domingo, 26 de febrero de 2017

Crimen y castigo


Los motivos de esta cerrada adhesión a regímenes que han llevado la tiranía y la muerte a millones de individuos por parte de personas cultas e inteligentes -que ingenuamente cabía suponer que apoyarían ideales ilustrados- han sido objeto de profundos análisis.

“El opio de los intelectuales” de Raymond Aron


Lo que Edwards y otras personas de su tipo no pueden aceptar es la gran validez del movimiento eugenésico. Estados como California e Indiana ya están viendo los beneficios de una sociedad purificada y consideran introducirla en sus legislaciones. Este movimiento está creciendo más rápido que ningún otro en la medicina moderna.

The Knick, 2x09, “¿Do You Remember Moon Flower?”


               


Hoy pienso hablar del totalitarismo fascista que se extendió por Europa en el período de entreguerras del s. XX. O más bien de su legado. Al respecto voy a intentar resumiros tres ideas bastante incómodas de las cuales las dos primeras son relativamente conocidas mientras que la tercera es en cambio una pequeña contribución personal. 

Primera idea: tantos cabrones y tan pocas balas.

Aunque en su momento fue un secreto, desde hace décadas se sabe que tras el final de la II Guerra Mundial muchos nazis de segundo orden fueron rehabilitados y protegidos por las potencias occidentales, sobre todo los EE.UU. De esa forma escaparon a posibles represalias y con el tiempo fueron reintegrados a posiciones de poder.

Lo cierto es que tras el colapso del III Reich y la derrota de Alemania solo las grandes personalidades públicas del nazismo alemán y del fascismo italiano pagaron con su vida o con largas penas de cárcel su implicación en la catástrofe que desencadenaron. Realmente hoy podemos considerar los juicios de Nuremberg, así como algunos otros procesos relacionados, más como una operación propagandística, un exorcismo público antes de pasar página, que otra cosa. La triste realidad es que incluso diversas personalidades de primera fila que habían apoyado a los nazis salieron bastante bien paradas de tales eventos, desde Albert Speer a Walther Darré. Y por debajo de ellos os podéis imaginar.

   A fin de cuentas de haberse impartido una justicia real tras el final de la guerra hubiese sido necesario represaliar a un porcentaje significativo de toda la población de Alemania, Italia y Austria e incluso también a cientos de miles de ciudadanos de muchos países ocupados, caso de Francia. así como a diversos líderes militares de los propios países vencedores del conflicto por sus decisiones durante el mismo, empezando por las vergonzosas purgas y matanzas llevadas a cabo por los soviéticos contra las élites polacas, hasta llegar a diversos bombardeos de población civil a gran escala efectuados por británicos o estadounidenses.

Pensando solo en el caso de Alemania la verdad es que, por ejemplo, la captura, delación, transporte y finalmente el exterminio de judíos, gitanos u homosexuales, o disidentes políticos de diverso pelaje, llevado a cabo por los nazis en sus campos de concentración, lejos de ser producto de operaciones secretas semiclandestinas desarrolladas por apenas un puñado de hombres fue la punta del iceberg de un proceso de acoso social que contó con la aquiescencia pero también incluso la participación activa en un grado u otro de cientos de miles de ciudadanos.  

Pero claro, incluso desde la perspectiva de las potencias vencedoras resultaba implanteable encarcelar o ejecutar a toda esa población. No había recursos materiales ni humanos para llevar a cabo tal purga con las garantías debidas y además hacerlo habría comprometido seriamente la reconstrucción de los territorios ocupados.

Por todo ello se impuso lo inevitable, es decir un gran proceso de olvido colectivo que, insisto, no se desarrolló solo en Alemania sino también en menor medida en muchos otros países.

Además en este punto hay que tomar en consideración el peculiar contexto posterior al final de la II Guerra Mundial. Un momento de calma tensa, recuperación y rearme de los dos grandes bloques ideológicos que habían vencido en la guerra y se preparaban para el posterior enfrentamiento entre ellos de cara a repartirse el mundo.

Y en medio de esa coyuntura, tanto para estadounidenses como para británicos, franceses o soviéticos, pronto resultó evidente que la escoria superviviente del bando vencido podía resultar muy útil en los tiempos venideros.

Es así como se desarrollaron diversas operaciones de “captación de talento” por parte de las potencias vencedoras, siendo los EE.UU. como grandes triunfadores de la guerra, los que se hicieron con las mejores “piezas”. Merced a lo anterior, y de forma opuesta a la retórica oficial que negaba cualquier contemporización con nazis, los EE.UU. pasaron a encubrir y proteger a muchos criminales de guerra de cara a favorecer sus propios intereses en política exterior (y en menor medida debido a la existencia dentro de los EE.UU. de corrientes de pensamiento en el fondo afines al fascismo e incluso a algunas de las ideas defendidas por los nazis respecto a la cuestión racial; por ejemplo, a la derecha podemos ver a Henry Ford recibiendo orgulloso una condecoración ofrecida por el Gobierno de la Alemania nazi en 1938, en unos años en que dicho gobierno tenía en los EE.UU. defensores y admiradores como Charles Lindbergh o Joseph P. Kennedy).

Debido a ello no cuento nada nuevo ni sorprendente si me limito a recordar que pronto la mayor parte de los mejores científicos que habían trabajado para el régimen nazi fueron reempleados por los EE.UU., sobre todo en su naciente programa espacial, mediante la famosa operación Paperclip de la cual se beneficiaron el celebérrimo y controvertido Wernher von Braun (1912-1977) así como otras personalidades notables entre las que destacan Walter Robert Dornberger (1895-1990), Arthur Rudolph (1906-1996) o Kurt Debus (1908-1983), casi todos ellos individuos con trayectorias muy controvertidas (por decirlo de alguna forma) en lo que respecta a sus años de trabajo al servicio de la maquinaria bélica alemana


La extensión de ese programa fue tal que se reclutó a más de 1.600 personas, no solo científicos expertos en física o cohetería, como normalmente se supone sin ahondar más, sino también otro tipo de individuos que aportaron sus oscuros conocimientos relativos a la producción de agentes químicos o los efectos de los mismos en humanos (datos obtenidos en muchos casos gracias a diversos experimentos totalmente amorales llevados a cabo con prisioneros). Luego volveré sobre estos aspectos y daré nombres. 

   No hay que olvidar tampoco que algo parecido a todo lo anterior ocurrió a su vez con diversos físicos alemanes de alto nivel, los cuales habían colaborado en su día con el fallido programa nuclear nazi y que al final de la guerra fueron captados por la URSS. Gente como Manfred von Ardenne (1907-1997) o Peter Adolf Thiessen (1899-1990) quienes acabaron colaborando activamente con los esfuerzos rusos para hacerse con una bomba atómica. Con el tiempo gracias a ello ese tipo de especialistas obtuvieron diversos galardones y premios en la Rusia comunista y finalmente pudieron regresar a Alemania, normalmente a la RDA, para montar laboratorios privados o enseñar en la Universidad. 

  Por otro lado buena parte de los servicios secretos y de seguridad nazis pasaron a integrar las por entonces embrionarias redes de espionaje de los EE.UU. en Europa del Este (así como las redes de espionaje soviéticas sobre todo en territorio de la antigua RDA, aunque este es un tema mucho menos estudiado salvo por trabajos como el de la imagen anexa). Eso permitió así a individuos tan sospechosos como Reinhard Gehlen (1902-1979) o “Klaus” Barbie (1913-1991), alias “el carnicero de Lyon”, reciclarse profesionalmente y escapar a toda represalia por su trayectoria durante el conflicto mundial a cambio de compartir información, contactos y conocimientos de métodos de tortura e interrogación.

Un ejemplo perfecto de lo anterior es el de Otto von Bolschwing (1909-1982) mentor y ayudante de Adolf Eichmann. Después de la guerra el espionaje estadounidense no solo le contrató como informante sino que en 1954 le fijó residencia junto a su familia en Nueva York y en 1959 le concedió la ciudadanía estadounidense tras lo cual emprendió una exitosa carrera en el mundo empresarial.

Parecida biografía tiene el lituano Aleksandras Lileikis (1907-2000) colaboracionista nazi envuelto en masivas matanzas de judíos en su país que luego se convirtió en ciudadano estadounidense y exitoso hombre de negocios.

O el croata Jakob Frank Denzinger (1924-2016) quien fue sucesivamente guarda de hasta cinco campos de prisioneros en la Alemania nazi (entre ellos Auschwitz, Mauthausen y Buchenwald) nada de lo cual le impidió obtener la ciudadanía estadounidense. Con el tiempo, cuando la "Guerra Fría" terminó y él, y otros muchos como él, dejaron de resultar útiles, emigró a Alemania Federal y luego a la naciente Croacia donde vivió con un alto nivel de vida hasta su muerte. De hecho se hizo famoso en 2014 cuando se descubrió que la Seguridad Social estadounidense, aún a sabiendas de su pasado nazi, puntualmente le pagaba 1.500 dólares todos los meses (varias veces el salario medio en Croacia) como parte de un “acuerdo” pactado justo antes de su apresurada salida del país.

