lunes, 3 de marzo de 2014

¿Dónde está Serguéi?

  
        Y he visto alguna vez eso que el hombre ha creído ver.
Arthur Rimbaud, “El barco ebrio”.

    
La improbable relación de Rusia y Chequia a finales del s. XIX y durante la Iª Guerra Mundial resulta curiosa. Por ejemplo. No sé si os suena la Anábasis de Jenofonte; el mítico relato de la desesperada odisea de los Diez Mil a través de tierras del Imperio persa en su intento por regresar a su hogar en Grecia. Inesperadamente, dicha aventura sirvió para mostrar la debilidad interna del imperio persa y la superioridad militar de la falange griega. Además todo lo anterior más adelante desencadenaría el colapso de dicho Imperio al inspirar la conquista de Persia por parte de Macedonia. El caso es que dicha hazaña tuvo una secuela en el s. XX: la retirada de la llamada “Legión Checa” a través de Siberia.  

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial muchos inmigrantes checos que vivían en el Imperio ruso (así como también una minoría de eslovacos) solicitaron al emperador Nicolás II la creación de un cuerpo militar en el que alistarse para luchar contra el Imperio Austrohúngaro. Esperaban así que –justo como luego se produjo- en caso de una eventual derrota de las Potencias Centrales la monarquía austrohúngara fuese obligada a conceder libertad para convertirse en Estados independientes a los nacionalismos reprimidos en el seno de su políglota y multiétnico Imperio.

Por esa razón en 1914 se organizó una “Compañía Checa” en el seno del ejército ruso. Lo anterior demostró ser una buena idea pues dicha Compañía se convirtió en un destacamento que no dejó de crecer durante la guerra a través de integrar en su seno a muchos prisioneros y desertores del ejército austrohúngaro nacidos en las regiones de Bohemia, Moravia y Eslovaquia y que aceptaban pasarse al “enemigo” ruso en aras de combatir en favor de la liberación de su “nación” esperando que el conflicto trajese la independencia de la misma.   

De esta forma poco a poco a lo largo de los primeros años de la Gran Guerra se fue constituyendo un informal “ejército checoslovaco” en el seno del declinante ejército ruso, hasta el punto de que dicho cuerpo checoslovaco llegó a contar con una cifra de integrantes de unos 40.000 hombres, o quizás incluso más de 60.000, según las fuentes.   

El problema es que la toma del poder por parte de los bolcheviques durante la Revolución de Octubre (1917) y sobre todo la firma del Tratado de Brest-Litovsk en marzo de 1918 –tras el cual Rusia cesaba las hostilidades contra las potencias centrales- dejaron a la “Legión checa” en una situación muy incómoda.  De repente sus integrantes se encontraron con que estaban aislados en medio de Rusia, un país que se precipitaba hacia la guerra civil entre las fuerzas procomunistas y los ejércitos “blancos” prozaristas (conflicto que se prolongó de facto desde finales de 1917 hasta 1922 ). Ellos ya no pintaban nada allí… pero no podían regresar a sus hogares en Chequia dado que por entonces el ejército alemán en tierra y el bloqueo naval en el Báltico y el Mar Negro -por parte de teutones y otomanos- aún hacían imposible su regreso por la ruta más directa.   

Por otro lado se habían convertido en unos invitados muy incómodos en Rusia ya que en el contexto de caos en que se encontraba el país, unido a la desmovilización y desintegración del ejército zarista, los checos pasaron a ser durante algún tiempo casi la única fuerza militar organizada existente en toda Rusia.  

Así las cosas los checos decidieron aprovechar ese factor en su favor y se embarcaron en un viaje atravesando Siberia siguiendo el recorrido del Transiberiano, usando para ello trenes blindados fuertemente armados. Todo ello para llegar como fuera a Vladivostok en el Extremo Oriente; puerto desde el que esperaban embarcar por mar hacia los EE.UU. y finalmente desde allí hacia Europa.

