miércoles, 16 de agosto de 2017

La lucidez


Hay una misión, un mandato, que quiero que cumplan. Es una misión que nadie les ha encomendado pero yo espero que ustedes como maestros se la impongan a sí mismos: despierten en sus alumnos el dolor de la lucidez. Sin límites. Sin piedad. Porque la lucidez es un don y es un castigo. Lúcido viene de Lucífero, que es asimismo el nombre del arcángel rebelde. El demonio. Pero también se llama así al lucero del alba, la primera estrella, la más brillante, la última en apagarse. El bien y el mal todo junto. El placer y el dolor. Por eso la lucidez es dolor y el único placer que uno puede conocer cuando se tiene, lo único que se parecerá remotamente a la alegría, será el placer de ser consciente de la propia lucidez.

Federico Luppi, “La lucidez”





Karl von Ossietzky nació en Hamburgo en 1889, en el seno de una familia de clase media pese a lo que pueda sugerir el “von” del apellido. Aunque fue un mal estudiante desde muy joven empezó a trabajar como periodista, convirtiéndose pronto en una de las escasas voces que manifestaron una actitud pacifista y antimilitarista en Alemania en los años previos al estallido de la I Guerra Mundial. De hecho en 1913 se casó con una sufragista británica de buena familia.

Durante la Gran Guerra fue movilizado y las matanzas que presenció le sirvieron para afianzarse aún más en sus opiniones. Por ello en los años de la posterior República de Weimar fue ganando notoriedad como intelectual comprometido con el experimento democrático en la Alemania de entreguerras, todo ello en un momento en el que el país se desgarraba por los enfrentamientos entre los partidarios de modelos políticos más extremistas tanto por la izquierda como, sobre todo, por la derecha.

En 1927 se convirtió en editor jefe del periódico Die Wetbühne y dos años después publicó en dicho periódico un artículo explicando cómo el Ejército alemán estaba incumpliendo las limitaciones al rearme impuestas por el Tratado de Versalles (cambios en esa dirección empezaron a producirse en el seno de las Fuerzas Armadas teutonas mucho antes de la toma del poder por parte de Adolf Hitler). Debido a ello dos años más tarde Ossietzky, como director del periódico, y Walter Kreiser, el reportero que había firmado el artículo, fueron oficialmente procesados y condenados por “traición y espionaje”. Resulta interesante anotar que lo anterior ocurrió no porque lo que escribieron fuese mentira sino precisamente por todo lo contrario, es decir se les sancionó como consecuencia de contar la verdad sobre prácticas ilegales de su propio Gobierno.

Tras ello Kreiser logró escapar del país y moriría en el olvido en Brasil décadas más tarde. Pero Ossietzky no era de los que huían así que fue arrestado y enviado a prisión. Tras cumplir su primer año de condena, más o menos a finales de 1932, fue amnistiado debido a la presión internacional. Desgraciadamente pocas semanas después Adolf Hitler se convirtió en Canciller del país. Ossietzky fue en aquellos momentos clave una de las pocas figuras intelectuales que, pese a ello, criticó abiertamente en público la deriva totalitaria y antisemita del sistema político alemán. Como consecuencia, a finales de febrero, volvió a ser arrestado y enviado a uno de los primeros campos de internamiento donde los nazis por aquel tiempo empezaban a purgar a sus oponentes políticos.  

Allí sufrió todo tipo de privaciones y maltratos que deterioraron gravemente su salud aunque su situación no se convirtió en tema de debate hasta que en 1936 se le concedió el Premio Nobel de la Paz. Esto último a pesar de las tremendas presiones en contra llevadas a cabo por el Gobierno nazi.

De hecho me interesa señalar aquí un detalle. Una de las figuras de la época que se mostraron partidarias de no “molestar” a los nazis con la “afrenta” de premiar a Ossietzky fue precisamente el rey Haakon VII de Noruega. Lo comento porque vivimos en tiempos patéticos en los que abundan las series de televisión y las películas dedicadas a lavar la imagen de la monarquía en diversos países. Y resulta que hace no mucho pasó por las carteleras The kings choice un producto hagiográfico dedicado a glosar la talla como héroe nacional y estadista de dicho monarca.