Según un reciente libro de Eric Lichtblau, ganador del premio Pulitzer y columnista del New York Times, EE.UU. cobijó a más de 10.000 antiguos nazis tras la guerra, bastantes de los cuales habrían desempeñado roles importantes en el Genocidio. Y lo hizo con pleno conocimiento de causa. La mayoría de ellos fueron protegidos hasta los años 80 momento en el que, envejecidos y con el panorama geopolítico cambiando a toda velocidad, ya no resultaban útiles y por otro lado su presencia empezaba a levantar suspicacias y amenazar con volverse embarazosa, por lo cual se estimuló la emigración a otros países de muchos de los supervivientes (para entonces ya menos de 150), eso sí, continuando en el tiempo el riguroso pago de sus salarios y pensiones a costa de los contribuyentes. A fin de cuentas toda esta gente había cumplido su parte del trato, aunque no sabemos muy bien haciendo qué, durante los años de la "Guerra Fría". 

   Al margen de lo anterior, que ya es de por sí escandaloso, en general con el tiempo muchos burócratas de segundo o tercer orden que habían servido al nazismo y al fascismo italiano una vez finalizada la guerra lograron hacerse olvidar y pasado unos años acabaron ocupando importantes puestos de poder en la Alemania Federal, en Austria o en Italia. Por ejemplo, aquí en su día hablé del venerable Licio Gelli (1919-2015) quien se exilió unos años a Argentina tras el final de la contienda mundial para regresar luego a Italia y convertirse en un próspero “hombre de negocios”. Más sangrante resulta en cambio el caso de Walter Rauff (1906-1984), hombre de confianza de Reinhard Heydrich y directamente involucrado en la implementación de la matanza de miles de personas en campos de exterminio durante el conflicto. Pese a ello, tras volatizarse oportunamente durante algún tiempo al final de la contienda, en los años 50 y 60 no tuvo problemas para trabajar como informador y espía al servicio de diversas agencias y países, entre ellos la República Federal alemana (se dice que durante unos años llegó a estar a sueldo incluso del Mosad), antes de acabar su vida apaciblemente instalado en Chile bajo la protección del régimen de Augusto Pinochet. 

Pero lo cierto es que este tipo de cosas ocurrieron un poco por todas partes, incluso en Francia. Os recomiendo por ejemplo dar un vistazo a la biografía de Maurice Papon (1910-2007), un militante “de izquierdas” en los años 30 que luego se reconvirtió como eficiente funcionario del régimen de Vichy y tras eso colaboró de forma entusiasta con los nazis en la deportación de judíos a los campos de concentración, muchos de ellos niños. Pese a todo, como hábil arribista, tras la guerra no tuvo ningún problema en hacer olvidar su pasado, reconvertirse como político y ocupar durante décadas altos cargos en sucesivos gobiernos franceses (llegó a ser Ministro a finales de los años 70) realizando trabajos sucios para ellos. Por ejemplo fue el responsable de la llamada masacre de París del 17 de octubre de 1961, una furibunda represión de manifestante argelinos por parte de la policía que causó docenas de muertos, tras la que fue protegido por el propio De Gaulle el cual le concedió incluso la Legión de Honor.

   Un caso muy parecido al de René Bousquet (1909-1993), un alto oficial de la policía del Régimen de Vichy que colaboró de forma entusiasta con los nazis entre otras cosas de cara a la deportación de miles de judíos hacia campos de concentración alemanes. Tras la guerra pese a todo no tuvo demasiados problemas en hacer olvidar su pasado y desarrollar durante décadas una exitosa carrera como hombre de negocios y "conseguidor" en la sombra, principalmente gracias a su amistad con un tal Francois Mitterrand.   

Por su parte Adolf Heusinger (1897-1982) fue un alto oficial de la Wehrmacht que pudo estar implicado en crímenes de guerra según un documento desclasificado por la CIA en 2006 y otros sacados a la luz en 2014, pero en su momento nada de eso se hizo público (entre otras cosas porque aceptó trabajar secretamente al servicio de los EE.UU. primero en el marco de la organización tejida por Reinhard Gehlen y luego como confidente) y por tanto no tuvo problemas en llevar a cabo una brillante carrera pública tras al final del conflicto, llegando incluso a ocupar la jefatura del comité militar de la OTAN entre 1961 y 1964.

   Algo parecido a lo que sucedió con Hans Globke (1898-1973) un abogado y devoto católico (porque hay que ser buena persona) que ayudó a redactar buena parte del entramado legal antisemita orquestado por los nazis, lo cual contra toda lógica no le supuso ningún tipo de estigma tras la guerra. Tal es así que con el tiempo fue promovido a importantes puestos de poder en la República Federal Alemana, entre ellos el de supervisor de los servicios de inteligencia y enlace de la Cancillería con la OTAN y la CIA. 

  Mismo caso que lo ocurrido con Carl Schmitt (1888-1985), otro de los creadores voluntarios del entramado legal nazi, algo de lo que nunca se arrepintió públicamente, pese a lo cual continuó gozando de un amplio prestigio como jurista hasta su muerte. De hecho a comienzos de los años 60 fue invitado a impartir varias conferencias en la España franquista. Curiosamente tres el 11S algunas de sus tesis, por ejemplo las posibles excepciones a la hora de garantizar la protección de la Convención de Ginebra a prisioneros enemigos (lo que posibilitaría teóricamente el utilizar legalmente la tortura contra ellos) resulta que han conocido un inesperado revival en círculos ultraconservadores anglosajones, lo que está contribuyendo a rehabilitar parcialmente su nauseabundo legado.  

   Historia parecida a la de Ernst Achenbach (1909-1991), otro abogado de fuertes implicaciones con el movimiento nazi para el que se ocupó de tareas como preparar el "papeleo" de cara a la deportación de judíos de Francia. Tras el final del conflicto no sufrió represalia alguna lo que le permitió dedicarse a defender legalmente a militares alemanes encausados en otros países por sus acciones durante la contienda, a la vez que abogaba públicamente en Alemania por una ley de amnistía para los crímenes de guerra cometidos durante la Guerra Mundial. En paralelo a lo anterior desarrolló una exitosa carrera como político y diplomático que le llevó a ser, entre otras cosas, miembro del Bundestag durante casi veinte años y miembro del Parlamento Europeo durante trece. Todo ello hasta su retiro de la vida pública a finales de los años 70, justo cuando la información sobre su pasado empezó a resultar demasiado conocida y no demasiado presentable.  

   Por supuesto voy a prescindir aquí de citar los innumerables casos de familiares, colaboradores y amigos de diversos genocidas implicados en crímenes de guerra que se libraron de asumir cualquier responsabilidad por las acciones de sus parejas o allegados. Esto parece lógico, por supuesto. Pero no debemos olvidar que se cuentan por cientos los casos como los de Lina Mathilde von Osten (1911-1985). Esposa del celebérrimo Reinhard Heydrich, muchos estudios recientes plantean que Lina era en realidad el cerebro pensante de la pareja y quizás la parte más racista y cruel dentro de la misma (de hecho hoy sabemos que ella resultó instrumental para que un por entonces dubitativo Reinhard se uniese a las SS y hay que tener en cuenta además que hasta sus últimos días Lina siempre defendió públicamente la memoria de su difunto marido) pese a lo cual durante muchos años la icónica figura de Heydrich opacó y sirvió de parapeto para ocultar el papel histórico que realmente jugó esta mujer conveniente oculta por la sombra del "monstruo". En cualquier caso tras el final de la contienda mundial no solo fue eximida de cualquier responsabilidad por los crímenes de su difunto esposo sino que además pasó a cobrar una sustanciosa pensión del Estado en tanto que viuda de un militar de alto grado "caído en combate". 

Un último grupo de personajes que se escurrieron entre los dedos de la historia lo formarían diversos médicos y químicos que cometieron todo tipo de atrocidades al servicio de los nazis y que tras la guerra desaparecieron con sorprendente facilidad de la escena sin que nadie los volviese a encontrar jamás. Es el caso del celebérrimo Josef Mengele (1911-1979) pero también de otros personajes inquietantes precisamente por ser mucho menos conocidos, caso de August Hirt uno de los padres de la moderna microscopía de fluorescencia para la observación de tejidos vivos y monstruo en sus ratos libres. Supuestamente se suicidó al final de la guerra pero ese dato nunca ha podido ser fehacientemente verificado.

A ese respecto muchos de ellos encontraron refugio en dos países muy concretos.

Uno fue la España del general Franco donde se asentaron entre otros León Degrelle (1906-1994), Otto Skorzeny (1908-1975), Johannes Bernhardt (1897-1980), Paul María Hafner (1923-2010), Horia Sima (1907-1993) o Ante Pavelic (1889-1959), así como docenas de pequeños oficiales que habían formado parte de campos de exterminio durante la guerra o miembros de las SS temerosos de represalias. 