   Paradójicamente a finales de 1918, justo cuando los integrantes de la "Legión Checa" ya habían penetrado de forma importante en territorio ruso, finalizó la Gran Guerra,  Checoslovaquia fue proclamada como país independiente y alemanes, austriacos y turcos dejaron de combatir. Aparentemente desde ese momento ya no quedaban obstáculos para los checos exiliados en Rusia de cara a regresar a sus regiones de origen a través de un itinerario convencional. El problema es que  ya no podían volverse atrás desde el punto en que se encontraban pues para entonces se habían convertido definitamente en enemigos de los bolcheviques que controlaban la Rusia “europea”. Por ello finalmente a los checos solo les quedó como último recurso el seguir con su plan hasta el final, atravesando Siberia por completo, luchando o pactando para ello (según el momento) con todas las facciones y levas locales que se interpusieran en su camino.   

Al final ese viaje que duró casi tres años tuvo importantes consecuencias para Rusia igual que lo tuvo la expedición de los Diez Mil para Persia. Para empezar contingentes checos se encontraban cerca de Ekaterinburgo cuando la familia real era retenida allí, lo que sumado a la presencia en la zona también de fuerzas pertenecientes a los embrionarios ejércitos “blancos” (por entonces temporalmente en buena sintonía con la "Legión Checa"), contribuyó a que los comunistas se sintieran amenazados y organizasen el famoso magnicidio. Más adelante los miembros de la "Legión checa" arrebataron a los bolcheviques ocho vagones repletos de oro de la reserva imperial Rusa dejando al país virtualmente en la bancarrota. Finalmente, tiempo después, cansados de luchar -y de cara a congraciarse con los comunistas y así poder abandonar finalmente el país- los checos devolvieron parte del oro y además se ocuparon de capturar y poner en manos bolcheviques al líder del más importante entre los diversos ejércitos blancos zaristas, el almirante Kolchak, prácticamente descabezando de esa forma la oposición conservadora a los comunistas dentro del país.   

En todo caso gracias a ese acto, por fin, en 1920, la “Legión Checa” logró abandonar Rusia desde los puertos siberianos en el Pacífico,  no sin que antes durante los casi tres largos años de su periplo sus integrantes participasen, como hemos visto, en desencadenar una serie de acontecimientos llamados a tener gran repercusión en el desenlace definitivo que tuvo la Guerra Civil rusa. Desenlace que en todo caso asentó definitivamente el comunismo en el país.    

Pero -y aquí es donde quería llegar- podríamos remontarnos unos años atrás en esa relación entre Chequia y Rusia.   

Para acercarnos a ella hoy voy a proceder a recordar una entrada anterior sobre fotografías de ese hermoso mundo casi digno de una fantasía steampunk que era la Europa totalitaria previa al estallido de la Gran Guerra. En dicha entrada de este blog hablé además sobre un fotógrafo que hizo mucho por conservar una memoria visual del Imperio de los zares en sus últimos momentos, el buen Serguéi Mijáilovich Prokudin. Pues bien hoy vamos a volver a finales del s. XIX, comienzos del s. XX, un mundo de Imperios (coloniales o no),  un mundo industrial pero aun fuertemente agrario, un mundo sin plástico ni aluminio, aún eminentemente de piedra y madera, el cual pronto iba a saltar en mil pedazos. Ya dije en su momento que iría colgando aquí más fotografías de esa época en concreto (los momentos crepusculares del s. XIX) puesto que se trata de una etapa histórica que me fascina especialmente.   

De cara a ello hoy vamos a conocer a otro fotógrafo importante de período que además también realizó fotografías del Imperio ruso cuando se aproximaba sin saberlo a sus últimos estertores. Y en este caso se trata de un fotógrafo checo.   

Se llamaba Frantisek Krátký (1851-1924). Su obra es imprescindible sobre todo para obtener una imagen visual del Imperio austrohúngaro durante la época y también de algunos territorios cercanos al mismo, caso de Alemania, Italia, los Balcanes y Suiza.  Pero a mí Krátký me interesa por otros motivos.  

El primero, una vez más, es que experimentó con el color. No queremos rancias fotografías en riguroso blanco y negro que huelan a viejo. En cambio queremos vivir la impresión de estar allí, de saber cómo era el pasado y para eso es necesaria una cierta dosis de color y calidad en las imágenes de turno.  