Sigamos. La domesticada prensa alemana de la época ocultó a la opinión pública la concesión del galardón a Ossietzky, cuya salud se deterioraba a marchas forzadas producto de su cautiverio. Hasta que finalmente a comienzos de mayo de ese mismo año, 1936, murió en un hospital custodiado por la policía del Régimen a los 49 años de edad.

Pero su historia no acabó ahí. En 1992 descendientes y simpatizantes de su olvidada figura (de hecho la única película sobre su vida se rodó en la antigua RDA, es decir en la Alemania comunista) intentaron que el Gobierno alemán revocase la condena emitida por los tribunales alemanes contra él en 1931.

No lo consiguieron. A efectos prácticos aún en la actualidad se considera que el veredicto fue ajustado a Derecho. Y punto. 

Tres años antes de esto último en China se produjeron los sucesos de Tiananmen en cuyo final resultó clave un joven profesor de literatura de 33 años por entonces, quien, entre otras cosas, persuadió a cientos de estudiantes de abandonar la plaza antes de que se desatase la represión que costó la vida a un número, todavía hoy, indeterminado de personas.

Aquel profesor se llamaba Liu Xiaobo y el pago por su osadía consistió en ser expulsado de su trabajo en la Universidad, detenido, condenado por “propaganda contrarrevolucionaria e incitación a la revuelta” y finalmente ver como la publicación de sus libros quedaba prohibida en China.

Unos meses después fue liberado tras aceptar firmar un documento en el que se “arrepentía” de su comportamiento, sin embargo para entonces la que era en aquel tiempo su esposa, Tao Li, cansada de las privaciones y de vivir con miedo, le dejó llevándose a su hijo con ella a los EE.UU.

En 1995 fue detenido nuevamente y mantenido en arresto domiciliario nueve meses. Tras ser fugazmente liberado, al año siguiente, fue enviado a un campo de trabajo durante tres años por “alterar el orden público” con sus escritos. Allí se casó con la pintora y poeta Liu Xia. 

A finales de 2008, poco después de los JJ.OO. de Beijing que tan buena imagen de China proyectaron al mundo (demostrando una vez más que vivimos en una era donde lo que importa fundamente es la imagen pública proyectada antes que la realidad profunda de los hechos) Liu Xiaobo impulsó la redacción de Charter 08, un manifiesto de intelectuales abogando por una mayor libertad de expresión y mayor respeto por los derechos humanos en el gigante asiático. Liu intentó asimismo difundir dicho manifiesto a través de Internet lo que fue rápidamente detectado por las agencias de seguridad del gobierno Chino. Como consecuencia Liu fue nuevamente detenido dos días después, mantenido en paradero desconocido durante medio año y finalmente condenado por “aprovechar Internet para calumniar al Gobierno e incitar a la subversión”.

Tras todo esto su situación despertó la atención internacional por lo que se le concedió el premio Nobel de la Paz en 2010. Lo que no evitó que el día 13 del mes pasado Liu muriese bajo custodia policial por culpa de un cáncer de hígado desarrollado quizás como consecuencia de una hepatitis mal curada durante su encarcelamiento.

Desde entonces su mujer, Liu Xia, permanece confinada en su domicilio sin recibir visitas no autorizadas ni acceso a Internet o a la televisión, pese a que no ha cometido delito alguno.

Hoy como ayer. 

    Es el precio de la lucidez. 

13 comentarios:

  1. El problema de la lucidez es que cada uno tiene su propia lucidez, influída por medios, contexto social y por los tiempos que vivimos. Muchos se niegan a ni siquiera hacer atisbo de alcanzarla ni les interesa. Prefieren comer una verdad ya masticada y, por lo tanto, mucho más fácil de tragar.

    El que quiera alcanzar la lucidez, tendrá que batallar contra la mayoría y sentirse aislado. Pero el viaje merecerá le pena.

    Saludos.

