domingo, 16 de agosto de 2015

Todo bajo el cielo (De emperadores y asesinos)


 - ¿Una película… qué?
 - “Wuxia”…, artes marciales…, chinos que vuelan.
 - Oh, como “Tigre y Dragón”.

 The good wife, “Hola” (episodio 14).


 Hace no tanto si querías hacerte con el poder político en un país determinado simplemente necesitabas controlar al ejército y a la policía. Hoy en día solo en los países más atrasados se usan tanques al llevar a cabo un golpe de Estado. Por el contrario si el país en cuestión ha alcanzado un alto nivel de industrialización la escena en su conjunto cambia totalmente. El día después de la caída de Khrushchev fueron reemplazados los editores de “Pravda” e “Izvestiia”, así como las cabezas visibles de la radio y la televisión estatales, por el contrario el ejército ni fue llamado. Hoy en día un país pertenece a las personas que controlan las comunicaciones.

Umberto Eco en “Travels in Hyperreality”, 1986.



     


Un tweet escrito esta semana por el líder del colectivo Podemos me va a dar el tema para la entrada de hoy. Básicamente me voy a dedicar a explicar por qué su fugaz comentario sobre una película china resulta más interesante de lo que parece a simple vista, intentando de paso desarrollar en profundidad el trasfondo del asunto.

Partiré de una base creo que muy simple, pero no por ello totalmente obvia: los productos de la cultura de masas poseen ideología. Desde luego no es así en todos los casos, pero hay muchos libros, cómics, canciones o videoclips musicales que poseen un significado que va más allá de lo evidente. Pensemos en el personaje de Carpanta creado en 1947 con el propósito de satirizar la escasez alimentaria vivida en España durante la época de la autarquía franquista. 

                                         

Por supuesto eso es extensible también a documentales o largometrajes. Aunque el asumir lo anterior en ocasiones ha llevado a la sobreinterpretación y a imaginar mensajes subliminales ocultos donde no hay realmente nada. Incluso a veces lo que ocurre es que el "mensaje oculto" no tiene una profunda connotación política, ni pretende manipularnos, sino que se limita a juegos de dobles sentidos sobre cuestiones sexuales o morales, algo muy frecuente no solo en el cine sino en las novelas, la canción o la pintura de antaño.  

                                                
                                             

   Sin embargo todo eso no debe evitar que de vez en cuando hagamos un cierto esfuerzo mental intentando analizar un poco más en profundidad de lo habitual los discursos que nos vende la industria del ocio contemporánea. Os pondré algunos ejemplos. 

En 1953 cuando Arthur Miller escribió una obra de teatro como El crisol (más conocida como Las brujas de Salem) el autor no solo pretendía hablar de las persecución a supuestas brujas en las colonias americanas del s. XVII sino que estaba elaborando una alegoría de cara a que el espectador reflexionase sobre el propio clima social y político estadounidense de los primeros años 50, inmerso como estaba el país durante aquel tiempo en la paranoia del Maccarthismo y una "caza de brujas" de otro tipo. Exactamente lo mismo que pretendían Jerome Lawrence y Robert E. Lee al redactar poco después el libreto de Inherit the wind, basado en el "juicio de Scopes" ocurrido en cambio en 1925. 

  Un siglo antes de eso, el 25 de agosto de 1830, la representación en el Theatre de la Monnaie de Bruselas de la ópera La muerte de Portici, basada en el levantamiento napolitano de 1647 contra el gobierno de Felipe IV de España, fue la señal para el inicio de la rebelión que proporcionó a los belgas su independencia del reino de Holanda a finales de aquel año.  

   Y cuando en 1865 Walt Whitman escribió el famoso poema (O Captain¡, My Captain¡) que los alumnos de Robin Williams citaban en El club de los poetas muertos, no hablaba solo de un barco que tras cumplir su misión llega a puerto con el capitán muerto en la cubierta, sino de la lucha por la abolición de la esclavitud en los EE.UU., la cual se consiguió tras mucho esfuerzo, pero en cierta forma costó la vida a uno de sus principales impulsores, el propio Lincoln.  

