domingo, 25 de noviembre de 2018

Los muy cabrones



 Nos han desangrado los muy cabrones, nos han quitado todo lo que teníamos y no solo a nosotros sino a nuestros padres y a los padres de nuestros padres y a cambio los romanos ¿qué nos han dado?. Aparte del acueducto, el alcantarillado, la sanidad, la enseñanza, el vino, el orden público, la irrigación, las carreteras y los baños públicos, ¿qué han hecho los romanos por nosotros?

   Monty Python, “La vida de Brian”





A raíz de un artículo publicado en Jotdown hace algunos días se me ha ocurrido proponeros un debate que me parece más complejo de lo que tradicionalmente se asume en torno a la valoración ¿positiva o negativa? del Imperio romano. 

Desde luego no cabe duda de que la unificación de todas las tierras ribereñas del Mediterráneo bajo un único poder político llevada a cabo por los romanos produjo enormes beneficios. Básicamente eso permitió la formación de un primitivo “mercado común europeo” al menos para ciertos productos y una mayor facilidad para viajar e intercambiar mercancías entre regiones tan distantes como Capadocia, Siria, Egipto, Britania o Hispania. Lo anterior permitió asimismo la especialización por regiones de muchos latifundistas productores de cereales y de muchos artesanos. Y eso a su vez, aumentar la producción general de bienes en el ámbito mediterráneo.

Tal afirmación se explica de forma muy simple. Para una región rica en minerales o con una especiales condiciones para la fabricación de vino es mucho mejor especializarse en ese tipo de producción e intercambiarla por el resto de artículos que necesita, producidos en otros lugares más favorables, que no tener que producir en el marco local bienes para los que no se dan las condiciones (con la consiguiente pérdida de tiempo y recursos).

De esa forma si uno lee a autores como P. J. Reynolds, Iron Age Farm: the Butser Experiment; K. D. White, Roman Farming; o P. D. A. Garnsey, “Grain for Rome”, en Trade in the Ancient Economy, uno se da cuenta de que los rendimientos agrícolas en el mundo romano, esencialmente del trigo, pudieron ser de 8 a 11 o 12 granos obtenidos por cada grano sembrado mientras que tras la caída de Roma y el consiguiente colapso del sistema que permitía importar a Europa grano del Norte de África o Egipto, la agricultura altomedieval hubo de sobrevivir con rendimientos en torno a 4 a 1. Es decir con el mismo volumen de trabajo el mismo número de personas producían menos comida al tener que vivir en el seno de una economía autosuficiente donde prácticamente todos los bienes y alimentos debían obtenerse en un marco local, lo que obligaba en muchas ocasiones a depender de terrenos no aptos para ello.

Todo esto resulta significativo porque la única forma de que existan grandes ejércitos, pero también músicos, literatos, artesanos... es mediante una división social del trabajo relativamente avanzada. En otras palabras, que no toda la población haya de dedicarse a producir su sustento. Para esto un agricultor debe obtener de una cosecha en primer lugar nuevos granos con los que sembrar la siguiente cosecha, después alimento suficiente para sí mismo y su familia (en caso de que no se trate de un esclavo), y después de eso aún deben existir excedentes que –por medio del mercado o a través del Estado como redistribuidor- lleguen a los medios urbanos en cantidad suficiente como para liberar a una masa crítica de personas de la engorrosa tarea consistente en producir alimentos a través del trabajo agrícola. Son esas personas las que dan forma a lo que nosotros entendemos como “civilización”, ya que constituyen la mano de obra liberada de la tarea de producir comida que puede por ello dedicarse a construir grandes infaestructuras públicas, registrar la historia, o limitarse a crear obras de arte y productos sofisticados.

Así pues, en primer lugar, uno de los logros más destacados del Imperio romano fue instaurar una cierta división del trabajo a lo largo de un extenso territorio, lo que consiguió optimizar (por medio de una economía de escala primitiva) la producción en los territorios ribereños del Mediterráneo durante cierto tiempo, permitiendo así el florecimiento de una civilización urbana.

