador romano (en esta época un tal Albinus) el cual le hizo dar de latigazos, etc., pero finalmente el jerarca romano decidió su liberación ya que, en el último momento, se lo pensó mejor y consideró que solo se trataba de un “perturbado mental” porque de lo único que hablaba era de la inminente destrucción de Jerusalén y del Templo.

   La gracia del asunto es que una de las primeras menciones 
sobre el Jesús histórico, al margen de la tradición cristiana, es atribuida al propio Flavio Josefo y estaría contenida en uno de los libros de sus Antigüedades Judías. Sin embargo hoy se sospecha que el pasaje en cuestión quizás solo sea una de tantas manipulaciones llevadas a cabo por los cronistas cristianos de tiempos antiguos, los cuales habrían añadido al texto original de Josefo la frase en cuestión (en la que se hace referencia a Jesús), para solucionar el problema de la escasez de referencias textuales sobre la vida del mesías entre las fuentes clásicas. Fuese así o no esa obra es de los años 90 de nuestra era, mientras que La guerra de los judíos, donde el mismo cronista nos habla de ese otro Jesús “loco” que apareció en el año 62, es anterior en el tiempo a las Antigüedades. Tal es así que no cabe duda de que un historiador de la época como Flavio Josefo escribió antes y más en extenso cosas sobre Jesús de Ananías (se resume su vida a lo largo de una página más o menos) que sobre el Jesús que nosotros conocemos, al cual en el mejor de los casos apenas dedicó un párrafo de unas pocas líneas veinte años después (e incluso esto es dudoso).

  Y Josefo no se equivocaba al hacer eso porque en todo caso de los dos Jesús que en este momento tenemos en mente fue Jesús de Ananías “el loco” el que acertó fuera de toda duda con sus predicciones, pues solo cuatro años después de su juicio estalló la primera de las dos grandes revueltas judías que acabarían con la efectiva destrucción de Jerusalén y del Templo (justo lo que se dedicaba a profetizar), mientras que ni Flavio Josefo ni nosotros hemos visto llegar el Reino de Dios ese del que hablaba el "otro" Jesús.

En los Evangelios sí hay un pasaje (Mateo 24:1-2) donde el propio Jesucristo “profetiza” la destrucción del Templo. Pero en este caso no es descartable que ese pasaje fuese inventado ex profeso y a toro pasado por el propio redactor del Evangelio en cuestión, un personaje que ya había vivido algunos de los hechos descritos, era parte interesada, y tal vez buscaba “probar” a los posibles lectores de su obra que Jesús poseía poderes adivinatorios en la línea de lo que se estilaba por aquella época para todo buen mesías. Por todo lo cual habría añadido esas líneas a su Evangelio (o incluso otras manos lo habrían hecho tiempo después) poniendo en palabras de Jesús profecías sobre una cosa que el redactor sabía seguro que ocurriría... porque ya la había vivido. Era un pequeño truco para que la gente aceptase la "verdad", a fin de cuentas la jerarquía cristiana siempre ha tenido claro que el fin justifica los medios. 

No obstante volviendo sobre la figura del pobre Jesús de Ananías sabemos que él en todo caso no pudo ver plenamente cumplidas sus visiones ya que durante el año 69, en plena revuelta de los judíos contra Roma (la cual se extendió entre el año 66 y el 73), murió debido a que le cayó encima una enorme roca disparada por una balista romana. Digamos que fue un “daño colateral de un bombardeo estratégico de precisión” en terminología del presente. Por desgracia su ridícula muerte no resultó lo suficientemente dramática o misteriosa como para dar lugar a un culto. 

De espadas y armaduras

De todas formas la zona de Israel y Palestina durante el s. I no fue el único área rica en profetas. Durante el primer tercio del s. VII hubo al menos cuatro en la zona de Arabia. Entre ellos destacan dos especialmente. Por un lado Mahoma, que vivió en la zona costera del Oeste de Arabia, y por otro Musaylimah quien lo hizo en el Este en torno al enclave de Yamamah reseñado en el mapa. Al parecer Musaylimah descendía de una familia de árabes de religión cristiana y muy poco se sabe de él ya que todas las fuentes que lo mencionan pertenecen a la tradición islámica, la cual, obviamente, al considerarlo un rival de Mahoma, se dedica a ridiculizarlo presentándolo a medio camino entre un charlatán y un hechicero pagano. Lo único cierto es que tras la muerte de Mahoma, a mediados del año 632, el califa Abu Bakr desató una serie de guerras para conquistar el resto de Arabia, territorio que por entonces todavía no se hallaba totalmente en manos del naciente Califato islámico (en esos momentos reducido de hecho a controlar principalmente la zona costera del Oeste de la Península). Dicho conflicto conocido como las Guerras de la Apostasía, o Ridda, sentó las bases de la posterior expansión islámica, básicamente por medios militares, y se extendió durante más o menos año y medio, hasta finales del 633. Durante ese convulso, oscuro y a la vez decisivo período, Musaylimah fue derrotado y muerto a manos de un antiguo esclavo etíope convertido al Islam. 

   Aunque lo que marcó la diferencia a favor de esos primeros musulmanes en su lucha por conquistar todo Arabia fue básicamente la destreza táctica de su comandante, Khalid ibn al-Walid, la Espada de Dios, uno de los más brillantes, exitosos –y desconocidos- líderes militares de la historia, artífice decisivo de la extraordinariamente victoriosa y rápida expansión de las tribus islámicas tras la muerte de Mahoma. Lean un poco sobre él, lean. Se trata de un tipo que en poco más de una década se las arregló para conquistar la mayor parte de Arabia, prácticamente destruir el Imperio Sasánida, debilitar de forma decisiva el Imperio Bizantino, y anexionar para el califato gran parte de Oriente Medio, incluyendo Siria, Jordania o Irak, todo ello al mando de un contingente de 15.000-30.000 nómadas andrajosos montados en camellos y caballos. Desgraciadamente, para Musaylimah, Khalid había nacido en La Meca y combatió al servicio de los sucesores de Mahoma, pero en caso de que dicho genio militar hubiese nacido en otro lugar y hubiese prestado su lealtad a otro bando quién sabe lo que habría ocurrido. Claro está, un creyente pensará que dicho azar fue obra de Dios. 