El otro país fue la Argentina de Perón donde también se instalaron de forma fija o provisional notorios criminales de guerra como Aribert Heim (1914-1992), Erich Priebke (1913-2013), Eduard Roschmann (1908-1977) o Ludolf von Alvensleben (1901-1970).


Curiosamente el caso de Argentina y luego las redes que desde allí diseminaron por Paraguay, Brasil y otros países de la zona a esa escoria humana es relativamente conocido en España. Pero sin embargo la población española parece ignorar el papel jugado por el propio Estado español ocultando y protegiendo a múltiples personajes de parecido calado. Aunque hoy no me extenderé sobre esa desoladora cuestión.

Lo cierto es que en casi toda Europa y muy especialmente en Alemania occidental el grueso de la sociedad jamás fue desnazificado y por tanto la inmensa mayoría de los cientos de miles de maestros, profesores universitarios, periodistas, fiscales, jueces, policías o funcionarios de aduanas que habían servido fielmente las directrices nazis sin hacerse preguntas (no solo porque cumplían órdenes o tenían miedo sino en muchos casos también porque en su intimidad ellos pensaban de forma muy parecida a Hitler) jamás tuvieron problema alguno tras la guerra. Todas esas personas pasado un tiempo y finalizado el caos de la postguerra simple y llanamente se reintegraron a la vida civil, se corrió un tupido velo sobre el asunto y durante los siguientes décadas Alemania occidental se dedicó a reindustrializarse, a olvidar, y a la vez a construir bonitos monumentos para recordar a los judíos muertos y que así nadie dudase del sincero arrepentimiento de todo el mundo por “lo” que había pasado.

Igual que ocurrió en Italia y muy especialmente Japón. Ese país tan simpático. 

Segunda idea: aunque parezca un contrasentido lo cierto es que nada impide ser un idiota y a la vez un reputado científico o intelectual.  

A mi juicio una de las más erróneas impresiones que se han transmitido sobre la Historia del s. XX, no está claro si por desconocimiento, incomodidad, miedo, o corrección política, es la idea de que el movimiento nazi estaba compuesto por una maraña de idiotas e iluminados aglutinados en torno a una ideología ridícula mezcla de exoterismo y racismo y concentrada esencialmente en un único libro escrito precisamente por Adolf Hitler el cual, casi en solitario, no sabemos cómo, logró prácticamente hipnotizar/aterrorizar a buena parte de la sociedad de su época para que compartieran o al menos tolerasen sus puntos de vista.

En el peor de los casos la simplificación anterior es una estupidez conveniente para muchos. En el mejor lo anterior es cierto y sin embargo no resume toda la verdad.

   Es un hecho que el núcleo del discurso nazi se asentaba sobre múltiples elementos irracionales. Pero no es menos cierto que el movimiento nazi en particular, y la ideología fascista del período de entreguerras en general, contó con el apoyo entusiasta, o al menos la aquiescencia pasiva, de una parte significativa de los mejores pensadores de su época. Algunos por miedo, otros por conveniencia y muchos (y esto es lo más aterrador e incómodo) por puro convencimiento, contribuyeron a prestigiar y difundir el pensamiento nazi y fascista entre buena parte de la población de sus países, incluso entre las clases sociales más ilustradas entre las cuales ese tipo de ideología tuvo bastante éxito. De hecho el totalitarismo fascista en general y el nazismo en particular antes que movimientos difundidos entre pobres campesinos y obreros analfabetos fueron más bien corrientes sostenidas por las clases medias urbanas del período. Aunque hoy nos pueda parecer inexplicable el fascismo y el nazismo gozaron de un importante apoyo entre profesores, abogados, pequeños comerciantes, grandes empresarios, e incluso entre estudiantes, médicos e investigadores de diverso tipo. O bien entre sus familias. Este último fue el caso de Elisabeth Nietzsche (1846-1935), hermana del conocido filósofo y una antisemita radical que en virtud de ello fomentó la explotación del prestigio y la obra de su fallecido hermano por parte del movimiento nazi.

Es decir buena parte de las personas más educadas de los años 20 y 30 compartían las ideas de Hitler o Mussolini, sino en su totalidad al menos sí en muchos de sus aspectos, esos que hoy juzgamos ridículos pero que por entonces eran considerados "modernos".

A fin de cuentas el pensamiento xenófobo y racista que se extendió por Europa en el período de entreguerras podía citar para entonces una buena ristra de referencias previas consideradas totalmente “honorables” por entonces.

Fue un francés, sí ¡un francés¡, Joseph Arthur conde de Gobineau (1816-1882), un pacífico y ejemplar diplomático y novelista, uno de los primeros en desarrollar a mediados del s. XIX la teoría de una raza aria superior en su Essai sur l'inégalité des races humaines.

   Más adelante ese tipo de ideas sobre una raza aria superior fueron remodeladas por el británico Houston Stewart Chamberlain (1855-1927), el cual tras nacionalizarse alemán (pueblo con el que estaba fascinado) las mezcló a su vez con el antisemitismo en boga por entonces de cara a formar un corpus de pensamiento muy influyente en el despegue del nazismo, ideología con la que dio abundantes muestras de simpatizar en sus últimos años de vida y entre cuyos jerarcas gozó de gran influencia intelectual. 

Y saben ustedes ¿quién fue uno de los padres fundadores de la eugenesia como campo “científico”?, pues otro británico de clase social privilegiada, en concreto  Sir Francis Galton (1822-1911) quien para más señas era primo de Charles Darwin y contó con la entusiasta ayuda de tres de los hijos de Darwin en la difusión de su movimiento.

Francis pensó en aplicar la selección artificial entre seres humanos para mejorar la "raza" y aunque muchos años después el empleo por parte de los nazis de la eugenesia hasta límites de la limpieza étnica desprestigió para siempre esta corriente convirtiéndola en tabú no conviene olvidarnos que entre finales del s. XIX y los años 30 aproximadamente contó con un enorme prestigio y el apoyo de buena parte de la comunidad académica de varios países, anglosajones y escandinavos sobre todo, a través de personalidades como el zoólogo Walter Weldon (1860-1906), el prominente matemático Karl Pearson (1857-1936), o el prestigioso médico sueco Herman Bernhard Lundborg (1868-1943).

Concretamente en los EE.UU. el movimiento ganó mucho impulso gracias a los esfuerzos de personalidades como la del inventor (más bien estafador) británico Alexander Graham Bell (1847-1922), el abogado Madison Grant (1865-1937), el biólogo Charles Benedict Davenport (1866-1944), o el psicólogo Henry Herbert Goddard (1866-1957), por cierto uno de los causantes de la obsesión de diversas instituciones estadounidenses por los test de inteligencia la cual llega a la actualidad.


Es así como ya en 1896 a lo largo de los EE.UU. se empezaron a aprobar leyes sobre el matrimonio basadas en criterios eugenésicos, prohibiendo casarse a cualquiera que fuese "epiléptico, imbécil o débil mental". De ahí se pasó a la esterilización forzosa de los “imbéciles”, la cual se mantuvo en vigor buena parte del siglo XX en diversos Estados de la Unión. Así la Corte Suprema de los EE.UU. sentenció en 1927 que el Estado de Virginia podía esterilizar a los considerados “no aptos” iniciándose un período que llegó hasta ¡¡1963¡¡ en el cual se practicaron bajo dichas leyes eugenésicas más de 60.000 esterilizaciones forzosas, incluso en regiones del país tan pujantes y aparentemente llenas de población educada como California.


De tal forma cuando tras su derrota algunos dirigentes nazis fueron juzgados por llevar a cabo esterilizaciones masivas citaron la legislación estadounidense como una de sus inspiraciones. 

De hecho en los años previos a la II Guerra Mundial leyes parecidas habían estado algún tiempo en vigor en la propia Gran Bretaña, Suiza, Dinamarca, Canadá o Suecia. La diferencia con los nazis era sobre todo cuantitativa ya que en Alemania se practicó la esterilización forzosa a casi medio millón de personas, es decir a gran escala. Además el blanco favorito de la legislación en esos países habían sido las personas declaradas “deficientes mentales” mientras que en el caso de la Alemania nazi se esterilizó también a otro tipo de colectivos.

Pero, insisto en el incómodo y aterrador dato, durante la primera mitad del s. XX la eugenesia fue vista como algo “progresista” por diversos científicos prestigiosos y reconocidos de los países más educados y ricos de la época. Entre ellos el hoy ídolo hípster Nikola Tesla. Mientras que en Inglaterra este tipo de ideas fueron defendidas por personalidades tan cultas y variadas como John Maynard Keynes o George Bernard Shaw; y hasta H.G. Wells o un joven Winston Churchill llegaron a coquetear con ellas.