Asimismo la unificación política, la creación de una amplia red de calzadas y la imposición de una lengua franca (en realidad dos, el latín y el griego que siguió gozando de gran vitalidad en la zona oriental del Imperio) y una administración uniforme en todos esos territorios, facilitó el transporte y el comercio a lo largo de ese enorme área de terreno con una seguridad y a unas velocidades nunca antes vistas (y que tardaron en emularse con posterioridad), lo que redundó a su vez en beneficio de la economía.


Tengamos en cuenta que en el mundo romano para recorrer de Este a Oeste el Imperio por tierra a través de su sistema de calzadas se necesitaban ochenta días aproximadamente. Por contraposición aún en la Baja Edad Media en una jornada de diez horas era posible desplazarse apenas unos 50 km. Ahora bien, en viajes largos y en condiciones no óptimas la media se reducía a 20-30 km diarios. A caballo tales medias podían doblarse mientras que usando la navegación fluvial o marítima, muy azarosa, se alcanzarían los 120 km al día. En todo caso la piratería en el mar, y en tierra el bandidaje y la existencia de incontables fronteras convertían atravesar la cuenca mediterránea de punta a punta en toda una experiencia. Durante nuestra Edad Moderna la navegación marítima mejoró ostensiblemente, pero todavía durante el reinado de Jorge II (1727-1760) en Inglaterra, en los momentos previos a la revolución industrial que con el tiempo permitiría a su vez una revolución de los transportes cuyas consecuencias llegan hasta el presente, la velocidad a la que se solía viajar por tierra no era mucho mayor que en el s. I a.n.e., cuando sabemos que en un momento de necesidad Julio César tardó ocho días en cubrir una distancia de 1.017 km.

Y a todo lo mencionado habría que sumar la otra gran aportación del mundo romano, al menos en su parte occidental. La parte oriental del mundo romano ya era un área “civilizada” y urbanizada a la llegada de los romanos, los cuales se limitaron a conquistar territorios donde estaban instaladas una serie de culturas igual o más sofisticadas que la suya y donde el comercio y la vida urbana gozaban de esplendor desde hacía muchos siglos. Pero en el área occidental del Imperio, especialmente en Hispania, las Galias y Britania, los romanos se enfrentaron a sociedades de base tribal comparativamente atrasadas y que por ello carecían de una serie de estructuras organizativas que los romanos con su conquista aportaron a esas zonas.  

En esas regiones los romanos fueron los padres de la creación de auténticas estructuras estatales con todo lo que eso conlleva. Es decir aumento de la urbanización, generalización del uso de la escritura, la moneda o las leyes escritas en zonas donde apenas se conocían esos conceptos y finalmente la introducción del pago de impuestos regular, así como aparatos burocráticos y diplomáticos modernos para la época en áreas donde antes no existía nada de eso. Todo lo cual en parte pavimentó el camino para que las sociedades de Europa occidental con el tiempo estuviesen preparadas para dar el salto al siguiente nivel evolutivo.


Por todo ello el progresivo colapso del Imperio romano en mi opinión da lugar muy claramente a un período de decadencia evidente, con todas las salvedades que se quieran hacer, por contraposición a lo que existía antes y a lo que existió después. De ahí que a título personal siempre he sido partidario de una valoración de la Edad Media como un período de “oscuridad” mental y estancamiento por mucho que sus primeros siglos no dejen de ser el desenlace lógico de un período de decadencia que arrancaba ya del s. II, que en torno al año 1.000 se produzca un renacimiento urbano y un relanzamiento agrícola y tecnológico notable y que, en base a ello y con el hiato que en parte supone la irrupción de la epidemia de Peste Negra de 1348, sus últimos siglos sean la rampa de despegue necesaria para la eclosión del Renacimiento.

Y aún así, pese a todo lo dicho, siempre me ha sorprendido la valoración mayoritariamente positiva que se da al mundo romano (a fin de cuentas son “los nuestros”) en línea con el artículo citado al principio. Algo que es general sobre todo, como no podía ser de otra forma, en los sistemas educativos de los países actuales que de alguna forma en el pasado bebieron de su cultura. Por ejemplo, tomemos la contraposición entre el tratamiento que se da a la hora de valorar los sacrificios humanos llevados a cabo por los pueblos precolombinos (a fin de cuentas algo que era “parte integrante de su cultura” y dotado de un fuerte significado religioso) por oposición a los igualmente violentos y masivos sacrificios humanos llevados a cabo por los romanos en el marco de juegos circenses (en cierta forma muertes mucho más espurias al ser reducidas a una simple mezcla de espectáculo y propaganda) los cuales incluso disfrutamos de ver en películas salvo cuando las víctimas son cristianos (también integrantes de “nuestro” equipo, lo que aparentemente nos genera sentimientos encontrados).

