miércoles, 1 de julio de 2015

Got Milk?


- Me gusta cuando dice cosas como que la homosexualidad es abominable.

- Yo no digo que la homosexualidad sea abominable señor presidente, lo dice la Biblia.

- Cierto, el Levítico.

- Dieciocho, veintidós.

- Capítulo y versículo... Quiero hacerle un par de preguntas aprovechando que está aquí. Me interesaría vender a mi hija como esclava, tal como aprueba el Éxodo 21-7. Está en segundo año de carrera y habla italiano fluidamente. ¿Cuál cree que sería un buen precio?. Mientras se lo piensa me gustaría hacerle otra pregunta. Mi jefe de gabinete Leo McGarry insiste en trabajar el domingo. El Éxodo dice que quien trabaje el séptimo día debe morir, ¿estoy moralmente obligado a matarle yo mismo o debo llamar a la policía?. Ahora otra muy importante, porque hay muchos fanáticos del deporte en la ciudad. Tocar la piel de un cerdo muerto lo convierte a uno en impuro, Levítico 11-7. Si prometen llevar guantes ¿pueden los jugadores del Washington Redskins seguir jugando al fútbol?. ¿Cree usted que todo el pueblo debe reunirse para apedrear a mi hermano John por plantar diferentes cosechas una al lado de la otra?. ¿Tengo que quemar a mi madre en una reunión familiar por llevar vestidos hechos de dos hilos diferentes?... 

Fragmento del capítulo "Elecciones legislativas" de la serie El ala oeste de la Casa Blanca.


                                                        


Hace unos días el Tribunal Supremo de los EE.UU. declaró ilegales las leyes que aun existían en catorce Estados prohibiendo casarse a personas del mismo sexo, gracias a ello el matrimonio homosexual se consolida como un derecho garantizado por la Constitución para todos los ciudadanos estadounidenses. En la mismísima California, la cuna del movimiento gay en el país, se había votado en 2008 (así como en muchos otros estados) la llamada Proposición 8 –puesta sobre el tapete por el lobby mormón- y que negaba esa posibilidad de matrimonio entre homosexuales (aunque no las uniones civiles). Incluso hace algunos meses en el Estado de Indiana se aprobó una normativa que abría la puerta a que comercios y empresas se negasen a atender a personas homosexuales amparándose en que eso podría atentar contra la libertad religiosa de los empleados en cuestión. Uno de los últimos episodios de la reciente temporada de la excelente The good wife en parte giraba en torno a ello. Sin embargo lo que cogió por sorpresa a los sectores conservadores que ampararon este último cambio legal fue la reacción social que desencadenó. Así, gracias a ella, lo que empezó como un intento de restringir los derechos y la visibilidad de la comunidad homosexual ha desembocado justo en lo contrario, tras la reciente decisión del Tribunal Supremo.

Por tanto no cabe duda de que todo esto que últimamente ha ocurrido en los USA, al respecto de la igualación de derechos de la comunidad gay con el resto de la población, resulta no solo un símbolo sino también una metáfora que resume muy bien el proceso de tira y afloja, y en última instancia de cambio social respecto a esas cuestiones, que se ha producido en buena parte del mundo desarrollado durante las últimas décadas.

A mediados del siglo pasado la homosexualidad aun era vista como algo punible legalmente, tanto en los EE.UU., como España, como en casi todas partes. Por si fuese poco en aquellos tiempos la mayoría de asociaciones médicas de psiquiatras no tenían ninguna duda en considerar también como una enfermedad ese tipo de orientación sexual.

Por culpa de esa historia de marginación hasta hace apenas diez años, precisamente cuando se legalizó en España, el matrimonio homosexual solo era reconocido en el Estado de Massachusetts por lo que respecta a los EE.UU. En cambio, desde entonces, dicha conquista se ha extendido no solo a lo largo de aquel país sino por otros muchos países del globo mientras las sociedades desarrolladas, en general, normalizan su actitud respecto a las personas homosexuales. Tal es así que a día de hoy probablemente estemos ya ante una tendencia imparable dentro de los países avanzados, igual que lo  fueron antes el reconocimiento del derecho del voto de las mujeres o la igualdad ante la ley de las minorías religiosas y raciales.