Pondré otro ejemplo, en este caso ya procedente del celuloide, campo en el que voy a centrarme en adelante. En 1938 con el régimen comunista firmemente establecido en la URSS, y la Alemania nazi perfilándose como su principal antagonista en Europa, el cineasta Sergei Eisenstein rodó Alexander Nevsky con el beneplácito y el apoyo económico del Kremlin. La película narraba en imágenes el intento de invasión de la región de Novgorod al norte de Rusia realizado a mediados del s. XIII por una armada compuesta de caballeros teutónicos, los cuales fueron vencidos contra todo pronóstico por el noble Alexander Nevsky en una batalla ocurrida en la primavera de 1242. 

Eso es lo que contaba a simple vista la película. Ahora bien el mensaje político era obvio (y casi profético) al recrear en imágenes la vieja historia de cómo las acorazadas tropas germanas resultaron derrotadas por un ejército compuesto en gran medida por campesinos y artesanos sin gran preparación militar, cuando se internaron en las inmensas y frías tierras de Rusia. Todo ello a la vez que se deslizaban sutilmente paralelismos entre la figura de Nevsky y la de Stalin.

Tal es así que cuando unos meses después del exitoso estreno del film las autoridades de la Rusia soviética y la Alemania nazi apaciguaron momentáneamente la tensión militar y llegaron al acuerdo diplomático conocido como Pacto Molotov-Ribbentrop (básicamente un tratado de colaboración económica y no agresión) la película desapareció de las carteleras… solo para ser nuevamente reestrenada tras la invasión alemana de la URSS ocurrida en el año 41.

Y me diréis, ya, pero todo eso se rodó hace mucho tiempo. Bueno, os pongo más ejemplos. 

   En 1983, con apoyo galo, el cineasta polaco Andrzej Wajda rodó el film Danton sobre los últimos meses de vida del famoso revolucionario francés y su enfrentamiento con Robespierre, el cual desembocó en la muerte del primero en 1794. Inicialmente la película se basaba en una obra de teatro escrita en 1929 por otro polaco (Stanislawa Przybyszewska) sin segundas intenciones declaradas, no obstante el largometraje de los años 80 se rodeó de un claro significado anticomunista. Wajda se hallaba muy comprometido por entonces a favor del sindicato Solidaridad de fuerte impronta cristiana, y en general la sociedad polaca estaba imbuida en aquellos momentos de fuertes sentimientos antirusos, a la vez que se articulaba una resistencia contra el gobierno comunista del país, tutelado desde Moscú.

La película sobre Danton se volvía así la crónica de cómo los padres de un revolución inicialmente desinteresada y progresista (la Revolución Francesa) quedaban cegados por el poder e inciaban entre ellos una lucha por el mismo a la vez que desencadenaban una cruel represión sobre el pueblo (El Terror) que en parte recordaba la deriva totalitaria de la revolución bolchevique en Rusia y las posteriores peleas entre los diversos líderes revolucionarios, desembocando esto último en las purgas comunistas durante la época de Stalin o la persecución a los disidentes políticos en los mismos años 80 en Polonia. De esa forma un film sobre algo muy lejano se convertía en una metáfora subversiva en el presente. 

   Un poco después se estrenaba una película tan maravillosa como La Misión, ambientada en los años del Tratado de Madrid (1750) y elaborada sobre una novela previa escrita por el absolutamente emblemático guionista Robert Bolt, especialista en temática histórica. Seguro que la conocéis. Pues bien, si tenéis pensado revisionarla un día de estos leeros primero, por ejemplo en la Wikipedia, cuatro cosas sobre los postulados de la "Teología de la Liberación", muy en boga en los años 80 cuando se estreno la película en cuestión. A ver si seguís pensando que la película mencionada va sobre el s. XVIII exclusivamente.

        

   Otro ejemplo, en este caso todavía más reciente: la pasable película de El médico sobre la novela homónima de Noah Gordon y cuya trama está ambientada parcialmente en la Persia del s. XI. Si un día la alquiláis en DVD tomaos en cambio la molestia de leer un poco sobre la revolución contra el Sha de Irán llevada a cabo entre 1978 y principios de 1979.

Pero dejémonos de ejemplos y recuperemos el hilo de la narración volviendo sobre el enigmático tweet de Pablo Iglesias.