Se supone que no debemos juzgar el pasado con nuestros valores, o al menos no hacerlo en absoluto. Pero en realidad esa es una aseveración tramposa. Siempre juzgamos el pasado de una forma u otra. Y de hecho cuando acudimos a esa especie de comodín de “no se tiene que juzgar el pasado desde nuestros valores morales” invariablemente es (solo) para evitar juicios negativos. Nunca he escuchado acudir a esa frase para pedir templanza ante valoraciones positivas del pasado frente a las cuales también tendríamos que mostrarnos fríos y comedidos. Todos los que chillan que no debemos calificar de sanguinarios, crueles o inmorales a diversos personajes del pasado luego resulta que jamás aplican ese criterio a la hora de idolatrar a su vez el “valor”, el “heroismo” o el “patriotismo” de diversos héroes “nacionales”. Los cuales, a poco que realmente analicemos algunas de sus acciones en función de los verdaderos valores de su propia época (donde, por ejemplo, la violencia era algo mucho más común y más "fácil" de aplicar que en la actualidad y el concepto de "nación" que hoy tenemos no existía), corren el riesgo de aparecer a nuestros ojos como un montón de brutos semianalfabetos en busca de botín, venganza, gloria personal y sexo. Simplemente. Por supuesto esto último algo en plena sintonía con los valores violentos de casi todas las sociedades pretéritas. Pero, claro, si no debemos condenar el pasado entonces me pregunto si en cambio tampoco debiéramos de edulcorarlo entre suspiros.

Parece esa cuestión una trampa dialéctica. Otro ejemplo, los que no quieren condenar figuras o eventos históricos en base a que no podían ser conscientes de las consecuencias a medio y largo plazo de sus acciones resulta que frecuentemente no tienen luego reparos en ensalzar hechos similares en base al provecho que del presente extraemos de acciones que en el pasado se realizaron sin pretender en ningún momento producir tales beneficios.

Es esa una problemática que, por otro lado, subyace al debate sobre la creación de casi todos los Imperios de la historia en la medida en que muchas veces hablamos de sus aparentemente benignas consecuencias sin jamás detenernos a pensar en los costes de las mismas o en si había alternativas mejores.

En el caso del Imperio romano el proceso de “romanización” de sus territorios en muchos casos no consistió ni mucho menos en una planificada, sistemática, lenta y pacífica educación de los nativos en las nuevas formas económicas y sociales. Leyendo muchos manuales escolares uno se imagina la “romanización” como una especie de clases de ciudadanía impartidas en algún foro en construcción a donde los habitantes de los territorios limítrofes, los nuevos ciudadanos del imperio, acudían a estudiar latín y a familiarizarse con los nuevos medios de pago. Pero muy al contrario la “romanización” de las Galias, Hispania o Britania, consistió en buena medida en el puro y simple exterminio de buena parte de la población local (solo la conquista de las Galias por parte de César costó la vida de una quinta parte de su población total aproximadamente, porcentaje que pudo ser perfectamente emulado o superado en lo referente a la conquisa de Celtiberia, Lusitania, la actual Tunez o la "pacificación" de Judea), la reducción a la esclavitud de otra parte significativa de los habitantes de la región, y la posterior repoblación de puntos estratégicos del territorio con veteranos del ejército y colonos de cultura latina que aportaban con su presencia en algunas ciudades clave la pátina necesaria de “civilización” a unas zonas que serían esquilmadas durante años después de la conquista por la brutalidad de los recaudadores de impuestos hasta que finalmente a través de décadas de pura y simple violencia (con saqueo de aldeas rebeldes, violaciones y matanzadas masivas incluidas, confiscaciones de propiedades, etc.) lo que restase de los descendientes de la cultura original presente en el territorio antes de la llegada de los romanos se hubiese reducido a una masa desmoralizada y pasiva de buenos ciudadanos adecuadamente sumisos. Solo algunas de las élites urbanas locales, aquellas más sibilinas y oportunistas que se avenían a pactar con los romanos y les resultaban útiles de cara a la pacificación y posterior explotación del territorio, se beneficiaban realmente a corto plazo del cambio en el status quo