   Sin embargo, hay un detalle que me parece relevante. La propia tradición islámica recuerda que décadas después de la muerte tanto de Mahoma como de Musaylimah algunos de los seguidores de este último –incluso uno de ellos que había conocido a Mahoma personalmente al ser quien había transmitido el mensaje que cito al comienzo de esta entrada- seguían fieles a las ideas de Musaylimah, por lo que fueron ejecutados. Es decir, gente que había tratado con ambos profetas no tenía nada claro que el "bueno" fuese Mahoma. 

Sigamos en Arabia y demos un salto en el tiempo. William Shakespear (sin la e final) es el nombre de un explorador británico que a comienzos del s. XX desde el actual Kuwait se adentró en la zona del Norte de Arabia. Él fue el primer británico que cartografió los posibles accesos a través del desierto de Nafud hasta la estratégica zona de Aqaba, en manos turcas por entonces, y mientras llevaba a cabo esas exploraciones trabó amistad con miembros de la familia Saud. Al estallar poco después la Gran Guerra propuso a sus superiores un plan consistente en movilizar a las tribus árabes contra los turcos. Ahora bien su plan incluía preferentemente a las tribus de la región de Nadj, controladas por la familia Saud (la actual casa Real de Arabia Saudí) y la dirección de ataque sería hacia el actual Irak, zona de riqueza petrolera que interesaba particularmente a los británicos.

Mientras tanto, de cara a ganarse la confianza de sus aliados árabes, decidió tomar parte en una estúpida disputa tribal a lomos de camellos y caballos que enfrentó a sus aliados, los Saud, con una tribu rival, los Al Rashid de Shammar. La rencilla desembocó en la llamada batalla de Jarrab durante la cual Shakespear resultó muerto debido a una bala perdida y todo el plan se vino abajo.

No fue casualidad por tanto que después de ocurrido esto el Foreign Office británico enviase al desierto a otro oficial, T. E. Lawrence, con instrucciones de reanudar las operaciones para sublevar a los árabes donde las había dejado Shakespear. Sin embargo Lawrence acabó trabando amistad con las tribus de la zona de Hejaz, gobernadas por una dinastía Hashemita, la del jerife de La Meca, de nombre Hussein bin Ali. El resto es historia. 

Lawrence cimentó su leyenda asaltando junto a sus nuevos aliados el enclave de Aqaba aprovechando en parte los datos previamente recogidos por Shakespear y tras eso los ataques de las columnas árabes se concentraron en dirección a Jerusalén y Damasco en apoyo del avance de las tropas inglesas estacionadas en Egipto protegiendo el Canal de Suez. No era lo previsto inicialmente aunque tendría que servir.

Eso sí, unos años después hubo que arreglar el desastre. Pronto los Saud conquistaron Hejaz y expulsaron de La Meca a la familia de Hussein ante la indiferencia complaciente de los británicos. Nacía Arabia Saudí como estado, controlado por la familia Saud, aliada desde entonces primero de los británicos y luego de los estadounidenses. 

En cualquier caso esto nos enseña que es importante que no te maten antes de pasar a la historia. Lawrence pudo haber sido puesto fuera de juego por los turcos en al menos una ocasión, pero al final tuvo suerte y gracias a ello, a diferencia de Shakespear, solo se murió de forma estúpida años después de entrar a formar parte de la leyenda, la cual de haber ocurrido las cosas de otro modo glorificaría a Shakespear "de Arabia" mientras que de Lawrence no se acordaría nadie. 

   Un ejemplo de lo anterior es la "buena estrella" de la que gozó Hernán Cortés, el famoso conquistador extremeño. Perfectamente pudo morir poco antes de embarcar para el continente americano cuando se cayó de un muro mientras cortejaba a una mujer casada. Solo se rompió una pierna aunque el marido celoso estuvo a punto de matarlo también. Pero no lo consiguió. Al comienzo de su expedición contra los aztecas fue herido en el brazo izquierdo lo que le dejó dos dedos inutilizados de por vida. En la batalla de Otumba un proyectil destinado a él rebotó en la cabeza de su caballo, salvándose Cortés por centímetros. En Xochimilco estuvo a punto de ser capturado por guerreros enemigos pero Cristóbal de Olea, uno de sus hombres de confianza, con la ayuda de un guerrero tlaxcalteca al que ni se nombra en las crónicas, salvaron a Cortés de una muerte cierta. Cuatro meses después estuvo a punto de ser nuevamente capturado por los aztecas durante unos combates en Tlatelolco. Cortés cayó a las aguas de la laguna y fue momentaneamente aprisionado por varios guerreros mexicas. Pero de nuevo Cristóbal de Olea logró liberar a su amado jefe en esa ocasión a costa de su propia vida. 

   Veamos otro ejemplo. Todos conocen a la famosa Jehanne, la doncella de Orleans. La famosa heroína francesa que durante la primera mitad del s. XV desequilibró en favor de Francia la Guerra de los Cien Años. Lo que es menos conocido es que en aquellos tiempos de intenso fervor y credulidad populares su caso no fue ni mucho menos algo aislado. Al contrario, en el transcurso de diversos conflictos feudales de la época aparecieron jóvenes vírgenes salidas de la nada y convertidas en emblemas vivientes en torno a los que galvanizar la moral de las agotadas tropas tras décadas de matanzas y saqueos. Tal es así que en Flandes encontramos dos casos parecidos al de "Juana de Arco". Uno ocurrido unas décadas antes de la irrupción de Juana y otro documentado en 1453, años después de la propia muerte de Juana. 

