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domingo, 18 de octubre de 2020

Una Historia del Islam que no le va a gustar a nadie (I): La vida de un trepa

 

Un día un hombre paseaba por la ciudad en una magnífica noche de luna llena y al llegar a una gran plaza se encontró con un sabio sufí amigo suyo. El hombre se aproximó y le preguntó a su amigo qué hacía allí y éste le respondió que estaba buscando algo que había perdido. Como la plaza era muy grande el hombre, deseoso de ayudar a su amigo a buscar, le preguntó que si sabía más o menos dónde había perdido aquello que buscaba. Y el sabio le respondió que creía haberlo perdido en alguna parte de la biblioteca de su mansión. Dado que la casa de su amigo se ubicaba bastante lejos de aquella zona de la ciudad el hombre, sorprendido por la respuesta, le preguntó entonces al sabio por qué estaba buscando allí, en la plaza, lejos de su casa, lo que había perdido. Entonces el sabio lo miró y le dijo: porque aquí hay más luz.

Cuento islámico



Ha pasado otra vez, nuevamente en Francia. Como sabéis el viernes decapitaron a un profesor de Geografía e Historia que había mostrado en clase caricaturas de Mahoma para hablar de la libertad de expresión. Ese hecho ha sido la espoleta que me ha motivado para publicar una serie de entradas que hace mucho tiempo que tengo en la cabeza pero siempre pospongo porque no tengo tiempo, porque estoy cansado, porque últimamente además el coronavirus está siendo un problema gordo para los profesores y porque siempre pienso que para no meter la pata tengo que documentarme un poco más, confirmar este dato o el otro, conseguir aquel artículo que tengo en la lista pero no he tenido tiempo de buscar… Pero como digo esta noticia del viernes me ha hecho pasarme el fin de semana casi sin dormir, escribiendo, para al menos aportar mi granito de arena al esfuerzo colectivo de iluminar con un poco de conocimiento las tinieblas que parecen engullirnos.

sábado, 21 de marzo de 2020

Kingdom


Tú trabajas con el entretenimiento. Te voy a contar una cosa. Durante la depresión de los años 30 en los EE.UU. con las calles llenas de mendigos que no tenían donde caerse muertos ¿sabes qué cola era más grande que la cola del pan?... La del cine. Es sencillo cuanto peor es la realidad más se necesita de la fantasía.
El negocio” (serie sobre la prostitución en Sao Paulo), capítulo primero.





   En medio de esta pandemia global en que nos encontramos, y siguiendo con mi recomendación periódica de bizarradas cinematográficas con las que matar el tiempo, hoy vengo a recomendaros una serie surcoreana bastante peculiar y que puede serviros para unir la temática de las epidemias con la reciente moda de ver producciones coreanas. Os explico.

Que yo sepa fue en 2018 con la película Rampant cuando se inauguró una especie de subgenero muy curioso nacido de una mezcla desde luego bastante original. Se trataba de coger una serie de clichés hasta ese momento puramente occidentales y pertenecientes a la temática del “apocalipsis zombie” para trasladarlos a un escenario novedoso, en concreto al pasado histórico coreano. Es así como gracias a dicha mezcla pudimos asistir por primera vez a una lucha entre “infectados” y espadachines de la dinastía Joseon coreana de Época Moderna. Curiosa combinación que permitía acompañar el desarrollo de la acción con un vestuario y unos decorados cuanto menos peculiares e inhabituales respecto a lo que estamos acostumbrados por ejemplo en las producciones anglosajonas, las cuales normalmente prefieren situar ese tipo de historias en un ambiente postapocalíptico contemporáneo.

Muy poco después, tras el relativo éxito de dicho film, se produjo una serie, Kingdom, que ya ha sido todo un fenómeno en la plataforma Netflix y acaba de estrenar su segunda temporada.

En base a dicha excusa voy a reorganizar antiguos materiales del blog. De tal manera procedo a separar materiales de un hilo que dediqué hace unos cuantos años a una historia ubicada en Corea pero que, visto con los ojos de hoy, creo que resultaba demasiado denso. De esa forma voy a crear este nuevo hilo más breve (precisamente este) dedicado específicamente a compartir algunas fotografías históricas de la Corea preindustrial previa a la ocupación japonesa. Hablamos fundamentalmente de finales del s. XIX. Me parece un material interesante que puede agradar a los fanáticos de la serie que menciono (como es mi caso) de cara a valorar la calidad de la reconstrucción del período que se hace en las producciones de época coreanas (muy numerosas últimamente en los canales de cable incluso al margen de los dos casos que he citado).

sábado, 2 de septiembre de 2017

El cuento de la buena pipa


Para que los bastardos lleguen al poder el pueblo solo tiene que hacerse a un lado y callar.

