viernes, 19 de enero de 2018

La Peste


He aprendido muchas cosas pero no sé si soy más feliz.






La Peste la reciente serie creada por Alberto Rodríguez y producida por Movistar+ supone quizás el mayor y más afortunado esfuerzo llevado a cabo en España durante los últimos veinte años a la hora de llevar a las pantallas una recreación de época plausible. Debido a ello hoy voy a dedicar una entrada a comentar someramente algunas de las cuestiones que plantea la serie y a dar algo de información sobre qué aspectos históricos representados en pantalla son más fieles a la realidad y cuales no tanto.

De modo muy general puede decirse que la serie, ambientada en la Sevilla de finales del s. XVI (justo en las postrimerías del momento de máximo “esplendor” y poder tanto de la ciudad como de la monarquía de los Austrias) logra transmitir la pobreza brutal típica del período, con sus consecuencias como la delincuencia y la prostitución masivas, la práctica del infanticidio, o la presencia en las calles y los arrabales de la ciudad de muchos niños desamparados, obligados –en el mejor de los casos- a trabajar, cuando no a robar o cosas peores. 







De ahí por ejemplo los casos habituales, en aquellos años, de automutilación totalmente intencionada con la finalidad de mendigar. Todas esas cuestiones reflejadas en algunas escenas de la serie fueron algo real en tiempo de los Austrias y aún hoy resultan apreciables las huellas de dichas prácticas tanto en cuadros de la época como en textos literarios vinculados con el género de la novela picaresca.

Asimismo es exacta la imagen que se nos presenta de los principales edificios y la vida cotidiana en la ciudad de Sevilla en aquel período histórico. 





En ese sentido son igualmente veraces aspectos como la tremenda falta de higiene de las personas, sobre todo de baja extracción social, así como la suciedad de las vías de circulación. En la serie se recrea de forma asimismo correcta la presencia de idiomas extranjeros (aunque quizás con un formato no suficientemente arcaico) en las calles y el puerto de la ciudad, donde se podían escuchar lenguas como el holandés, el italiano o el inglés, en la medida en que Sevilla era por entonces un gran centro comercial abierto al exterior.






A ese respecto además de la recreación de la zona portuaria resultan muy afortunadas las reconstrucciones que se muestran en la serie de emplazamientos como la Cárcel Real de Sevilla, donde (casi) todo se podía comprar y llegó a estar encarcelado Cervantes.



También de ese mastodonte que es la catedral de Sevilla, con su Giraldillo/veleta elaborado unos treinta años antes del momento histórico que pretende reflejar la serie.



Igualmente son adecuadas las recreaciones de la fortaleza de San Jorge, sede de la Inquisición, o de la infame Mancebía de Sevilla, barrio donde se concentraba la prostitución en la ciudad.



Y resultan muy superiores a lo habitual en el cine o las series patrias los ropajes usados, no tanto por los actores principales como por los extras, así como el diseño de interiores, con un gran cuidado a la hora de recrear por ejemplo el mobiliario propio de la época.  





Por ejemplo aquí un “cofre de seguridad” usado por los notables de aquel tiempo a modo de “caja fuerte”. Fijaros en la estructura interior de hierros que convertía en muy complicado forzar este tipo de arcones. 


Así como extravagancias del tipo la "cámara de las maravillas" atesorada por Zúñiga. Colecciones heterodoxas muy típicas entre los grupos privilegiados del Antiguo Régimen. 


También resultan apropiados detalles mencionados en algunas escenas "de pasada" como el uso de nieve almacenada en pozos para conservar y refrigerar, el chocolate presentado como un alimento novedoso, la creencia de que los tomates eran venenosos (si nos sorprende este dato pensemos que en buena parte de Europa se receló hasta bien entrado el s. XVIII de otro alimento traído de América tan importante e inofensivo como la patata). Todo lo cual habla muy positivamente del proceso de documentación (no voy a entrar en la polémica sobre si la serie es un plagio de cierta novela o no).
  
No estás poseído por nada que no sea tu bilis negra. Tienes melancolía.

En cuanto a la medicina del momento, presentada sobre todo a través del personaje del “farmacéutico” Monardes, la serie da una buena idea de cuales eran tanto sus posibilidades como sus tremendas limitaciones, a la vez que se nos ofrecen detalles sobre el caos de los "hospitales" del período, las medidas en caso de epidemia y otras cuestiones más específicas. Respecto a esto último es cierto por ejemplo que se utilizaban primitivos preservativos reutilizables fabricados  con vejigas de animales (como el que se puede apreciar fugazmente en una de las primeras escenas del primer capítulo), aunque no eran de uso común, solo las élites los usaban. A su vez las sangrías como método médico sí eran cosa común, mientras que la tinta de los documentos realmente contenía plomo (se alude a ello cuando Mateo encuentra a un impresor enfermo).




Quiero proponer un brindis. Por Dios, que está en todas partes. En las calles y en las plazas. En las tabernas. En esta mesa, y en este vino. En las encrucijadas de los caminos y en las puertas de las ciudades. En las joyas de las mujeres hermosas y en las blasfemias de los hombres. En los campanarios, en los claustros, en los sermones de los curas y en las oraciones de los niños. Y en las fiestas de los viejos, en los testamentos, en las sentencias de los jueces y en el miedo. Y en las manos de los artistas, en el nacimiento y el abandono de los niños, entre las sábanas de los moribundos, en las camas de los hospitales, y en el patíbulo de los ajusticiados, en las súplicas de los pobres y en la caridad de los ricos. Y en el silencio de la noche, y en el sonido de las campanas y de los órganos. Y en los pechos de los putas. En el pecho de todas las putas del mundo, esas honradas señoritas. Hombres y mujeres. Todo se hace en su nombre y por su voluntad. Nada de lo humano le es ajeno, nada de lo divino le es extraño. Todo es dios. Así que no habléis mal de él. Puede enterarse.  