   En torno a 1379 dicha zona de Flandes se estaba viendo poco a poco sometida a la influencia francesa debido al interés que poseía en expandirse sobre aquellos territorios tan ricos la nobleza borgoñona feudataria por entonces del rey de Francia. De hecho los intentos de controlar aquella zona por parte de los franceses podían remontarse en el tiempo al menos hasta 1214, cuando con posterioridad a la batalla de Bouvines el rey francés Felipe II forzó el vasallaje de la región respecto a la Corona gala. Esa situación luego se vio puesta en peligro debido a sucesivas sublevaciones de las ciudades flamencas y así, casi un siglo después, los intentos de anexión total de la zona por parte de Francia se vieron interrumpidos con la derrota en la batalla de las Espuelas Doradas (Kortrijk) en 1302. A partir de entonces, sobre todo tras el estallido de la Guerra de los Cien Años que enfrentó a Inglaterra y Francia, la región de Flandes se vio atrapada entre los dos grandes poderes, manteniéndose en general como feudataria de los reyes de Francia, de los cuales dependía políticamente en cierto grado, pero todo ello a la vez que la influencia comercial inglesa en la región –sobre todo en lo tocante al comercio de lana y paños- se hacía muy importante.

Pues bien, más o menos en la fecha que antes mencioné, 1379/1380, estalló una revuelta antifrancesa en la zona de Flandes. Revuelta que buscaba acabar con la situación de autonomía tutelada de la región y la consiguiente dependencia política respecto a Francia. Dicho levantamiento estaba encabezada, cómo no, por nobles, pero contaba con un fuerte apoyo popular y de cara a galvanizar el entusiasmo de las milicias enroladas en el movimiento los señores a la cabeza del mismo se encontraron, casualmente, con el apoyo de una joven virgen llamada Ge(r)trud Trysse, la cual aseguraba haber recibido instrucciones celestiales. La estrategia funcionó y es así como llegamos a la decisiva batalla de Roosebeke, a finales de noviembre de 1382, momento en el que una armada flamenca se enfrentó a un ejército francés con órdenes de restaurar en su posición de poder como conde de Flandes a Luis II, un señor feudal favorable a los intereses galos. Durante algunas fases del choque los rebeldes flamencos tuvieron la victoria al alcance de los dedos, sin embargo fueron derrotados. El momento culminante del combate se libró por el control del estratégico puente de Commynes donde los flamencos intentaron detener al grueso de las tropas francesas que avanzaban agrupadas en torno a la oriflama, el sagrado pendón de guerra de los reyes de Francia. Seguramente con el objetivo de insuflar ánimos en sus tropas, Gertrud, la doncella, se internó en la primera fila portando a su vez un estandarte con una imagen de San Jorge… y fue derribada y muerta por las tropas francesas de vanguardia. Ese hecho destruyó la moral de las líneas flamencas y con ello decidió el curso del choque y la suerte de Flandes para las siguientes décadas.

Así, poco a poco, la zona cayó definitivamente bajo la influencia de la casa francesa de los Borgoña pero, durante la última fase de la Guerra de los Cien Años, los borgoñones se enemistaron con los monarcas franceses de la época y buscaron alianza con sus tradicionales enemigos ingleses. Es en ese momento durante el cual irrumpió en escena otra doncella virgen bajo órdenes supuestamente divinas. Esa Jehanne de la que hablaba, más conocida en castellano como "Juana de Arco" (1412-1431), quizás se trató de un intento por parte de los franceses de copiar, o al menos usar en su favor, el tinglado montado décadas antes en torno a aquella Gertrud Trysse a la que se habían enfrentado y que tanto daño les había hecho estando a punto de alterar la correlación de fuerzas en Flandes casi por sí misma. 

En cualquier caso lo ocurrido en torno a Juana fue tan extraordinario que probablemente resultó inesperado para quienes (tal vez) la manipulaban en la sombra, ya que cambió el curso de la contienda al parar por completo el avance inglés y protagonizar en Orleans una victoria francesa que, con el tiempo, decidió la guerra.

No obstante el éxito de Juana debió mucho a la suerte. Entre otras cosas porque, durante los combates para levantar el asedio inglés de Orleans, Juana recibió un flechazo que perfectamente pudo acabar con su divina misión nada más empezada y de paso con la moral del contingente francés. Es el problema de dicha estrategia, si usas a un personaje concreto para elevar el ardor guerrero de tus tropas estás obligado a que se muestre a las mismas en el transcurso de la batalla, para dar ejemplo, pero eso resulta peligroso porque la suerte del enfrentamiento en cierta forma pasa a depender casi por completo de que la figura en cuestión no resulte abatida en un momento crítico. Algo que sin embargo van a intentar precipitar los arqueros y ballesteros del enemigo. 



   En lo tocante a Juana la flecha citada le impactó entre el cuello y el hombro mientras se mostraba portando un estandarte para animar a los hombres que encabezaban el asalto a un fuerte inglés en torno a la asediada Orleans. Sin embargo el proyectil no llegó a perforar ninguna arteria (por centímetros) y se recuperó rápidamente de esa herida. Encima, poco después de la liberación de Orleans intentando asaltar otros enclaves controlados por los ingleses cerca del Loira, concretamente en Jargeau, le cayó en la cabeza una gruesa roca que se desprendió de las almenas, pero tras unas horas de descanso Juana se recuperó sin mayores daños que una conmoción cerebral. Igual que en la vez anterior la salvó principalmente la armadura y las protecciones de gran calidad en que la habían embutido, en este caso el sólido casco y en la ocasión anterior sobre todo la cota de malla. Gertrud Trysse en cambio se había internado en la batalla mucho peor guarnecida, vistiendo ropajes de tela. Esa fue básicamente la diferencia que permitió a Juana sobrevivir cerca de las primeras líneas de combate el tiempo justo y necesario para protagonizar los hechos por los que pasó a la posteridad. Luego por supuesto, una vez cumplido su papel, dejó de resultar necesaria -y quizás pasó a convertirse en un estorbo político- por lo cual quienes la habían apoyado en su ascenso pasaron a sabotear sus esfuerzos, siendo pronto eliminada del tablero de juego.

