domingo, 14 de diciembre de 2014

Exodus I: El Antiguo Testamento en el cine


Aquel siervo que conociendo la voluntad de su amo, aquel siervo que no se prepare ni obre conforme a su voluntad, será objeto de muchos azotes. Lo dice la Biblia.

Michael Fassbender en "Doce años de esclavitud"

                                                       


 Con motivo del reciente estreno de Éxodus, dioses y reyes (que además se rodó parcialmente en España) he decidido dedicar un poco de atención a analizar y divulgar el rico debate que existe en torno a la posible historicidad de diversos pasajes integrantes del Antiguo Testamento relativos a los comienzos de la historia del pueblo judío. Más concretamente, para no dispersarme mucho, me centraré en el episodio de Moisés y un poco también en algunos aspectos relativos a otras figuras bíblicas relacionadas con la supuesta migración del pueblo judío hacia Egipto y luego fuera de él. Aun así, debido a que lo anterior es una cuestión más compleja de lo que pueda parecer a simple vista, dividiré ese análisis en varias entradas sucesivas.

Gracias a lo anterior esta primera entrada de la serie voy a reservarla exclusivamente para presentar la temática a través de su tratamiento dentro de la industria de la cultura de masas. Por tanto me referiré a películas fundamentalmente. Ese tipo de material audiovisual tiene importancia porque, junto con las clases de religión en los colegios y las de catecismo en las Iglesias así como las lecturas de algunos pasajes bíblicos durante las misas, conforma el sustrato en torno al que se ha ido forjando la imagen popular que la mayoría de la gente tiene en la cabeza en torno a una serie de mitos bíblicos y, consiguientemente, sobre un determinado período histórico de la Antigüedad en Oriente Medio. La anterior es una imagen más o menos maniquea, sencilla, mil veces versionada y llena de lugares comunes que suelen darse por buenos cuando de hecho, como veremos el siguiente día, muchos de esos pasajes no tienen apenas respaldo, ni coherencia alguna, si nos remitimos a un análisis histórico serio. Pero eso es lo que ya abordaré en una siguiente entrada, más compleja y ambiciosa, la cual espero no tener que posponer como me ha ocurrido con otras entradas prometidas del blog (que llegarán algún día). Vamos con ello.

El Antiguo Testamento, es decir básicamente la historia bíblica del pueblo de Israel, ha gozado de gran éxito de audiencia entre el público occidental tanto judío como católico o protestante (algo menos en el mundo ortodoxo) y por ello ha conllevado el rodaje de numerosos filmes inspirados de alguna forma en dichos episodios "históricos". Películas que sin embargo suelen limitarse a volver, una y otra vez, sobre unos pocos eventos concretos, muy conocidos y difundidos. Obviamente la popularidad de esta temática en contraste con el relativo silencio sobre otras épocas históricas tiene que ver con diversas consideraciones, no todas de tipo artístico. Entre ellas figura el hecho de que la gran mayoría de los directivos de las grandes productoras estadounidenses fuesen judíos en algunas etapas de la historia empresarial de estos conglomerados. También se relaciona con los diversos vaivenes de puritanismo en nuestras sociedades occidentales, católicas o protestantes pero todas ellas cristianas y por tanto interesadas en recrear una y otra vez los mitos que dan sentido a la fe de la gran mayoría de sus ciudadanos. Además el cine de temática bíblica ha estado siempre indirectamente relacionado con períodos de cierto repunte conservador en la sociedad y en la política, lo cual afecta a los gustos del público.  

 Por supuesto, más allá de todo lo anterior, este tipo de temáticas aparecieron en el cine casi desde su mismo origen. Pero en cuanto a películas más o menos elaboradas podemos remontarnos a los años 20 y el cine mudo en su época de máximo esplendor y también ocaso. En concreto una de las primeras películas que se centra completamente en relatar un episodio bíblico es Sodoma y Gomorra, dirigida por Michael Curtiz y rodada en 1922, precisamente durante la ley seca en los EE.UU.

Del año siguiente es la primera versión de la historia de Moisés en Los Diez Mandamientos, dirigida por Cecil B. DeMille, quien todavía rodaría una segunda versión en color de esta historia treinta años después, la cual citaré más adelante. A eso siguieron otra serie de producciones de más o menos cierta ambición hasta que en 1929 se rodó El arca de Noé, nuevamente dirigida por Michael Curtiz.  Tras ese momento se detecta un parón en el “fervor” bíblico de los grandes estudios hasta pasada la Segunda Guerra Mundial con posterioridad a la cual diversas cuestiones, entre ellas el poso dejado por el Holocausto, influyeron poderosamente en la recuperación de una mirada cinematográfica sobre los hechos de la Biblia. 