También es correcto el dibujo que se hace en la serie de otro tipo de cuestiones más intangibles, como la falta de derechos de las mujeres, la necesidad de certificar la “limpieza de sangre” de cara a desempeñar un cargo público, así como la frecuente falsificación del trámite anterior, la presencia opresiva de la religión en todos los órdenes de la sociedad y por ello la moral imperante en torno a la homosexualidad (o más bien sodomía) vista como un terrible delito, el empleo de oraciones religiosas exageradamente pomposas y solemnes y también por ejemplo la prohibición de lo que hoy denominaríamos como autopsias. Pese a lo cual era práctica frecuente asimismo la venta de reliquias falsas, como la cabeza de Juan el Bautista a la que se alude en el primer episodio. Respecto a esto último, si bien el furor coleccionista medieval había empezado a desaparecer a lo largo del s. XVI (y la Reforma por ejemplo manifestó una fuerte oposición a dicha práctica), no está de más recordar que el propio Felipe II fue un ávido coleccionista de esas tonterías a las que dedicó un gran espacio en El Escorial.  

Y desde luego se insinúan de forma correcta contradicciones propias del período, como que pese a defender oficialmente una moralidad estricta y cerrada la Iglesia operase como dueña o cotitular de muchos prostíbulos de los que obtenía sustanciosos ingresos mientras pretendía colaborar así a mantener controlada y confinada en espacios específicos la lascivia. Parece increíble pero es rigurosamente cierto. 



Es real también la llamada Biblia del Oso, al final elemento clave en la resolución de la trama de la serie y quizás la primera traducción de la Biblia al castellano desde el hebreo y el griego, por tanto una interpretación de las Sagradas Escrituras quizás de superior calidad y fidelidad a las primeras traslaciones oficiales que se hicieron desde el latín. Aunque su creador no fue un personaje de ficción llamado Mateo, sino Casiodoro de Reina un religioso español convertido al protestantismo. Su fecha de publicación fue asimismo bastante anterior al marco cronológico y geográfico que se insinúa en la serie, en tanto que se publicó en Suiza en 1569 y no en Sevilla en torno a los años 90 de dicho siglo. Eso sí, al igual que el protagonista de la ficción televisiva, Casiodoro huyó de la ciudad perseguido por la Inquisición la cual tuvo que conformarse con quemar su imagen en un auto de fe.





Y sí, la Inquisición quemaba a gente en ese tipo de ceremonias públicas, como ocurrió en Sevilla en dicho siglo por ejemplo con los monjes heréticos de San Isidoro del Campo. Si bien los autos de fe finalizados en ejecuciones en la hoguera resultaban bastante esporádicos y para nada tan comunes como a veces la imaginación popular ha pretendido. Pero desde luego eso en parte se debió a que, aún espaciados en el tiempo, cumplían terriblemente bien su propósito “disuasorio” de cara al mantenimiento del “orden social”. 

En otro orden de cosas, algo interesante en la serie es el peculiar tratamiento de la fotografía e iluminación, ya que se intenta mediante diversos trucos reproducir “a lo Kubrick” la realidad de los interiores de la época iluminados solo por la luz natural (durante el día) o las velas (en la noche).


Desconozco si fue algo intencionado pero el tono de algunas escenas recuerda los cuadros de Georges de La Tour, un gran pintor barroco francés particularmente interesado por esa cuestión de los juegos de luces en espacios interiores en una época donde el tenebrismo imperaba en la pintura.





Es una mujer, las mujeres son seres mentalmente débiles, sus emociones nublan su escaso entendimiento, son de apetitos incontenibles, volubles, salvajes y poco fiables. Comprenda que si no son capaces de controlarse a sí mismas cómo vamos a dejar que gestionen un negocio. Su lugar está en su casa y sus virtudes son otras.

Y en relación con lo anterior llegamos a la cuestión de la situación de las mujeres y más en concreto la existencia de mujeres artistas, sobre todo pintoras.


Hoy sabemos que buena parte de la escena artística del Renacimiento estuvo ocupada por mujeres, sobre todo en Italia, caso de poetisas como Verónica Gambara, Vittoria Colonna, Tullia d´Aragona o Verónica Franco, músicas y compositoras como Laura Peverara o Tarquinia Molza y por supuesto pintoras. Solo en el s. XVI, época en que se ambienta la trama (en el s. XVII hay muchas más), encontramos que trabajaron Catharina van Hemessen, Lavinia Fontana, Clara Peeters, Fede Galizia o Esther Inglis. ¿Por qué estos nombres no nos resultan familiares y no suelen aparecer en los manuales de divulgación o los libros de arte? ¿quizás porque eran todas muy malas? No, simplemente por la misoginia propia no solo de la época sino de los primeros historiadores que sentaron las bases para analizar dichos períodos históricos, durante el s. XVIII o el XIX, y también debido a que muchas de esas mujeres se vieron obligadas en su momento a camuflarse bajo un pseudónimo masculino (como muy bien se nos muestra en la serie) lo que más adelante sirvió para perpetuar la confusión sobre su identidad y ocultarlas a los ojos de la historia del arte.