De cara a desentrañar el significado último del versículo digital en cuestión vamos a viajar (mentalmente) a China a comienzos de los años 90. En esos momentos aquel país se hallaba en tránsito hacia una economía de mercado plena, dejando atrás las formas comunistas, todo ello sin realizar cambios en su sistema político esencialmente dictatorial regido con mano férrea por el Partido Comunista Chino; una contradicción que estuvo detrás de las protestas en Tiananmén durante 1989.

En ese punto podría dibujarse a los jerarcas del Partido Comunista chino de las últimas décadas como unos tecnócratas inteligentes que aprendieron muy bien tanto de los groseros errores cometidos por los comunistas soviéticos de los años 70 y 80, como de los aciertos de los Estados capitalistas occidentales durante esas décadas decisivas. En ese sentido los burócratas chinos comprendieron perfectamente la necesidad de modernizar los viejos sistemas de propaganda comunistas (demasiado obvios, rígidos y acartonados) para evolucionar hacia la promoción de formas de persuasión más indirectas y elaboradas. Es así como durante los años 90 se aprecia, entre otras muchas cosas, una fuerte evolución en un determinado tipo de películas, que son las que nos interesan, denominadas como Zhuxuanlu.

Las películas Zhuxuanlu vendrían a ser las películas de propaganda de toda la vida que en China llevaban décadas rodándose, normalmente recreando hechos gloriosos de la Revolución, o biografías de los héroes del Partido comunista chino. De hecho esa línea ha seguido siendo explotada hasta hoy como demuestran por ejemplo The Founding of a Republic (voy a usar preferentemente los nombres de los títulos en inglés) rodada en 2009 para conmemorar el 60 aniversario de la creación de la República Popular China (o lo que es lo mismo, la llegada al poder del Partido Comunista); y también The Founding of a Party rodada en 2011 para conmemorar el 90 aniversario del Partido Comunista chino. 

   Lo que ocurre es que, desde esos años 90 a los que antes me referí, el género empezó a volverse primero más desarrollado estética y técnicamente y en segundo lugar mucho más sutil en cuanto a guiones y simbología. Por tanto las películas que nos interesarán a continuación son un cierto subconjunto de filmes Zhuxuanlu que al ser producidos ya no tenían la pretensión de glorificar al Partido Comunista de forma directa sino que empezaron a ensayar mecanismos alternativos para lograr lo mismo, pero sin que resultase demasiado evidente, un poco a imitación del cine de Hollywood.

Por ejemplo películas encaminadas a reforzar indirectamente opiniones positivas sobre determinadas políticas adoptadas por el Gobierno, o pensadas para promover valores identificados como deseables por las jerarquías del Partido. En esa línea, en lo tocante a filmes de contenido histórico en concreto, se empezaron a rodar grandes superproducciones de época que contasen con todo lujo de detalles por ejemplo invasiones o grandes desastres sufridos por China en el pasado a manos de potencias extranjeras. ¿Por qué una perspectiva tan fatalista que lleva a recrearse una y otra vez, por ejemplo, en las atrocidades cometidas por los japoneses durante su invasión del país?. Pues para dejar clara una idea: fijaos lo que pasaba cuando China no estaba controlada por un gobierno fuerte… como el del Partido Comunista Chino.

Una muestra de esa tendencia podría ser The Opium War una superproducción fuertemente subvencionada por el gobierno chino pensada para ser estrenada coincidiendo con la recuperación de Hong-Kong ocurrida en 1997.

Por otra parte, una versión alternativa de ese tipo de planteamientos estaría compuesto por películas de época ambientadas en el pasado lejano dedicadas a recrear con tintes casi shakesperianos el lujo, la tiranía, la corrupción y en última instancia la decadencia de diversas dinastías de la China imperial.

En esa línea, en 1996, Zhou Xiaowen rodó The Emperor´s Shadow, una de las mayores superproducciones filmadas en China hasta aquel momento (al menos hasta el estreno, al año siguiente, de The Opium War, mencionada más atrás). La película en cuestión tomaba como punto de partida un hecho histórico recogido en la primera gran crónica histórica china (denominada Shiji, la cual es en cierta forma un equivalente chino a lo que significa para la cultura occidental la obra de Tucídides). El hecho en cuestión era uno de los varios intentos de asesinato fallidos (exactamente tres según la tradición) que sufrió el autoproclamado "Primer Emperador" de China. En concreto en el film se narra de forma muy libre la historia del segundo intento de asesinato padecido por el Emperador, ocurrido en el año 227 antes de nuestra era, a manos de un tal Gao Jianli. A la vez se mezclan esos hechos históricos con una trama romántica inventada y la narración de otra serie de acciones, también básicamente ficticias, en las que se explica la rebeldía por parte de diversos personajes ante el poder del Emperador. 