Es a través de las opiniones de toda esa gente y de múltiples publicaciones al servicio de los intereses imperialistas del período como se asentó entre la opinión pública de muchos países, entre ellos Alemania, contemplar como algo más o menos normal la idea de que el mundo es un lugar dividido entre sociedades “superiores” y otras “inferiores” (a fin de cuentas cualquier súbdito británico de la época pensaba exactamente eso de la población de sus colonias en la India o Kenia), que existen razas humanas (algo de lo que estaba convencida buena parte de la población de los EE.UU.), que las fronteras entre las sociedades corresponden o deberían corresponder a su vez a límites raciales y que, por pura lógica no tiene sentido ayudar a reproducirse a los individuos “débiles” o “defectuosos”, por lo cual lo mejor sería por ejemplo esterilizar a individuos con malformaciones o déficits cognitivos y otros problemas, cuando no poner directamente fin a su existencia lo más rápidamente posible.

Pasemos ahora a otros campos del pensamiento. Da la casualidad que la Geografía como disciplina científica básicamente nació en Alemania de la mano de pensadores como Alexander von Humboldt (1769-1859) y Carl Ritter (1779-1859). Es así como a principios del s. XX una de las principales escuelas de pensamiento geográfico era el llamado “ambientalismo” determinista germano desarrollado por Friedrich Ratzel (1844-1904) aún hoy considerado como uno de los padres de la rama de la Geografía humana académica, lo cual es cierto, igual que lo es el hecho de que también fue uno de los padres de ideas como el concepto de “espacio vital” o Lebensraum.

A todos los anteriores habría que sumar además a Walter Christaller (1893-1969), otra de las vacas sagradas de la ciencia geográfica, conocido por ser el creador de la "teoría de los lugares centrales", el cual durante la II Guerra Mundial puso sus teorías y su talento al servicio de la reconfiguración de la Polonia ocupada, aunque tras el final del conflicto cambió sin problemas de camisa para pasarse al partido comunista y hacer olvidar sus relaciones con un tal Himmler en los años previos.

  De hecho durante la primera mitad del s. XX también algunas de las principales escuelas y líneas de pensamiento teórico en el campo de lo que hoy conocemos como Geopolítica estaban integradas por pensadores alemanes o escandinavos, caso del político y pensador sueco Johan Rudolf Kjellén (1864-1922) o el alemán Karl Ernst Haushofer (1869-1946) de quien por cierto fue alumno y amigo Rudolf Hess. Estos pensadores, considerados punteros en su época y que aún hoy aparecen inevitablemente en las historias de sus respectivas disciplinas ocupando un espacio preeminente, ayudaron a conceptualizar y difundir entre muchos de sus alumnos universitarios y entre las clases educadas del período diversos conceptos un tanto problemáticos sobre los que hoy esos mismos manuales pasan de puntillas, por ejemplo la articulación de los conceptos de  Reich y Volk para dar lugar a la idea de Estado-nación como una comunidad militarizada uniforme racialmente.

Igual que ocurre en cierta manera con el italiano Vilfredo Pareto uno de los padres de la teoría económica moderna, quien saludó de forma entusiasta la llegada de Mussolini al poder en su país. De la misma manera que hicieron muchos otros pensadores italianos de primer nivel en aquel momento, como el filósofo Giovanni Gentile, el periodista y escritor Luigi Barzini, el poeta Gabriele D´Annunzio o el también poeta y editor Filippo Tommaso Marinetti padre del movimiento Futurista, una de las más importantes vanguardias artísticas de la época.

   Nos hemos olvidado de que el fascismo o el nazismo no consistieron solo en unos pocos líderes estrafalarios que hoy monopolizan los papeles de villano en las películas de Spieldberg, sino que en su momento, por detrás de esa fachada rocambolesca de personalidades psicopáticas embutidas en uniformes, buena parte de los principales cerebros de Europa apoyaron dichos movimientos y sus ideas. A veces por conveniencia otras veces con plena satisfacción y conocimiento de causa. Y, lo que es más, buena parte de los que no lo hicieron en realidad se debió a que apoyaban por entonces a un tipo llamado Josef Stalin. 

   Pero esto al parecer lo hemos sepultado convenientemente en el olvido.  

¿Cómo fue posible algo así?, es decir, ¿cómo fue posible que gente supuestamente inteligente se dejase seducir por el mal?.

Veréis. A mi modo de ver comencé a hacerme adulto no cuando perdí mi virginidad sexual sino más bien el día que descubrí que el mundo, la sociedad, no es justa, no es meritocrática, que dicha idea complaciente es una mentira y que en realidad es perfectamente posible ser estúpido y alcanzar el éxito, la felicidad o una posición de mando y responsabilidad. Bueno, de hecho no solo es posible sino incluso frecuente en según qué países, ámbitos y períodos.


Luego, con el tiempo, una vez asimilado lo anterior, me resultó quizás más fácil asumir la siguiente verdad incómoda. Esa segunda verdad incómoda es el hecho de que ser culto y ser inteligente o buena persona no son cosas tan relacionadas como cabría esperar. Resulta perfectamente posible ser un experto en una materia o un intelectual reconocido en un campo y a la vez un perfecto idiota no solo como ser humano sino incluso como pensador propiamente dicho. Con esto quiero decir que el acumular amplios conocimientos sobre un tema muy puntual, o poseer cierta capacidad crítica en el ámbito de una determinada materia de estudio, no asegura para nada el que esa característica se de en otros campos del saber y, por extensión, de la vida. 

  Al final el mundo está lleno de sagaces nanotecnólogos, competentes arquitectos, o creativos escritores que creen en los horóscopos, las abducciones extraterrestres, el creacionismo, las dietas-milagro, el Feng Shui, o la homeopatía, que son miembros del Opus Dei, o la Iglesia de la Cienciología, quizás votan en secreto a partidos políticos nauseabundos y compatibilizan ser innovadores y críticos en una disciplina académica muy concreta con el hecho de ser padres y esposos penosos, o poseer en la cabeza un mejunje de ideas absurdas sobre historia, política o religión. Esto por hiriente que parezca no es una mera opinión personal, la historia de la cultura muestra que es un hecho. Por ejemplo, Jack Parsons (1914-1952), uno de los grandes genios de la ingeniería aeronáutica de su tiempo, era a su vez un convencido seguidor de cultos exotéricos y un creyente en la alquimia medieval, así como en la posibilidad de invocar dioses antiguos mediante rituales, quizás la causa de que se volase a si mismo en su laboratorio mientras mezclaba productos químicos. Por supuesto la educación protege contra las ideas absurdas, nos hace menos expuestos a ellas que una persona analfabeta, pero ni mucho menos inmuniza, como teóricamente debería ocurrir. 

De tal forma en el presente muchos políticos corruptos y muchas ideas injustas reciben cada día el apoyo público de múltiples pensadores, académicos o literatos, así como de muchos artistas. Y tal como ocurre en nuestro tiempo así ocurrió con el fascismo o el movimiento nazi. Lo que sucede es que por un misterioso hechizo y de cara a una explicación de la historia más digerible y simplificada en cierta medida ese aterrador dato ha caído en un conveniente olvido. 

Idea tres: había un señor en una jaula.

Resumiendo. Tras al final de la II Guerra Mundial muchos criminales comprometidos con el movimiento nazi jamás fueron perseguidos o castigados por lo anterior. Creo que a lo largo de esta entrada he citado abundantes ejemplos de individuos deleznables que nunca jamás sufrieron represalia alguna por sus crímenes como para demostrar esa afirmación. Además, a los nombres citados podría añadir docenas de otros personajes similares si empezase a considerar igualmente los casos de criminales de guerra que en todo caso tuvieron que afrontar apenas ridículas penas de cárcel. Gente como Kurt Lishcka, Franz Six, Bruno Müller o Kurt Asche, por ejemplo. 

   Asimismo en paralelo a lo anterior he intentado explicar que el fascismo y el movimiento nazi contaron con el entusiasta apoyo, o al menos la simpatía pasiva, de muchas respetadas figuras intelectuales y académicas de su tiempo.

Y aquí llega mi pequeña contribución. Si sumamos las dos ideas anteriores eso nos lleva a una inevitable consecuencia lógica.

   A saber. Si entre los espías o los militares al servicio del totalitarismo en Europa durante los años de entreguerras la inmensa mayoría jamás sufrió represalias. Si en Europa los cientos de miles de personas que un día habían delatado a una familia de judíos, otro día contribuido a condenar o detener a un disidente y a su mujer y otro día habían participado o simplemente cerrado los ojos ante la ejecución de un “enemigo del Estado” apenas tuvieron problemas, podéis imaginaros lo que sucedió con todo el aparato puramente intelectual del totalitarismo de derechas. Toda esa gente elegante, vestida con buenos trajes, todos esos individuos educados y de excelentes modales que “únicamente” habían escrito mentiras en los periódicos locales, trabajado en las escuelas enseñando odio racial y una historia manipulada, que durante años se habían ocupado de purgar bibliotecas y museos a la vez que editaban libros con ideas muy cuestionables, habían regentado clínicas donde se practicaba la “eutanasia” a enfermos, "inadaptados sociales" (en muchos casos una cobertura para ejecutar a comunistas y militantes contrarios a la política nazi como Olga Benario, Friedrich Brauner o Kate Leichter) y personas con problemas mentales, o simplemente se dedicaron durante años a soltar sandeces desde sus púlpitos en las universidades.