En ese sentido el personaje de Teresa Pinelo muestra interesantes similitudes con diversas pintoras del XVI y también del s. XVII (Josefa de Órbidos o Luisa Roldán), a destacar a mi juicio el caso de la italiana Sofonisba Anguissola,


famosa precisamente por crear un iconográfico retrato de Felipe II.


Será casualidad, además, pero muchas de esas mujeres pintoras del s. XVI y XVII dejaron para la posteridad cuadros basados en el mito de Judith (tal vez porque era un buen tema religioso que encajaba en la mentalidad del momento, pero que a la vez les permitía tratar una historia de su agrado como mujeres por todo lo que transmitía de empoderamiento representar una mujer valiente que asesina a un general enemigo con sus propias manos). Fijaros por tanto en estos dos cuadros pintados por Fede Galizia y Artemisia Gentileschi respectivamente. 



Y fijaros después en cual es la temática del primer cuadro que Teresa Pinelo firma con su propio nombre revelándose de esa forma ante el mundo como una mujer artista (y de paso autorretratándose de espaldas en el papel de la criada).






No obstante el punto que puede resultar más polémico es la imagen que da la serie de una ciudad, Sevilla, donde la población de criados y esclavos negros y musulmanes (sobre todo de origen morisco) era muy abundante en la época (más de 10.000 individuos de hecho).


Si bien hay que aclarar que la mayor parte de los esclavos utilizados en la Península eran empleados en el servicio doméstico como símbolo de prestigio y mecanismo de ostentación (el trabajo esclavo extenuante quedaba reservado para las plantaciones y haciendas del Nuevo Mundo las cuales se empezaron a multiplicar más adelante, sobre todo a partir de bien entrado el s. XVII, justo cuando la productividad de los yacimientos de oro y plata empezó a disminuir y hubo que buscar otras formas de sacar rentabilidad a las posesiones americanas a la vez que alimentar a la creciente población local del continente).



Pero eso no explica sin embargo la creencia generalizada, aún hoy, en un Imperio español no-esclavista por motivos religiosos cuando la verdad histórica es que resultó al contrario y el uso de la coerción a la hora de obtener mano de obra (a través de subterfugios en el caso de los indios americanos, ya que no se les podía esclavizar formalmente, o usando la esclavitud de facto en el caso de la población negra) resultó capital para la economía del Imperio de los Austrias casi en la medida en que lo fue para los romanos. Esto es un hecho, como lo fue en el caso portugués, y no deberían oscurecer el análisis de esta cuestión las valoraciones sobre si los ingleses o los franceses u otros hacían lo mismo o peor. Porque esa no es la cuestión. Sevilla fue, además de muchas otras cosas, un mercado de esclavos y no pasa nada por admitirlo. Lo contrario es intentar “blanquear” la historia cuando no nos gusta la imagen que proyecta sobre nuestros antepasados. 

Como digo la documentación sobre estas cuestiones es abrumadora a través de cuadros (de hecho Velázquez o Murillo usaron esclavos en sus talleres), testamentos (el de Américo Vespuccio refleja que poseía cinco esclavos en el momento de su muerte), obras literarias (de Lope de Rueda, Diego Sánchez de Badajoz o textos del propio Quevedo), testimonios de fuentes externas (como el caso del famoso indio norteamericano Squanto, clave en el éxito de los primeros asentamientos anglosajones en Massachusetts y que en su juventud llegó a Málaga para ser vendido como esclavo), etc. Hoy todos los especialistas aceptan esto (aunque resulta muy informativo que este conocimiento no se haya trasladado con demasiada celeridad o claridad a los libros de texto escolares, los cuales tienen como misión fundamental, no nos engañemos, fomentar el orgullo nacional a través de la narración de hechos pretéritos, no el darnos a conocer el pasado tal y como fue en casos donde eso puede interferir en la labor de aumentar el sentido de pertenencia grupal). Y yo en su día ya dediqué buena parte de una extensa entrada a ofrecer datos relacionados con este tema de la esclavitud de negros en el Imperio español y su papel notable en la gestación del mismo. 

Pero si alguien no se muestra convencido que nos explique, por ejemplo, la presencia en Sevilla de la Franciscana Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo o Cofradía de los Negritos, también mencionada de pasada en la serie. 


Habla de usted del oro como si de eso dependiera el buen gobierno de una ciudad. Es todo lo contrario, somos gobernantes, no prestamistas o especuladores, nuestros intereses deben ser otros.

En lo tocante a los aspectos menos acertados en la serie (al margen de un guión un tanto endeble al servicio de la reconstrucción de época y las conocidas dificultades con la dicción del, por demás, voluntarioso Paco León), apenas mencionaría un par de detalles. Por ejemplo, aunque la plata tiene una gran importancia en la resolución del misterio que plantea la trama, en general no se transmite bien la idea de que el principal metal que llegaba de América y en el cual se basaba toda la economía del Imperio no era el oro sino la plata (que hasta dio nombre a regiones como Argentina pese a que allí no se encontró en cantidades importantes). En ese sentido en aquel tiempo el oro fluía sobre todo de la parte portuguesa del Imperio, tanto en África como en Brasil. 

En cuanto a la manufactura de añil que aparece en la serie, desconozco si está basada en alguna factoría que existió realmente pero desde luego nunca hubo en la Península Ibérica un núcleo de producción importante de dicho tinte, controlado por Francia sobre todo.