   En concreto el género volvió a repuntar a partir de 1949 cuando se rodó Sansón y Dalila donde en cierta forma se intuye una especie de paralelismo entre los filisteos y los nazis. Aunque en realidad el libreto en el que se basó a su vez el guión fue una novela muy anterior, concretamente de 1926, llamada Samson Nazorei escrita por Ze´ev Jabotinsky un líder sionista y fundador de múltiples organizaciones, entre ellas la Legión Judía, una unidad de combate que durante la I Guerra Mundial luchó para expulsar a los otomanos de palestina. Ya sobre esa base en los años 50 -en pleno giro conservador en la sociedad y la política estadounidenses- se suceden este tipo de producciones, como David y Betsabé rodada en el año 51. 

El éxito de esta última película, junto con el de Quo Vadis filmada ese mismo año (aunque no pertenece propiamente al género bíblico también unía religiosidad y mundo antiguo, como haría luego Ben-Hur o algunos péplum rodados los años siguientes), llevó a la producción en el año 53 de Salomé, con Rita Hayworth de protagonista y un reparto de gran calidad. Al fin y al cabo quién mejor que Rita para interpretar una femme fatale que ha pasado a la historia por un baile. Me detendré un momento en esta última producción porque es un ejemplo emblemático de cómo no ya el Antiguo Testamento sino también el Nuevo y los textos relacionados con el mismo a veces se usan para luego plantear espectáculos visuales que no pretenden para nada una labor moralizante o de recreación histórica seria, simplemente aprovechan la temática bíblica como reclamo para el público. Así en esa película el guionista, Jesse Lasky Jr. (que también participó en la creación del guión de Sansón y Dalila y unos años después metió mano en el de Los diez mandamientos) cambió los hechos históricos al servicio de Rita Hayworth y de esa forma Salomé baila –una especie de danza de los siete velos (el éxito de público de Gilda todavía se mantenía en la memoria de los productores)- pero en este caso no para pedir la cabeza de Juan el Bautista ¡¡sino para salvarlo¡¡ y para mayor corrección política Salomé al final se convierte al cristianismo.

Otro rasgo de esta recuperación de la temática bíblica en los años 50 puede ilustrarse también recurriendo la película anteriormente mencionada. Y es que antes de que Rita diese vida a Salomé otras actrices ya habían encarnado a este personaje en  producciones menores de 1908, 1910 (dos), 1912, 1913, 1916, 1917, 1918, 1919, 1923 (dos producciones ese año, otra vez), 1926 y 1940. Y después de la versión aquí destacada del año 53 todavía es posible encontrar otras producciones en las que aparece dicho personaje en los años 55, 61, 72, 75 y 78.

Volviendo en puridad al cine sobre el Antiguo Testamento en el 56 se rodó la conocida segunda versión de Los diez mandamientos protagonizada por Charlton Heston. En 1959 Salomón y la reina de Saba. Por fin en 1960 se cerró la década dorada de este tipo de producciones. Ese último año se rodaron en EE.UU. Esther y el rey, también La historia de Ruth, La historia de David y en Italia David e Golia con Orson Welles haciendo de rey Saúl.

   Ya entrados los años 60, dado el giro “liberal” que se iría dando progresivamente en las sociedades occidentales hasta eclosionar a finales de esa década en movimientos digamos que opuestos al conservadurismo moral, resulta obvio que este tipo de películas empezaron a decaer en cuanto a su éxito y consecuentemente también decayó el número de producciones, su presupuesto y la calidad de las mismas. Entre las obras que escaparon a la tendencia anterior hay que mencionar Los últimos días de Sodoma y Gomorra, del año 62, y La Biblia, un intento de condensar los episodios más conocidos de la misma (Adán y Eva, Caín y Abel, por supuesto Sodoma y Gomorra, etc.) llevado a cabo por John Huston en el año 66. Por cierto, del mismo año es la italiana Los jueces de la Biblia que se inserta más bien en la línea de peplums de variada ambientación y baja calidad que por entonces se rodaban en Italia.