Años después mientras por el país aparecían diversas “falsas Juanas” los borgoñones nuevamente se toparon con otra doncella guerrera que en este caso actúo otra vez en tierras de Flandes pero, igual que Gertrud Trysse en el pasado, esta nueva heroína salvadora fue abatida sin demasiados problemas durante la batalla de Gavre en 1453.

Quiero ser beata

Y si el s. XV fue el de las doncellas guerreras el s. XVI fue el de las monjas santas. Personajes casi siempre a medio camino entre el fraude, el desequilibrio mental y la simple manipulación. Casos como el de la hermana Benedetta Carlini (1591-1661) de cuyas visiones en sueños donde era acechada tal vez por demonios nadie dudó, hasta que la jerarquía empezó a sospechar que tales visiones tenían mucho que ver con su evidente lesbianismo y el interés por atraer a jóvenes novicias a su cama para que la "protegieran" por las noches.

  Ahora bien, lo que a mí me interesa resaltar es que históricamente algo que ha condicionado en gran medida la suerte experimentada por este tipo de perturbadas o estafadoras, igual que en el caso de los profetas de tiempos antiguos, ha sido el perfil político adoptado. Aquellas místicas que se dedicaron a apuntalar un orden establecido, como por ejemplo Santa Teresa de Jesús (1515-1582), sobrevivieron en mayor medida que aquellas que, excesivamente envalentonadas por el fervor popular que lograban despertar, en un determinado momento entraban en colisión con algún poder político o religioso de orden superior. Un caso conocido es el de Elizabeth Barton (1506-1534) una doncella inglesa nacida cerca de Canterbury, la cual tras recibir diversas revelaciones de naturaleza divina se atrevió incluso a proclamar que podía realizar profecías. Tales aseveraciones fueron, por supuesto, examinadas por una comisión religiosa, la cual determinó su veracidad, lo que despertó el interés popular en Elizabeth. Con el tiempo la autenticidad de sus poderes recibió también el respaldo del mismísimo Arzobispo de Canterbury, así como del obispo John Fisher quien a su vez ostentaba una posición de prestigio en la Universidad de Cambridge. Pero claro, llegaron los años de la ruptura de Enrique VIII de Inglaterra con la Iglesia de Roma y en ese contexto a Elizabeth no se le ocurrió otra cosa que empezar a predicar en contra del divorcio del rey oponiéndose al matrimonio del monarca con Ana Bolena, incluso "profetizando" de forma pública que si el rey se casaba con Bolena pronto dejaría de reinar... 

   Sin embargo, como todos sabemos, el rey se casó con Ana y esta fue coronada reina en 1533. Por su parte a comienzos del año siguiente, en 1534, Elizabeth fue ahorcada y su cabeza expuesta en una pica, a la vez que el rey promulgaba el Acta de Supremacía mediante la cual sometía a su autoridad la Iglesia de Inglaterra. Se ve que Elizabeth en sus visiones sobre el futuro no vio venir todo eso. Al año siguiente incluso fue ejecutado también el propio obispo Fisher, quien probablemente era el que desde la sombra controlaba a Elizabeth dirigiendo sus profecías contra la Corona, buscando debilitar el poder real en un momento en que este se decidió a echar un pulso a Roma. Al final en este caso lo que marcó la suerte de los jugadores, entre ellos muy especialmente la venerable Elizabeth, fue que el rey de Inglaterra ganó dicho pulso.

En la Península Felipe II tuvo que vérselas con María de Meneses, más conocida como María de la Asunción, o sor María de la Visitación de Nuestra Señora, otra “santa”, en este caso portuguesa, que supuestamente poseía los estigmas de Cristo y realizaba profecías. Nada nuevo para aquel tiempo, como vemos. De hecho María manifestaba por así decirlo el “catálogo” habitual en este tipo de personajes: experimentaba arrebatos místicos, a veces tenía visiones del futuro, era muy reverenciada por sus intensas mortificaciones corporales consistentes en ayunos y autoflagelaciones, etc.

Por supuesto María fue rigurosamente investigada por insignes teólogos de su tiempo, como Fray Luis de Granada, pero todos ellos atestiguaron finalmente la veracidad de sus dones. Era una santa. Estaba claro.

Pero, ay, en esto que muere sin herederos Sebastián I de Portugal y el duque de Alba por orden de Felipe II invade el país con la intención de hacer valer los derechos dinásticos de este último. En ese contexto a sor María le salió la vena nacionalista y empezó a posicionarse públicamente en contra de los intereses del monarca español y a favor de la subida al poder en su lugar de un candidato puramente portugués.

Debido a ello una vez asegurado el trono portugués, tras la victoria del duque de Alba en la batalla de Alcántara, Felipe II hizo intervenir en el asunto a la Inquisición. Pronto se descubrió que las llagas de Cristo que mostraba en sus manos la monja estaban pintadas y desaparecían al lavarle las manos con jabón frotando bien fuerte. También se descubrió que usaba un artilugio que cubría bajo sus faldas para dar la sensación de levitar y que durante sus "profecías" unas ayudantes reflejaban con espejos la luz del sol en su rostro para que pareciese resplandecer.

Y así, maldita calamidad, María de la Visitación de Nuestra Señora vio truncados sus esfuerzos para convertirse en santa. Porque no se puede andar jugando a las visiones y las profecías en contra del poder establecido. Mientras los milagros sirvan para calmar al populacho no molestan a nadie, pero en cuanto comienzas a tener visiones que incomodan a las clases sociales hegemónicas más vale que tengas un buen plan para hacerte con el poder de inmediato. De lo contrario te esperan malos tiempos. Si sor María hubiese intuido en sus visiones un glorioso futuro para un Portugal regido por los Austrias, quién sabe, quizás habría acabado por ser canonizada tras su muerte. Lo dicho, maldita calamidad. 