Castlevania “Necrópolis”





El mundo está casi lleno de países democráticos (al menos oficialmente). Vivimos en la era de hegemonía de la democracia como paradigma político. Pese a ello uno ha de admitir que a lo largo del planeta es posible encontrar democracias muy raras.

   Y es que, normalmente, al pensar en el funcionamiento de un sistema democrático presuponemos un cierto grado de alternancia en la cúspide del poder. De lo contrario pasado un cierto punto las elecciones periódicas solo sirven para legitimar el control del Estado por parte de unas élites plutocráticas o tecnocráticas que, argumentando limitarse a ejecutar los deseos del pueblo, se dedican a transmitirse década tras década, de forma endogámica y en beneficio propio, el control del gobierno. 

miércoles, 16 de agosto de 2017

La lucidez


Hay una misión, un mandato, que quiero que cumplan. Es una misión que nadie les ha encomendado pero yo espero que ustedes como maestros se la impongan a sí mismos: despierten en sus alumnos el dolor de la lucidez. Sin límites. Sin piedad. Porque la lucidez es un don y es un castigo. Lúcido viene de Lucífero, que es asimismo el nombre del arcángel rebelde. El demonio. Pero también se llama así al lucero del alba, la primera estrella, la más brillante, la última en apagarse. El bien y el mal todo junto. El placer y el dolor. Por eso la lucidez es dolor y el único placer que uno puede conocer cuando se tiene, lo único que se parecerá remotamente a la alegría, será el placer de ser consciente de la propia lucidez.

Federico Luppi, “La lucidez”





Karl von Ossietzky nació en Hamburgo en 1889, en el seno de una familia de clase media pese a lo que pueda sugerir el “von” del apellido. Aunque fue un mal estudiante desde muy joven empezó a trabajar como periodista, convirtiéndose pronto en una de las escasas voces que manifestaron una actitud pacifista y antimilitarista en Alemania en los años previos al estallido de la I Guerra Mundial. De hecho en 1913 se casó con una sufragista británica de buena familia.

Durante la Gran Guerra fue movilizado y las matanzas que presenció le sirvieron para afianzarse aún más en sus opiniones. Por ello en los años de la posterior República de Weimar fue ganando notoriedad como intelectual comprometido con el experimento democrático en la Alemania de entreguerras, todo ello en un momento en el que el país se desgarraba por los enfrentamientos entre los partidarios de modelos políticos más extremistas tanto por la izquierda como, sobre todo, por la derecha.

En 1927 se convirtió en editor jefe del periódico Die Wetbühne y dos años después publicó en dicho periódico un artículo explicando cómo el Ejército alemán estaba incumpliendo las limitaciones al rearme impuestas por el Tratado de Versalles (cambios en esa dirección empezaron a producirse en el seno de las Fuerzas Armadas teutonas mucho antes de la toma del poder por parte de Adolf Hitler). Debido a ello dos años más tarde Ossietzky, como director del periódico, y Walter Kreiser, el reportero que había firmado el artículo, fueron oficialmente procesados y condenados por “traición y espionaje”. Resulta interesante anotar que lo anterior ocurrió no porque lo que escribieron fuese mentira sino precisamente por todo lo contrario, es decir se les sancionó como consecuencia de contar la verdad sobre prácticas ilegales de su propio Gobierno.

jueves, 20 de abril de 2017

El despertar del dragón


- Mao empezó solo con algunos miles de hombres y con el tiempo se apoderaron de medio continente...

- Mao está muerto. Al igual que su China.

“House of cards”, episodio cinco de la segunda temporada.


- Dejad dormir a China, porque el día que China despierte el mundo temblará.

 Cita apócrifa atribuida a Napoleón.