El caso es que el film en cuestión no acabó de convencer (por razones sobre las que volveré más adelante) y tras su estreno fue rápidamente prohibido por las autoridades durante ocho meses hasta que reautorizaron nuevamente su difusión, aunque para entonces el destino de la película y del director (cuya carrera prácticamente terminó) habían quedado sellados comercialmente.

Así las cosas, pese al fracaso del intento anterior, las autoridades mantenían un profundo interés en la realización de una gran película sobre el "Primer Emperador".

¿Por qué ese interés os preguntaréis?. Qin Shihuang di, nombre adoptado por ese "Primer Emperador" (aunque originalmente se llamaba Ying Zheng) vivió entre los años 260 y 210 antes de nuestra era y tras alzarse con el poder en el reino de Qin, una de las muchas entidades autónomas que competían entonces por el dominio del territorio autodenominado Zhongguo (que después sería conocido por los occidentales como China), logró unificar bajo su mandato el resto de reinos de la zona en el año 221. Además en el año 213 a.n.e. dicho emperador decretó la homogeneización de la escritura en sus dominios, ya que con anterioridad cada uno de los territorios conquistados usaba la suya propia. De cara a ello, al año siguiente, se produjo una purga de pensadores durante la cual cerca de medio millar de eruditos fueron ejecutados. Como resultado de dichas medidas la llamada “escritura de lacre” constituyó desde entonces la base de todas las que vinieron después. De esta forma Qin Shihuang di se convirtió, por decirlo así, en el padre espiritual tanto en lo político como en lo cultural de la China posterior.

Ahora bien, sus métodos, sobre todo al final de su vida, resultaron muy controvertidos y se caracterizaron por un brutalidad absoluta. Al margen de las enormes matanzas llevadas a cabo en las guerras de conquista, con posterioridad a las mismas en torno al 10% de la población superviviente acabó sometida a trabajos forzados en las obras embrionarias de una primigenia Gran Muralla, o en el famoso mausoleo del emperador conocido hoy en día por sus guerreros de terracota. Por no hablar de la pérdida de conocimientos provocada por la gigantesca destrucción de libros que el Emperador ordenó llevar a cabo con el propósito de acabar con la difusión de textos, escrituras y doctrinas que consideraba dañinas para sus proyectos de unificación política y cultural. 

Por todo ello la figura de Qin Shihuang di tenía todas las papeletas para ser despreciada por el comunismo chino como un tirano feudal más; y de hecho la historiografía china tradicional tampoco reflejaba su figura en términos muy elogiosos precisamente, presentándolo como un déspota paranoico y megalómano. Sin embargo a finales de los años 60 y principios de los años 70, dentro de los delirantes avatares del maoísmo, concretamente en la época de la “Revolución Cultural”, el régimen empezó a transitar un camino diferente en cuanto a la revisión del pasado en aras de su desconfianza de los intelectuales y la deriva cada vez más autoritaria e intransigente del régimen impuesto por Mao. Figuras como la de Confucio pasaban por sus peores momentos y en 1972 un oscuro historiador, llamado Hong Shidi, elaboró una biografía de Qin Shihuang di que resultó ser muy exitosa al vender casi dos millones de ejemplares en menos de un año. Eso despertó cierta curiosidad en torno a su túmulo funerario ubicado por entonces en una zona donde se hallaban diseminadas una veintena de granjas colectivas del régimen. Además, mientras cavaban un pozo en busca de agua, a principios de 1974 algunos campesinos establecidos en la región dieron con una pared perteneciente a un sector de la cámara subterránea del enterramiento de Qin Shihuang di. Así salió a la luz la existencia bajo los terrenos de la zona de un complejo funerario de nada menos que 56 km. cuadrados que aun hoy no ha sido totalmente estudiado. El hallazgo se convirtió pronto en el yacimiento arqueológico más conocido de China, emblema de la imagen de la China antigua ante el mundo y, sobre todo, entusiasmó a Mao. Y a los déspotas hay que complacerlos. 