En busca de la Tierra sin mal

Hablemos ahora si os parece de exploradores. Poco antes de que un veneciano llamado Marco Polo regresara a Italia, después de su periplo por tierra hasta China, partió del puerto de Génova, concretamente en 1291, una expedición compuesta por dos naves (la Allegranza y la Sant´Antonio) y varios cientos de marineros dirigidos por los hermanos Ugolino y Vadino Vivaldi. Su intención era circunnavegar África para llegar a las Indias, pero nunca regresaron. Hoy se cree que debieron naufragar en algún lugar próximo a la desembocadura del río Senegal. Desgraciadamente la tecnología marinera de la época y la propia ubicación del puerto genovés a desmano del Atlántico hacían imposible aquella aventura pese a que su intuición de partida era correcta.

Con el tiempo sin embargo otros genoveses aprendieron de aquel error y poniéndose al servicio de reinos mejor ubicados y pertrechados para la exploración del Atlántico resultaron claves en la misma. El propio Lancelotto Malocello, genovés redescubridor de las islas Canarias en 1312, arribó a las mismas se dice que a la búsqueda de los restos de la expedición de los Vivaldi; y luego más adelante no resulta extraño que otros genoveses como Cristobal Colón (siento dar un disgusto pero no es probable que fuese catalán) o Giovanni Caboto protagonizasen algunos de los primeros grandes momentos de la navegación atlántica moderna. Pero los Vivaldi, quienes de alguna forma abrieron el camino, fueron demasiado precoces, murieron en el empeño y hoy nadie se acuerda de ellos. Algo parecido a lo que ocurre con Aleixo García un navegante de origen portugués

La suya es una historia complicada. Durante los primeros tiempos de las exploraciones castellanas en América la Geografía del continente aun estaba por descubrir y se produjeron diversos viajes no muy conocidos tanteando las costas de las nuevas tierras en busca de posibles zonas de asentamiento, desembarco y provecho.

Uno de esos viajes fue el que realizó el sevillano Juan Díaz de Solís a lo largo del litoral sudamericano en 1515. Antes de eso Solís había navegado con los portugueses hasta la India, luego se enroló como corsario al servicio de Francia y finalmente se puso a disposición de la Corona castellana. Ya a las órdenes de la misma fue probablemente uno de los primeros exploradores en entrar en contacto con los pueblos mesoamericanos durante un viaje que realizó por el Caribe en torno a 1508-1509 y en el transcurso del cual tocó fugazmente tierra en el Golfo de México. Pero contaba con muy pocos hombres y no encontró intérpretes para comunicarse y negociar con los nativos, suerte que sí tuvo Hernán Cortés años más adelante. Así que esos primeros contactos con la zona mantenidos por Solís no aportaron nada.

Sin embargo unos años después, en 1512 Solís fue ascendido a Piloto mayor y se le encargó la búsqueda de un paso que uniese el Atlántico con el Pacífico permitiendo así la navegación hasta Asia de cara a disputar el comercio de las especias a los portugueses. Como sabemos diversas potencias europeas buscaron en los siglos siguientes tal paso a través del Norte del continente mientras que sin embargo los pilotos al servicio de Castilla lo encontraron en 1520 bordeando el extremo Sur, gracias a Magallanes. Solís fue un precedente de tal éxito ya que estuvo muy cerca de encontrar ese paso en el transcurso del viaje bordeando el litoral sudamericano que realizó en 1515 y que antes mencioné.

El problema es que en esta ocasión Solís tampoco tuvo suerte. En su deriva hacia el Sur la expedición encabezada por él, compuesta por tres barcos, se encontró con un entrante en la costa. Hoy sabemos que corresponde al estuario del Río de la Plata, pero en aquel momento Solís y sus hombres lo confundieron con un posible estrecho que conectaría el Atlántico con el Pacífico. Por ello durante un tiempo los expedicionarios navegaron por el curso de agua hacia el interior del continente (aunque creían estar bordeándolo) y finalmente a comienzos de 1516 Solís y algunos de sus hombres acabaron por desembarcar en tierra firme en algún lugar correspondiente a la frontera del actual Uruguay en la zona en que confluyen en su desembocadura los ríos Paraná y Uruguay. Allí se toparon con indios guaraníes muy hostiles que los aniquilaron a todos, tras lo cual sus cadáveres fueron descuartizados y devorados. O eso contaron los escasos supervivientes de la expedición, aquellos que se habían quedado en los navíos y no habían descendido a tierra. Esos supervivientes se pusieron con posterioridad bajo el mando del cuñado de Solís, Francisco de Torres, y tras lo ocurrido decidieron poner proa a Europa y dar por concluida la expedición.

No obstante durante el viaje de regreso a la Península Ibérica uno de los barcos de la malograda expedición naufragó frente a las costas del actual Brasil, quedando varados allí dieciocho hombres, cuatro de ellos de origen portugués. Pues bien uno de esos hombres era Aleixo García. 

   Los náufragos tuvieron que sobrevivir durante varios años antes de ser rescatados y lo lograron entrando en contacto y trabando amistad con tribus tupiguaraníes de la zona, las cuales se mostraron amistosas al no percibirlos como una amenaza, por suerte para ellos. Aleixo aprovechó aquel tiempo para aprender rudimentos del idioma local y familiarizarse con las leyendas que contaban los nativos. Los chamanes locales le hablaron así de la existencia de una indefinida “Tierra sin mal”, una especie de Paraíso que no estaba muy claro donde se ubicaría al ser más un concepto espiritual que geográfico, aunque esto último, claro está, Aleixo no lo entendía. Por eso al insistir en la cuestión de por dónde se iba a tal lugar obtenía respuestas diversas, a veces le hablaban de un lugar más allá de las grandes aguas y en un determinado punto le comentaron la existencia de una tierra hacia el Oeste, regida por un poderoso monarca, el “Rey Blanco” que gobernaba sobre ciudades de incomparable riqueza y esplendor y poseía una montaña rellena de plata.