El arte es parte de la superestructura cultural de una sociedad o de una civilización y por tanto responde a las grandes transformaciones económicas y políticas que se producen en el seno de los colectivos humanos así como a los cambios de hegemonía entre naciones y de los modos de pensar entre las élites. Hoy intentaremos reflexionar sobre un ejemplo muy claro y actual de todo esto que afirmo a la vez que concluyo algunos razonamientos que inicié hace ya más de dos años en esta otra entrada del blog. 

Veamos. Hace algunas semanas una icónica imagen de arte pop, creada por el pintor Andy Warhol inspirándose en el histórico líder comunista Mao Zedong, se vendió por más de diez millones de euros en Hong Kong, en una subasta auspiciada por la firma londinense Sotheby's.

   Se trataba de uno de los veintidós Mao de una serie de retratos que el citado Warhol realizó en 1973. Como viene siendo habitual la reciente venta del cuadro al que me he referido mostró algunas de las tendencias de las que vengo hablando desde hace tiempo en mis artículos sobre el mercado del arte, entre ellas la revalorización continua de este tipo de piezas ya que ese mismo cuadro se había vendido por algo menos de 9 millones en Londres en 2014. Por otro lado vemos una vez más como en torno a este tipo de transacciones se mueve muchísimo dinero incluso de forma indirecta ya que el nuevo propietario del “Mao” en cuestión, al margen del importe de la venta propiamente dicha, se deberá dejar en torno a otro millón y medio de euros en comisiones y pagos relacionados con la operación.

Pero sin duda es el carácter simbólico de todo esto lo que me interesa. De hecho el Warhol más caro de la serie sobre Mao es un retrato a gran escala que fue adquirido en Nueva York por unos 16 millones de euros y acabó en las manos del magnate hongkonés Joseph Lau en 2006. Con la nueva venta de alguna forma se termina de cerrar el círculo. El líder comunista convertido en ridículo icono pop durante los años setenta pasa a su vez a ser objeto en la actualidad de transacciones obscenas en el seno del mercado capitalista con destino a las manos de las clases privilegiadas de un país donde la retórica oficial pretendió durante décadas haber terminado con las indecentes diferencias sociales. 

sábado, 21 de enero de 2017

Gran problema en la pequeña España (Ya llega. Se acerca... Es la PUTA VENGANZA DE HONG)


    Todas las religiones son una respuesta estúpida a una pregunta estúpida.

“Peaky Blinders”, capítulo tercero de la tercera temporada.




A lo largo de este blog he dedicado algunas entradas a intentar explicaros una intuición personal. A saber, que lo que está ocurriendo en España de un tiempo a esta parte posee inquietantes conexiones con China y que debido a ello sin duda es la población china la que mejor puede comprender nuestra realidad presente. Lo cierto es que cuanto más lo pienso más me doy cuenta de que esos cabrones nos tienen calados. Y a raíz de la última entrada que he escrito, dedicada a los problemas del sistema educativo español, dicha idea no ha hecho más que reforzarse.  

sábado, 18 de junio de 2016

El Japón decimonónico en imágenes




La técnica para hacer fotografías fue descubierta a mediados en los años veinte del s. XIX, aunque las primeras cámaras no empezaron a salir al mercado con cuentagotas hasta casi veinte años más tarde. Además por entonces resultaban todavía muy rudimentarias ya que solo podían tomar imágenes en blanco y negro de baja calidad.

Sin embargo el nuevo invento progresó rápido y ya desde los años sesenta de ese mismo siglo se implementaron los primeros sistemas para obtener imágenes en color. Aunque se trataba de mecanismos muy complejos, lentos y caros, por lo cual la fotografía en color propiamente dicha no se generalizó comercialmente hasta un siglo después. Antes de eso solo a partir de comienzos del s. XX se empezaron a disponer sistemas relativamente fiables para tomar imágenes en color de buena calidad, pero tales sistemas obtuvieron muy escasa difusión debido a su elevado precio, alta complejidad y a los sofisticados cuidados requeridos tanto por las cámaras como de cara a revelar las imágenes. No obstante de todo esto ya os he ido hablando poco a poco a lo largo de las diversas entradas que he dedicado a la fotografía durante esos años.