Sí es acertada en cambio la frase de uno de los personajes de la serie cuando dice cínicamente que “debe ser de las pocas fábricas sevillanas que exporta algo”. No es muy correcto usar la palabra “fábrica” para la época, pero la idea es certera. 

Porque más allá de todo lo narrado quizás lo más interesante de esta serie es algo que probablemente no pretendieron sus propios creadores. Me refiero a su potencial de cara a desmitificar en el espectador la imagen que puede tener en su cabeza acerca del momento álgido del Imperio de los Austrias.

Funciona entre el ciudadano español medio la idea de un siglo XVI brillante, bajo el mando de grandes gobernantes, seguido de un s. XVII de decadencia donde estarían la base de los problemas que más adelante afectaron a España como país. Nada más falso. Lo cierto es que hay que empezar a entender la gestación del Imperio “español” en base a sus peculiaridades, presentes desde el principio. Ninguna más significativa que el hecho de que fue una potencia militar y geopolítica construida, a diferencia de lo normal en otros grandes imperios de la historia, en torno a una economía profundamente endeble y subdesarrollada y, por tanto, los ciudadanos de uno de los Imperios más poderosos del momento vivían… mal, muy mal, abrumados asimismo por la omnipresencia de una ideología cohesionadora opresiva incluso para los estándares de la época. En ese sentido podría decirse que el Imperio español tuvo más parecidos con la extinta URSS que con la Inglaterra victoriana, de cara a formarse una imagen mental del mismo.


La dinastía imperial de los Austrias abrumada por su conservadurismo, su miopía política y su constante necesidad de financiación a corto plazo, aunque fuese a costa de grandes quebrantos a medio y largo plazo, priorizó desde el principio a la Iglesia y la nobleza en detrimento de la burguesía, consolidó la acumulación de la propiedad en unas pocas manos en lugar de estimular un reparto más equitativo de la tierra en torno a una clase de pequeños agricultores propietarios, y en último término favoreció la agricultura extensiva y la ganadería ovina en lugar de la agricultura comercial intensiva o la artesanía. Todo eso –sumado al desaforado gasto militar- desembocó con el tiempo en el estancamiento productivo y, en consonancia con lo anterior, desembocó en la gestación de una sociedad pobre y profundamente desigual y un sistema político y administrativo de tinte “federal” que en aras de mantener los privilegios de determinadas regiones y grupos sociales nunca fue capaz de implementar un sistema fiscal justo y eficiente. Eso, a su vez, dio lugar a un aparato del Estado sin recursos, siempre al borde de la bancarrota y dependiente de la financiación externa. Así como un orden social construido, a falta de un crecimiento económico, una mejora generalizada de las condiciones de vida, o un Estado eficiente que luchase contra la corrupción y garantizase una justicia equitativa, en torno a una ideología retrógrada basada en la “limpieza de sangre” y la represión de toda disidencia hasta unos niveles destacables incluso para lo habitual en la mentalidad de la época. 

En ese sentido hay que señalar que pese a que el antisemitismo o el esclavismo eran ideas generalizadas en el período, en pocos lugares de Europa occidental se llevaron tan el extremo diversas prácticas relacionadas por ejemplo con el mantenimiento de la teología católica a cualquier costo. Eso desembocó en que durante los siglos siguientes en otros países sociedades cada vez más prósperas, urbanas y enfocadas a la producción de bienes, despegaron hasta llegar a la revolución industrial (asentada en una previa revolución científica), la cual en España no fue posible por muchas razones: desde el hecho de que la mayor parte de la riqueza estaba concentrada en grupos sociales totalmente desinteresados por la mejora de sus propias posesiones o en la innovación de cualquier tipo (ya que su riqueza, que era mucha, provenía desde hacía generaciones de la guerra o la depredación de los más débiles y no de la buena gestión del patrimonio), hasta la presión sobre hombres de ciencias y universidades ejercida por la Iglesia y la Inquisición. Lo que desembocó en el s. XIX en una sociedad atrasada socioeconómica, política, tecnológica y culturalmente, de la que parten algunos desequilibrios y problemas que ese país sufre aún en el presente.

Pero, insisto, no debemos olvidar que en el fondo todo comenzó en gran medida en el s. XVI con las decisiones tomadas en ese momento capital de la historia hispánica cuando, pese a la llegada desde América de miles de toneladas de oro y plata, los dos reyes más “brillantes” de nuestra historia se las arreglaron para quebrar la Hacienda regia en tres ocasiones. Poca gente tiene en cuenta, cegados como están muchos historiadores por sus triunfos militares, que cuando Carlos I renunció al trono la mitad de la recaudación de impuestos en Castilla tenía que dedicarse íntegramente al pago de los intereses de lo que hoy llamaríamos como Deuda Pública. Y Felipe II lo que consiguió a su vez durante su extenso y “exitoso” reinado fue multiplicar por catorce (si, has leído bien, por catorce) la deuda ya de por sí monstruosa que le había dejado su padre. Todo un prodigio de buena gestión económica (concepto que nunca importó lo más mínimo a estos monarcas).

En vista de lo anterior uno no puede sino sentir cierta lástima por los descendientes de esos dos soberanos tan sobrevalorados pese a que arruinaron y despoblaron por completo uno de los reinos más ricos de Europa a finales del s. XV (Castilla) y desaprovecharon una auténtica lluvia de plata (con todas sus posibilidades de cara a financiar transformaciones e infraestructuras útiles) en aras de un proyecto de dominio europeo totalmente incoherente e irrealizable que se derrumbó solo unas décadas después.