Por otra parte en estas fechas suelen celebrarse por todo el mundo diversas festividades y eventos relacionados con el Día Internacional del Orgullo LGBT (Lesbiana, Gay, Bisexual y Transgénero) en conmemoración de los famosos disturbios de Stonewall, los cuales estallaron en Nueva York el 28 de junio de 1969. Dicho momento histórico es contemplado como fecha digamos “oficial” para señalar el inicio de la lucha de ese colectivo en favor del reconocimiento de sus derechos y en contra de la discriminación legal y social que sufría anteriormente.

Debido a todo ello me ha parecido buen momento para dedicar una entrada a contar algunas cosas sobre esa época y sobre la historia de uno de los líderes emblemáticos de dicho movimiento. O al menos uno de los que más revuelo mediático ha generado hasta hoy. Me refiero obviamente a Harvey Milk. Pienso que puede ser divertido, emotivo y de paso me servirá para apuntar alguna cosa al respecto de esta temática, aun sin ánimo de resultar sistemático ni de realizar una crónica exhaustiva. Solo algunos apuntes.

"Yo no soy el candidato, soy parte de un movimiento social. El movimiento es el auténtico candidato”

Empecemos, como siempre, por visualizar el contexto. En España en cuanto a la visión de la historia contemporánea tenemos un problema de francofilia. Así por ejemplo desde nuestro punto de vista son la revolución francesa y las campañas de Napoleón las que dan comienzo al mundo contemporáneo en lo político. A otro nivel consideramos que son las ideas de los filósofos ilustrados franceses del s. XVIII y la posterior Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano los hitos fundamentales que arrancan el tránsito hacia las sociedades democráticas modernas, junto con las revueltas de 1820, 1830 y 1848.

Al respecto de todo lo anterior la revolución inglesa de finales del s. XVII, los trabajos de John Locke (que en parte los ilustrados franceses se limitaron a difundir hacia el continente) o de los primeros pensadores liberales británicos, la exitosa revuelta de las colonias norteamericanas contra el poder monárquico, o la promulgación de la Constitución estadounidense, nos parecen eventos lejanos e incluso secundarios en la Historia Universal.

De la misma forma cuando pensamos en luchas sociales de hace décadas nos vienen a la cabeza las luchas de los movimientos pacifistas en los años 80 contra el despliegue de armas nucleares en Europa por parte de los EE.UU., el movimiento ecologista alemán de aquellos años y, por supuesto, principalmente el mayo del 68 francés. Sin embargo, pese a que no voy a entrar en ello, este último evento en particular resulta francamente decepcionante no solo en cuanto a su legado en el plano puramente intelectual sino sobre todo en cuanto a logros políticos tangibles. Realmente su huella tiene más importancia en el campo de lo estético y lo nostálgico que en el plano de la realidad.

En cambio de cara a entender la eclosión de los movimientos sociales del último medio siglo resulta mucho más interesante observar las dos décadas que encajonan esa fecha emblemática al otro lado del Atlántico, en los EE.UU. Allí se produjo durante la segunda mitad de los años 50 el despegue el movimiento por los derechos civiles, seguido al cabo del tiempo por las fuertes protestas antibélicas contra la Guerra de Vietnam. Toda esa crispación social ayudó a su vez a que entre el 68 y el 73 más o menos eclosionasen otro tipo de protestas, por ejemplo en favor de la despenalización definitiva del aborto, o en favor de los derechos de los homosexuales, siendo esta última la que más me interesa hoy tratar como decorado de fondo.

   Hay que entender que todas esas luchas acabaron por extenderse por otros países, en ocasiones gracias al ejemplo anglosajón, y que además se retroalimentaron entre sí, bien porque sus militantes integrasen a la vez o de forma sucesiva varios de esos movimientos, o bien porque todas ellas en conjunto fueron contribuyendo a crear progresivamente un clima social más tolerante y contrario a la discriminación de cualquier tipo a lo largo y ancho del mundo occidental.

Por otra parte es preciso entender también que esos movimientos en cierta forma formaron parte de una cadena de eventos interconectados que se extiende por el espacio y el tiempo desde las luchas decimonónicas por abolir la esclavitud, pasando por la batalla en favor del derecho al voto de las mujeres durante el primer tercio del s. XX hasta llegar, en cierta forma, a emparentarse con los movimientos antiglobalización de tiempos actuales. 