   Gente como Werner Catel (1894-1981) profesor de Neurología y Psiquiatría de la Universidad de Leipzig y también uno de los principales impulsores del programa de eutanasia de niños "idiotas" desarrollado por el Gobierno nazi. Tras la guerra se le encomendó la dirección de un hospital especializado en niños con problemas mentales y en 1954 pasó a impartir clase en la Universidad de Kiel. Por su parte el psiquiatra Hans Heinze (1895-1983), el cual durante la guerra supervisó la eliminación de miles de niños dentro de dicho programa de "eutanasia", para luego proporcionar sus cerebros a otros científicos nazis, acabó sus días como director del departamento de psiquiatría de un hospital en la Baja Sajonia. 

   Por su parte el neurólogo austríaco Heinrich Gross (1915-2005) formó parte de diversas organizaciones nazis ya desde los primeros años treinta, antes de la anexión de Austria por parte de Alemania, por lo que no extraña que más adelante acabase colaborando con esos programas de "eutanasia" de niños considerados no aptos por los postulados nazis. Tras al final del conflicto mundial no tuvo pese a todo ningún problema para seguir ejerciendo puestos de dirección en diversas instituciones de investigación hasta el punto de ser considerado en los años 60 y 70 una figura de referencia en su país. 

El hecho es que a la inmensa mayoría de todas esas personas jamás les ocurrió nada. Igual que a muchos artistas y científicos que pusieron sus habilidades al servicio del totalitarismo, el racismo o la xenofobia. En el nuevo contexto de la “Guerra Fría” todos ellos simplemente siguieron en sus puestos o adelante con sus carreras tras refugiarse durante algunos años en un discreto segundo plano. Luego, pasado el tiempo, en el mejor de los casos, esos individuos lamentables sepultaron en el olvido sus ideas y, en el peor, simplemente continuaron difundiéndolas en la intimidad entre sus hijos o allegados.

De todo el aparato cultural, artístico y científico que había apoyado el ascenso y luego la consolidación del fascismo en Europa se purgó solo a las cabezas más visibles, pero no por ello las más destacadas. Básicamente en Alemania normalmente se citan los ejemplos de Julius Streicher (quien fue ejecutado, al margen de por su antisemitismo evidente y criminal, por el simbólico hecho de ser el cabecilla del movimiento nazi en Nuremberg y alrededores), Alfred Rosenberg (el muchas veces caracterizado como “principal ideólogo del nazismo” cuando era un pobre idiota que ni siquiera caía bien dentro del propio NSDAP) o Leni Riefenstahl, quien más que nada sufrió descrédito profesional. 

Al margen de los anteriores tal vez el caso más destacado de represalia fue el del poeta Ezra Pound (1885-1972), muy conocido y prestigioso por haber sido descubridor, amigo y editor de gente como T.S. Eliot, James Joyce o Ernst Hemingway, pero que sin embargo apoyó de forma entusiasta al régimen de Mussolini durante la guerra. Así pues al final de la misma fue procesado por traidor y encerrado en un psiquiátrico durante doce años tras los cuales básicamente se le permitió recuperar su vida. Con el tiempo recibió diversos honores y premios literarios aunque acabó sus días convertido en una figura “controvertida”.

Pero, más allá de esas pocas personalidades que se usaron como cabezas de turco, simplemente se decidió ignorar la cuestión.

A lo anterior ayudó que en los países de Europa occidental, habida cuenta de la nueva lucha que se aproximaba contra el comunismo (y la abundancia de intelectuales que simpatizaban con la URSS de Stalin o la China de Mao en la Europa de entonces), se percibía que serían necesarios los pensadores anticomunistas convencidos y no se podía negar que toda esa gente de ideas racistas o ultraconservadoras lo eran.  

Es así como se forjó el pacto de silencio entre las potencias aliadas y los científicos, artistas, académicos, escritores e intelectuales varios que habían apoyado a los nazis y al fascismo. Un pacto con el diablo que con el tiempo, insisto, se ha beneficiado del olvido colectivo.

Por eso recordemos que en Francia durante los años de la ocupación abundaron los intelectuales colaboracionistas como los prestigiosos escritores Paul Morand (1888-1976), Charles Maurras (1868-1952) y Louis-Ferdinand Céline (1894-1961), conocido por sus ideas antisemitas, las mismas que sostuvo hasta su muerte Lucien Rebatet (1903-1972). Lo cual tiene gracia porque luego el que sí resultó ejecutado fue el periodista y escritor Robert Brasillach, básicamente por hacer y decir lo mismo que los anteriores pero siendo mucho menos famoso.  

Por su parte el celebérrimo arquitecto Le Corbusier (1887-1965), imprescindible en toda historia de la arquitectura que se precie, no solo simpatizó abiertamente con el fascismo mussoliniano sino que durante los años 20 también formó parte del círculo de Georges Valois fundador del primer partido fascista francés. Todo ello a la vez que frecuentaba ambientes de la patronal de ultraderecha gala, algo que le llevó años después a colaborar abiertamente con el régimen de Vichy. Pero nada de eso le causó ningún problema con el final de la ocupación (al contrario le llovieron los encargos). De hecho en muchos manuales y biografías esos pecadillos de su pasado destacan por la ausencia de toda mención a los mismos. Algo parecido a lo que ocurre con el inventor italiano Guglielmo Marconi quien durante los últimos catorce años de su vida apoyó de forma entusiasta el movimiento fascista italiano.

En lo relacionado con Francia también convendría revisar el papel jugado por otro tipo de personalidades que salieron muy bien paradas de sus actividades durante los años 30 y 40, como Maurice Chevalier, Edith Piaf, Sacha Guitry y sobre todo una tal “Coco” Chanel así como un químico de nombre Eugène Schueller que os será más conocido si digo que fue el fundador de la marca L ´Oréal, actualmente la compañía de cosméticos más grande del mundo. También habría que revisar el caso del poeta vascofrancés Jon Mirande cuyo nacionalismo de estilo aranista derivó por aquellos tiempos en posiciones sospechosamente filonazis y racistas. 

En el campo del espectáculo y el entretenimiento los nazis encontraron asimismo apoyos variopintos. Por ejemplo, durante los años cuarenta, Josep Andreu i Lasserre, el que con el tiempo sería conocido como el entrañable payaso catalán “Charlie Rivel” (1896-1983). Un caso prácticamente igual de sorprendente al del dibujante belga Hergé (1907-1983), creador de Tintín, muy próximo al movimiento rexista (el movimiento homólogo al fascismo en Bélgica) en su juventud y que inició su carrera dibujando historietas para revistas antisemitas y ultracatólicas. Otro ejemplo aún más claro es el del famoso escritor George Simenon (1903-1989), creador entre otros del inspector Maigret. Simenon también simpatizó con los nazis debido a su antisemitismo, en su caso un rasgo de familia ya que su hermano Christian colaboró con las SS y participó en crímenes de guerra asesinando a civiles como represalia por acciones de resistencia contra la ocupación nazi. 

Terminada la guerra Simenon se refugió en España como muchos otros nazis y filonazis mientras su hermano se alistaba en la Legión Francesa para combatir en Indochina y hacerse olvidar. Su hermano acabó muerto pero Simenon, después de unos años de exilio autoimpuesto en Norteamérica, logró que se olvidaran sus pecados de antaño. Con el tiempo fue nombrado miembro de la Real Academia belga, recibió la Legión de Honor y acabó muriendo rico, admirado y famoso, coleccionando esposas y amantes, catolicísimo como era.

Volviendo a Alemania también muchos pensadores que habían apoyado activamente el nazismo y lo habían nutrido con sus ideas, sus publicaciones o con su esfuerzo, lograron hábilmente hacerse olvidar y no solo eso sino también en muchos casos seguir enseñando y forjando nuevos discípulos. Un ejemplo perfecto es el de Hans Friedrich Karl Günther (1891-1968) un influyente académico que había forjado su carrera en el marco de la “investigación racial”, obtenido numerosos honores del Reich y figuraba entre los pensadores de cabecera de Hitler, pero que salió bastante bien parado de los juicios de postguerra pese a sufrir un período de tres años de detención. Tras eso recibió el apoyo de la Universidad de Friburgo y pudo seguir enseñando y publicando libros donde negaba el Holocausto o defendía la esterilización de grupos de población y otras medidas eugenésicas en plenos años 50 sin sufrir el menor contratiempo.

Algo parecido puede decirse de la relativa buena prensa que lograron agenciarse diversos zoólogos y etnólogos bastante sospechosos pese a que habían medrado en la Alemania de los años 30, caso del explorador Ernst Schäfer (1910-1992) o el antropólogo Bruno Beger (1911-2009).