En principio ese puede parecernos un mito fantasmagórico. Uno más entre los muchos del mismo estilo que llegaron a oídos de los exploradores europeos de la época (como El Dorado, o las Siete Ciudades de oro). Pero Aleixo quedó tan entusiasmado por la historia que dedicó el resto de su vida a buscar ese cerro o sierra de la plata del que le habían hablado, pensando que como mínimo algo de verdad tenía que haber tras el asunto.

De salida le llevó unos cuantos años regresar a Europa y conseguir los medios para organizar una nueva expedición en condiciones, pero en 1524 Aleixo estaba de vuelta en la zona en la que había naufragado anteriormente. Allí, valiéndose de las amistades ganadas años atrás entre los caciques locales, procedió a alistar nativos para una expedición hacia el interior, en dirección al Oeste, en busca del Rey Blanco. Finalmente, al mando de una variopinta tropa compuesta por unos pocos marineros europeos (entre cuatro y doce) y varios cientos, incluso quizás más de mil nativos, atravesó zonas de la selva brasileña, penetró por la cuenca del Paraná hacia el interior del continente y luego traspasó el Chaco Boreal, una gran llanura semiárida, hasta llegar, tras varios meses de penosa travesía, a las estribaciones de los Andes, en las inmediaciones de la actual Bolivia. Allí empezó a encontrarse con indicios de aldeas de gran riqueza ubicadas tras las montañas, pero también detectó la existencia de algún tipo de Estado organizado asentado en la zona al avistar puestos fronterizos de guardia y lo que parecían ser rudimentarias fortalezas de piedra. Pronto contingentes armados y organizados de guerreros atacaron la expedición de Aleixo el cual no tuvo más remedio que dar marcha atrás después de saquear algunas poblaciones menores y hacerse pese a todo con un respetable botín consistente en elaboradas piezas de oro y plata que mostraban una fina orfebrería.

Desgraciadamente para el bueno de Aleixo durante el trayecto de regreso, en algún punto del actual Paraguay, su agotada columna fue emboscada por una tribu guaraní hostil y en medio de la refriega Aleixo fue herido de muerte por un proyectil lo que significó la desbandada del resto de la expedición.

Hoy sabemos que Aleixo, sus compañeros, y los indios que alistaron, habían atacado las fronteras surorientales del Tawantinsuyu, el Imperio Inca. Mientras que era el gobernante de tal imperio quien había inspirado, quizás, la figura del Gran Rey Blanco del que hablaban las leyendas de los indios de la selva al Sur del Amazonas.  

Y sin embargo Aleixo y sus compañeros no fueron siquiera los primeros occidentales que rozaron las fronteras de esa civilización. Un par de años antes, mucho más al Norte, un tal Pascual de Andagoya intentó penetrar hacia la zona desde el Caribe atravesando la actual Colombia. Su expedición fue también un fracaso pero regresó a tierras del actual Panamá con noticias de la existencia al Sur de un rico reino que denominó Birú.

Fueron esas últimas noticias las que decidieron a Pizarro y Almagro a empezar a explorar la costa Pacífica de América del Sur en torno a 1526 hasta que en 1532 encontraron una vía de penetración más fácil hasta el corazón del Imperio inca. Sin embargo en ese punto Pizarro tuvo suerte en lo tocante a un hecho fundamental. El timing

   Hasta 1525 el Tawantinsuyu estuvo gobernado por el sapa inca Wayna Qhapaq, o Huayna Capac (“Joven poderoso”), un gobernante competente y beligerante. Por aquel entonces Huayna no era ya joven puesto que tenía unos sesenta años de edad, pero seguía haciendo honor a su nombre al menos en lo tocante al atributo de "poderoso", en tanto que su autoridad era incontestada por sus comandantes. Por ello la expedición de Aleixo García no encontró ningún signo de disensión y las guarniciones periféricas de la zona del llamado Qullasuyu -una de las cuatro regiones, la más sureña, en que estaba dividido el Imperio- no tuvieron problemas en rechazar a los sorprendentes invasores. No hubo dudas, ni vacilaciones, no hubo traiciones, ni pactos, ni delirios místicos. Ante eso una columna de hombres aislada, por muy decididos que estos fueran, no tenía ninguna oportunidad contra un Imperio movilizado en bloque en torno a un soberano competente y agresivo, por muy atrasadas que fuesen sus estrategias de combate y armas. Los propios Cortés o Pizarro hubiesen sido rechazados igualmente.

No obstante a partir de 1525 una grave epidemia, probablemente de viruela, golpeó el Tawantinsuyu procedente del área Mesoamericana donde las enfermedades llevadas por los castellanos ya habían comenzado a hacer estragos. El propio inca Huayna Capac falleció debido a ello y poco después también murió fulminantemente en la flor de la vida su heredero, el joven príncipe Ninan Cuyuchi, famoso por su reputación de guerrero valeroso y respetado. Eso es lo que poco después desencadenó la guerra por el poder supremo entre Huascar y Atahualpa, dos líderes por lo demás mucho menos capacitados y respetados. Debido a ello en 1532 Pizarro irrumpió en un Imperio debilitado por las epidemias y la guerra civil, con el ejército dividido y reducido por los recientes enfrentamientos, con un monarca cuestionado a la cabeza y la población cansada de la situación. El contexto era ideal para explotar esa situación de división, enfrentamiento interno y crisis de cara a una conquista  plena. Como había hecho Cortés en el caso azteca.

Hoy sabemos que Aleixo, con muchos menos recursos y en un peor momento, llegó pese a todo a estar a menos de 200 kilómetros del Sumac Orcko, el luego llamado Cerro Rico del Potosí, emplazamiento de una de las mayores minas de plata jamás conocidas y por ello lugar de origen de la buena parte de las remesas de ese mineral que, tras la conquista de la zona, financiaron las guerras europeas de los Austrias durante el siguiente siglo. Se trataba de un yacimiento solo quizás igualado en toda la historia por las minas de Laurión (de las que fue deudor el esplendor ateniense en la antigüedad) y la mina de Iwami Ginzan que sostuvo el Japón Tokugawa. ¿Sabían esto los tupiguaraníes?, ¿o las coincidencias entre sus mitos del Rey Blanco y la montaña de plata con el Perú incaico eran solo producto de la casualidad?.