En relación con todo esto el movimiento gay que despegó en los 70 consolidó cosas interesantes ya ensayadas durante la pelea por los derechos civiles de la población afroamericana y que luego fueron copiadas por otros movimientos sociales que vendrían después. De hecho, por oposición a la protesta obrera de cuño sindical y con tintes marxistas que recorría aun Europa en aquellos años (y fue aplastada constatando su agotamiento durante las huelgas mineras de los primeros años 80 en Gran Bretaña), el movimiento gay, al otro lado del charco y luego aquí en el continente europeo, apuntaló la tendencia hacia estrategias que caracterizarían en el futuro (o sea en nuestros presente) a las protestas "antisistema" de cuño “burgués” (estudiantes, profesionales liberales, clases medias en general). Por ejemplo, renunció a canalizarse a través de instituciones como partidos y sindicatos tradicionales para pasar a ser un movimiento social verdaderamente heterogéneo, descentralizado y poco burocrático, bastante tolerante con la participación directa asamblearia. Además, debido a su propia naturaleza, dejó de lado una ideología concreta para pasar a ser un mucho más práctico y flexible movimiento “anti-algo” delimitado en torno a la confrontación contra algún tipo de política concreta, entendida como injusta. Se trataba por tanto de una corriente reivindicativa que no se comprometía con la actividad política convencional sino que se basó en gran medida en servirse de los medios de comunicación, o demostrar su fuerza a través de movilizaciones informales a través de canales no institucionales como el boca a boca. Todo esto si lo pensáis es muy de nuestros días pero hace más de 30 años era novedoso.

¿Tengo aspecto de ser un asqueroso sodomita?

(Richard Chamberlain en el segundo episodio de “Shogun”) 

   Pero se supone que el hilo conductor de la historia de hoy es un personaje concreto: Harvey Milk. Harvey, nacido en 1930, fue de joven un acérrimo anticomunista de tendencias conservadoras que hasta se alistó en la marina en la época de la Guerra de Corea. Curiosamente en aquel ejército ultrahomófobo y paranoico de la guerra fría fue donde descubrió a la comunidad homosexual más amplia con la que había entrado en contacto hasta entonces y eso empezó a cambiar sus puntos de vista.

De todas formas durante esa primera parte de su vida Milk mantuvo en esencia un perfil público bajo, ocultando su condición sexual incluso a su familia y desempeñando trabajos de despacho en firmas de seguros o de análisis financiero mientras residía principalmente en Nueva York.

Sin embargo cercano a los cuarenta años Milk empezó a sentirse incómodo consigo mismo, a la vez que se abrían paso en él ciertos conatos de insatisfacción con su trabajo y de rebeldía contra lo que podríamos llamar “el sistema”, aunque tal vez en el fondo lo que le hacía sentirse insatisfecho, pese a que aún no desease admitirlo abiertamente, era su prolongada estancia oculto dentro del armario social.

En cualquier caso todo lo que hizo en un principio al respecto fue dejarse el pelo largo en conexión con la cultura hippy del momento. No obstante esa nimiedad ridícula motivó que fuese despedido de su trabajo a lo que se sumaron en esas fechas una serie de fracasos amorosos. Todo eso junto fue ya demasiado y desencadenó en Harvey una suerte de crisis de la mediana edad por efecto de la cual decidió dejarlo todo atrás y mudarse a San Francisco –urbe en la que ya había estado anteriormente por un corto espacio de tiempo- buscando dar un giro radical a su vida; y así es como acabó regentando en 1973 una pequeña tienda de fotografía en dicha ciudad. Momento en que aprovecho para hacer otro inciso de cara a contextualizar el momento y el lugar.  

Si bien San Francisco es una ciudad que ya por entonces se asociaba mentalmente al progresismo lo cierto es que el conjunto del Estado de California era y es profundamente conservador. Sin embargo dos hechos habían convertido San Francisco en un islote particular. Por un lado la fiebre del oro del s. XIX había arrastrado a la zona demasiados hombres y pocas mujeres; por otro lado, tras la II Guerra Mundial, en concreto durante el macarthismo, los homosexuales de la costa oeste de EE.UU. eran enviados a un hospital en San Francisco para ser "curados". A lo que parece la cura falló y las contraculturas beatnik en los 50 y los hippies en los 60 habían acogido bien en sus barrios a muchos gays, con lo que en San Francisco se fue convirtiendo en la ciudad "marica" por excelencia dentro de la costa Oeste.