De ahí la paradoja. Los conquistados en realidad no pudieron casi nunca beneficiarse de los acueductos, las termas, o el Derecho romano. Porque murieron de forma violenta. Del mismo modo que la mayor parte de la población de la América precolombina murió mucho antes de poder “disfrutar” del castellano y la religión católica. Igual que ocurrió con la población nativa de los actuales EE.UU. que se murió mucho antes de poder gozar de los beneficios de los casinos que regentan en la actualidad algunos de sus supuestos descendientes. Casi todos los cambios positivos que han permitido a las sociedades humanas dar un salto de nivel a lo largo de la historia solo han sido positivos a varias generaciones vista mientras que las generaciones atrapadas en el cambio vieron su vida empeorar o directamente terminar de forma trágica.

Es lo ocurrido con la transición desde sociedades nómadas de cazadores-recolectores a sociedades agrícolas sedentarias. Múltiples estudios atestiguan que los primeros agricultores trabajaban más, se alimentaban peor, vivían más hacinados, en peores condiciones higiénicas y por consiguiente más expuestos a enfermedades y conflictos violentos que los “primitivos” cazadores nómadas. La ventaja básica de la agricultura era poder acumular más excendentes con los que alimentar a más gente y con el tiempo en esa mayor masa demográfica (a fin de cuentas eso significa más gente pensando de forma simultánea a la vez que más gente disponible para probar a organizarse de modos diversos) crecieron las posibilidades de aumentar la velocidad del desarrollo técnico y la división social del trabajo. A quinientos o mil años vista era el camino correcto como la lógica de la historia probó, pero eso es algo que no pudieron disfrutar las generaciones atrapadas en pleno cambio de paradigma, un poco como los rusos durante las épocas de stalinismo durante las que se industrializó el país.

Y eso lleva implícito plantearse si mereció la pena o si había una alternativa menos traumática al modo en que se llevaron a cabo dichos procesos de cambio.

En base a ello resulta posible darle aún más vueltas al debate. No cabe duda de que los romanos realmente hicieron algo por nosotros. Nosotros los que estamos leyendo esto. Pero lo que no está tan claro es que representasen un cambio positivo para las personas que vivieron en primera persona su llegada e implantación en un territorio. Es más, estoy seguro de que pocos de los europeos que actualmente cantan loas a Roma tendrían el valor de catapultarse en el tiempo a experimentar la llegada de las legiones (y con ellas las calzadas, los denarios o el latín) a la región donde viven en la actualidad.

No debemos olvidar que Roma empleó su ejército para someter todas las sociedades que la circundaban, y pagaba a sus soldados con las riquezas que arrebataba a esos pueblos. Dejó el menor rastro posible de las culturas de los grupos humanos sometidos salvo por el hecho de que gran parte de lo que entendemos por civilización romana procede del pillaje cultural por el que un buen número de elementos del mundo "bárbaro" pasaron a manos romanas. Todo ello para dar lugar a un tipo de sociedad sostenido sobre un sistema económico basado en un brutal y masivo modelo esclavista (al menos hasta sus siglos finales donde el modelo empezó su transición a una organización socioeconómica basada en la servidumbre, un poco menos miserable que la esclavitud directa). Y recordemos a ese respecto que otras sociedades de la época o incluso otras sociedades pretéritas de otras épocas que conocieron la esclavitud jamás recurrieron a ella con la intensidad y virulencia con la que lo hicieron los romanos. Ni los egipcios (esos que supuestamente "esclavizaron" al pueblo de Israel), ni los habitualmente vituperados persas, ni los judíos (que fueron aplastados por los romanos con especial saña), ni siquiera las propias sociedades precolombinas o los “bárbaros” que contribuyeron a finiquitar el Imperio romano, ni tampoco otras grandes culturas que florecieron en el mundo hindú o el espacio chino, necesitaron recurrir de forma tan masiva a esa forma de explotación del ser humano.  