Repito, cuando penséis en el Imperio español en su época gloriosa del s. XVI pensad en la URSS de Stalin. Una gran potencia política con los pies de barro y donde la gran mayoría de los ciudadanos vivían en la pobreza debido a que el Estado dedicaba la mayor parte de sus recursos al gasto militar, situación que se sostenía básicamente por los niveles de alienación imperantes. Sé que ahora os resulta difícil imaginarlo de ese modo, pero gracias a series de la calidad de La peste, quizás en el futuro vais a entender que las condiciones de vida en la etapa álgida del Imperio eran espantosas y empezaréis a replantearos ese período de la historia bajo unas premisas críticas y no patrióticas. 

26 comentarios:

  1. Gran análisis que ha hecho que aumenten mis ganas de ver la serie.
    Aunque lo tocas muy de pasada, me gustaría saber tu opinión sobre las críticas que se le han hecho a los actores diciendo que no se les entiende. Algunos lo han tomado como un insulto a los andaluces (yo soy andaluz pero como no la he visto todavía, no opino) y los que lanzan reproches dicen que la crítica no es porque se hable en andaluz sevillano si no porque el sonido es malo y porque los actores no vocalizan. ¿Qué opinas tú?

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    1. Ese problema existe y tiene que ver con los problemas de dicción -así en general- de muchos actores españoles (de Andalucía y de Madrid y de otros lugares). Por ejemplo en la serie hay escenas donde se nota que en postproducción Paco León se dobló a sí mismo (si uno se fija en la escena del "chantaje" en un carruaje se ve como sus labios se mueven de forma desacompasada con lo que se escucha) porque supongo que con el sonido de la toma grabada en el set no se le entendía bien o bien el problema era que se le escapaba el acento andaluz cuando se supone que su personaje no lo tiene.

      En general el anterior es un problema clásico de algunos actores españoles conocidos (curiosamente los actores menos conocidos del reparto vocalizan perfectamente) y a mi juicio no empaña demasiado el resultado y por demás se soluciona subiendo el volumen lo que sea necesario. Yo lo he entendido todo y como serie me ha gustado y no suelo decir esto de series o películas españolas. Hay personajes que hablan un castellano perfecto de nuestros días (obviamente no iban a rodar con diálogos en castellano del s. XVI) y otros con acento andaluz y bueno, más o menos pienso que la cosa funciona y ninguna de las dos cosas desentona demasiado.

      Como serie tiene en cambio otros problemas, por ejemplo no en todas las escenas los juegos de luces les salen bien (hay otras tomas donde la fotografía es una maravilla, eso sí) y por eso hay algunas escenas que les quedaron demasiado oscuras. Y como menciono de pasada en mi análisis el guión tiene algunos agujeros debidos a que me da la sensación de que el director y los guionistas estaban tan centrados en la reconstrucción de época que "pasaron" un tanto de dar coherencia a algunos acontecimientos o personajes. Realmente la trama de asesinatos central a veces parece un mero McGuffin para pasearnos por los distintos escenarios de la Sevilla de época. Pero el resultado es tan interesante y tan por encima de lo que habitualmente se produce en España (baste recordar los dos engendros sobre Alatriste que se han perpetrado hasta ahora, uno como película y el otro como serie) que les perdono.

      Yo creo que el que se ofende tanto por el problema de sonido de esta serie es porque en realidad ya va predispuesto a que no le guste. Y no le gusta porque lo que cuenta, al menos indirectamente, es muy feo y no puede gustar de ninguna manera a los aficionados habituales al género histórico que quieren algo más positivo y digerible o bien épico. Ya pasó algo parecido con esa absoluta maravilla que era "Ágora" a la que muchos despedazaron por razones que no podían estar de ninguna manera relacionadas con la magnífica calidad de la producción.

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  2. ¡Excelente artículo!

    Los anuncios de la serie los había ignorado por completo pensando que no valdría la pena, mira por donde habrá que verla.

    El análisis de la situación de la gente común en el imperio es muy interesante.

    Tengo una pregunta:
    ¿Qué parte de nuestro atraso como país se debe a la mala política y gestión que comentas, y qué parte a eventos como la guerra de la independencia, las guerras carlistas, etc?

    Un saludo.

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    1. Sin duda la Guerra de la Independencia causó graves pérdidas demográficas y económicas. Así como las Guerras Carlistas. Pero llegados a finales del s. XVIII España como entidad ya presentaba una serie de problemas que a su vez explican los que experimentó en el s. XIX. Por ejemplo las Guerras Carlistas solo se explican por la existencia de una serie de clases sociales ultraconservadoras que en otros países donde el feudalismo había sido eficazmente desmantelado o se encontraba muy débil no fueron capaces de enfrentarse al Estado con tanta eficacia. En Inglaterra por ejemplo los jacobinos fueron eficazmente derrotados en el s. XVIII y en Francia las revueltas de la Vendee y Los Chuanes eficazmente aplastadas a finales de ese siglo también. En cambio en España la pugna entre el Estado y los reaccionarios ultraconservadores persistió durante todo el s. XIX (y aún acabaría desembocando en la Guerra Civil durante el s. XX) porque esos grupos de alienados en España eran particularmente numerosos y poderosos. Y lo eran por algo.