    No obstante a comienzos de los años 70 eso aún no había cristalizado en ningún tipo de movimiento político o social organizado y, sobre todo, visible. En
las décadas anteriores, los años 50 y 60, la principal entidad gay organizada en los EE.UU. era la llamada Mattachine Society la cual mantenía posturas conservadoras, situándose lejos del escrutinio público y abogando por organizarse de forma discreta, casi semiclandestina. La forma en la que se pretendía influir políticamente para lograr unas mejores condiciones de vida y más derechos para la comunidad gay era a través del apoyo a políticos liberales que se mostrasen más o menos tolerantes o al menos no demasiado hostiles hacia la homosexualidad. Por entonces casi nadie dentro de la comunidad se planteaba por ejemplo el lanzar abiertamente una campaña pública en favor de los derechos de los homosexuales o aupar a candidatos propios y abiertamente gays con un programa específico al respecto. Es más las organizaciones de gays y lesbianas no formaban una unidad ya que frecuentemente se peleaban o ignoraban entre ellas.

Los ya mencionados disturbios de Stonewall, ocurridos durante el verano del 69, marcaron un punto de corte en cuanto al despertar de la comunidad gay en los EE.UU., pero ese impulso no tuvo continuidad en los años siguiente de cara a la movilización política. En un primer momento el colectivo gay se contentó con lograr, a través de su primera demostración de fuerza, el que bajase algo el nivel de acoso a sus locales por parte de la policía. Digamos que desde ese momento los gays pasaron a ser el vecino indeseable al que se ignora pero al menos no se le molesta. Y por un tiempo todo el mundo pareció conformarse con ese estado de cosas.

Además poco después, a finales del año 72, Richard Nixon fue reelegido y la era de Acuario y el “flower power” comenzaron su declive. Parecía que el contexto sociopolítico, por así decirlo, viraba hacia una cierta involución conservadora en la sociedad estadounidense (la cual acabaría llegando durante los años 80 con la era Reagan).

Sin embargo en el año 74, debido al escándalo Watergate, el presidente Richard Nixon se vio obligado a dimitir y pareció reavivarse fugazmente el espíritu contestatario entre varios sectores sociales. Poco después, durante el año 75, ocurrió un suceso aparentemente insignificante pero de interés para la historia que hoy estoy narrando.

 A finales de septiembre de ese año el nuevo presidente, Gerald Ford, estuvo a punto de resultar asesinado en el transcurso de una visita a San Francisco. A la salida del hotel donde se encontraba alojado se encontró de repente rodeado de una multitud de gente que había acudido espontáneamente al lugar para verlo. Entre la muchedumbre se camuflaba una mujer, probablemente perturbada mentalmente y de nombre Sara Jane Moore, la cual intentó dispararle con un revolver. De hecho tres semanas antes otra mujer, llamada Lynette Fromme y fanática de Charles Manson, ya había intentado asesinar también al presidente disfrazada de monja. En aquel caso se lo impidieron la pistola, que no funcionó correctamente, y la reacción de un agente de seguridad llamado Larry Buendorf. En este segundo caso Sara Jane Moore fracasó por la intervención de Oliver “Bill” Sipple un ex marine condecorado, veterano del Vietnam y procedente de familia de fanáticos baptistas. Sipple se encontraba también entre el público ese día y agarró del brazo a la agresora en el último momento impidiéndole apuntar bien lo que le hizo fallar el disparo (que acabó hiriendo a un taxista que se encontraba también entre el público en vez de a Gerald Ford).

Paradójicamente esa acción providencial prácticamente destruyó la vida de Sipple cuando la prensa hizo público que era homosexual, lo cual le acarreó al bueno de Oliver toda clase de problemas en los siguientes años, así como el odio de su propia familia.

Pues bien, hoy en día se cree que una de las personas que puso a los reporteros sobre la pista de la condición sexual de Oliver Sipple fue precisamente Harvey Milk, ya que Oliver había tenido relaciones en el pasado con un ex amante de Milk llamado Joe Campbell. Al parecer la intención de Milk era obviamente positiva: que el público asociase a los homosexuales con la capacidad de realizar actos generosos, heroicos, y no solo se vinculase en los media a la comunidad homosexual con hábitos dañinos. Pero las cosas no fluyeron en la dirección esperada.