Pero como ya dije a partir de los años 60 este subgénero entró en un cierto letargo y en adelante gozaron de mejor fortuna las películas de temática bíblica producidas no ya para mostrarse en cines sino para ser emitidas en televisión durante la Semana Santa o Navidades. Películas de bajo presupuesto, por tanto con una puesta en escena más teatral, sin grandes escenas de masas o batallas, con muchos interiores, y la mayoría de las veces protagonizadas por una estrella del celuloide ya entrada en años o de caché medio-bajo como reclamo. De esta forma en los años siguientes varios actores como Burt Lancaster o Vittorio Gassman aprovecharon para engrosar sus cuentas bancarias tras encarnar a patriarcas bíblicos en diversas producciones de segunda categoría.

Entre esas producciones con sello televisivo destacan La historia de Jacob y José y también una versión más de la historia de Moisés ambas obras del año 1974 y con sello italiano una vez más. Sin duda el país, al margen de los EE.UU., que más se ha interesado en este tipo de temáticas por razones culturales (tener el Papado en casa marca mucho).

En las décadas siguientes también hay que contar con una nueva versión en dibujos animados sobre David y Goliat del 85 y sobre todo destaca por su abundancia de medios, metraje y lujoso reparto una serie de episodios bíblicos rodados a mediados de los años 90 en Italia y producidos por la RAI muchos de los cuales fueron emitidos en España por Antena 3 en la Semana Santa de los años siguientes.

En cuanto al cierto vacío de temática bíblica en las grandes superproducciones hollywoodienses para cines durante los últimos 30 años cabría referirse a varias excepciones. En primer lugar Rey David (1985), película que tiene como gran valor cinematográfico ver a un Richard Gere en la cumbre de su fama interpretando al famoso (y ligón) rey judío. En segundo lugar El Príncipe de Egipto (1998), versión en dibujos animados de la supuesta vida de Moisés producida por Spieldberg.

Finalmente, al margen de todo lo anterior en las últimas décadas se han sucedido multitud de otro tipo de subproductos que recurren a la temática bíblica. Desde cortos de dibujos animados para los videoclubs caso de Moisés (93) y David y Goliat (1995), como un intento de serializar en formato animé el Antiguo Testamento llevado a cabo por Osamu Tezuka y llamado Seisho Monogatari. En este último caso Tezuka falleció cuando la producción apenas había llegado a la historia de Noé y el proyecto pasó a manos de Osamu Dezaki que finalizó la producción de los 26 episodios de más o menos media hora de duración con que contó al final dicha serie.

Abundan asimismo las versiones del Antiguo Testamento en cómics, o ligeras referencias en viejos videojuegos, desde el Bible Adventures del año 1991 en el que se podían recolectar animales para el arca de Noé o intentar cruzar las aguas del Mar Rojo saltando de piedra en piedra y esquivando objetos.

Finalmente, durante los últimos años en los EE.UU. y en paralelo al ascenso de una serie de grupos sociales ultraconservadores (caso de los cristianos renacidos, el movimiento del Tea Party, etc.), se ha reabierto un nicho de mercado para producciones que jueguen con la mitología bíblica. Probablemente ese contexto ha influido mucho a la hora de que se diese el visto bueno para la producción del Noé de Aronofsky o la película de Ridley Scott ahora de actualidad. El problema que se plantea sin embargo es que los profesionales encargados de llevar a cabo dichas producciones rara vez son lo suficientemente religiosos y conservadores como para tomarse totalmente en serio lo que narran; que sin embargo es lo que gustaría a los sectores del público mejor colocados para convertir esos filmes en un gran éxito, como hicieron por ejemplo con La pasión de Cristo en 2004 (aunque la figura de Cristo en el cine es un tema aparte de lo tratado aquí).

La secularización de la sociedad cada vez pone más difícil que artistas e intelectuales se resistan a jugar con los mitos. Aronofsky ya introducía un tratamiento casi de sci-fi mezclada con ecología new age en su versión del mito de Noé. Por su parte en 2009 la fallida serie Kings de la NBC trasladaba la historia de Saúl y David a un escenario contemporáneo donde Goliat quedaba reducido a un nuevo tipo de tanque pesado.

Precisamente dentro de esa línea "heterodoxa" se ha estrenado hace unos días The Red Tent. Miniserie basada a su vez en una novela de la escritora judíoamericana Anita Diamant en la cual se cuenta la historia de la migración del pueblo judío a Egipto pero no desde los ojos de José sino de los de Dinah, la olvidada hija de Jacob, aplicando a la historia de fondo una cierta perspectiva feminista. Se habla mucho de amores prohibidos, menstruación, el supuesto papel de las mujeres en la sombra, la transmisión femenina de los mitos y esas cosas. En cierta forma se trata de un producto parecido a lo que supuso Las nieblas de Avalon respecto a la leyenda artúrica, ahora aplicando un enfoque de género en cierta forma parecido pero en este caso ambientado en plena época de los patriarcas.