En adelante esa perspectiva favorable de la figura de Qin Shihuang di se instaló en ciertos sectores del régimen y se mantuvo aun después de la muerte de Mao y el exitoso giro hacia el decadente capitalismo burgués que se produjo en el país posteriormente. 

Aclarado esto vuelvo a donde lo dejé. Solo dos años después de la fallida The Emperor´s Shadow se rodó otra gran superproducción, The Emperor and the Assassin, con un reparto muy potente encabezado por la guapísima Gong Li y con todos los medios materiales necesarios puestos a disposición del prestigioso cineasta Chen Kaige, quien solo unos años antes había sido galardonado con la Palma de Oro en Cannes (por Adiós a mi concubina). 

   La historia que narraba el nuevo film era parecida a la de la película de unos años antes, pero se hicieron algunos cambios significativos en el libreto. Para empezar la acción ya no se centraría en el segundo asesinato sufrido por el Emperador sino en el primero, a manos de dos asesinos profesionales, particularmente uno de ellos llamado Jing Ke. Sin embargo en esta ocasión nuevamente se inventó una historia de amor para humanizar al asesino en cuestión; si en la primera película el romance era con una princesa, en este caso se jugaba con una cierta relación platónica entre el asesino y la amante del emperador. No obstante el resto de la trama está bastante más depurada y a medida que se va desgranando ante nuestros ojos asistimos a las intrigas cortesanas de la madre del Emperador para apoyar un golpe de Estado contra su propio hijo, a las dudas sobre la paternidad y, por tanto, la legitimidad del propio Emperador; y sobre todo contemplamos los múltiples desmanes que éste comete en su camino al poder absoluto: asesina a sus hermanastros, desata un auténtico genocidio en parte de los territorios que su ejército conquista, e incluso asiste al suicidio de su auténtico padre por pura conveniencia política. 

   El Emperador pese a todo no es presentado como un monstruo, al contrario, inicialmente sus propósitos son buenos y generosos: pretende hacerse con el poder absoluto y unificar el país para poner fin a las guerras constantes. Lo que ocurre es que en aras de ese objetivo altruista, y en función de la máxima de que el poder absoluto corrompe absolutamente, el Emperador se va viendo atrapado por los acontecimientos y dando por buenos todos los medios, incluso los más abyectos, para llegar a sus metas. Debido a ello desencadena una orgía de asesinatos y tragedias que le deja completamente solo en el mundo a medida que todas las personas que quiere se desengañan o se enfrentan a él. Por oposición el “asesino” encargado de llevar a cabo el regicidio se muestra como el personaje más humano y compasivo de la cinta ya que, arrepentido de su pasado, se resiste hasta el último momento a llevar a cabo la tarea que le ha sido impuesta.

Al final el Emperador (el auténtico asesino en la trama) sobrevive al previsible intento de asesinato de una forma un tanto patética y casual ante la indiferencia de sus cortesanos que no hacen nada por defenderlo. Pese a todo, como he dicho, logra sobrevivir y triunfa en sus propósitos de conquistar el resto de reinos en sus fronteras, pero a costa de convertirse en un individuo amargado y rencoroso al que solo le queda justificarse aferrándose a que todo el drama que ha provocado ha sido por una buena causa y con el tiempo valdrá la pena. Aunque a ese respecto un letrero antes de los títulos de crédito finales nos recuerda que su dinastía apenas le sobrevivió y pronto su imperio se desintegró nuevamente producto de las disensiones internas y el descontento que su absolutismo había provocado entre la población. Queda por tanto la duda para el espectador si valió la pena o no todo lo que ha visto en pantalla.

Pues bien, nuevamente esta película no gustó a las autoridades chinas. Y esto ya resulta interesante. La película de Chen Kaige no era mala, pese a algunas deficiencias y al histrionismo o bien hieratismo excesivos entre los que basculan a veces las interpretaciones de los actores asiáticos. De hecho fue muy alabada por la crítica internacional. ¿Cuál era el problema?. Puede decirse que algo parecido a lo que le ocurrió a Sergei Eisenstein con la segunda parte de su pretendida trilogía sobre Iván el Terrible. Muy probablemente sin pretenderlo la figura del Primer Emperador reflejada en la película de Chen Kaige dejaba traslucir ciertos paralelismos inquietantes con la de Mao y la deriva autoritaria y represiva en que cayó una vez instalado en el poder tras haber accedido a él proclamando los mejores propósitos (igual que la progresiva conversión del zar Iván en un tirano sanguinario en la obra de Eisenstein hacía pensar en lo ocurrido con Stalin). 