Asimismo, merced a las aficiones melómanas de diversos jerarcas nazis, no deberíamos olvidar la simpatía que despertó durante algún tiempo el partido nazi en el mundo de la ópera o entre reputados directores de orquesta alemanas y austríacos del período. A su vez, en el campo de la arquitectura pocos recuerdan que Mies van der Rohe (1886-1969) contemporizó con el nazismo más o menos hasta 1937 cuando le surgieron mejores oportunidades económicas, y más seguras, en los EE.UU.

Y desde luego tiene gracia que casi todo el mundo se preste a olvidar milagrosamente que quien fue según muchos manuales de filosofía uno de los principales pensadores del s. XX, el filósofo Martin Heidegger (1889-1976), colaboró activamente con el nazismo durante muchos años expurgando de judíos su universidad por ejemplo. Igual que no de los principales físicos de ese siglo, el Premio Nobel Werner Heisenberg (1901-1976). Claro está, durante la inmediata postguerra en base a su prestigio ninguno de ellos fue demasiado molestado por esos pequeños baches en su biografía y con el tiempo todo se olvida. 

  Pero es que existen casos verdaderamente sangrantes como el de los neuropatólogos Hugo Spatz (1888-1969) y Julius Hallervorden (1882-1965), en cuyo laboratorio se formaron numerosos médicos luego responsables de campos de exterminio, y que asimismo publicaron numerosos artículos en base al análisis de cerebros de niños y adolescentes asesinados en el marco de los programas eugenésicos nazis, en ocasiones bajo su supervisión directa. Por increíble que parezca nada de lo anterior impidió que tras la guerra ambos personajes ocupasen puestos de importancia en el prestigioso instituto Max Planck de Frankfurt. Hallervorden incluso recibió un doctorado honorario por sus trabajos mientras un discípulo de Spatz de nombre Richard Lindenberg (1911-1992) se benefició del programa Overcast/Paperclip para instalarse cómodamente en los EE.UU.

Igual de incómodo resulta el caso de Hubertus Strughold (1898-1986) uno de los “padres de la medicina espacial” de cuyos conocimientos sobre la resistencia humana a la aceleración y otros detalles útiles para programar vuelos se beneficiaron agencias como la NASA (debido a lo cual no solo fue “protegido” en los EE.UU. sino que fue colmado de honores en dicho país durante décadas) sin preocuparse demasiado de que esos conocimientos hubieran sido adquiridos durante la guerra a través de la experimentación con niños epilépticos y presos de Dachau a los que sometía a operaciones sin anestesia, inmersión en agua helada, privación de oxígeno o la exposición a todo tipo de situaciones dentro de cámaras de aire presurizadas de cara a explorar con sus cuerpos los límites de la resistencia humana. 

Por no hablar del químico Otto Ambros (1901-1990) involucrado en el desarrollo de gases venenosos que luego probó con presos de Auschwitz. Sus “valiosos” conocimientos le sirvieron para obtener una leve condena tras la guerra y luego reintegrarse exitosamente en el mundo académico y empresarial como consejero de diversas compañías del sector químico y también del Ejército estadounidense a tiempo parcial.

Otro químico que se salvó de asumir sus responsabilidades por experimentar con gases tóxicos en humanos durante la guerra gracias a la intervención de los EE.UU. fue Kurt Blome (1894-1969). En su caso igual que Ambros se supone que tal fortuna tuvo mucho que ver con el hecho de que gracias a sus conocimientos los EE.UU. comenzaron a poner al día sus programas de armamento químico, campo en el que por entonces se encontraban muy “atrasados” debido a razones obvias.

Lo mismo que ocurrió con parte del equipo de médicos y biólogos que habían puesto en marcha el embrionario programa japonés de guerra bacteriológica durante los años 30 y primeros 40. Es así como gente de la dudosa catadura moral de Masaji Kitano (1894-1986) o el tristemente célebre Shiro Ishii (1892-1959) no solo se libraron de una más que merecida ejecución por desarrollar patógenos letales y experimentar su uso con humanos, sino que además lograron ser protegidos y mantenidos en el anonimato por el nuevo superpoder estadounidense y luego ayudados a reemprender una exitosa vida normal desempeñando puestos de dirección en hospitales y grandes compañías químicas.

En Italia un ejemplo perfecto de toda esta hipocresía es el caso de Andrea Bottai (1895-1959), famoso escritor y periodista que apoyó el movimiento fascista con todas sus fuerzas y ejerció de propagandista en Italia de una cosa llamada Spazio Vitale, hasta que en torno a 1944 cambiaron las tornas, momento que aprovechó para huir del país. Posteriormente se alistó en la Legión Francesa bajo un nombre falso, de cara a hacerse olvidar, y finalmente regresó a Italia en 1948. En los años siguientes se dedicó a fundar varios periódicos de ideología “conservadora moderada”, entre ellos Il Popolo de Roma, en el que trabajó hasta su muerte, rico y admirado.

Y voy a permitirme un pequeño desahogo. Porque en parte el caso español, en el cual pese a todo no me voy a detener, resulta parecido. Nunca se habla de ello, pero se sabe que muchas élites políticas o empresariales de la España actual en realidad tienen su origen en el Franquismo o incluso el régimen de la Restauración. Es de público dominio que muchos de los que hoy gobiernan ese país moderno y soleado en realidad son los hijos de... y los nietos de... Sin embargo en ese país existe la idea de que de alguna forma eso no ocurre en el panorama cultural o académico. Y no es así. Por ejemplo cuando hace poco estalló ese famoso escándalo del plagio en la Universidad Rey Juan Carlos todos nos fijamos en el tema del  plagio, pero no tanto en el linaje del interfecto, hijo de un prestigioso medievalista que había labrado su carrera, incluso en los años posteriores a la Transición, en parte gracias a sus vínculos con la Fundación Francisco Franco o la Hermandad del Valle de los Caídos. No resulta extraño pues que con semejante currículum el padre fuese admitido en la Real Academia de la Historia, a través de la cual influyó hace unos años en el Diccionario biográfico español, redactando (él que es medievalista) una biografía de Franco un tanto "polémica". 

Estas cosas suceden mucho en ese país, aunque frecuentemente pasan inadvertidas. A veces alguien nota algo "raro" ocurriendo en el tejido de la realidad universitaria o literaria, pero normalmente no le damos mucha importancia a tales "descubrimientos". El problema es que no son cosas "raras" al azar. Creedme, poseen toda una lógica detrás. Una lógica que se remonta en muchos casos a los años en que estaba de moda saludar como los osos polares. 

Si hoy rascáis en el pasado familiar o los vínculos entre patronatos, fundaciones, asociaciones, editoriales... vais a encontrar sorpresas y daros cuenta de en qué medida las élites culturales del período actual tan progresista y democrático sobre el papel son (como no podía ser de otra forma) en parte herederas biológicas, espirituales o administrativas de las élites del pasado. Unas élites que jamás tuvieron que pagar precio alguno por sostener en su día ideas nocivas de las cuales sus herederos hoy abominan... en público. 

Resulta fascinante cómo esa aparente contradicción se ha vuelto invisible para el grueso de la sociedad gracias a un pacto de olvido y silencio (otro más) que se ha revelado como tremendamente eficaz. 

El sentido de la vida.

Como conclusión a este breve ejercicio de memoria histórica que he pretendido llevar a cabo hoy me gustaría solo apuntar un detalle que me han llamado la atención. Quizás se trata de una tontería casual pero no puedo dejar de mencionarlo.

Cuando hacía repaso para ilustrar con nombres concretos la tesis que hoy deseaba plantear resulta que me he encontrado una constante. Casi todos los criminales de guerra, científicos e intelectuales comprometidos con el fascismo que me iba topando vivieron por encima de los setenta años, abundando los casos de personas de ese grupo que superaron los 80 y 90 años. Obviamente es solo una impresión, no he realizado un estudio estadístico, pero entre los que sobrevivieron a la guerra no me he dado de bruces con demasiados individuos que se murieran de un infarto, un cáncer, o un derrame cerebral a los 40 años. Como suele ocurrir en muchas familias de "curritos". No. La mayoría vivieron muchos años, con una salud de hierro, bendecidos con hermosas esposas y muchos hijos. Y además gozaron de fortuna en los negocios, casi ninguno pasó penuria económica alguna. La constante cada vez que se lee sobre los pasos de los últimos criminales nazis de los que se van conociendo detalles es que murieron hace poco a los 70, 80 o 90 años en Argentina, Paraguay, España o Austria, se trataba de ancianos venerables, con una satisfactoria vida familiar, excelentemente considerados en su vecindad y dueños de algún pequeño negocio relativamente lucrativo. 

No se si es una impresión real, si existe una constante ahí, si es un dato significativo. Si es el universo el que quiere decirnos algo o solo soy yo, cansado y cada vez más triste, burlado por un demonio engañador, por mis propios prejuicios, por los fantasmas que me susurran. Pero desde mi particular y ceniciento punto de vista por un momento todo está muy claro. Siempre lo ha estado.