      A mi juicio las razones de ese algo se remontan incluso a las propias peculiaridades de la Reconquista aunque a mi juicio el momento clave en que fue posible reconducir esa dinámica porque se estaba a tiempo y se contaba con recursos fue el s. XVI. No se hizo porque en lugar de mejorar la gestión de sus territorios los Austrias decidieron exprimirlos en aras de acumular más y más patrimonio territorial en manos de su familia aunque fuese a costa de fusionar entidades administrativas que en ocasiones ni siquiera presentaban continuidad territorial, complementariedad económica o similitudes culturales. Claro está con el tiempo el edificio se derrumbó y por el camino dejó esquilmada a la Península antaño uno de los territorios más ricos y evolucionados de Europa y en adelante instalado en el atraso permanente.

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  3. Muy interesante todo, habrá que echarle un vistazo a la serie, ya que parece contar con el sello de aprobación del autor del blog... :D

    Con respecto a las autopsias, creo que más que prohibidas estaban poco generalizadas , en el Estudio General de Lerida se hacían (hablo de memoria), no sé si con la contrareforma las cosas se pondrían más difíciles.

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  4. Pues si, estoy con el resto de lectores en q habia descartado la serie, pero si hablas asi de ella quiza haya q darle una oportunidad. Vuelve a deleitarnos con esos buenos articulos a los q nos tenias acostumbrados que en la red falta buena lectura.

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  5. Personalmente agradecería mucho poder seguir leyendo tus recomendaciones. Ahora que sólo te podemos encontrar en este lugar de la red, y si no es molestia, estaría bien verte comentar tus descubrimientos (o recordar obras que te resultaron interesantes). No hace falta que sea tan extenso como en esta ocasión, aunque sabes que siempre se agradece el lujo de los detalles.

    Por supuesto, he visto la serie. Y sé que la he disfrutado mucho más al conocer tus apuntes y reflexiones.

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  6. Magnífico artículo. De lo mejor que se puede encontrar hoy en internet. Sólo una pequeña correción: En la segunda respuesta supongo que donde pone Jacobinos en realidad querías decir Jacobitas.

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    1. Pues sí, me has pillado. Muy bien. Me he equivocado al escribir. Quería recalcar el carácter conservador del movimiento jacobita escocés, algo que lo emparenta con el carlismo, por oposición a movimientos que deseaban cargarse el Antiguo Régimen (como precisamente los jacobinos franceses). Como confundir boers y boxers por ejemplo. En fin.

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  7. Una serie española histórica? de Movistar? No la iba a ver ni de coña, pero me has convencido, al igual que muchos otros. Ya te podían dar algo, que vaya promoción les has hecho...
    Me gustaría comentar que quizá la analogía con la URSS no sea la mejor. Las Españas del sXVI estaban exhaustas económicamente, pero la que acabó el sXV se las prometía muy felices después de haber dado el pelotazo de 1492 (lo apuntas en un comentario). Para mí hay un año claro en el que se inicia la decadencia: 1516. Ahí nos pusieron a un rey forastero que se dedicó a exprimirnos para conseguir unos objetivos estúpidos, irrealizables y, sobre todo, ajenos a los nuestros. Una vez un amigo austríaco me dijo muy orgulloso que el mejor momento de Austria fue el principio del sXVI, cuando Austria dominaba medio mundo, desde América hasta el Danubio...
    Nos faltó ese Juan de Aragón que se murió tan joven. Bien educado por su padre, centrado en la Península y el Mediterráneo, mirando a América y de espaldas a Europa, podíamos haber sido como Inglaterra 300 años antes.

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    1. Si, de acuerdo. Es que Castilla (no así Aragón, infrapoblado y desangrado por una larga Guerra Civil y la decadencia del comercio mediterráneo) a finales del s. XV y principios del s. XVI era uno de los reinos más prósperos de Europa occidental. Ya con los RR.CC. se toman decisiones que en el futuro serán muy dañinas, como el apoyo a la Inquisición y a la Mesta, la expulsión de los judíos, la adopción de una política internacional que llevaba al enfrentamiento con Francia y una estrategia de matrimonios estratégicos que desembocó en problemas de consanguinidad, etc. pero los aciertos fueron muy superiores a los errores.

      Sin duda es la llegada de Carlos V con el aplastamiento de los Comuneros y el endeudamiento del reino para pagar los sobornos por su nominación imperial los hechos que inician la que será una etapa de fuerte decadencia socioeconómica que luego se mostrará irreversible durante siglos. A partir de ahí casi podría decirse que todas las grandes decisiones estratégicas tomadas por los Austrias, por ejemplo la ubicación de la Corte en Madrid, se van a mostrar como erróneas y a la vez muy difíciles de revertir. En ese contexto ganar batallas solo servía para postergar el inevitable colapso.

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    2. ¿Podrías argumentar por qué fue un error ubicar la Corte en Madrid? Tenía sus desventajas, claro, pero contaba con otras ventajas, algo que también puede decirse si se hubiese ubicado en Sevilla o Lisboa.

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    3. Si, toda ubicación tenía ventajas y desventajas, pero en general de cara a favorecer en el futuro la industrialización y en aquel tiempo las comunicaciones con los virreinatos americanos o la integración de Portugal, Lisboa era una muy buena opción. Y como alternativas, Sevilla, Valencia o Barcelona también. En general durante el A. Régimen que la capital dispusiese de puerto con acceso al mar o bien estuviese cerca de un gran río navegable se mostró como muy ventajoso de cara al abastecimiento y de cara a todo. Madrid por mucho que esté en el centro de la Península está en un territorio difícil de comunicar y cada vez menos poblado en su entorno. Desde hace mucho en la Península la mayoría de la producción y de la población está en la costa y es más fácil integrar esos territorios desde el mar. En cambio en España se ha insistido mucho en la integración terrestre con un modelo de comunicaciones radial y centralizado en Madrid que ha sido un problema constante y un handicap, no una ventaja. Es que me parece muy claro. Pero todo es opinable.