La cuestión es que el caso japonés resulta particularmente interesante porque allí en esa confusa etapa que va de 1860 a 1900 aproximadamente se produjeron muchas fotografías de calidad y se llegó a experimentar a gran escala con un sistema muy particular enfocado a proporcionar color a tales imágenes.

lunes, 13 de junio de 2016

Paisajes idealizados y gentes estereotipadas del País del Sol Naciente





Antes de entrar en materia me gustaría enmarcar lo que voy a comentar dentro de un proceso más amplio. En concreto la formación a finales del s. XIX de una imagen tópica de la cultura japonesa, o al menos de una cierta estética derivada de ella que luego sería difundida de forma global mediante los mecanismos de la cultura de masas contemporánea. Esto último a través de muy diversos medios, desde el cine a la pintura, pasando por el cómic o los videojuegos.

jueves, 9 de junio de 2016

Paisajes y gentes del País del Sol Naciente




En nuestra época la imagen del turista japonés cámara de fotos en mano se ha convertido en un tópico. Pero en realidad el arte de la fotografía en Japón tiene tras de sí una amplia trayectoria.

Según Terry Bennett, Photography in Japan, 1853-1912, la introducción de la fotografía en ese país fue un proceso que se inició en 1848 (con la llegada del primer Daguerrotipo a las islas en un barco procedente de Holanda) y que culminó en 1857 con la primera fotografía tomada con éxito en suelo japonés, en concreto esta imagen de al lado que muestra a Shimazu Nariakira un señor feudal del clan Satsuma. 

   Poco después, en paralelo a la progresiva apertura de Japón al exterior, numerosos fotógrafos extranjeros se establecieron en el archipiélago convirtiendo así a Japón en una avanzadilla de la industria fotográfica en Asia. Me refiero a gente como el suizo Pierre Rossier (1829-1890), quien realizó una corta pero fructífera estancia en Nagasaki entre 1859 y 1860. Y sobre todo Felice Beato (1832-1909), gran amigo y fotógrafo favorito de este blog. Felice llegó a Japón en 1863 tras haber recorrido el Norte de la India y parte de China. En Japón se asentó en Yokohama y allí alcanzó su madurez como artista fotográfico dirigiendo un estudio hasta 1877 aproximadamente. Luego, a partir de ese año, empezó a dejar de lado su actividad como fotógrafo para dedicarse a diversos negocios hasta que finalmente abandonó el país en 1884. Vendió entonces gran parte de su material y de sus negativos, los cuales acabaron en manos del italiano Adolfo Farsari (1841-1898), quien a su vez ejerció de fotógrafo en el país nipón entre 1873 y 1890, asentado también en Yokohama. Además por esas fechas resultó asimismo digna de mención la labor del barón austriaco Raimund von Stillfried (1839-1911), el cual permaneció en Japón entre los años 1870 y 1885 aproximadamente. 

lunes, 23 de mayo de 2016

Polvos mágicos



     Los libros no se han escrito para que creamos lo que dicen sino para que los analicemos. 

     ("El nombre de la rosa")


    Mari Carmen, quince años, tres veces... ¡Pero si son pelos de coño!.

    (José Sazatornil en “La escopeta nacional”)





Uno de los campos más resbaladizos de investigación por parte de las “ciencias” sociales ha sido siempre el referido a la sexualidad humana y todo lo relativo a los condicionantes culturales que envuelven el asunto. A ese respecto hoy sabemos que Freud falsificaba o exageraba informes de sus pacientes para que se ajustasen a sus propios puntos de vista y por ello no está muy claro si parte de sus “hallazgos” tenían más que ver con la proyección sobre otros de sus propias obsesiones que con el análisis objetivo de los traumas de los demás. Luego con el tiempo su hija, Anna Freud, se convirtió a su vez en una famosa eminencia en la disciplina abierta por su padre, lo que no le impidió caer en curiosas contradicciones "científicas": durante la mayor parte de su vida vivió de forma clandestina con la también psicóloga y educadora Dorothy Burlingham, pese a lo cual impartía conferencias sobre cómo "curar" la homosexualidad y se oponía a que integrantes de dicho colectivo pudiesen ejercer profesionalmente el psicoanálisis. 

  Por su parte el famoso Alfred Charles Kinsey tuvo sexo con múltiples personas a las que luego entrevistaba en el marco de sus investigaciones, estimuló a sus colaboradores a hacer lo mismo e incluso filmó algunas de esas sesiones. También se cree que alteró datos procedentes de la entrevista a un pedófilo y en general tampoco está del todo claro si su proceder y sus conclusiones se debían más a sus propias necesidades sexuales y sus opiniones personales que al registro objetivo de las prácticas de cama corrientes en su momento entre el ciudadano medio estadounidense. 