En general como se puede deducir tras este resumen el propósito de las representaciones cinematográficas del Antiguo Testamento no ha sido realmente el moralizar sino servirse de las creencias religiosas o bien de lugares comunes conocidos por el público occidental para, en base a ello, usar la temática bíblica como anzuelo con el que atraer al cine o a la televisión una audiencia masiva. A ese respecto lo que ha funcionado cinematográficamente es que, mientras no se muestre sexo, la violencia y las tergiversación históricas no son importantes.

Y no obstante, pese a ese alto grado de falseamiento acumulado en la mentalidad popular respecto a la mitología bíblica, conviene tener en cuenta que determinados conjuntos humanos se han tomado históricamente muy en serio todo ese cúmulo de supercherías, lo que hace que aún hoy en día conserven una carga ideológica y simbólica muy importante, aunque habitualmente nos pase desapercibida.

Para empezar, todo lo referido a la migración mítica del pueblo judío hacia Canaán, luego a Egipto y finalmente de vuelta a los terrenos que ocupa el actual Estado de Israel, funciona todavía en el presente como supuesta prueba de unos derechos históricos del pueblo judío sobre aquellas tierras donde, como sabemos, hay algunas cosas que no están claras. 

Pero es que incluso dentro de otros grupos nacionales esas historias contra todo pronóstico han funcionado como aglutinantes identitarios aunque fuese a través de caminos bastante extraños.

    En Italia, en 1842, el Nabucco de Verdi una ópera ambientada en la Babilonia del s. VI a.n.e. alcanzó un gran éxito debido a la asociación mental que hizo el público italiano entre sus ansias nacionalistas de la época, previa a la Unificación italiana, y la suerte de los judíos deportados. De tal forma un coro cantado por los figurantes que representaban a los hebreos en la obra y titulado Va, pensiero se convirtió en un himno contra la dominación austriaca en el Norte de Italia.

Asimismo la historia bíblica del Éxodo también sirvió de referente a los puritanos ingleses que desembarcaron en las costas del actual EE.UU., al identificarse a sí mismos como un pueblo perseguido por un soberano injusto. A su modo de ver Dios los recompensó con una Tierra Prometida que habrían de arrebatar a unos pueblos nómadas (en vez de cananeos los indios norteamericanos) tras cruzar con ayuda de Dios una extensión de agua (el Atlántico). A su vez este tipo de ideas darían lugar más adelante a la formulación de la teoría del Destino Manifiesto que está en la base del nacionalismo estadounidense conservador.

  Lo curioso es que desde la masa de dominadores blancos anglosajones toda esa pintoresca visión mitológica de la realidad pasó más adelante a amplios grupos de la población afroamericana en la época de pervivencia de la institución de la esclavitud en los Estados del Sur.

Por ejemplo. Quizás el principal intento de revuelta negra de esclavos en la historia de los EE.UU. fue la protagonizada por Nathaniel "Nat" Turner ocurrida en Virginia en el verano de 1831. Lo curioso del caso es que Turner no aglutinó a los esclavos que participaron en el levantamiento en base a ningún tipo de mentalidad nacional, ideología política de algún tipo, quizás socialismo embrionario, conciencia de sus propios derechos humanos, o algo con cierto sentido. En realidad Turner basó su movimiento en su convencimiento de ser un nuevo Moisés y unas voces que oía en su cabeza –aparentemente la voz de Dios- ordenándole liberar a su pueblo, las cuales se intensificaron tras contemplar un eclipse de sol. Obviamente o bien era un perturbado mental o bien un oportunista que -entendiendo que los esclavos, dada su alarmante carencia de educación o de algún tipo de verdadera mentalidad de grupo, no iban a hacer nada para movilizarse- acudió a lo único que para muchos de sus compañeros tenía sentido: la fe religiosa cristiana que había reemplazado las creencias paganas de sus ancestros, algo común a una mayoría de esclavos. Y de esa manera Turner se presentó a sí mismo como un nuevo profeta entendiendo que era la forma más práctica para acaudillar un movimiento de revuelta.

Aunque desgraciadamente la realidad suele ser ante todo “cutre”, vulgar, y parece más bien que Turner fue un mero perturbado mental luego mitificado y que en su momento resolvía cuestiones complejas, caso de si los amotinados podían matar a mujeres y niños, usando la lógica bíblica. Si Dios había eliminado a los primogénitos de Egipto, sus partidarios también podían matar niños sin problemas pues sería algo bien visto por Dios en su camino a la liberación.