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  8. A mí la serie me ha resultado interesante y por eso la recomiendo. Desde un punto de vista de historiador, pese a algunos detalles, se ajusta mucho más a la realidad que "Isabel" por ejemplo, la cual en su momento me pareció particularmente mala y sin embargo fue un notable éxito. Pero claro, una cosa son mis gustos y otra cosa los gustos del público. Me sorprenden por ejemplo las críticas digamos no muy positivas que esta recibiendo esta serie por el tema de la vocalización de los actores, que es un problema en este caso menor y que en general es común a todo el cine y la televisión patrios.

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  9. Le dejo esta otra opinión, de Roca Barea, que entra en dialéctica con la suya, salpicada entre otros de presentismo histórico, y nos ayuda a enriquecer aún más el tema.

    Un cordial saludo, Pedro.

    http://www.elmundo.es/opinion/2018/02/03/5a748655468aeb480d8b47fc.html

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    1. Me resulta hasta graciosa, por absurda, la obsesión que tienen muchos de los apologetas de una cierta interpretación de la historia de España en sostener la idea de que: no tenemos que contar cosas negativas de la historia patria porque los anglosajones hacen lo contrario con la suya.

      Si uno analiza el razonamiento anterior resulta bastante absurdo. Si los anglosajones -o los rusos, o los chinos, o todo dios, porque es cierto- insiste en convertir la Historia en una especie de elemento de "formación del espíritu patrio" NO es mi problema y desde luego NO ES ALGO A IMITAR SINO TODO LO C-O-N-T-R-A-R-I-O. Lo que hay que buscar es la VERDAD y no la mentira conveniente porque al parecer eso es lo que hacen todos y además me hace quedar bien y me permite sentirme a gusto conmigo mismo. ¿Es que nadie ve que este tipo de pensamiento es nocivo y estúpido?

      Por lo demás en "Los Tudor" muestran las masacres de católicos en el contexto del "Pigrimage of Grace" y aconsejo ver también esa maravillosa película (sin éxito de público, porque claro, no hay que contar cosas malas, todo tiene que ser positivo) que es "El último valle".

      Y por supuesto que hay muchas velas en algunas escenas aunque eran caras, porque sino pues no se puede recrear de forma totalmente verista la ausencia de iluminación del período so pena de que el espectador no pueda ver nada. Y así otras muchas licencias y detalles.

      Lo que importa es LA IMAGEN DE CONJUNTO. He visto productos muy veristas en los detalles y que presentan una interpretación totalmente distorsionada del período (como la mayoría de lo que ha emitido TVE en los últimos años) y otros que hacen lo contrario y resultan por tanto mucho más interesantes.

      Amén del hecho de que si la España del s. XVI era tan maravillosa, tolerante, avanzada y desarrollada como defienden algunos de sus apologetas no se yo como explicarme la cadena de bancarrotas, el estancimiento urbano e industrial, académico y científico que sobrevino después o el hecho de que la Península del Período pronto se convirtiese en uno de los territorios de Europa occidental con más desigualdad social y analfabetos. Como digo siguiendo la visión de la historia que publicitan señores y señoras como María Elvira Roca pues no se explica nada. Pero claro es que ellos no entienden la Historia como algo que tenga que servir para explicar nada, sobre todo si es inconveniente. Ellos entienden la Historia como una especie de masaje o de pegamento social. Que es exactemente lo que no debería ser porque la convierte en mera propaganda del Estado. En nuestro caso de un Estado corrupto además.

      Como tampoco se explica que si oficialmente los controles para ir a América eran tan selectos luego cuando miras con lupa la gente que llegaba encuentras... abundante escoria que se dedicó a hacer las mayores barbaridades como bien documentan incluso algunos cronistas pese a su sesgo. Y si miras las Leyes de Indias también eran maravillosas... pero la realidad era otra, porque entonces como ahora existía una abundante corrupción y una total separación entre la teoría sobre el papel y la corrupta y deprimente realidad práctica. Y a mí que esto lo digan o no lo digan los holandeses me importa más bien poco y no altera mi análisis como no debería alterarlo el de los profesionales que viven muy bien pagados y alimentados dedicados a negarlo porque, a fin de cuentas, eso es lo que da dinero y pocos problemas.

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  10. De como está el patio: ABC y el CNI publicitan a bombo y platillo el desciframiento de una parte de la correspondencia del Gran Capitán. Algo que ya había realizado un historiador alemán afincado en Inglaterra hace siglo y medio. Bravo.

    https://www.elconfidencial.com/cultura/2018-02-03/codigo-secreto-gran-capitan-gustave-bergenroth_1516192/

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  11. Hay una tendencia entre los cineastas españoles quasi patológica a fijarse sólo en lo peor de nuestra historia (no hay que olvidar que este año además de La Peste está también Oro). Digo yo que si estamos aquí algo se habrá hecho bien tanto en la península como en América y que ha habido personas que merecen todo el reconocimiento por sus aportaciones y su lucha por mejorar las cosas. Esas historias también pueden y deben ser contadas.

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    1. Bueno, yo creo que hay de todo, está bastante repartido. Hace poco hicieron la peli sobre la expedición Balmis, uno de nuestros mejores momentos.
      El problema de la historia de España es que es la que es, y precisamente por eso estamos aquí así.
      Veo especialmente instructivo revisitar el sXVI: la idea inculcada en los españoles es la de gloriosos tercios, galeones cargados de riqueza y conquistadores valientes. Viene bien desglorificar un poco.