   De la misma forma otros grandes imperios de la historia fueron creados vertiendo en el proceso un volumen de sangre muchísimo menos elevado. La expansión del Islam por ejemplo, a pesar de su mala prensa y de que a título personal es una cultura que no me parece especialmente admirable, lo cierto es que al margen de matanzas puntuales se expandió por un territorio mucho mayor que el Imperio romano matando y esclavizando a un porcentaje de gente considerablemente menor que el habitual en el caso de los romanos. Y sin embargo, dado que los romanos son “los nuestros” y los “moros” no, la valoración de ambas conquistas es diametralmente opuesta por parte de la opinión pública no se sabe muy bien en base a qué argumentos ya que el Islam a fin de cuentas nos aportó tanto o más que el mundo romano exterminando a mucha menos gente por el camino: el papel, la pólvora, la brújula, la rueca, el astrolabio, el álgebra y la trigonometría, el número cero, múltiples innovaciones en óptica y medicina, la noria y la introducción de diversos nuevos cultivos como las naranjas, entre otros avances.

Así que todo esto no deja de ser terreno inestable en torno a cuestiones muy debatibles. ¿Vosotros qué opináis?, ¿eran los romanos unos cabrones?, ¿los miramos con indulgencia porque los consideramos nuestros cabrones?, ¿si realmente nos consideramos herederos del legado romano por qué simultáneamente se presenta bajo patrones positivos la resistencia a Roma por parte de peligrosos grupos de terroristas numantinos y lusitanos? ¿no es eso una incongruencia? 

15 comentarios:

  1. Para variar, has escrito un artículo la mar de interesante (lo de "para variar" es broma, claro).

    Sobre las cuestiones que planteas, creo que es obvio que seguimos muy influidos por la visión decimonónica (nacionalista, romántica y cristiana) de la historia. Como españoles, vemos con buenos ojos a la Roma cristiana (no tan bien a la que perseguía a los cristianos, aunque fuera antecesora de la otra), y también a los héroes ibéricos que se resistieron a la ocupación. Los musulmanes son malos porque nos invadieron, pero sobre todo porque no son cristianos, y los indígenas americanos, pobrecicos, eran unos salvajes a los que quisimos ayudar a base de civilizarlos y cristianizarlos.

    También he de decir que hay quienes desde otra óptica ven bien el Imperio romano (a pesar de que conquistaba, masacraba y esclavizaba) y mal el español (por eso mismo), como se puede apreciar en este vídeo tan divertido:

    https://www.youtube.com/watch?v=DN-S1qFutZ0

    Es verdad lo que dices sobre juzgar el pasado, y es cierto que lo hacemos aunque digamos que no se debe de hacer. El problema aparece cuando en ese juicio del pasado intervienen políticos y, sobre todo, jueces, es decir, cuando el juicio del pasado deja de ser un debate entre historiadores o aficionados a la historia y se transforma en ley. A partir de ahí se crea una historia oficial muy típica en las dictaduras pero que no creo que sea tan apropiada en las democracias. En los casos con implicaciones legales creo que hay que poner un límite en el tiempo, no tiene sentido legislar sobre hechos acontecidos hace siglos, y creo que tiene que servir para resarcir a víctimas de tal o cual dictadura, de tal o cual crimen no resuelto, pero con coherencia: no tiene sentido emitir una condena oficial al fascismo y al nazismo y no hacerlo al estalinismo, por ejemplo. Y cuidado, sobre todo si se habla de indemnizaciones con dinero público, como cuando recientemente Compromís pidió que se compensara con 57 millones de euros a los habitantes de cuatro pueblos del Maestrazgo porque fueron bombardeados en la Guerra Civil... cuando estaban en el frente y a punto de ser tomados por los franquistas.