Dicho todo esto recordemos que unos párrafos más atrás habíamos dejado a Harvey Milk regentando su tienda de material fotográfico en el San Francisco de 1973. Entre ese momento y este otro que acabo de contar la vida de Harvey había cambiado por completo así como su carácter. Mutó en una persona abierta y atrevida, en lo negativo experimentó con las drogas, en cualquier caso empezó a hacer gala de su condición y finalmente se convirtió en un combativo activista a nivel de barrio.

No obstante la reacción de rechazo público que se produjo al conocerse que Oliver Sipple era gay empezó a dejar bastante claro que la sociedad en general y los políticos en particular podían tolerar la existencia de homosexuales siempre y cuando vivieran en un gueto y aceptasen hacerse invisibles.

Por el contrario Milk deseaba cada vez más el poder mostrarse abiertamente gay sin problemas y como consecuencia de ello en adelante empezó a intentar hacer visible y llevar a la confrontación pública el debate sobre la homosexualidad. De esa forma sus acciones prefiguraron en parte la fractura que desde entonces dividirá el movimiento gay entre grupos más “irritantes” y desinhibidos, muy de desfiles y marchas y más "radicales" en sus exigencias políticas, frente a otros sectores que viven la homosexualidad como una circunstancia más, no totalmente central en sus vidas, y  por ello están dispuestos a pactar con políticos conservadores. Milk desde luego era de los primeros y más o menos desde las fechas que hablamos se empezó a hacer notar cada vez más en la vida política local, un esfuerzo que -tras varios reveses- le llevó por fin a ser elegido concejal en la Alcaldía de San Francisco a finales de 1977 pese a su pública condición de homosexual, algo inusitado en aquel momento.

    Pero para poder pasar a la posteridad, para que su lucha tuviera sentido, Aquiles necesitaba un Héctor y Milk tuvo la “suerte” de encontrar en el camino una voluntariosa Helena de Troya, en este caso una mala cantante que inició la guerra por la que Milk sería recordado.

La masturbación puede estar bien, pero no sustituye el acto de verdad. Ya es hora de que la comunidad homosexual deje de jugar consigo misma y juegue en el escenario real

En 1977 los legisladores de Florida aprobaron una ley prohibiendo la adopción de niños por parte de gays. Además, por aquel entonces, Anita Bryant una cantante y anunciante de zumo, antigua reina de la belleza, profundamente conservadora y cristiana fanática, se embarcó en una cruzada llamada Save our Children que la llevó a recorrer los diferentes Estados de la Unión pidiendo la revocación de cualquier ley permisiva con los homosexuales, todo ello en base al peligro que supuestamente representaban para los niños.

   Durante los siguientes meses su cruzada arrasó con todo, en Minnesota, Kansas, Oregón… allí por donde pasaba Anita Bryant los gays veían reducidos sus escasos derechos, todo ello en medio de manifestaciones públicas masivas de movimientos cristianos integristas fanatizados y puestos a la contraofensiva por lo ocurrido con la revolución sexual durante los paganos años 60. 
Fue un reflujo de fanatismo que no debe ser subestimado porque algunas de las medidas adoptadas entonces siguieron bien vigentes hasta finales de los años 90 o incluso después en buena parte de los EE.UU.

Con todo la reacción no se hizo esperar. Anita Bryant fue uno de los primeros casos en la historia audiovisual de figura pública atacada a tartazos en público por sus detractores, en este caso un activista gay llamado Tom Higgins. 

                                                


   Además los homosexuales ganaron para su causa a Bárbara Streisand, Bette Midler y Jane Fonda, las cuales se unieron a un boicot del zumo de naranja en Florida. Como se ve era un tipo de "guerra" nuevo y peculiar, esencialmente mediático y donde los gays empezaron a jugar la baza del poder adquisitivo. Como ya expliqué la era de las luchas sindicales con huelgas y proclamas comenzaba a entrar en su ocaso.

     Por entonces John Briggs era un miembro republicano del senado de California que había visto como su carrera hacia el puesto de gobernador se hallaba estancada. Briggs no tenía nada en contra de los homosexuales y de hecho en privado era una persona bastante tolerante, pero era un político y por tanto era una persona práctica. Briggs se dio cuenta rápido de que tal como estaban las cosas encabezar algún tipo de campaña antigay podía ser un buen reclamo para escalar puestos en su partido y de paso ganar puntos frente a su electorado potencial. De hecho Briggs también fue de los primeros en vislumbrar el potencial electoral que se podía sacar del descontento que arrastraban muchos sectores ultraconservadores que formaban parte de las bases del Partido Republicano. 
A ese respecto se había quedado impresionado con la capacidad de movilización a través de radios y revistas propias de las organizaciones católicas con las que había tomado contacto, todo ello por oposición al resto de las bases del partido, más apáticas y desorganizadas. 