Sea cual sea la respuesta la ruta que recorrió Aleixo quedó impregnada del mito como puede rastrearse en la toponimia. El gran estuario del río de la Plata o Argentina (del latín argentum, plata) como país deben su nombre a esa leyenda de un país rico en plata al que se accedía penetrando en dirección al curso alto de la vía fluvial. 

No sabemos sin embargo qué huella dejó entre los indios que sobrevivieron a la expedición de Aleixo García aquel suceso. Tal vez fue olvidado o tal vez se convirtió a su vez en una nueva leyenda. Lo que resulta curioso es que mucho tiempo después, en pleno s. XX, los indios de la selva brasileña en la frontera con el Perú eligieron como rey a un emigrante de habla gallega que se adentró en la zona, de nombre Alfonso Graña.

Match point

Y lo dejo por hoy. He querido traeros unas pocas historias que nos hablan de la importancia del azar en la historia. Del puro azar.

Porque, creedme amigos, en realidad al éxito y al fracaso muchas veces los separa una distancia muy corta, un suspiro, una brizna de hierba, un aleteo de mariposa. La historia que estudiamos en los libros es la de los “triunfadores”, y en muchos casos eso implica que recordamos las vidas de aquellos jefes militares entre cientos que lograron construir un imperio gracias a que una flecha o una lanza fallaron por centímetros su objetivo en la batalla decisiva, o la de los perturbados mentales entre miles que han existido a lo largo de la historia obsesionados por escuchar voces en su cabeza (hoy sabemos que eso se llama esquizofrenia y se cura con medicación) que tuvieron la suerte de predicar en el lugar oportuno justo en la época adecuada, en el seno de un clima social o en un entorno de personas particularmente predispuestas para que sus delirios derivasen en algún tipo de culto organizado.

Al igual que ocurre con los grandes empresarios “hechos a sí mismos” supuestamente en base a su talento y su ética protestante del trabajo, la mayoría de profetas y grandes conquistadores de la historia podrían argumentar si viviesen de nuevo que fueron sus habilidades, su audacia, su carisma o su inteligencia las claves de su éxito. Pero lo cierto es que frente a cada una de sus biografías se podrían poner cien ejemplos de personas igual de intrépidas, inteligentes, estúpidas, hábiles, locas, o esforzadas, que sin embargo fracasaron por la influencia de los imponderables, debido a una enfermedad, un accidente, una teja que se desprende de un edificio, o una traición inesperada en el momento menos oportuno… Al final lo único cierto es que ayuda mucho ser guapo y afortunado. O afortunado a secas.

Por eso me he dedicado a recordar en esta entrada algunos casos olvidados de gente que lo intentó y fracasó… como podría haber triunfado. Hoy sus nombres han caído en el olvido absoluto y son los de otros los que rememoramos con respeto y admiración, pero en realidad no hay una razón para que esto sea así, solo algunos detalles determinaron en su momento que en nuestra línea del tiempo sean unos y no otros los ganadores. La historia, como la naturaleza, no es justa. En cierta forma la sociedad humana es como la sabana africana en tanto que los más fuertes normalmente se comen a los más débiles. Pero más allá de esa norma general ningún animal sabe a ciencia cierta tras despertarse quien sobrevivirá para contemplar una nueva jornada. En nuestro caso todo indica que si la partida pudiese repetirse, si la historia se pudiese resetear, los vencedores en este juego perfectamente podrían haber sido otros. La pena es que eso nunca lo sabremos con precisión ya que el mundo es un casino donde solo se puede jugar una única e incierta partida. 

8 comentarios:

  1. Enhorabuena, gran artículo. No conocía ninguna de las historias "alternativas" que has contado. Son tan interesantes o más que las de los personajes que pasaron a la historia.

    El otro día conversaba con un amigo sobre un tema similar. La falacia del éxito únicamente a través del trabajo y la dedicación. Son condición necesaria (y no siempre), pero no suficiente. La suerte juega un papel mucho más importante. Empezando por la época, el lugar y el estrato social en el que venimos al mundo.

    Me ha gustado tu referencia a nuestra "línea del tiempo". No me trago mucho la teoría de los multiversos, pero no hay duda que da juego, especialmente a Dan Harmon. Véase por ejemplo "Community 3x04, Remedial Chaos Theory", o casi cualquier episodio de "Rick and Morty".

    ResponderEliminar
  2. Mr. John, un par de tirones de orejas:

    "Mapear" no, por favor, es "cartografiar" de toda la vida. Por cierto, se te ha colado un Shakespeare con -e.

    No, Colón no era catalán, pero desde luego lo que no era era genovés. Los genoveses no se les daba nada bien el atlántico (como a los catalanes), como lo prueba la bochornosa batalla de Guinea donde a Castilla la apearon para siempre de la ruta oriental a China (una batalla como tantas que está borrada de la historia-histeria-tebeo de Hispanistán). Pese a mi escepticismo inicial, le recomiendo que se informe sobre las hipótesis del capitán Philippot, son más de 20 grafólogos que certifican (de reconocido prestigio, nada de asiduos de Iker Jiménez, todos historiadores) que la letra de Colón es la misma que la Pedro Álvarez de Soutomaior (Pedro Madruga), por cierto hipótesis fácil de comprobar por PCR si el cadáver que conservamos (dos, concretamente) es el suyo. El parecido físico ya es notable, la hipótesis toponímica muy interesante (aunque no tenía por qué ser él el bautizador), la personalidad más que chocante en su parecido, sus conexiones portugueses abrumadoras y en general... todo.