Como digo la película posiblemente no había sido concebida como metáfora, pero resultaba posible que parte del público se pusiese a pensar si esa historia sobre las miserias que implica la existencia de un poder supremo incontestado y sin controles no reflejaba de forma inquietante determinados problemas de la China comunista. A ese respecto este film compartía con el rodado por Zhou Xiaowen unos años antes el presentar de forma positiva la resistencia del individuo contra la autoridad suprema. Y eso no podía gustarles a los jerarcas del Partido, mucho menos después de "lo" de Tiananmén.  

Era necesario volver a rehacer la historia. Por tanto tres años después, nuevamente con todos los medios disponibles, se rodó una nueva superproducción, Hero, sobre el mismo tema y adoptando por tercera vez la forma de una tragedia. Esta vez el encargado de llevar a cabo la tarea sería el director de cine Zhang Yimou a la cabeza de un reparto aún más potente que en todos los intentos previos al estar compuesto por prácticamente todas las grandes estrellas del cine chino del momento: Jet Li, Tony Leung, Maggie Cheung, Donnie Yen y por supuesto la maravillosa Zhang Ziyi.

El guión de la película pivotaría de nuevo en torno a la historia del primer intento de asesinar al "Emperador". Pero, esto es lo interesante, cambiando la forma de contarlo respecto a la película anterior. Esta vez en el plano estético la película pasaría a ser algo más que un simple drama intimista ya que formalmente el público asistiría a una entretenida y espectacular película de artes marciales con unas coreografías de lucha muy parecidas a los que había puesto de moda la exitosa Tigre y dragón estrenada un par de años antes. Debido a esto último técnicamente esta película se integraría en el llamado cine wuxia (la variante china del cine de artes marciales oriental, en la cual se da bastante importancia a las peleas con espadas y a la capacidad de diversos héroes de realizar proezas de fuerza imposibles para un humano común, así como saltos y movimientos que dan la sensación de que los personajes tienen la capacidad de sostenerse en el aire como si volasen).

En cuanto a los hechos concretos que se cuentan, comparándola con la película filmada por Chen Kaige, los cambios resultan muy informativos. En primer lugar desaparece toda trama política de luchas cortesanas por el poder. Tampoco se muestran recreaciones de las matanzas y destrucciones que supusieron las campañas de conquista del "Primer Emperador" (todo lo más se representa un metafórico ataque mediante flechas a una escuela de escritura, cuyos planos en realidad homenajean una conocida escena del Ran de Kurosawa). Desde luego no aparecen en pantalla masacres de niños ni escenas de ese tipo que sí aparecían en la película de Chen Kaige. Y sobre todo, en contraste con las dos películas que había tratado el tema anteriormente, en esta nueva versión el Emperador deja de ser un hombre caprichoso, mezquino, indeciso, amargado, resentido o vengativo; en cambio ahora es presentado como un líder digno, muy inteligente y valiente que se ve obligado a gobernar con puño de hierro no para ocultar sus inseguridades, su debilidad o su condición de bastardo, sino como el medio más eficaz para imponerse sobre millones de hombres. Incluso su política de represión cultural destruyendo los libros y archivos de los reinos sometidos y matando a sus intelectuales tiene sentido ya que todo se debe a la necesidad de imponer una escritura unificada que sea entendida por todos y facilite así el gobierno de un territorio tan grande.

Finalmente llegados al clímax, el asesino confronta al Emperador, pero tras hablar con él comprende que en cierta forma el fin justifica los medios y renuncia a su propósito de asesinarlo ya que se da cuenta de que el mejor medio para que lleguen la paz y el orden a China es que un solo gobernante imponga su poder sobre todo el resto de dinastías que se reparten el control del territorio. 