Al final la rebelión iniciada por Turner fue rápidamente sofocada, el propio Turner salvajemente ejecutado siguiendo patrones más propios de la Edad Media que del mundo contemporáneo y todo ello al final acabó desembocando en diversos tipos de consecuencias. Desde restricciones a la hora de enseñar a leer a los esclavos, incluso la Biblia, pasando por la manipulación en torno a la figura de Turner (para desprestigiarla o bien magnificarla) y el trasfondo del levantamiento que protagonizó. 

Pero el caso es que dicho juego de espejos con la mitología bíblica prendió en la comunidad afroamericana. Empezando quizás porque Turner fue ejecutado en una ciudad de Virginia llamada Jerusalem (hoy renombrada Courtland). A partir de ahí amplios grupos de negros estadounidenses continuaron haciendo sus propias lecturas del mito de Moisés y la “esclavitud en Egipto”, lo cual a su vez se transmitió a la cultura popular a través de la música a partir de mediados del s. XIX. Derivado de ahí en la época de la lucha por los derechos civiles se popularizaron viejas canciones de música gospel que versaban sobre pasajes del Éxodo como el “Go down Moses" (¡¡Let mi people go¡¡) en base a su metafórico mensaje político que partía de asimilar al "pueblo sometido" con los afroamericanos.

Aquí una grabación en serio de dicho himno.


Supongo que eso nos ayudará a entender mejor la ironía con la que se jugaba al comienzo de esta mítica escena de El príncipe de Bel-Air.


Que todo esto resulte bastante absurdo (por ejemplo todo lo anterior convive en EE.UU. con reivindicaciones sobre la supuesta "negritud" de la cultura egipcia antigua) es irrelevante porque al fin y al cabo la mayor parte de ritos sociales y de mitos históricos tienen un origen en muchos casos irracional.

Por ejemplo, el gesto con tres dedos extendidos que los protagonistas de esa patética saga juvenil llamada Los Juegos del hambre usan como símbolo de su rebelión parece que se ha extendido como señal de protesta en Tailandia debido a que la gente joven que ve ese tipo de productos en DVDs piratas es la que más simpatiza también con el deseo de reformas políticas en su propio país y de esa forma un tanto infantil han acabado copiando el gesto cinematográfico como señal de rebeldía. 

En cualquier caso donde quería detenerme hoy es en torno a la significación esencialmente ideológica de unos pasajes bíblicos que a primera vista pueden parecernos inocuos y sencillos. En realidad, pese a la imagen ligera sobre los mitos del Antiguo Testamento que haya podido llegar hasta nosotros, a través del cine o las misas en la Iglesia, pocos conglomerados de ideas hay en la cultura occidental más manipuladas de forma interesada a lo largo de milenios que esas inocentes historias sobre patriarcas, jueces, reyes, profetas y un dios bipolar con evidentes rasgos de sociopatía. De ahí deriva la complicación a la hora de desenredar la madeja y separar los hechos históricos de las creencias de base religiosa con un largo historial de intereses políticos detrás. Pero todo eso intentaré explicarlo en una nueva entrada dentro de unos días. 

3 comentarios:

  1. Este es un tema que me resulta interesante. Por ejemplo que desde el punto de vista egipcio, los semitas fuesen los malos maléficos de la historia, y que a los egpcios les costase un gran esfuerzo echarlos de su país, ya que estaban invadiendo Egipto junto con los nubios... y que la reacción del Egipto libre fuese ir creando un espacio de seguridad cada vez más amplio, lo que significó invadir el Levante hasta donde pudieron.
    Aunque no sé si esto tendrá relación con la historia de Moisés, por ejemplo.

    Por cierto, por decir un cómic sobre la Biblia, yo mencionaría el Génesis de Robert Crumb.

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  2. Con respecto a Golope algunas de las doce tribus históricas curiosamente coinciden con tribus de invasores de los misteriosos pueblos del mar y los judios nómadas debían ser un incordio constante para los Egipcios. Tengo entendido que la zona del Sinai la lengua de tierra que une Egipto con el Levante era una zona de marismas practicamente intransitable salvo por dos o tres puntos asi que no se hasta que punto incomodarían a los Egipcios por tierra supongo que por mar o ciudades vasallas de la zona de Palestina.

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  3. El éxodo es un mito, arqueólogos hebreos han descubierto que nunca existió pues no hay prueba alguna ello. Todas las películas antes citadas versan sobre temas bíblico que son mitos o leyendas tomadas de otras culturas de mesopotamia y medio oriente, los judíos eran cananeos.

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