Durante siglos en nuestra cultura se nos ha enseñado a temer a la muerte en base a la posibilidad de que no haya perdón para los pecados. Y no es así, amigos. No es así. El verdadero problema es que en realidad no hay castigo para ellos.

27 comentarios:

  1. Un artículo cojonudo, como tantos otros que publicas.

    Solo una pequeña corrección: Mauthausen y Buchenwald no fueron campos destinados al exterminio, como Birkenau y otros situados en el este, aunque en ambos murieran muchos de sus presos.

    Por lo demás, coincido en todo. Y es a causa de este tipo de historias por lo que cada vez me cuesta más encontrar a alguien a quien admirar.

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  2. Por cierto, con respecto a lo que dices de que "es perfectamente posible ser estúpido y alcanzar el éxito, la felicidad o una posición de mando y responsabilidad", recomiendo un libro muy bueno: "Cómo me convertí en un estúpido", de Martin Page. Precisamente trata de un tipo que quiere ser imbécil para alcanzar por fin la felicidad :P

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  3. Bueno, una última cosa y aprovecho para hacer algo de spam :P

    Los Juicios de Núremberg fueron vistos en Alemania como una venganza y hoy sabemos que fueron más propaganda que justicia, por lo que tú explicas. Pero es que durante décadas no hubo en Alemania ninguna conciencia colectiva relativa a los crímenes nazis. En la RDA se hablaba de aquel periodo como de la "lucha antifascista", se exaltaba a los comunistas alemanes -como Thälmann- y se transformaba los campos de concentración nazis en centros de propaganda del régimen, obviando que por ejemplo el de Buchenwald fue un campo nazi y luego estalinista. Se pretendía dar la impresión de que los nazis fueron juzgados tras la guerra y que el resto de habitantes de la RDA eran todos auténticos comunistas que por tanto nada tenían que ver con el periodo "fascista", cuando en realidad ambas Alemanias estaban llenitas de nazis reciclados, y no pocos de ellos trabajaron también para los comunistas. Como la RDA era, según la propaganda, completamente opuesta al Tercer Reich, no asumió casi ningún crimen nazi. La RFA en cambio si asumió los crímenes de Hitler y pagó compensaciones por ellos (es más, creo que aún las sigue pagando), pero su población no empezó a tomar conciencia del significado del periodo hitleriano hasta los años setenta. Esto se debió a varios factores: el cambio generacional, los juicios a criminales nazis que se celebraron entre los años sesenta y los ochenta (esta vez con jueces alemanes) y una serie de televisión estadounidense estrenada en 1978 y titulada precisamente "Holocausto". Todo ello hizo que, primero la RFA, y luego el resto del mundo, retomaran la conciencia del Holocausto. Afortunadamente hoy Alemania está plagada de museos y monumentos que recuerdan los crímenes del pasado, sin ningún tipo de propaganda. Hay motivo para la esperanza, entonces. Poca, pero la hay :)

    PD: hablo de todo ello un poco aquí: http://andaquepaque.blogspot.com.es/2014/10/memoria-del-nazismo-en-las-dos_27.html

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  4. Salvando las enormes distancias, estos días hemos experimentado algo parecido a lo que analizas en esta entrada con las declaraciones del jugador de la NBA Kyrie Irving diciendo que la tierra es plana.

    Que una persona con estudios superiores, que se gana la vida volando por USA con sus diferentes zonas horarias, por Europa y el resto del mundo (él procede de Australia), sea capaz de hacer tal afirmación, a mí me asusta igual que los casos de los intelectuales aquí mencionados. Pero lo que más asusta es ver que sucede lo mismo comentado en la entrada, ya que o decidimos mirar a otro lado y actuar como si no hubiese pasado nada, incluso justificándolo como libertad de expresión, o directamente le defendemos como han hecho muchas personalidades, también con sus estudios superiores. Y, claro, como también dice la entrada, todos ellos ricos, famosos y disfrutando de la vida.

    La verdad es que no queremos saber la verdad de NADA, así la vida es más sencilla. Nos conformamos con tener cabezas de turco a los que hacer responsables de todo mientras olvidamos voluntariamente a los demás, porque si culpamos de todo a Hitler, Eichmann y cuatro más no tenemos que hacer el gran análisis y su correspondiente autocrítica por todo lo sucedido. No queremos oír que nuestro padre o abuelo colaboró con las atrocidades cometidas. Queremos vivir felices en nuestra ignorancia, negar toda realidad que no nos guste y adaptarla a una que nos satisfaga, y reaccionamos negativamente contra cualquiera que se atreva a intentar quitarnos la venda de los ojos.

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  5. La ética, personal e intransferible, permite que haya personas íntegras. La moral, aplicada al conjunto, es más una suerte de medicina que lubrica las contradicciones y nos permite vivir en una sociedad de manera aparentemente coherente. La verdad, a mi modo de ver, sólo se destila de la primera. En cuanto intentamos aplicar criterios morales al conjunto de la sociedad, leer el bien y el mal de manera absoluta, la herramienta hace aguas contra la realidad compleja de las relaciones humanas. No hay sociedad coherente con sus principios morales porque, en última instancia, el "bien" común justifica el mal. Sólo el ser humano individual es capaz de estar a la altura de sus creencias éticas y son muy pocos los que lo consiguen, muchas veces a la contra de la sociedad en la que se han criado.
    Me gusta mucho tu generosidad con tus conocimientos y lo ameno que resulta leerte. Muchas gracias y un saludo

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  6. Sencillamente brutal.

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  7. Estupendo artículo, como siempre. A ver si la votación va bien y hay suerte!
    Te animo a hacer el mismo esfuerzo para el caso español, y sacar a relucir las muchas vergüenzas que el SXX nos ha dejado.
    Por cercanía personal, te recomiendo "La Desbandá" de Málaga en 1937. A pesar de ser uno de los más horrorosos crímenes de la guerra (y en donde no se puede echar la culpa a los alemanes), no es muy conocido, y los responsables nunca han sufrido el menor reproche. Que se conserven como monumento los cañones del acorazado Canarias, o que un cantante de éxito escoja como nombre "Alborán", da fe de lo anterior.

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  8. Enhorabuena por otro gran artículo. Aterradora realidad la que vivimos.

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  9. Buenas,

    Soy un lector asiduo de tu blog, enhorabuena por él, que es de los más sesudos y documentados que conozco y aporta puntos de vista nada habituales...

    En lo que respecta a esta entrada, decir que estoy totalmente de acuerdo. Nos engañan como a chinos (de los que usaron como mano de obra semi-esclava en USA) cuando todo está atado y bien atado y dependes casi exclusivamente de tu apellido y contactos para triunfar, lo de la meritocracia es un bonito cuento que se cumple sólo en excepcionalmente y los afortunados deben "pasar por el aro" y tragar bastantes cosas y miserias para entrar en la "casta" si les dejan (se podrían llamar ritos de iniciación como en las bandas mafiosas, de forma que estés tan enmierdado como ellos).

    Y sobre el colaboracionismo, yo recuerdo vívidamente un documental sobre la fundación del Estado de Israel y el porqué las potencias occidentales no sólo toleraron sino que fomentaron la emigración al mismo... Se escuchaban historias terribles de supervivientes de campos de concentración que al intentar volver a sus pueblos de origen se encontraban con un desprecio y rechazo radical de sus antiguos paisanos, los cuales ya se habían repartido sus antiguas posesiones y hasta los ridiculizaban con frases tan crueles como "a ti no han convertido en jabón para la ropa?". Así que en muchas ocasiones acababan yendo a Israel simplemente porque no tenían dónde volver... Muy parecido curiosamente a lo que ocurrió en nuestra Guerra Civil con las posesiones de los "rojos" que fueron fusilados y deportados, origen actual de la cerrazón de la "casta" por mantener los muertos en las cunetas y no investigar, no vayamos a que los herederos de dichos muertos descubran que el origen de las fortunas o su engrandecimiento por parte de "respetables" familias "de orden" se hallen en lo que expoliaron a sus abuelos y puedan ocurrírseles la bolivariana idea de reclamar algo...

    Así que sí, en todos lados con regímenes más o menos dictatoriales se suele coger un cabeza o cabezas de turco y tomar al resto de población por pobrecitos sometidos o directamente idiotas cuando la Historia ha demostrado que cientos de miles de ciudadanos de a pie apoyaron y se beneficiaron de ellos, pero evidentemente luego se hace la vista gorda por conveniencia y al que proteste se le tacha de rencoroso/rojo/reaccionario/llorica y pelillos a la mar...

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  10. Estupendo articulo en el que apuntas muchas cosas, asi que iré por partes.

    El pensamiento nazi desde luego no salio de la nada, no se lo invento Hitler como hoy dia muchos parecen creer, pues hoy dia ya sea por tergiversacion, por incultura o por interés la gente acaba teniendo la idea de que los nazis eran seres malvados, muy malvados que pagaron por sus horribles crimenes y los aliados gente muy buena que por ello vencieron. No conciben que hubiese nazis no malvados ni que los aliados pudiesen coquetear o tener ideas similares.