   La lectura que esto implica resulta intrigante: el héroe de la historia asume que la mejor forma de obtener seguridad es renunciar a la libertad a manos de un gobernante absoluto. Por ello acepta pasivamente subordinar sus intereses individuales a los del colectivo y se presta voluntariamente a ser ejecutado para dar ejemplo. En consecuencia, y a pesar de que inicialmente el compasivo Emperador se resiste a condenarlo a muerte, al final a éste no le queda más remedio que dar la orden ante la insistencia de la Corte de burócratas que lo rodea, la cual le exige que sea inflexible y demuestre con ello que nadie está al margen de la ley. ¿Alguien se imagina a Luke Skywalker suicidándose voluntariamente delante del Emperador al darse cuenta en el último momento que, realmente, lo mejor para evitar la anarquía en la Galaxia es un gobierno unificado, a cargo de un totalitarismo, aunque para llegar a él sea necesario emplear la fuerza para aniquilar toda resistencia y toda expresión cultural diferenciada?. Mejor un Lord Sith que la anarquía. Franco nos trajo la paz, ¿recuerdan?. 

   No obstante el guión es brillante. Si el problema de los anteriores intentos había sido que la figura del "Primer Emperador" podía usarse para criticar a Mao, esta película en vez de huir de dicho paralelismo lo usa para disculpar a Mao indirectamente a través de una historia que justifica el despotismo del "Primer Emperador" y legitima sus desmanes mediante un impecable y entretenido retrato de época donde la violencia resulta estéticamente bellísima. Si en las anteriores películas el espectador se identificaba con personajes que intentaban resistirse al poder absoluto y eran castigados por ello (con lo que el espectador podía sentirse enfurecido y predispuesto a la crítica hacia la figura ejecutora de la desgracia de los protagonistas) ahora se muestra al espectador cómo esos personajes con los que se identifica en última instancia acaban muriendo bien porque se matan entre ellos, o bien porque voluntariamente aceptan ese destino después de darse cuenta de que... están equivocados. Y están equivocados porque no tienen derecho a buscar la satisfacción personal por delante de los intereses del grupo (de la nación). Además los intereses supremos del grupo no deben ser la búsqueda de la libertad, la justicia o la igualdad social sino que consisten concretamente en el orden y la seguridad (en aras de los cuales, por cierto, hay que asumir el que de vez en cuando se produzcan daños colaterales). Punto. 

Por eso puede decirse que Hero es quizás el mayor panegírico a favor de los sistemas de gobierno autoritarios rodado en un país desarrollado en los últimos veinte o treinta años pese a que a primera vista es solo una película sobre “chinos haciendo Kung-Fu” ambientada hace más de 2.000 años.

Quizás en parte gracias a ello el director Zhang Yimou, quien había comenzado su carrera rodando películas moderadamente críticas con el régimen chino, pasó a ser alabado por el mismo y seis años después fue el encargado de dirigir las ceremonias de apertura y clausura de los Juegos Olímpicos de 2008 celebrados en China. Todo lo anterior a la vez que el régimen cerraba los ojos a las infracciones a la famosa política del hijo único que habían llevado al bueno de Zhang Yimou a tener más de media docena de hijos con cuatro mujeres diferentes.

Hasta aquí la entrada de hoy. Me interesa mucho el camuflaje de propaganda o manipulación ideológica en productos culturales de consumo masivo o en obras de arte. Pero cuando analizas uno de esos productos por separado se corre el riesgo de caer en la sobreinterpretación o en que se considere que el análisis crítico resulta puramente subjetivo. Por ello creo que todo parece un poco más claro y objetivo cuando es posible desmenuzar varios de esos productos que tratan el mismo tema, cada uno a su manera, y con ello nos permiten ver cómo se van cambiando detalles en función de las conveniencias, el país, el autor, o la época. Hace un año os había puesto un ejemplo de esto a través de tres cómics elaborados por autores occidentales sobre el conflicto palestino-israelí. Hoy hemos visto tres películas del mismo país, China, que cuentan básicamente lo mismo en el espacio de apenas cinco años. Y sin embargo las tres son radicalmente distintas igual que aquellos cómics también lo eran en sus puntos de vista. Eso se debe a algo, como he intentado explicar. En el futuro espero llevar a cabo otros ejercicios de análisis parecidos, enfocados a contraponer parejas o ternas de obras de arte, películas, novelas… que narran más o menos la misma historia, pero cambiando los detalles.

El diablo está en los detalles amigos. 