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  2. A lo que llamas "lucidez", yo lo llamo "grado de consciencia". Y en tiempos más simples: "conocimiento + inteligencia". En este blog descubrí que entender con bastante profundidad el método científico no implica necesariamente la aparición de "indeseables" efectos secundarios relacionados con la "lucidez", que te acaban afectando a toda tu realidad externa e interna (sea ello más lento o más rápido, pero inexorable). Es más, puedes ser una eminencia en una rama científica (siendo la filosofía subyacente de ésta vital para la "lucidez"), pero ser un zote en otras dimensiones del ser humano igualmente vitales (u en otras que no llegan a tanto, pero también son importantes).

    A día de hoy creo que no existen personas lúcidas, sino personas con distintos grados de consciencia no lineal. Todo ello adquirido multifactorialmente (no me extiendo aquí para no enrollarme). Esto explica, por poner un ejemplo, porque de gente que esperas que no se comporte como un nazi, se haya comportado como tal.

    En este sentido, los más lúcidos (lo son porque, entre otras cosas, se cuestionan a sí mismos) realmente no pueden determinar cuanta lucidez poseen, especialmente sino tienen otras mentes lúcidas con las que confrontar su entendimiento de la realidad.

    No creo que exista un sabio absolutamente íntegro y que entienda todo lo vital y más allá en el ser humano (siendo consecuente al respecto de dicha objetividad, al menos en un marco filosófico aceptable). Pero más que de imposibilidad, es una cuestión de improbabilidad. Realmente es difícil que una adjetivo tan inflexible como "lúcido" (parece que se tiene o no se tiene, y lo marca "x") se puede aplicar al ser humano. Por eso prefiero hablar de "grados", y especialmente de grados no lineales.

    Es cierto que si nos ponemos tiquismiquis, podemos decir que la "lucidez" a la os referís sí que existe. Aquella persona que es consciente de la existencia de esta "lucidez", sus implicaciones, etc.

    Pero no me gusta, porque aún así, esa persona no necesariamente se libra de su propio ego por ser "lúcida". De hecho, podría ser aún más intransigente porque él cree que su "lucidez" es más válida que la del resto.

    Si tenemos a una persona bastante íntegra (como referí antes) que no es especialmente consciente de la existencia de la "lucidez" o de muchas de las cosas "vitales", entonces estamos apunto de encontrar a un "creyente" de sus "ideales superiores" (quizá no tan creyente en caso de que aplique bien la lógica y la razón, pero sería corto de miras, si se entiende lo que quiero decir). Éste creo que es el caso de Liu Xiaobo, sobre el que me extenderé más adelante.

    En definitiva, si me obligase a delimitar la separación entre la lucidez y la no lucidez... escogería antes a aquella persona que aún no siendo consciente de la propia lucidez o muchas cosas vitales, acepta para sí un método externo que sea efectivo para hallar la verdad (aunque ésta vaya en contra de su interpretación del mundo). En este sentido, al menos nos queda el consuelo de que si algún día se produce una dialéctica colectiva fundamentada en el método científico y en la argumentación, ellos serán los primeros en participar y aceptar sus conclusiones. Cosa que quizá el "inflexible" lúcido, no haga.

    Todo esto lo estoy diciendo porque, efectivamente, me ha llamado la atención ver a Liu Xiaobo en esta entrada y que no hayas aprovechado para inundarnos con tus profundas enseñanzas. Los que te leemos nos encanta lo gris que es la realidad frente al sencillo blanco y negro que siempre nos intentan vender, y creo que Liu representa esa tonalidad muy bien.

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    1. No sabía mucho sobre él, así que el día de su muerte estuve leyendo un poco sobre su vida. Quizá estoy equivocado, pero llegué a unas conclusiones que escribí en Zonaforo (no os lo toméis muy al pie de la letra, a veces sueno muy radical porque me interesa que ciertas esencias del mensaje se capten bien en sitios donde no hay tanto "intelectualismo". Sí, torpezas "deslucidas" de uno):

      "Un hombre peculiar. Pero comparado con lo que hay ahí fuera (conocido y desconocido), quizá poco extraordinario. El Premio Nobel de la Paz (¿cuestionablemente merecido?) es lo que le ha hecho famoso y dado un positivo reconocimiento internacional.