   Visto lo visto Briggs calculó costes y beneficios y sacó conclusiones. En su plan para convertirse en el nuevo Joseph MacCarthy solo había un escollo. Hasta el momento la cruzada de Anita Bryant se había dedicado sobre todo a pedir la anulación, la revocación, de leyes que de alguna forma otorgaban derechos a los homosexuales. Pero en California donde él hacía campaña, pese a la importancia de la comunidad homosexual de San Francisco, como digo el Estado era un feudo conservador y no había demasiado que revocar.

    No obstante Briggs, como ya dije, era una persona pragmática: si no había ninguna ley que el pudiese hacer anular para ganar votos seguiría el ejemplo de lo ocurrido en Florida al comienzo de toda aquella oleada y propondría legislar directamente en contra de los homosexuales. Si no podía quitarles derechos adquiridos pasaría a solicitar que se les prohibieran cosas. Así basándose en una teoría lanzada por Anita Bryant según la cual los homosexuales como no pueden reproducirse reclutan Briggs decidió proponer en California una ley que prohibiese a los gays y las lesbianas ejercer cualquier tipo de docencia y que dicha prohibición se extendiese también a todo empleado público de las escuelas que defendiera los derechos de los gays. Eso era la llamada Proposición 6 y se iba a votar en el otoño del 78.

    Llegados a este punto nadie entendía nada, los políticos locales de San Francisco y los gays moderados de la ciudad no comprendían esta hostilidad repentina, ni como muchos de sus vecinos, con los que nunca habían tenido problemas, podían estar movilizándose en su contra. Por su parte incluso muchos republicanos estaban descolocados y pensaban honradamente que este tipo de iniciativas eran anticonstitucionales. Es más, citando la posible violación de los derechos individuales el antiguo gobernador de California, Ronald Reagan (que sin embargo años después explotaría en su camino a la presidencia el filón abierto por Briggs), se unió al por entonces ya presidente, el demócrata Jimmy Carter, en su oposición a la medida.


Las alianzas eran confusas y en medio de esa marea de fanatismo y lucha por las portadas de la prensa solo había dos personas que se encontraban en su salsa: John Briggs que ya se veía gobernador y tal vez presidente; y Harvey Milk que estaba encantado. A fin de cuentas Milk era desde hacía años un hombre en busca de un combate que no aparecía. Y por fin, en medio del caos desatado por Anita Bryant y John Briggs, avistó por fin a su Moby Dick particular. Además, igual que Briggs, Harvey Milk también era un hombre práctico y lo que esperaba ante todo era que todo aquella situación desembocase en un combate mediático que situase a la comunidad homosexual de San Francisco en el epicentro de los medios de comunicación. Milk quería escenificar una ópera (un género musical que le encantaba) y vaya si lo iba a conseguir. La participación en marchas a favor de la minoría gay en Los Ángeles y San Francisco durante 1977 y el verano de 1978 se estima entre 250.000 y 375.000 personas. Milk estuvo muy presente en esta última y leyó el llamado Hope Speech ("Discurso de la esperanza"), el cual pasaría la historia.

Asimismo fue precisamente en la marcha de San Francisco en junio de 1978 cuando la bandera del arco iris fue popularizada por el artista Gilbert Baker como símbolo del orgullo gay (eso sí, la bandera original constaba de 8 colores y ahora tiene 6). Había banderas similares en los Estados Unidos en los primeros años de la década de los 70 usadas como símbolo de unidad internacional de toda la gente del planeta y cosas parecidas, pero a fines de esa década es cuando la relación popular de esos colores con el orgullo gay comenzó a dominar.

  El éxito de todas estas iniciativas superó las expectativas del propio Milk. Los homosexuales se movilizaron por todo el país y decidieron que San Francisco serían sus Termópilas particulares. El 7 de noviembre de 1978 con un 58,4% de votos contrarios la Proposición 6 fue tumbada en California. Era la mayor victoria política de la comunidad homosexual en la historia de los EE.UU.