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  2. Pues sí, este es uno de los grandes debates de la Historia. Como dice John, nosotros "somos" romanos, así que no podemos criticar mucho la conquista, pues fue beneficiosa desde nuestro punto de vista, a pesar de las crueldades inevitables en una guerra. También habría que apuntar que muchas veces, aunque no sé si serían mayoría, los pueblos nativos pactaron su rendición a Roma, con lo que el trauma fue mucho menor. Lo de la resistencia numantina está muy bien, pero no creo que fuera representativo.
    Según mi opinión, era lo más probable que alguna civilización o imperio acabara por conquistar Iberia, pues estaba más atrasada que el resto del Mediterráneo. Podríamos elucubrar sobre si una Cartago vencedora hubiera sido menos avasalladora que Roma, pues los fenicios/púnicos se orientaban más al comercio que al control directo. Pero tampoco sabemos mucho de ellos y, además, con el subidón de tomar Roma seguro que se hubieran venido arriba bastante.
    Si lo comparas con la "conquista" yamna/kurgan del V milenio AC, los romanos eran monjitas de la caridad (los mataron a todos, nosotros somos kurganes). Los visigodos/suevos/alanos no hicieron mucho por nosotros, la verdad. Como se indica, los moros sí que aportaron bastante, y quedó aquí cuando fueron expulsados.


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  3. Mencionas en el artículo que el Islam nos aportó entre otras cosas la pólvora y el papel, que por lo que yo sé —y he consultado ahora en la Wikipedia para confirmarlo— son inventos chinos. Entiendo que cuando dices que son aportaciones del Islam te refieres a que fueron ellos quienes introdujeron aquí su uso, y eso me plantea una duda: ¿es eso práctica frecuente en la historiografía? ¿podríamos entonces decir cosas como que fue el Reino de Castilla el que aportó a los pueblos americanos el papel o el número 0 —estoy dando por hecho que no los conocían antes, igual meto la pata— o por alguna razón que se me escapa son situaciones distintas?

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    1. De hecho casi todo lo que aportó el Islam NO era invención suya. La pólvora y el papel venían de China, pero el número cero y parte de sus matemáticas de la India, gran parte de la tecnología hidráulica de Persia, etc. En general la naturaleza de la civilización islámica no fue la creación (nunca ha sido una civilización creativa) sino el uso del enorme espacio que sus fronteras llegaron a alcanzar (desde el interior de África a Asia Central) para mezclar innovaciones procedentes de civilizaciones muy diversas y difundirlas a gran escala. De esa forma el mérito del Islam fue servir de puente entre civilizaciones asiáticas y el mundo europeo.

      Es problemático, cierto. ¿Debemos considerar que lo que una civilización aporta son sus creaciones únicas o también el saber de otros que contribuye a difundir a gran escala y de forma decisiva?

      Pero en ese caso Roma aportó muy poco porque casi todo lo que difundió, con excepción quizás de su ingeniería (y en ese aspecto en el urbanismo eran profundamente deudores de los griegos también) y su Derecho, lo tomó de griegos y etruscos. Pero a su vez los griegos (aunque siempre se presentaron a sí mismos como una civilización original no deudora de ninguna) en realidad copiaron como locos de egipcios, fenicios y babilonios, así como de diferentes culturas de Anatolia. Su mérito una vez más fue difundir por el Mediterráneo técnicas e ideas que de otra forma se habrían quedado paradas durante otro milenio en sus puntos de invención.

      En el caso de los españoles está claro que algunas de las cosas decisivas que llevaron a América como el acero o los caballos no eran creaciones "hispanas". En el caso del número cero ya era conocido por los mayas. Pero sí, es que lo que Castilla lleva a América no fueron tanto el idioma y la religión como todo el aparato tecnológico normalizado en la Europa de la época. Y eso era mucho. Además del concepto de Estado y administración modernos. En realidad prácticamente nada de lo que aportamos a América era original. El mérito estaba en llevarlo hasta allí igual que los portugueses llevaron a Japón y China innovaciones que no eran suyas.

      De hecho civilizaciones profundamente creadoras e innovadoras en la Historia ha habido muy pocas y algunas de ellas no fueron demasiado expansivas, caso de los sumerios, los mayas o los chinos. De ahí que otras civilizaciones o culturas menos creativas pero más militarizadas sean las que pusieron en movimiento y difundieron entre continentes tales innovaciones e ideas gracias a la pura y simple unificación de grandes territorios diversos en forma de Imperios.

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    2. Guau, qué poco tiempo para una respuesta tan completa. Muchísimas gracias.