      Y supongo que se lo han dado porque, insisto, su peculiar forma de pensar y actuar casaron a la perfección con los ideales estadounidenses la mayor parte de su vida. Y aunque llegado cierto punto él mismo se dio cuenta de que estaba idealizando demasiado a Occidente, apoyó electoralmente a George Bush y a sus intervenciones en Afganistán e Irak (desconozco si se arrepintió alguna vez), al mismo tiempo que atacaba el Islam (porque dicha religión era la causa en sí misma de que existiese el fundamentalismo) y apoyaba incondicionalmente a Israel. Es decir, tienes a un tipo que apoya acríticamente cualquier acción estadounidense porque cree que el mundo occidental representa la perfección humana (no lo digo yo, lo dijo él durante muchos años), luchando así por la occidentalización de China (de lo poco ideológicamente poderoso y divergente que queda en el mundo, aunque sea un súper mojón mil veces peor). Es el Premio Nobel de la Paz perfecto para el establishment; indistintamente de que ya hubiera matizado ligeramente su posición por aquellos años. Cosa de la que para nada hay que preocuparse, incluso da una falsa sensación de objetividad. Al fin y al cabo sería estúpido por parte de Occidente venderse como perfectos. Hay que tener un mínimo de autocrítica (cosa que a la larga es la clave del progreso, pues permite a la generación hegemónica morir sin notar cambios especialmente contrarios a sus intereses, mientras que cambios más significativos se gestan en la incipiente nueva generación, que a su vez será la nueva barrera hegemónica del futuro).

      Personalmente, me parece una persona con definidos claroscuros. Por un lado a menudo fue bastante ignorante y simplista, al mismo tiempo que un idealista ingenuo; con todo lo que estás cosas conllevan (no es una crítica en sí, yo mismo lo fui durante mi juventud). Por otro, y más importante, ha tenido la suerte de que aquello en lo que creía tan fervientemente y le hizo luchar admirablemente hasta el fin de sus días, en el fondo era una causa muy justa y trascendente (y las forma no violenta, ya fuera por convicción, miedo o pragmatismo, adornan aún más su leyenda).

      La conclusión a la que quiero llegar es que... rara vez vais a encontrar en la historia supuestos "iconos del bien" que en base a dicha denominación sean mínima y verdaderamente sabios, y por tanto: íntegros, racionales, coherentes, ecuánimes, etc.

      No sé por qué, pero los que lo son no llegan tan lejos. Supongo que carecen de espíritu de lucha o que para tenerlo hace falta fundamentar tu realidad en torno a fervientes creencias de dudosa racionalidad. Quién sabe.

      ...

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    2. Lo que sí sé y la reflexión que quiero proponer, insisto, es que este Liu ha tenido mucha suerte de luchar por las necesarias libertades civiles de China y no por extender la sharia por el mundo. Al fin y al cabo, comparando la forma de pensar de Liu y la de un fundamentalista, es curioso cómo la línea que separa a ambos es muy difusa en muchos aspectos (especialmente me gustaría señalar el sentido de las causas motivacionales). No voy a ser yo quien los equipare, pero ¿acaso creen que no hay personas que defienden la sharia (o gran parte de ella) que sean excelentes seres humanos más allá del oxímoron que suponen sus primitivas creencias particulares a las cuales realmente nunca han tenido una alternativa real si no se daba en sus vida una conjunción de factores aleatorios perfectos que les ayudasen a salir de ellas? (Para todo lo demás: backfire effect).

      No tenemos porque creer realmente que es así, ni decir que es equiparable o que lo es específicamente en el caso de Liu, pero desde luego es interesante reflexionar sobre las cosas que puede sugerirnos el hecho de comparar las esencias de aquellos idolatran a Alá, respecto de cualquier otro forma de idolatría, incluídos los que idolatran a Occidente en este caso (ambos grupos de forma significativamente acrítica, se entiende, cosa que en el caso de Liu, como es obvio, ya se nos sale un poco del tiesto. Pero dejemos volar la imaginación un momento coñe).