Soy muy consciente de que una persona que defiende todo lo que yo defiendo, un activista, un activista gay, se coloca a sí mismo como blanco fácil para gente que se siente insegura, aterrada, temerosa y perturbada... Es una posibilidad real, muy real, porque aquí en San Francisco hemos dinamitado la presa del mayor prejuicio de este país

El anterior fue el momento de gloria de Harvey. Desde los primeros meses de 1978, cuando había pasado a ocupar su cargo de concejal, apenas había participado en otras realizaciones concretas. Quizás lo más destacado al margen de lo anterior es que contribuyó a la promulgación en San Francisco de una de las primeras legislaciones para obligar a los propietarios de canes a limpiar las cacas de sus perros cuando estos defecan en plena calle.

Por lo demás a lo largo de noviembre las aguas volvieron a su cauce, Anita Bryant pasó al olvido (es más, poco tiempo después se convertiría en una apestada de su propio movimiento al divorciarse) y apareció en escena un nuevo antagonista, Dan White. Dan había sido elegido a la vez que su némesis -Harvey Milk- y si hoy tuviésemos que imaginar un villano para esta historia Dan White sería perfecto de no resultar excesivo: era un ferviente católico de ascendencia irlandesa, paracaidista en Vietnam, ex bombero y ex policía, llamaba desviados sociales en público a los gays mientras en sus mítines sonaba a todo volumen la banda sonora de Rocky.

Y lo que nos interesa es que pasó a la historia cuando a finales de noviembre de 1978 Dan White se personó en la alcaldía y asesinó a tiros al alcalde de la ciudad, George Moscone, y al concejal Harvey Milk. Por entonces no habían pasado ni tres semanas desde que la Proposición 6 había resultado derrotada en referéndum, y a la vez faltaban unos días antes de la fecha fijada para que Dan White recibiese un premio por rescatar a una mujer y un niño de un edificio de diecisiete plantas en llamas. Así de complicadas somos las personas. 

La causa más probable para los actos de White quizás fue la rabia, la amargura. White veía como toda su virtud no conseguía recompensa, su matrimonio se iba al garete y su sueldo de concejal no le resultaba suficiente para vivir de forma digna. Había renunciado fugazmente al cargo, luego había cambiado de opinión pero el alcalde iba a deshacerse de él igualmente a instancias de Milk y otros concejales con los que White se llevaba mal. Dan White era una persona de principios inamovibles, equivocados o no, y eso no encajaba en una política local donde todo era negociable. Así que simplemente un fatídico día Dan White decidió tomar medidas drásticas y matar a aquellos que consideraba culpables de convertir, siempre según su visión, la sacrosanta casa del pueblo en un foco de corrupción moral.

Lo más extraño es que cuando llevó a cabo sus planes las muertes que causó provocaron una cierta conmoción, pero no demasiada en principio.

En los años precedentes había pululado por San Francisco una peculiar comunidad llamada el Templo del Pueblo con la que incluso confraternizó el propio Harvey Milk. Pero el Templo era una secta, con un líder que se llamaba Jim Jones. De esa forma el 18 de noviembre de 1978, más o menos una semana antes de la muerte de Milk, novecientos doce miembros del Templo se suicidaron -o fueron "suicidados"- en su último refugio en la Guayana por voluntad del desequilibrado Jim Jones. Ese fue el suceso que de verdad impactó a la gente de San Francisco a finales del 78. La muerte de Milk y el alcalde Moscone llegó demasiado pronto después de aquella otra tragedia así que el estallido emocional tuvo que esperar y se produjo realmente tras el esperpéntico juicio de Dan White. 

   En dicho proceso el abogado de White argumentó ¡¡con éxito¡¡ que su capacidad mental se encontraba disminuida en el momento de cometer los crímenes como "probaba" su abusivo consumo de pastelitos y comida basura en las fechas previas a los asesinatos por los que se le acusaba. El jurado lo creyó y le impuso una condena muy baja, hecho que desembocó en la llamada Noche blanca de disturbios protagonizados por la comunidad gay de San Francisco, un caso parecido a lo ocurrido en el seno de la comunidad afroamericana tras diversos juicios en que se ha exonerado o impuesto penas muy bajas a ciertos acusados de agresiones a ciudadanos negros, normalmente policías. Pese a ello no hubo revisión del veredicto y Dan White solo pasó cinco años en la cárcel aunque al poco de salir de prisión se suicidó.