  A su vez los celebérrimos William H. Masters y Virginia E. Johnson, allá por los años 60 y 70 figuras emblemáticas del estudio de la dimensión sexual del ser humano al margen -supuestamente- de los prejuicios morales, resulta que en el fondo consideraban a los homosexuales como enfermos que podían y debían ser “curados” (particularmente en el caso de Wiliam Masters).

En general todos ellos contribuyeron a evolucionar la moral sexual occidental a lo largo del último siglo, pero a la vez -bajo una fachada de rigurosidad "científica"- sus trabajos reflejaron sus propias obsesiones y puntos de vista subjetivos, aunque fuese camuflando lo anterior bajo una gruesa pátina de pretendida imparcialidad. A fin de cuentas es así como avanza el conocimiento humano: a trompicones, rara vez en línea recta. Debido a ello este tipo de problemas en torno a la "imparcialidad" de los "científicos" sociales respecto al análisis de cuestiones relativas a la vida íntima resultan plenamente identificables también dentro de la historia oculta de muchas disciplinas humanísticas. Por ejemplo la antropología.  

lunes, 16 de mayo de 2016

El libro de las torres


   “No hay escrituras indescifrables, cualquier sistema de escritura creado por el hombre puede ser leído por el hombre”

Yuri Valentinovich Knorozov





Cuando se habla de desciframiento de escrituras antiguas a la mayor parte de la gente le suelen venir a la cabeza la piedra de Rosetta y el hallazgo de las claves acerca de la escritura jeroglífica por parte del francés Champollion. Sin embargo la arqueología nos ha proporcionado otras muchas inscripciones emblemáticas como el Decreto de Canopo, los pilares de Cippi (inscripciones en griego antiguo y fenicio púnico que sirvieron para descifrar este último idioma), las láminas de Pirgi (inscripciones en fenicio y etrusco que sirvieron a su vez para descifrar parcialmente el segundo) o la inscripción de Azatiwada en Karatepe. Luego, a partir de ellas, diversos eruditos y estudiosos del pasado nos han legado asimismo hermosas historias basadas en sus intentos por desentrañar misterios de tiempos remotos, como ya hemos visto en otras entradas.

Una de esas historias, mi favorita de hecho, incluye los primeros esfuerzos llevados a cabo con el fin de desentrañar las claves de la escritura cuneiforme. Hablamos de la forma de escritura más antigua en aparecer y que por ello evolucionó en complejidad a lo largo del tiempo adaptándose por el camino a diversas lenguas desde el sumerio al persa pasando por el acadio (de la misma forma que hoy en día con el alfabeto latino podemos leer y escribir idiomas diversos). Su longevidad (más de 3.000 años), así como el hecho de haber sido empleada en diverso grado por muchos de los múltiples imperios que se crearon a lo largo de la antigüedad en tierras de Oriente Medio, hacen que su legado sea muy amplio. Por ejemplo, solo entre los fondos del Museo Británico se conservan más de 100.000 tabletas escritas mediante cuneiforme (algunos ejemplos de las cuales podéis ver en las imágenes que acompañan este texto). Debido a ello resulta fácil entender lo importante que resultó en su día para lingüistas e historiadores el desvelar los misterios de tal sistema de escritura. 

sábado, 14 de mayo de 2016

Abajo a la derecha



Hoy toca hilo de fotografía y voy a dedicarlo a colgar algunas imágenes que nos ilustren cómo era el Sureste de Asia a finales del s. XIX. Toda esa zona de Birmania, Thailandia, Laos, Camboya, Vietnam, Malasia y ocasionalmente Indonesia. Área un tanto olvidada por el mayor interés que suscitan sus poderosos vecinos (India, China y Japón) a cuya sombra los reinos de la zona hubieron de tejer su propia historia hasta la irrupción de las potencias coloniales europeas.