      Todos estamos afectados por estos sesgos, incluidos los que tenemos la suerte de haber sido "tocados" por la mano de la ciencia. Pues a menudo la idolatramos sin un coherente esfuerzo lógico-crítico (haciendo nuestro particular oxímoron). Preferimos "creer" en vez buscar activamente la verdad (confiando en que otros lo están haciendo por nosotros. De ahí los conocidos problemas del a veces "intransigente" consenso científico, que en ocasiones tanto daño ha hecho).

      Las creencias son coherentes con la forma de existir humana, en un principio debemos aceptarlas como parte de nuestra naturaleza material animal. Pero no debemos de cesar en la lucha contra ellas en busca de un equilibrio que nos permita seguir progresando en la búsqueda de la genuina verdad sin perder el sentido de nuestra existencia por el camino, aceptar por qué son necesarios los autoengaños y los paños calientes (al menos si deseamos que se reconozca como nuestra naturaleza primaria a la voluntad de una consciencia racional. Que en el fondo ni importaría, ni tiene sentido, pues no es más que la necesidad autoconservativa de un agente entrópico que accidentalmente ha desarrollado autoconsciencia y entendimiento, y que en el proceso ha acabado descubriendo las lindes del pensamiento racional causa-efecto, necesitando un nuevo impulso que de sentido a su existencia tras la muerte de dios y demás engañifas de una analfabeta percepción).

      Lo que espero es que deduzcáis (dicho en pocas palabras, aunque hay gran filosofía detrás) es que la única forma de ser realmente libres es desarrollar una forma de pensar extremedamente crítica en busca de verdades certeras con nuestra realidad interna y externa. Analizar dicha realidad como un sistema caótico, que a veces tiene una grieta que nos permite observar hechos probados, junto a sus causas y efectos (aunque eso no signifique que entendamos a la perfección el conjunto del sistema). A partir de ahí, cuanto más tiempo miremos por la grieta buscando esos hechos, más seguros podremos estar de entender lo que está ocurriendo realmente en el sistema (o en una parte más pequeña o más grande de él).

      Pues eso, que nunca dejéis de estudiar si no queréis que os pase como al chinorri éste que se flipó demasiado mazo cuando desde amarillolandia le llevaron de paseo por la tierra de las hamburguesas (quién puede resistirse a ellas, yo desde luego no), dando por buenas y definitivas unas más que evidentes precipitadas conclusiones (para cualquier eruditillo de salón) durante años y años.

      ...

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    3. ¿Queréis vivir vuestra única vida creyendo y actuando en base a algo que está equivocado simplemente porque es fácil y estáis cómodos? Allá vosotros, no os juzgaré. Quizá yo también debería hacerlo. En cualquier caso os deseo que nunca los azares (quizá en el fondo deterministas) del cosmos os lleven a descubrir la verdad demasiado tarde como para quizá sentir que habéis tenido una vida "irreal" (o que no sea demasiado fuerte el salto, como el de Liu).

      Y hasta aquí puedo leer.

      Un cordial y afectuoso saludo de vuestro formidablemente inculto filósofo particular, asignado a Zonaforo desde la Escuela Oficial de Tarados sin Fronteras."

      En otras palabras... ¿era tan lúcido Liu? ¿O sólo aceptamos lucidez para lo que nos interesa? (tener la "suerte" de que el caos entrópico universal te lleve a descubrir que lo de China no mola y que hay algo objetivamente superior más allá, saliendo de ese "rebaño de ovejas acrítico" particular).

      Particular... particular... ¿Quizá todos estamos muy "deslucidos" en ciertas particularidades que acaben afectando a la generalidad de nuestro entendimiento? Yo desde luego no sé si tanto en según que casos. Pero lo que sí sé, es que mucha gente que se cree "inflexiblemente" lúcida o de la que se piensa que lo es (al menos en un mínimo grado positivo), no lo es en absoluto. Y estos son mis argumentos, estén o no equivocados (desde luego yo sí acepto para mí un método lógico-argumentativo que ayude a otros homininis a abrirme los ojos).