Resumida así puede parecer inexplicable que la vida y la figura del bueno de Harvey sean una constante en toda lista que se haga –sobre todo en el mundo anglosajón- de las personalidades más influyentes del s. XX, salvo quizás porque murió –como algunos rockeros- relativamente joven (a los 48 años de edad), en el momento adecuado para ser un mito y para que su obra se magnificase justo cuando quizás empezaba a correr el riesgo de decepcionar a sus seguidores.

Harvey Milk fue un hombre complicado que buscaba parejas dependientes emocionalmente y sistemática más jóvenes que él. Asimismo fue un político manipulador que organizaba manifestaciones para después poder hacerse un foto apaciguándolas, que sabía de la importancia de estar ante todo presente en los medios de comunicación y uno de los primeros políticos con la nariz operada. También en cierta forma fue el cerebro gris detrás de algunas estrategias experimentales de presión por entonces muy innovadoras y que hoy en día tienen total vigencia, por ejemplo el boicot organizado a las tiendas y empresas que no respeten determinados puntos de vista políticos. 

   Sin embargo lo interesante de Harvey Milk es que durante sus últimos dos o tres años de vida protagonizó algo más importante que él mismo. En concreto que, aglutinada en torno a su figura, la comunidad homosexual de San Francisco se convirtió en un movimiento social organizado, iniciando a su vez la lucha moderna por los derechos de los homosexuales en EE.UU. Además, a la vez que todo eso ocurría allí, también en otras partes del mundo occidental los homosexuales salían de la penumbra e iniciaban el camino para dejar de ser un grupo social marginado e invisible, pasando incluso a convertirse en un grupo social con un poder de influencia política a tener en cuenta. Es por tanto en aquellos momentos cuando los homosexuales, como colectivo, tomaron definitivamente conciencia de poseer unos derechos que deben reivindicar de forma activa y pública.

   Por esa razón, si bien incluso desde un punto de vista actual se puede criticar al tipo de movimiento que Milk apadrinó (pintoresco, beligerante, provocador o incluso exhibicionista), lo cierto es que el fin sin duda justificó los medios. 

Creo que llegados aquí se puede entender por qué Harvey Milk como personaje histórico ha merecido la atención de múltiples periodistas, escritores y cineastas (The times of Harvey Milk, un documental que ganó un Oscar en 1985; o la más reciente película Milk ganadora de dos premios Oscar en 2008). Y debido a eso he pensado que un vistazo a su trayectoria merecía protagonizar la entrada de hoy en este blog.

4 comentarios:

  1. ¡Plas, plas, plas! Para que luego digan que procastinear en internet en horas laborales no es productivo.
    Como en casi todas las entradas, se pone de manifiesto que el maniqueísmo lleva a conclusiones erróneas, sea el tema que sea. Muy interesante la figura de Milk, del cual desconocía absolutamente todo. Y en fin, sin ánimo de comparar, habrá que ser indulgentes que sus pecadillos. El mismo Gandhi dormía con jóvenes desnudas, según decía para mejorar su autocontrol y pureza...

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  2. Tengo que mostrar mi desacuerdo (en general suelo estar muy de acuerdo en todos los posts) al respecto del asuntillo del 68. Como Wallerstein, creo que fue muy importante, con diferencia la manifestación más importante de todo el siglo, porque reveló de forma muy drástica (y tanto en las democracias liberales como en los países de socialismo real) no sólo los límites del sistema, sino su incapacidad para cambiar para satisfacer tales demandas. Fue un tocar techo muy espectacular, a partir de ahí todo ha sido un cuesta abajo.

    Dadas las características del evento, es obvio que no podían traer ningún salto adelante, sino simplemente mostrar digamos el cénit del sistema y comenzar la cuesta abajo, en la que estamos ahora mismo, rumbo a... el tiempo dirá.

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    1. No pasa nada por discrepar, hoy en día la historia es más un debate sobre impresiones y teorías que una sucesión ordenada de hechos incontrovertibles.

      Por otra parte aquella famosa frase de un dirigente chino asegurando que aun era muy pronto para valorar la revolución francesa se refería precisamente a esa "revolución" francesa, la de 1968 no la de 1789. Y en el fondo eso no ha cambiado mucho todavía para nosotros.

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  3. No tenía ni idea de la existencia de Milk y de su influencia en la evolución de la lucha por los derechos civiles en general en la segunda mitad del siglo pasado a partir del contexto particular de su lucha. Gracias por el post.

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