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  4. Por otro lado, en el haber del Imperio romano creo que habría que añadir más cosas. Como otros imperios, era una meritocracia. Es decir, en los territorios conquistados los romanos rompían viejas estructuras de poder locales, ligadas a clanes familiares y por tanto poco flexibles, ofreciendo de esa forma nuevas oportunidades de promoción social. También está el asunto de conceder la ciudadanía a los habitantes de las provincias del imperio. Obviamente esto los romanos lo hicieron por su propio interés, faltaría más, lo cual no quita que los afectados también resultaran beneficiados. Dices que hubo élites locales que pactaron con los romanos para sacar algún provecho, y esto es cierto, pero es que ese provecho en ocasiones era su propia supervivencia. Entre los bátavos y los galos hubo quienes no veían mal la presencia romana, pues era preferible a la dominación germana. Este fenómeno, según el cual los pueblos pequeños aprovechan una conquista extranjera para hacer frente a sus enemigos tradicionales a los que ven como un mal mayor, ha ocurrido también en la creación de otros imperios, como el español: la conquista de América no se entiende si no se tiene en cuenta que muchos pueblos indígenas se sirvieron de la colaboración con los españoles para levantarse contra sus dominadores de siempre.

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  6. No sé la fiabilidad que tienen, pero los estudios genéticos indican un 15% como máximo de ADN romano en las zonas más romanizadas de España, (Bética y Mediterráneo). O sea, que los romanos no mataron tanto. Por otro lado, los académicos indican que la sociedad romana imperial tenía hasta un 20% de esclavos en Italia. Y vale, es mucho, pero si luego lees que en la Inglaterra medieval (Domesday Book) había un 10%, pues ya no parece tanto. Me da a mí que las legiones no eran tan fieras como las pintan...
    En cuanto al Islam, es verdad que durante la expansión inicial no mataron ni esclavizaron mucho (no les daba tiempo, con lo rápido que iban). Pero luego estuvieron esclavizando negros en África durante mil años a base de bien, y si nos ponemos a recordar el tributo de doncellas, las razzias de Almanzor y los cautivos de Argel, pues la cosa se pone en cientos de miles de europeos esclavizados por los moros.

    Y por mucho que digas, John, la aportación de Roma es muy superior a lo que nos trajo el Islam. Los romanos llegaron a unas aldeas e hicieron teatros y termas; trajeron una civilización. Los moros trajeron muchas cosas, pero aquí ya teníamos una civilización potente que también les dio cosas a ellos.
    Roma vincit!

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    1. En realidad por decirlo así el primero en llegar, sea quien sea, obtiene el mérito en el sentido de que en lo tocante a sociedad primitiva la primera potencia desarrollada que tome contacto con ella es la que inevitablemente cargará con la tarea de "llevar la civilización" al lugar, con todo lo que eso implica de positivo y negativo. Es lo que ocurrió con los romanos en la Península y luego con los hispanos en América.

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    2. No digo que no al resto de lo que comentas. Quizás los estudios genéticos sobre la Península pueden estar un tanto confundidos por el trasiego de pueblos que hubo después de la época romana. Pero habría que preguntar a un experto.

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    3. De qué estudios estás hablando exactamente. Tienes un enlace a estos?

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  7. Hola.
    La cuestión sobre si se deben juzgar los hechos pasados mediante el filtro de nuestro conocimiento de la Historia no creo que sea lo más importante en este asunto. Porque creo que realmente no se está haciendo. Al menos desde un punto de vista objetivo. Lo que se hace últimamente es juzgar hachos pasados desde el punto de vista de la ideología. La ideología de la izquierda.

    Si uno piensa que el Hombre es bueno y libre cuando nace y que es la sociedad y las estructuras del Estado las que los vuelven malvado, que es el pensamiento de Rousseau; pues cualquier tiempo pasado fue peor y todo lo bueno está por llegar. Yo no creo que sea así. De hecho la Historia demuestra lo contrario. La revolución social francesa llevó al Terror y después a Napoleón y después a la Restauración. La revolución social rusa llevó a cosas horribles; y si bien nadie esperaba que ocurrieran esos hechos horribles, lo cierto es que esos cambios favorecieron que ocurrieran y pusieron al mando de las naciones a monstruos cuya intención no era esa.
    La conclusión es que la utopía no es posible (aunque la propia etimología de la palabra ya nos avise de que, como dijo el torero, lo que no puede ser no puede ser y además es imposible).