jueves, 31 de marzo de 2016

Los otros orientalistas



En el otoño de 1066 milité en el puente de Stamford, ya no recuerdo si en las filas de Harold, que no tardó en hallar su destino, o en las de aquel infausto Harald Hardrada que conquistó seis pies de tierra inglesa, o un poco más. En el séptimo siglo de la Héjira, en el arrabal de Bulaq, transcribí con pausada caligrafía, en un idioma que he olvidado, los siete viajes de Simbad y la historia de la Ciudad de Bronce. En un patio de la cárcel de Samarcanda he jugado muchísimo al ajedrez. En Bikanir he profesado la astrología y también en Bohemia. En 1683 estuve en Kolozsvár y después en Leipzig. En Aberdeen, en 1714, me suscribí a los seis volúmenes de la Ilíada de Pope; sé que los frecuenté con deleite. Hacia 1729 discutí el origen de ese poema con un profesor de retórica, llamado, creo, Giambattista; sus razones me parecieron irrefutables. El 4 de octubre de 1921, el Patna, que me conducía a Bombay, tuvo que fondear en un puerto de la costa eritrea. Bajé; recordé otras mañanas muy antiguas, también frente al Mar Rojo, cuando yo era tribuno de Roma y la fiebre y la magia y la inacción consumían a los soldados. En las afueras vi un caudal de agua clara; la probé, movido por la costumbre. Al repechar el margen, un árbol espinoso me laceró el dorso de la mano. El inusitado dolor me pareció muy vivo. Incrédulo, silencioso y feliz, contemplé la preciosa formación de una lenta gota de sangre. De nuevo soy mortal, me repetí, de nuevo me parezco a todos los hombres.

Jorge Luis Borges, “El inmortal”. 




Hace unos días os hablé de la pintura orientalista en líneas generales, e intenté presentaros la obra de algunos de sus principales representantes. Hoy partiendo de esa base voy a profundizar un poco en la cuestión aunque desde otro punto de vista, para no aburrir. Vamos a ver pintores que de alguna forma pueden clasificarse dentro del género orientalista, pero que no encajan totalmente en esa denominación o cuya obra presenta alguna particularidad que me parece interesante resaltar.  

domingo, 27 de marzo de 2016

Los orientalistas


   Occidente no conquistó el mundo por la superioridad de sus ideas, valores o religión, sino por la superioridad en aplicar la violencia organizada. Los occidentales suelen olvidarse de este hecho, los no-occidentales nunca lo olvidan.

Samuel Phillips Huntington






En 1978 Edward Said publicó su famoso ensayo Orientalismo en el cual ponía en cuestión la forma en que la cultura occidental ha representado históricamente a las sociedades “orientales” muy especialmente el mundo musulmán de Oriente Medio y el Norte de África (es decir el mundo turco, árabe y bereber) durante la época contemporánea. Resumiendo y simplificando mucho, según Said, la cultura occidental se habría dedicado desde hace siglos a perpetuar una visión estereotipada y condescendiente sobre las sociedades de la zona, las más de las veces basándose para ello en tópicos cuando no en prejuicios. Eso en el mejor de los casos, en el peor dicha percepción tendría un trasfondo para nada inocente vinculado con cuestiones políticas e ideológicas, ya que la difusión de esa imagen distorsionada del mundo oriental serviría como apoyo y en parte justificación -de cara a sus propios ciudadanos- del sempiterno imperialismo e intervencionismo occidental en esas regiones del mundo.

domingo, 21 de febrero de 2016

El burro y los elefantes


Somos conquistadores. Yo soy Vasco de Gama y tú... no se, algún otro mejicano. Desembarcaremos allí y les compraremos cosas de valor a cambio de nuestras baratijas. Nuestro mayor desafío es no pillar sífilis.

Roger Sterling a Don Draper en el episodio 6x10 de Mad Men 


                        



Olivier van Noort fue el primer holandés en circunnavegar el globo. Partió de Rotterdam con cuatro barcos en el verano de 1598 con el objetivo de comerciar con China o con las “islas de las especias” y de paso atacar algún navío mercante español si se presentaba la ocasión. De cara a ello cruzó el Atlántico, perdió dos de sus barcos atravesando el estrecho de Magallanes debido a las tormentas frecuentes en la zona y tras una larga travesía por el Pacífico llegó a las proximidades del archipiélago de las Filipinas, en cuyas aguas se dedicó a la piratería por algún tiempo hasta el 14 de Diciembre del año 1600. Ese día se cruzó con dos navíos españoles con los que trabó un duro combate que resultó en la pérdida de un buque por parte de cada uno de los bandos. Tras eso un maltrecho Van Noort regresó a Holanda a través del cabo de Buena Esperanza resultando su aventura clave para la formación poco después de la celebérrima Compañía Holandesa de las Indias Orientales.