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  3. Vamos a ver, a mi Liu me interesa porque efectivamente su pensamiento tiene claroscuros en los que no he entrado para no extenderme demasiado y contar, por una vez, una historia creo que simple.

    Para empezar este hombre no era precisamente idolatrado por muchos opositores chinos sobre todo por sus ideas esencialmente prooccidentales. Para Liu estaba claro, por ejemplo, que la idea de democracia es exógena a diversas culturas, como la China, así que para él la sociedad china en cierta forma resulta intrínsecamente prototalitaria por así decirlo y necesitaba ayuda o tutela exterior para avanzar en la dirección “correcta”. Así que en China, fuera de cuatro intelectuales, lo odiaba todo el mundo, no tanto por ser prodemócrata como por resultar sospechoso de ser una especie de caballo de Troya yanqui (se educó en ese país). En China tanto el gobierno como sus opositores son ferozmente nacionalistas y Liu en ese sentido le tocaba los cojones a todo el mundo.

    Pero a mí los tipos capaces de irritar a casi todo el mundo a su alrededor y realmente morir por sus ideas me resultan interesantes. Lo inquietante es que si llevamos este razonamiento a sus últimas consecuencias Bin Laden resulta igual o incluso más interesante que un Habermas. Porque muchos de los pensadores de más calado social y capaces de sacrificarse por un ideal que han existido, si los examinamos de cerca, igual nos daría mucho miedito ya que a fin de cuentas el resto de personas no estamos tan dispuestos a morir o matar como ellos.

    Quizás un criterio para distinguir sería el pensar en intelectuales que tienen un recorrido en su pensamiento, que se cuestionan, que son capaces de evolucionar en sus ideas y no enrocarse en una única idea. Es decir la capacidad de reflexión y tolerancia por encima de la tozudez y el fanatismo. A lo que habría que añadir la capacidad para pensar en ideas progresistas y no en base al deseo de involución en cuanto a derechos o libertades.

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    1. Pues estás en tu derecho de que Xiaobo te resulte un ejemplo de lucidez porque irritaba a todo el mundo a su alrededor, pero eso no define la lucidez, sólo define lo que entiendes tú por lucidez. Yo, lo siento, pero no comulgo con ruedas de molino. Xiaobo no era únicamente un disidente, era un ferviente partidario de la intervención otanista en su país. Por eso los mass-media occidentales lo han convertido en un mártir de la "libertad" entendida al estilo del amo otanista y sus secuaces. Así que sí..era un caballo de Troya yanki, sin paliativos.

      Para que conste, Liu Xiaobo ha declarado públicamente que, en su opinión:

      (a) La tragedia de la China es que no fue colonizada durante al menos 300 años por un poder occidental o por Japón. Aparentemente esto hubiera civilizado a la China para siempre;

      (b) Las guerras de Corea y Vietnam emprendidas por EEUU fueron guerras contra el totalitarismo y acrecieron la "credibilidad moral" de Washington;

      (c) Bush hizo bien en ir a la guerra en Irak, y las críticas del senador Kerry eran "propagadoras de calumnias"

      (d) ¿Afganistán? Aquí no hay ninguna sorpresa: apoyo completo a la guerra de la OTAN.

      Tiene perfecto derecho a estas opiniones, pero ¿debería recibir un premio de la paz? ¿Es un nostálgico de la colonización que es partidario de la intervención de los ejércitos occidentales para aplastar la cultura china un ejemplo de "lucidez" universal? Lo dudo mucho.



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    2. Gracias por tu respuesta. No tengo más que decir porque parece que estamos abiertamente de acuerdo.

      A veces siento que me cuesta mucho trabajo hacer entender a los demás lo que pasa por mi cabeza... ya que la gente suele responderme cosas que no terminan de encajar con las ideas que intento compartir (si es que se comunican conmigo, que no es muy habitual). Quizá sean las formas... pero no sé hacerlo de otra manera (y a mí me da la sensación de que lo masco todo bastante y que en el fondo lo que digo es intuitivo. Vamos, que soy más tonto que listo; y no una especie de Sinichi Mochizuki presentando una prueba de la conjetura abc, cojones).