    El ser humano es imperfecto y los recursos del planeta son limitados. Lo único que se puede hacer es compensar esa imperfección. Creo que los imperios y la opresión son inevitables. Lo extraño es la riqueza ubicua y la felicidad y la paz. La norma es la pobreza, la insatisfacción y la guerra.

    Mi formación universitaria es científica, obligatoria, y la humanística voluntaria. Así que no soy experto en Historia aunque sea una disciplina que me gusta. Dicho esto: por lo que he leído, la esperanza en un mundo donde las naciones se respetan y colaboran por un bien común es utópico. Todos los pueblos luchan por los recursos. Antiguamente era más visceral, aunque la tecnología limitaba el tope de las matanzas. Hoy la tecnología permite destruir el planeta.

    ¿Acaso los pueblos bárbaros, empujados por otros pueblos bárbaros, empujados ellos por otros; que invadieron el Imperio Romano y después, cuando la parte occidental desapareció, el Imperio Romano de Oriente, no fueron lo mismo que los romanos? ¿No conquistaban por la fuerza?

    No existe el bien común, porque los intereses son individuales. Y si bien hay quienes se benefician de la paz, hay otros que lo hacen de la guerra. Nunca hay un objetivo o bien que pueda llamarse común. Como mucho mayoritario o general. El caso es que si la violencia permite un beneficio, serán los violentos quienes lo consigan. Uno podría pensar que la mejor inclinación es la violencia pero hay que tener en cuenta que los violentos son los más propensos a morir. He leído al respecto, y esa literatura explica que al morir los violentos los pacíficos aumentan su número relativo. Así que cada vez hay más pacíficos y en ese proceso de selección natural surgen ideas progresistas, científicas y también violentas (aunque cada vez hay menos población violenta). Y de eso se beneficia la especie humana. Y cada vez hay menos violencia y cada vez más progreso.

    Supongo que la idea que quiero expresar es que sobre el sustrato de los cadáveres surgen flores.

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    1. ¿En qué premisa se basa para decir que no existe el bien común?
      ¿Porqué indica que la ideología que juzga es la de la izquierda?
      Ya que su formación es científico tecnológica, en la biología, en concreto, en la etología, distinguen entre comportamientos individualistas y colectivistas (o de bien común a la especie).
      Me parece entender en su comentario que usted ya conoce la respuesta a la incógnita humana; somos egoístas. Siendo cierto e innegable, no es lo único que somos. Por ello, creo que es legítimo, acertado y necesario, el debate abierto en torno al enfoque de la historia, puesto que puede ayudarnos a desarrollar una visión crítica y propia que pueda generar respuestas a los problemas humanos actuales, futuros y pasados.
      La utopía y la distopía, son propuestas imaginadas. Herramientas humanas muy útiles a la especie.
      Los violentos y los pacíficos, son dos categorías, que tal como lo plantea usted, siguiendo una senda de pensamiento darwinista, explican el complejo devenir de nuestra especie. Personalmente, considero su validez muy limitada, por tratarse de dos categorías demasiado genéricas y reduccionistas. En cualquier caso, es paradójico que usted señale como un logro que cada vez haya menos violencia, cuando por otro lado indica que el ser humano siempre lucha por los recursos (el término lucha remite a algún tipo de violencia). ¿Estamos dejando de ser humanos? ¿Es de izquierdas pensar que la violencia puede ser superada, encauzada y/o reducida? ¿El desigual acceso a los recursos puede estar detrás de la lucha y la violencia? ¿Existen recursos para sustentar a la actual población mundial? ¿En épocas pasadas hubo recursos para sustentar a nuestros antecesores?
      Disculpe usted mi desordenado comentario pero ha de entender que quizá la realidad pueda ser algo más compleja.
      Un saludo

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    2. "La revolución social francesa llevó al Terror y después a Napoleón y después a la Restauración. La revolución social rusa llevó a cosas horribles; y si bien nadie esperaba que ocurrieran esos hechos horribles, lo cierto es que esos cambios favorecieron que ocurrieran y pusieron al mando de las naciones a monstruos cuya intención no era esa.
      La conclusión es que la utopía no es posible (aunque la propia etimología de la palabra ya nos avise de que, como dijo el torero, lo que no puede ser no puede ser y además es imposible)."

      En cambio, la acumulación y la expansión del capitalismo fueron procesos miríficos y pacíficos, llenos de flores.

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