El caso es que en 1992 un investigador francés encontró por fin una de las dos embarcaciones que se hundieron durante aquel enfrentamiento. En concreto el barco español, llamado San Diego, en el cual se descubrió un pequeño tesoro compuesto tanto de porcelana china como de katanas japonesas, cañones portugueses o armaduras españolas. Muestra todo ello de que a finales del s. XVI y principios el s. XVII en el SE asiático se producían unas interacciones culturales y comerciales más ricas de lo esperado entre los grandes poderes de la región, tanto occidentales como asiáticos.

Y esa iba a ser en principio la historia de la que pensaba hablar hoy. Digo “en principio”, porque una de las cosas apasionantes de investigar el pasado es que sabes dónde empiezas pero no siempre puedes estar seguro de dónde vas a acabar. El rutinario trabajo de leer y leer, de tirar del hilo recolectando datos resulta que a veces, muy de cuando en cuando, tiene la recompensa de lo inesperado, de encontrarte con algo mucho más increíble, desconocido y fascinante de lo que esperabas.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

¿Quiénes son los buenos?


Tal vez desde siempre solo exista una revolución verdadera que merezca la pena, la de los buenos contra los malos. La pregunta es ¿quiénes son los buenos?.

Burt Lancaster en "Los profesionales". 




En febrero de 1991 el Centre des hautes études sur l’Afrique et l’Asie modernes organizó en París un ciclo de conferencias sobre Vietnam. Durante una de ellas, celebrada el día trece de dicho mes, un oscuro profesor de Filosofía e Historia que hacía de orador fue sorpresivamente interrumpido a gritos por un anciano que se encontraba entre el público. El caso es que dicho exaltado no era alguien cualquiera sino que se trataba nada menos que de Jean-Jacques Beucler, antiguo Secretario de Estado del Gobierno francés a finales de los años 70 y condecorado veterano de guerra. Y la razón por la que interrumpió la conferencia tampoco era baladí. Beucler, tras reconocer al conferenciante, lo acusó a gritos de haberlo torturado en Vietnam, a mediados de los años 50. Así empezó el “asunto Boudarel”, el cual constituye apenas una primera capa de la enrevesada cuestión que hoy vamos a intentar analizar.

domingo, 4 de octubre de 2015

Los forajidos y el cenagal


Es una cruel ironía el que habitualmente aquellos más capaces de acceder al poder no suelen ser los más aptos para ejercerlo.

John Turturro, “Exodus, dioses y reyes”






A la orilla del agua forma junto con el Romance de los Tres Reinos, el Viaje al Oeste y el Sueño en el Pabellón Rojo, un cuarteto de narraciones en prosa compuestas entre los siglos XIV y XVIII, la mayoría en época Ming, que son conocidas como "las cuatro grandes novelas clásicas chinas", todas ellas obras cumbre de la literatura china precontemporánea a la altura de lo que representan El Quijote o Genji Monogatari para otras naciones

domingo, 27 de septiembre de 2015

La profecía del poeta


He llegado al final de esta gran historia
y ahora el mundo entero hablará de mí.
Cuando muera no moriré del todo.
Estas semillas que he plantado
salvarán mi nombre y mi reputación de la tumba,
ya que cuando me haya ido
los hombres sabios ensalzarán mi legado.



Hoy vengo a contar varias cosas, aunque el núcleo de todo ello va a estar constituido por una historia sobre poetas y cómo se fabrican las leyendas. No obstante de cara a comprender sus detalles es preciso conocer primero el contexto geográfico e histórico en que se enmarcan los hechos, para lo cual debemos remontarnos en el tiempo hasta los albores de la civilización en el Medio Oriente.

Es allí donde la cultura persa irrumpió en la historia tras el asentamiento de los pueblos medos y persas en el espacio de lo que es el actual Irán durante el primer milenio antes de nuestra era. Poco después, más al Oeste, se produjo el colapso de los antaño poderosos asirios, lo que dejó el camino abierto para que los persas se beneficiasen de tal vacío de poder en Oriente Medio y se expandiesen de forma fulgurante construyendo un inmenso imperio a partir de mediados del s. VI antes de nuestra era. Lo anterior es algo que a los occidentales nos resulta más o menos conocido ya que, poco después, bajo el mando de la dinastía Aqueménida, los persas chocaron con los griegos (durante las famosas Guerras Médicas) a manos de cuyos herederos (Alejandro Magno y sus macedonios) el Imperio persa colapsó posteriormente.