En esa línea Krátký, si bien no alcanzó nunca el virtuosismo del viejo Serguéi, al menos hizo progresos al respecto en el campo de las diapositivas, normalmente de 8.5 × 8.5 cm, tratadas –en ocasiones a mano- para dar imágenes en color y ser luego proyectadas a gran tamaño y públicamente en el marco de charlas o conferencias etnográficas.   

El problema de su método es que los colores de las mismas se vieron afectados por el paso del tiempo lo que repercute en una seria pérdida de calidad en gran parte de su obra conservada. Así hoy en día, por ejemplo, apenas dos docenas de las fotos que tomó en concreto sobre Rusia merecen la pena. (Las cuales por cierto han sido recuperadas por el historiador de la fotografía checo Pavel Scheufler).  

Por otra parte, en 1896 Krátký viajó a Rusia para fotografiar la coronación del que acabaría siendo el último zar y como legado de dicho viaje realizó bastantes fotografías de la Rusia urbana y la capital. Como he dicho la mayoría de esas imágenes se han perdido pero alguna se conserva más o menos bien y nos ofrece un material complementario al de Serguéi (más centrado en dejar constancia de la Rusia rural y asiática). 

   Gracias a ello hoy voy a limitarme a colgar aquí algunas viejas fotografías sobre la Rusia de en torno a 1900 (aunque algunas no lo parezcan todas son de entre 1896 y 1906). Algunas de ellas, la mayoría, proceden de mis “archivos” de fotos de Serguéi Prokudin, pese a lo cual no las había colgado el otro día para no recargar la anterior entrada; pero además hoy añadiré a lo anterior algunas fotos de Frantisek Krátký realizadas durante su viaje de 1896. Todo eso junto nos permite seguir imaginando como era una de las grandes potencias que chocarían en el gran conflicto de 1914 (cuyo centenario seguimos recordando este año), poco antes de estallar el mismo.   

En particular me interesa recalcar algo que creo que se ve muy bien en las fotos escogidas hoy, en concreto la peculiar convivencia en el seno del Imperio ruso de etnias exóticas junto con un mundo urbano muy moderno por entonces -sobre todo en lo tocante a la capital- y también un amplio campesinado adaptado a un mundo rural tremendamente atrasado . 

Por lo demás, de cara a darle vueltas a la cabeza os dejo un pequeño acertijo. En una de las fotos de hoy aparece retratado mi amigo Serguéi Mijáilovich Prokudin. A ver quién acierta en cual de ellas. ¿Dónde está Serguéi?, ¿eh?


 
  

3 comentarios:

  1. Sobre esta especie de Anábasis checa, no conocía esta historia, muy interesante. Por ciero que no he leído la Anábasis, pero es uno de los muchos libros que quiero leer algún día :-).

    Todas estas fotografías son muy interesantes también. Incluso hay una que me suena haber visto antes.

    Sobre "Dónde está Wally?", aún tengo un libro de estos desde que era niño. Éste que tengo vendría a ser "Dónde está Wally en diversas épocas históricas desde la prehistoria hasta el futuro pasando por las Cruzadas, la Revolución Francesa, el Oeste americano, etc".

    En éste caso, diré que el bueno de Serguéi está en la novena fotografía, la de la línea de ferrocarril (creo que va sentando delante al lado del militar).

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  2. Exactamente, de hecho también sale en una fotografía del anterior hilo de "Mundos perdidos". Se ve que ya había gusto por los selfies hace siglo y pico.

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  3. Se llame autorretrato o selfie (otro palabro que la RAE meterá en la próxima edición del diccionario si nadie lo remedia), la gente lo que desea es ser amado y recordado. "Miradme, soy tremendo, merezco vuestra atención aunque en realidad soy mediocre". Creo que es lo que más me fastidia de Internet. Ahora todo el mundo puede ser un figura. Y lo peor es que los que más posibilidades tienen de serlo, no poseen ninguna habilidad que sea realmente digna de alabar. En Youtube hay cantidad de personajes que se graban, que tienen cantidad de seguidores. ¿Su mérito? La mayoría de las veces se dedican a criticar las obras de otros, y en general destructivamente.
    Merece mayor atención comportarse como una portera criticona que ser realmente creativo. ¿Puede la tecnología cambiarnos en lo más profundo, hacernos mejores? En mi opinión: no.

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