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    2. Yo creo que todo empezó con la Ley Miró. Antes el cine no era así.

      Por otro lado: ¿la generación del 98 no se caracteriza por revolcarse en nuestras miserias nacionales?

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  12. La serie me ha sorprendido por su gran calidad, se lo han currado, han puesto dinero y eso se nota. De hecho, las únicas críticas se han centrado en la calidad del sonido o en la imagen que refleja de la España de la época. No se si se dan cuenta que esto es precisamente un elogio, por que han conseguido "reflejar una época" nos guste más o menos ese "reflejo".
    Como siempre mi felicitación por la gran calidad del artículo, tu también te lo curras y se nota jejeje

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  13. Y aún hay más, existen probabilidades de que la corona de Isabel I fuera ilegítima; sus partidarios alegaban que Juana era bastarda, por suponerla hija de Beltrán de la Cueva y porque fue producto de una unión ilegítima también (alegaban que como Enrique IV desposó a Juana de Portugal en segundas nupcias y su matrimonio con ella no contó con la dispensa papal necesaria en tales casos, no era válido; pero como en aquellos tiempos los matrimonios que no producían descendencia sobretodo si eran reales, pasaban a declararse nulos; como en efecto fue declarado previamente el enlace de Enrique IV con Blanca de Navarra, debido a "no consumación", por lo cual sus alegatos en tal sentido no eran ciertos).

    Siempre habrán dudas al respecto, pero Enrique IV se ganó su apodo de "El impotente" desde que mostró dificultades en su noche de bodas con Blanca, frente a los testigos (Lo cual era natural en dos adolescentes de 15 y 12 años, sometido a aquel escrutinio y violación de su intimidad); puede que no fuera impotente, pero al haber ganado tanto terreno aquel rumor, la paternidad suya sobre cualquier criatura en lo adelante, sería inevitablemente puesta en tela de juicio (Se alegaban ciertos problemas de salud que dificultaban su desempeño sexual, cosa que de todos modos era común en las monarquías europeas de entonces, debido fundamentalmente a la endogamia), además de que en aquellos tiempos se confundía la disfunción eréctil con la esterilidad, por lo cuál, aún si fuera impotente, ello no lo haría infértil. La relación tan cercana de Beltrán de la Cueva con aquel matrimonio fue lo que le puso la tapa al pomo, al parecer Enrique se ausentaba frecuentemente y Beltrán se quedaba en Segovia, muy cerca de Juana de Portugal; si a los rumores de impotencia que ya corrían sobre Enrique le agregamos la cercanía de aquel válido a su mujer, puede entenderse que la paternidad de Enrique sobre cualquier niño o niña sería puesta en duda invariablemente. Nunca sabremos si La beltraneja era o no hija de Enrique IV, pero en caso de haberlo sido, el reinado de Isabel fue ilegítimo, lo mismo que el de los Austrias.

    Y en este punto uno no puede evitar pensar en alguna ucronía ¿Cómo hubieran sido las cosas si la ambición de Isabel no se hubiera interpuesto en el ascenso al trono de Juana? ¿Hubiera sido acaso Juana más prudente, menos absolutista que su prima? Es obvio que no habría matrimonio con Fernando, porque aquel enlace fue hijo de las circunstancias y el contexto histórico en que se produjo ¿Hubiera preferido Juana como consorte a alguien más y ese alguien más hubiera hecho valer su opinión, habría sido menos "laizzes faire" que Fernando, contrarrestando de este modo el absolutismo y la hegemonía de Castilla? Es cierto, no habían antecedentes de reinas en Castilla, el de Isabel fue precisamente el primer y único reinado femenino de esa corona, pero de ser así ¿Sería el marido que eligieran para Juana más prudente y más hábil en el gobierno de aquel reino? ¿Sería un mejor administrador? ¿Priorizaría el gasto social por encima del militar? ¿Vería con beneplácito el ascenso de la burguesía y la apoyaría? ¿Estaría de acuerdo en la expansión y creación de un imperio tan vasto y difícil de controlar? ¿Haría caso del refrán que reza "El que mucho abarca poco aprieta"?

    Víctor Arturo solano

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  14. Cómo habría reaccionado Juana ante Colón? ¿Habría apoyado su proyecto de la forma tan entusiasta en que lo hizo su tía? ¿Lo habría mandado a freír espárragos? En este último caso, quizás el descubrimiento de nuestro continente se habría producido uno o dos siglos más tarde y eso tendría implicaciones muy interesantes...

    Mis disculpas si me aparté un poco del tema de discusión; pero al final, se relaciona, Sevilla junto al resto de España fue arrastrada hacia aquella decadencia precisamente por el absolutismo y la intransigencia de Isabel, agravada por la pasividad de Fernando.

    Víctor Arturo Solano

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  15. Interesante. Esa época es bastante propensa a los What if... Por ejemplo qué hubiera pasado si, tras la unión con Portugal, Felipe II hubiese trasladado la capital a Lisboa por ejemplo cimentando más la unión de los reinos ibéricos y de paso proporcionando a su imperio una capital abierta al Atlántico y al comercio.

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  16. ¿habrían consentido los portugueses en eso? Más de una guerra se produciría por allí.

    Víctor Arturo Solano

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  17. Es más, que Felipe II ni siquiera debió gobernar; por la ida de olla de su bisabuela.

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