    Lo más interesante de la hipótesis (que enlaza con el descubrimiento de un hacha vasca en Canadá continental datada en 1450), aparte de otros personajes oscuros (estos netamente portugueses) como Lavrador, es que la idea es que, al menos la costa norte de América era ya sobradamente conocida (Terranova concretamente), y que Colón pudo haber sido una especie de agente secreto portugués para disuadir definitivamente a Castilla de volver a las andadas respecto a las rutas de circunvalación de África. De hecho, es notable también que Castilla se quedase con las Canarias que no le servían literalmente para nada en el contexto del tratado seguido a raíz de la derrota de Guinea.

    Otra curiosidad que seguramente le interese, si no la sabe ya, es que Antilla es literalmente en gallego-portugués "ante-isla", y corresponde a una antigua leyenda gallego-portuguesa cuyo origen es totalmente desconocido (no, no es castellana, por tanto su origen árabe-islámico no tiene sentido).

    Unos apuntes sobre Yeshua. Las famosas parábolas de Yeshua-Jesús tienen una carga política tan brutal, que dan un cuadro del personaje histórico totalmente imposible de cubrir. Por ejemplo, eso de "si te pide que vaya contigo una milla, acompáñale dos" es más que posible que se refiera a una ley romana (de ocupación) que permitía a un legionario en marcha obligar a un nativo a cargarle con el petate, que no era cosa de coña, pero sólo una milla, siendo severamente castigado si excedía esa longitud (para eso había miliarios). Igualmente, lo de "si te pide media capa dásela entera" se refiere a una ley de embargos y desahucios hebraica, donde se le podía quitar literalmente todo al deudor excepto los harapos imprescindibles para que no quedase desnudo ante el tribunal, algo por supuesto totalmente inaceptable. Es fácil ver qué se sigue del consejo de Yeshua. Igualmente, lo de poner la otra mejilla, algo también difícil de comprender sacado totalmente de contexto como está, se refiere a cómo las castas altas de la sociedad judía podían abofetear o maltratar a las bajas, por aquello de que la mano izquierda era impura (era literalmente la de limpiarse el culo): poner la otra mejilla retaba a ofensor a hacer cosas no halal, digamos. Entre esto y que toda la fiesta empieza a partir del numerito del Templo, me parece a mí que está muy claro el cuadro dibujado.

    Gracias como siempre por compartir tu asombrosa erudición.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Dos o tres cosas que exceden la entrada de hoy. Soy bastante escéptico respecto al uso de la grafología en historia, aunque puede ser una fobia personal.

      Si que respecto al "descubrimiento" de América y la figura de Colón hay varias cosas que no encajan dentro de la visión oficial. Por ejemplo el interés castellano por las Canarias que citas, cuya utilidad en aquel momento solo podía ser sobre todo ejercer de base avanzada en viajes de exploración.

      Y si creo que Colón a todo ese respecto llegó a España con algún dato oculto, alguna seguridad, obtenida quizás de un prenauta, que hoy desconocemos. Pienso que a ese respecto Colón tuvo que pasar tiempo con los portugueses. Es decir fuese cual fuese su origen hay por necesidad una fase portuguesa en la biografía de Colón de la que hay muy pocos datos y que luego da lugar a confusiones y a teorías.

      Eliminar
  3. Ejemplos de probación científica, que hubiesen asombrado al mismo Popper: "probablemente su verdadero nombre sonaba", "no es descartable por tanto que", "el cual como digo es posible que además", "no hay cifras exactas pero tirando por lo bajo", "el pasaje en cuestión quizás solo sea una de tantas manipulaciones", "los cuales habrían añadido", "fuese así o no", "no es descartable que ese pasaje fuese inventado ex profeso y a toro pasado". Enhorabuena por la iniciativa del blog, pero muchas de las dudas que expone sobre la historicidad de Yeshua tienen todavía menos fundamento científico que las de sus defensores y apologetas. Me temo que, en este caso también, la ideología vence a la ciencia positiva. No he podido evitar una sonrisa al leerlas. Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿? Uhmmm, en realidad no expongo dudas sobre la historicidad de Jesús. Esta entrada al menos no va de eso ni de nada parecido. Comento la cuestión de su nombre como introducción a otros temas y personajes.

      Por lo demás con la historia, sobre todo antigua, a lo más que se puede llegar en la mayoría de los casos es a afirmar cosas después de matizar con muchas expresiones como: quizás, tal vez, lo más seguro, probablemente... por el contrario afirmar con rotundidad en muchos casos es imposible.

      Eliminar
  4. Perdón por resucitar el post, pero me estaba poniendo al día con tu hinteresante blog. Tan solo un apunte , la acción del Puente de Commines que comentas y la batalla de Westrozebeke o Roosebeke se dieron separadasen el tiempo y no forman parte del mismo combate tal y como creo que quieres dar a entender. Por otro lado , sobre Ge(r)trud Trysse, más tarde comentas que no iba protegida por armadura y en mi opinion esto es discutible, ya que el equipamiento de las milicias Flamencas no tenía nada que envidiar a la de las huestes feudales que combatían, en algunos casos como las primitivas armas de fuego estaban bastante por delante.

    No te lo tomes como una crítica , quizás el aspect militar del hecho en cuestión no era lo que querías resaltar y lo has pasado un poco por alto, en cualquier caso, un placer leerte.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Está bien, cualquier precisión es agradecida aunque pase el tiempo. En mis entradas tiendo a juntar hechos diversos, muchos datos y seguro que hay cosas que se me escapan.

      Desde luego lo que deseaba resaltar es el hecho de que durante el s. XV se juntan en esa región varias historias de doncellas guerreras sospechosamente parecidas y que en cierta forma fue el azar el que separó del éxito o el fracaso a algunas, pero se agradecen los testimonios sobre los detalles.

      Eliminar
  5. ¿Juana de Arco padecía un tipo de epilepsia?

    http://www.seeker.com/what-really-caused-the-voices-in-joan-of-arcs-head-1954453941.html

    ResponderEliminar