      Cuento esta trivialidad porque desde mi subjetividad percibo que llevo una muy mala racha en este sentido y me estaba empezando a afectar un poco. En palabras más laxas: que me sentía como un puto lunático, joer.

      El caso es que tu respuesta me ha hecho sentir un poco mejor; especialmente los dos últimos párrafos. Todo un descanso para mi frágil cabecita.

      Un cordial saludete.

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    3. Todo eso que dices es cierto. Quizás matizaría el punto a) ya que al parecer ese comentario que siempre se le achaca fue una boutade suelta dicha para provocar y enfrentar el pensamiento nacionalista chino que siempre echa la culpa de todo lo malo en el país a la época de los tratados desiguales del s.XIX y pasa de puntillas sobre otras cosas.

      Y sin duda los Premios Nobel (en general, no solo el de la Paz, también el de Literatura) se utilizan políticamente por parte de las potencias occidentales (que son las que controlan el cotarro, no nos engañemos).

      Pero en todo caso el asunto es el siguiente. Nos gusten o no sus opiniones tenía todo el derecho a expresarlas. Y en cambio su Gobierno hizo todo lo posible para pudrirle la vida. Y eso no está bien.

      A mi modo de ver es un asunto parecido al del negacionismo del Holocausto en Europa. Yo no creo en él, pero veo como algo muy negativo que se criminalice, persiga e incluso se encierre en la cárcel a gente por decir lo que sea. Lo que sea, incluso si es una gilipollez. De hecho hacen más daño los partidarios de la homeopatía y a esos nadie intenta meterlos en la cárcel.

      Porque claro las ideas sobre historia o política son mucho más jugosas de controlar. Y además habitualmente a la hora de crear engranajes políticos que reprimen lo que se puede contar se empieza por ideas muy generales en torno a cuya falsedad casi todo el mundo está de acuerdo, o muy polémicas, como la defensa de movimientos terroristas de algún tipo, y luego a partir de ese precedente vamos incluyendo las injurias a la Corona, a la Iglesia, a esto otro... y llega un día en que ya no se puede decir nada que no autorice expresamente un burócrata o un juez. O aunque lo autorice se cae en la autocensura para no molestar. Y eso a mi modo de ver no convierte al mundo en un lugar mejor sino al contrario.

      No se puede meter gente en la cárcel, de modo general, solo por decir cosas y los que siguen en sus trece tienen todo mi respeto al margen de sus opiniones o su ideología. Porque hoy en día todo el mundo tienen una opinión, lo que faltan son tipos capaces de no venderlas al mejor postor o cambiarlas según convenga.

      Pero como digo es una opinión. No siempre tenemos que estar de acuerdo, lo importante es que no venga nadie a callarnos la boca porque estamos discutiendo algo que no se puede discutir.

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  4. No, no se puede meter a nadie en la cárcel por decir cosas pero tampoco se puede decir de un neocon como Xiaobo que es un ejemplo de lucidez a no ser que tú también lo seas o que no te hayas informado bien sobre su persona. Estoy segura de que, en tu caso, es lo segundo. Lo siento, Surena, pero no puedo aplaudir esta entrada del blog como he hecho con otras. No pasa nada, eh?..pero entre alabanzas al arte pijo-escapista de las élites victorianas y este elogio a Xiaobao, me tienes contenta este verano..(esto último es broma; un beso).

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  5. Otro activista cuya situación es inadmisible en el mundo actual muy al margen de sus ideas políticas concretas o de politización o no de las mismas, estas cosas no son del s.XXI:

    https://en.wikipedia.org/wiki/Raif_Badawi

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  6. El artículo es realmente interesante, pero los comentarios des de luego lo complementan. Con el artículo te tragas lo que pone, los comentarios te hacen pensar. Gran conjunto! ;)

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