    Lo cierto es que puede que en el fondo puede que hayamos tenido la suerte de la existencia de idiotas como Hitler. Llevaron mas alla, mucho mas alla, pensamientos que eran compartidos entre las élites de todo el mundo, como bien indicas y aunque se siguieron haciendo practicas como la eugenesia, a la cual incluso hoy dia muchos apoyan, gracias a las barbaridades nazis estan muy mal vistas y nos hemos librado de que sean realizadas y apoyadas sin mayor problema.

    Por otra parte esta el tema de la divinizacion, de la admiracion, del que tomar a una persona como referente, parece que el ser humano tiende a creer que aquel que es bueno en algo lo ha de ser en todo, si es bueno en fisica ha de servir como referente moral, si es bueno en deportes su opinion sobre la sanidad es importante...
    Dentro del mismo tema estaria el debate sobre si a alguien genial en su campo, ya sea técnico, cientifico, artistico, u otros, han de perdonarsele sus deslices morales, ya sea de pensamiento o actos, por el mero echo de ser una persona superior a la mediocridad. Que este genio (comparado con la mediocridad normal) que aun pueda producir genialidades o inspirar a otros haya de ser respetado y su pasado olvidado, o por el contrario que este salga a la luz, sea juzgado y condenado como se merece, como toda persona, pese a que ello nos pueda suponer perdernos sus obras posteriores o la inspiracion que pueda causar. Algo sobre lo que reflexionaba Woody Allen en Balas sobre Broadway.

    Parece que se tiende a dejar olvidados los deslices, un ejemplo es, como apuntas, el de Charlie Rivel, resulta que en la Wikipedia, en ninguno de los numerosos idiomas de España hay referencia alguna a su pasado nazi, hay que dirigirse a los articulos en aleman y especialmente en francés para leer sobre ello. El pasado no importa, no hay que manchar una figura importante, hay que enaltecerla y si puede ser mejorarla. Cuan dificil ha de ser saber lo que ha sucedido en el pasado lejano, si con el cercano tenemos serios problemas.

    Una vez mas un fabuloso articulo para reflexionar.

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  11. Gran artículo, como siempre. Las ideas no son nuevas, pero las has documentado brillantemente. Y que el mundo no es justo y el karma no existe... pues sí, jode, y mucho. Otro de esos paradigmas que resultan convenientes para la sociedad, pero que son más falsos que Judas (el cual, a estas alturas, lo mismo fue un hombre de lo más íntegro, ya dudo de todo).

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  12. Haces bien en dudar de todo... :D

    Judas Iscariote puede ser bien la representación de los judíos que se habían sublevado contra los romanos siguiendo al mesías guerrero.

    Como los judíos fueron derrotados y su templo destruído, los cristianos cambiaron su religión a una de "paz y amor" para congraciarse con los romanos. Además al ser eliminada la autoridad central judía les fue posible a los "heréticos" cristianos prosperar más fácilmente.

    Hay un libro poco conocido de Isaac Asimov "Guía Asimov para la Biblia" que cuenta otra versión.

    El artículo excelente, como siempre.

    Saludos.

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    1. Interesante teoría. La verdad es que tiene todo el sentido. Los mitos cumplen unas funciones muy específicas. La historia de la traición por puros celos nunca me la había tragado del todo. Esta interpretación es mucho más satisfactoria. Gracias por el apunte.

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  13. Vaya, ¡qué sorpresa¡, no me lo esperaba:

    http://internacional.elpais.com/internacional/2017/03/14/estados_unidos/1489456727_514061.html?prod=REG&o=COM&event_log=go


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    1. Vaya timing! Si hubiera salido antes del artículo, diríamos que la noticia te habría dado la idea. Gran artículo, y triste en cuanto habla de nuestros intereses como sociedad y de quienes nos siguen gobernando y liderando.

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  14. Y anonadado me quedo:

    http://www.abc.es/sociedad/abci-clinica-viena-siguio-usando-practicas-nazis-ninos-hasta-anos-80-201703151029_noticia.html

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  15. Una entrada de blog sobre Vallejo Nájera, uno de los popes de la psiquiatría española del s. XX y un individuo bastante siniestro por demás.

    http://iriancares.blogspot.lt/2013/04/recordando-al-mengele-espanol-antonio.html

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    1. Pues a propósito de ese tipejo, ¡más spam!:

      http://andaquepaque.blogspot.com.es/2013/02/ninos-robados.html

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  16. Vaya, que sorpresa. Solo han tardado más de medio siglo en hacer como que se enteran y les importa algo que todo el mundo sabía desde hace muchos años:

    http://elpais.com/elpais/2017/05/19/ciencia/1495220303_187485.html

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  17. Pues parece que está documentado que el sionismo también colaboró con los nazis para justificar la creación del estado judío y poblarlo rápidamente con los miles de refugiados que llegarían escapando del antisemitismo.

    http://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=14632

    http://www.libreria-argentina.com.ar/libros/lenni-brenner-editor-51-documentos-colaboracion-de-los-dirigentes-sionistas-con-los-nazis.html

    http://www.hispantv.com/noticias/opinion/72725/sionismo-netanyahu-hitler-holocausto-palestina

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    1. Lo cierto es que ambos bandos en disputa tuvieron contactos con los nazis por razones diferentes. Los palestinos también. Pero parece que previo a la guerra sí hubo contactos del movimiento sionista con representantes de la Alemania nazi a través de Turquía y desde el punto de vista de que si los judíos estaban siendo reprimidos y perseguidos en Alemania y probablemente acabarían expulsados del país lo mejor era asegurarse que emigrasen a la zona de Palestina. Es improbable que los sionistas del momento tuvieran una idea clara de con quien estaban negociando y la dimensión de los planes nazis al respecto del "problema judío". Seguramente veían a la Alemania del momento como una nueva Rusia, país que llevaba décadas reprimiendo a los judíos y en consecuencia proporcionando mucha emigración hacia el exterior. Pero claro, desde luego con el tiempo muchas de estas actuaciones del movimiento sionista en aquellos años (incluido el recurso descarado al terrorismo puro y duro) no quedan muy bien en los libros de historia. Por eso los ocultan a la vez que no dejan de cacarear los contactos del preceptos de Arafat con el movimiento nazi, los cuales tampoco resultan muy presentables.

      Siempre ha sido una lucha bastante sucia la que se ha desarrollado en esa zona del planeta. A estas alturas a ninguno de los dos bandos les queda mucha legitimidad moral a mi parecer.

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    2. No sé a qué bando le queda menos legitimidad moral, lo que sí está claro es que hoy por hoy el bando al que cada vez le quedan menos territorio que defender es al palestino. Debe ser por una cierta tendencia mía a ponerme siempre de parte del más débil en este tipo de contiendas territoriales que mis simpatías se decantan por los palestinos.

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    3. Te entiendo perfectamente. De hecho casi podría dividirse la Humanidad en función de aquellos que en caso de duda en una confrontación sienten el instinto de alinearse con el más fuerte y aquellos que, por el contrario, sienten el impulso de socorrer al más débil. Dice mucho de la psicología de las personas saber a cual de estos dos grupos profesan más afinidad. Yo personalmente también me identifico más con el bando de los que reciben los golpes, lo cual me ha llevado a recibir muchos a lo largo de la vida. La gracia es que cuantos más recibo menos ganas tengo de alinearme con el bando de los más fuertes. Es curioso.

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  18. http://cultura.elpais.com/cultura/2017/06/21/actualidad/1498069163_921732.html

    Interesante recensión en El País del libro "Creer y destruir, los intelectuales en la máquina de guerra de las SS". No cuenta nada nuevo, o nada que no os haya intentado explicar aquí, pese a lo cual ha levantado gran polémica en Francia al atreverse a divulgar lo que sigue siendo un tabú en la esfera pública de debate: a saber, que la cúpula de las SS estaba plagada no de locos semianalfabetos desequilibrados sino de académicos, juristas, economistas, filólogos, filósofos e historiadores muy comprometidos con sus "ideas" gracias a lo cual no tenían ningún problema en matar a sangre fría a mujeres, niños, ancianos y lo que se les pusiera por delante.

    Es inquietante, pero conviene empezar a mirar a la cara estos aspectos oscuros de la historia si de verdad se quiere aprender del pasado y no solo darse golpes en el pecho de cara a la galería o lo políticamente correcto.

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  19. Gute, zusammenfassende Darstellung. Glückwunsch!

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  20. Götz Aly: «Todos los alemanes, nazis o no, sacaron provecho del asesinato expoliador»


    http://www.abc.es/hemeroteca/historico-10-03-2006/abc/Cultura/gotz-aly-todos-los-alemanes-nazis-o-no-sacaron-provecho-del-asesinato-expoliador_142679311584.html#

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