miércoles, 7 de enero de 2015

El arte de Hasui Kawase


La fama es fugaz pero el anonimato es eterno

Napoleón Bonaparte 





 Hoy vengo a traeros una coqueta galería de imágenes. En este caso son estampas de ukiyo-e, ese peculiar campo artístico japonés dedicado a los dibujos para grabados y del que ya he hablado anteriormente en un par de entradas del blog. Concretamente las imágenes que se incluyen al final de esta entrada pretender servir para transmitiros una idea general sobre la obra de Hasui Kawase (1883-1957). 

   ¿Por qué él?. Lo interesante de la obra de este autor es que se ubica a medio camino entre la pintura japonesa tradicional y otras corrientes más modernas sin que pueda adscribirse decididamente a ninguna de ellas. Para ser precisos su obra debe incluirse en lo que se conoce como movimiento shin-hanga, el cual se desarrolló en Japón entre los años de la Iª Guerra Mundial y los inicios de la Segunda, tras la cual desapareció.

Veamos. Durante el proceso de modernización de Japón, ocurrido a finales del s. XIX, no solo su economía, su sistema político, o su sistema social, sufrieron cambios. De hecho todo lo anterior también tuvo sus consecuencias en el urbanismo o en el mundo de las artes plásticas, evidentemente. En lo tocante a la pintura venía desarrollándose desde hacía tiempo un larvado juego de influencias entre el arte occidental y el japonés, pero en el tránsito hacia el s. XX, durante aquella época de cambios drásticos, eclosionó por fin el capital debate entre los partidarios de abandonar la tradición y usar estilos y técnicas pictóricas occidentales (yoga), línea defendida por pintores como Kuroda Kiyoteru, frente a los partidarios de seguir manteniendo en mayor o menor medida las especificidades propias de la pintura japonesa (nihonga). Pues bien, dentro de este segundo bando surgieron a su vez dos movimientos o líneas de pensamiento, por un lado el llamado shin-hanga y por otro el sosaku-hanga. 

En esencia el movimiento shin-hanga, que es el que me interesa hoy, se posicionó a favor de continuar con la tradición y además hacerlo manteniendo el sistema de producción artesanal colectivo típico de la industria de las viejas pinturas de estilo ukiyo-e. Sin embargo en aquel entonces el arte ukiyo-e se encontraba en franca decadencia. Por esa razón de cara a revitalizarlo quienes se adscribieron a esta corriente en apariencia conservadora se vieron obligados a tomar una serie de decisiones muy interesantes por su "rupturismo".

Básicamente lo que hicieron fue lo siguiente. No cambiaron la mecánica de trabajo o las temáticas típicas de la pintura japonesa de toda la vida, por ejemplo la fijación con el retrato de paisajes naturales o de escenas de la vida urbana. Pero en cuanto a lo puramente formal adoptaron algunos conceptos occidentales para llevar a cabo sus obras. Comenzaron así a incorporar técnicas para dotar a sus pinturas de juegos de luces y sombras, o de una sensación de profundidad más precisa de lo que era habitual en el ukiyo-e de tiempos pasados. Es decir se conservaron las viejas temáticas, el cromatismo y en general la misma estética de la pintura de siglos anteriores, pero todo ello mientras por otro lado se lograba dotar de un mayor verismo a los paisajes y vistas de ciudades que se pintaban mediante la incorporación de cambios sutiles en la técnica de dibujo orientados a producir pinturas más "realistas" en el sentido europeo. En otras palabras, se trataba de producir una pintura "tradicional" a través de un sistema artesanal que incorporase conceptos modernos aportados por el arte occidental, sobre todo en lo tocante al estudio de la perspectiva o la degradación del color. 

Esa mezcla no gustó demasiado en Japón. Además el mercado de la pintura ukiyo-e, como ya he mencionado anteriormente, había entrado en decadencia a finales del s. XIX en paralelo al proceso de modernización del país. Por todo ello este tipo de artistas empezaron a reorientar su producción hacia la exportación a Occidente, donde por el contrario se vivía un período de fascinación por el exotismo oriental que emanaba de ese tipo de trabajos.

Se dio así una paradójica dicotomía. En Japón muchos de los integrantes del movimiento eran vistos como artesanos que habían prostituido el arte tradicional para venderlo al mercado de masas extranjero. En Occidente, por el contrario, se valoraban sus obras como delicadas pinturas "tradicionales" japonesas de gran belleza.

En cualquier caso lo interesante para mí es el legado que dejó todo esto. Los seguidores de este blog sabéis que me interesa mucho la cuestión de cómo a lo largo del tiempo, a través de la pintura de época o el cine histórico, se ha ido inventando y difundiendo una parte de la visión del pasado que opera a nivel colectivo en el presente.

El caso es que un poco debido al éxito de sus obras exportadas a Francia, Inglaterra o los EE.UU. (y un poco también a que para ello fueron adaptando las escenas japonesas que pintaban a los gustos y expectativas de su nueva clientela occidental), los autores integrantes del shin-hanga contribuyeron indirectamente a crear y empezar a difundir en Occidente una visión romántica e idealizada del Japón tradicional que en parte aún llega hasta el presente. A ese respecto además, a partir de los años 70 del siglo pasado, cuando este movimiento ya había desaparecido como tal, lo que ocurrió es que parte de su legado empezó a influir también dentro del propio Japón. Así, en el mundo del manga y sobre todo del animé japonés, algunos creadores ante la oportunidad de exportar sus productos hacia Occidente recurrieron parcialmente a la vieja estética del shin-hanga la cual al fin y al cabo parecía satisfacer los gustos y los tópicos sobre Japón que funcionaban en el seno de esos mercados extranjeros. De esa un puñado de artistas "obsoletos", curtidos en la producción de estampas ukiyo-e durante la época de ocaso de esa industria, acabaron pasado un tiempo resultando claves a la hora de fijar en las mentalidades populares una determinada estética sobre la sociedad japonesa tradicional… en la que ninguno de ellos había vivido.

   Dentro de ese puñado de artistas hubo algunos cuya obra resulta particularmente reseñable. Por ejemplo Tsuchiya Koitsu. 


   También resulta interesante la obra de Koho Shoda. 



Pero hoy voy a detenerme especialmente en el material producido por Hasui Kawase, uno de los pintores más representativos de este estilo y de cuya obra os dejo una recopilación de imágenes más abajo.

No ha sido fácil reunirlas. Muy típico en el archipiélago nipón, un terremoto ocurrido en la zona donde vivía Kawase cuando tenía cuarenta años hizo que se perdiese parte de su trabajo hasta entonces. No obstante he podido aprovecharme de la reciente subida a la red de múltiples fondos digitalizados por el Smithsonian (más en concreto por uno de sus centros asociados, el Smithsonian Museum of Asian Art). 

Así las cosas antes que frente a un pintor con veleidades de "artista" nos encontramos delante de un excelente dibujante que no tuvo problemas a la hora de asumir el rol de "artesano" y sobrevivir empleando ocasionalmente sus habilidades como ilustrador de libros o pintor de biombos hasta alcanzar el reconocimiento durante los últimos años de su vida. Pero a fin de cuentas a mí me parece que lo que el producía era arte y como tal debe ser valorado. 



2 comentarios:

  1. Ciertamente es arte. Un arte maravilloso y precioso.

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  2. http://mandelrot.com/2014/04/lluvia-para-dos.html

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