5 comentarios:

  1. Hace un par de días leí esta entrada. Leo todas, pero casi nunca comento por eso de que mejor quedarse callado y parecer tonto que abrir la boca y confirmarlo. Sé que es un error, y que cuando uno escribe artículos tan completos como los de este blog, lo mínimo que uno puede hacer en agradecimiento es dejar constancia de su paso por aquí.

    A lo que iba. Entonces no tenía nada de valor que añadir a la entrada. Pero ayer, curiosamente, vi que en la 2 iban a emitir un documental francés sobre el primer emperador chino. Habiendo leído el artículo, no podía dejar pasar la oportunidad de verlo. Pues bien, parece que esa visión más amable o menos crítica que los chinos tienen de esta figura histórica han logrado exportarla. Al menos a los franceses que hicieron "Qin, emperador de la eternidad". El documental está centrado en las excavaciones en el gigantesco mausoleo, pero las referencias históricas al emperador son muy benévolas. Ninguna mención a la represión cultural, ni a las masacres. Curioso, ¿verdad?

    Viendo el documental me acordé de esas entradas en las que cuestionas la parte real y la parte inventada de las restauraciones. Y el tema del color. En el caso de las figuras de terracota, han encontrado restos de pintura, lo que les ha permitido imaginar su apariencia original. Nada de la uniformidad del color del barro a la que estamos acostumbrados, sino que parece que fueron figuras totalmente policromadas.

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    1. Pues resulta muy positivo que aportéis cosas, porque eso por ejemplo me da pie luego a matizar ideas que voy dejando fuera de las entradas o que se me ocurren sobra la marcha. Respecto a la policromía de los guerreros de Xian he añadido un ejemplo en la entrada correspondiente del blog: "Primary colors" casi al final de la misma. En general asumid que como dos tercios de todo lo que hemos recuperado arqueológicamente y vemos decolorado en realidad estaba pintado. Como digo la coloración de todo tipo de utensilios y vestidos es una realidad ya desde las etapas finales de la prehistoria.

      Respecto a lo otro, asumid que en realidad la historia no es objetiva, es algo que se va construyendo según modas y puntos de vista subjetivos (yo por supuesto también estoy incluido). En general casi todas las grandes figuras históricas tienen aspectos positivos y otros negativos o controvertidos. No se llega a emperador o a gran conquistador siendo un tipo encantador y amigo de sus amigos. Eso tenedlo por seguro. El caso es que algunas de esas figuras por determinadas cuestiones acaban siendo vilipendiadas (Atila, Genjis Khan) mientras que otras, por lo que sea, reciben un tratamiento muy generoso y se ven favorecidas por todo tipo de justificaciones (eso de que eran otros tiempos, no podemos aplicar nuestros valores actuales al pasado, etc.). En general en Francia hay figuras como las de Carlomagno o Napoleón que yo me maravilló de la forma excesivamente positiva con que son presentadas. Y en general en todos los países ocurre, en España por ejemplo el caso de El Cid o de Hernán Cortés, en Sudamérica el caso de Bolívar, etc.

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  3. Una entrada la mar de interesante y con la que estoy plenamente de acuerdo. Solo quiero recordar la famosa "Salvar al soldado Ryan", de Spielberg, cuyo mensaje es que fueron los sacrificados soldados yanquis quienes libraron al mundo del Mal (los nazis), ya que la participación británica y canadiense en el desembarco de Normandía ni se menciona en la peli. Se rodó tras la caída de la URSS, algo que demostraba que el régimen soviético había sido un error, y que por tanto permitía diluir sin problemas su papel en la derrota de Hitler. Su estreno, en 1998, anunciaba el nuevo siglo como un "siglo americano" en el que el mundo bailase al ritmo que marcase Washington, que al fin y al cabo nos había traído la libertad.

    La serie "Hermanos de sangre" (2001) y la lamentable peli "U-571" (2000) iban en la misma línea.

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  4. Muy interesante todo lo que ha envuelto la victoria de Ucrania en el último certamen de Eurovisión. Una muestra más de que el arte no deja de ser la continuación de la guerra por otro medios:

    http://www.abc.es/internacional/abci-ucrania-contra-rusia-pulso-historico-cobra-revancha-eurovision-201605151820_noticia.html

    http://www.abc.es/internacional/abci-eurovision-2016-elite-politica-rusa-amenaza-boicot-eurovision-viene-ucrania-201605152115_noticia.html

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