Ahora bien. Es preciso tener en cuenta que la llegada de esos pueblos persas y medos en Irán supuso desde el primer momento un punto de corte para la historia de la zona en tanto que étnicamente eran descendientes de una rama lateral de pueblos indoeuropeos que se había expandido hacia Asia (rama lateral que luego se dividió nuevamente entre una rama indoaria que invadió la India y una rama irania, que es la que nos interesa, la cual se asentó temporalmente en Asia Central para posteriormente irrumpir en la zona del actual Irán como hemos visto). Poseían por tanto una cultura y un idioma diferenciado de las demás poblaciones del entorno, lo cual dejó poso en las altiplanicies iraníes. Tal es así que a lo largo y ancho de las mismas dicha cultura acabó desempeñando a su manera un papel semejante al que a su vez representaron la cultura egipcia, la maya, o la grecorromana en otras zonas del globo; o mismamente un rol parecido al que sus primos arios jugaron en la India.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Momentos paleomusicales

                   


                                               


Hace unos quince años Robert Bittlestone, por entonces presidente de una importante consultora del Reino Unido llamada Metapraxis, hizo un viaje a Grecia. Allí visitó entre otras zonas la actual isla de Ítaca, al noreste de Cefalonia. Robert, pese a trabajar de asesor financiero, en realidad había estudiado Lenguas Clásicas en la Universidad y era un gran conocedor de la Odisea. Por ello le llamó la atención el comprobar que la isla con ese nombre no se parece en nada a la descripción que Homero nos dejó respecto a la patria del taimado Odiseo (más conocido por su nombre latino: Ulises).

A su regreso del viaje en cuestión, durante las horas muertas en su despacho, Robert se dedicó a buscar a su manera la “auténtica” Ítaca trasteando en su ordenador con diversos programas como este, en su mayor parte encaminados al visionado de fotos por satélite, todo ello de cara a encontrar en las islas de la zona un entorno que se asemejase a las breves descripciones -de la geografía de Ítaca- que desgrana el texto de Homero.

sábado, 29 de agosto de 2015

El sensual Oriente


Mi padre creía en un Dios enfadado y vengativo, uno que castiga la transgresión con dolor y sufrimiento. Cuando era niño me enseñó a encogerme de miedo delante de él. Pero cuanto más viejo me hago, más me enfurece su dogma. 

Kai Proctor, en el capítulo sexto de la tercera temporada de “Banshee”




Después de haber repasado en una entrada muy general los comienzos de la fotografía en el mundo islámico, estoy dedicando de forma complementaria algunas entradas sueltas a fotógrafos concretos o países particulares dentro de la inmensa amalgama que he resumido con ese epíteto de "mundo islámico".

Por ello hoy le toca el turno a Irán (o Persia si alguien prefiere ese término). Curiosamente las primeras cámaras fotográficas (en su caso daguerrotipos) llegaron a esa zona del mundo relativamente pronto, en concreto a comienzos de los años 40 del s. XIX, menos de un lustro después de su invención. Eso se debió fundamentalmente a una azarosa conjunción de factores. Básicamente, el príncipe heredero del trono en aquel entonces, Naser al-Din, quedó muy impresionado por las primeras noticias del nuevo invento y debido a ello pronto recibió como regalo dos aparatos fotográficos, uno de ellos proporcionado por diplomáticos ingleses y el otro por embajadores rusos. Poco después, concretamente en 1848, Naser al-Din accedió al trono y desde entonces hasta su muerte (asesinado) en 1896 patrocinó a diversos fotógrafos extranjeros para que trabajasen a su servicio tomando imágenes de él mismo y su familia, así como de diversos monumentos y lugares por todo el país. Además dentro de la estirpe gobernante esa pasión por las artes visuales era también compartida por otro miembro destacado de la dinastía, en concreto el príncipe Ghasem Mirza, el cual desde finales de los años 40 y sobre todo desde principios de los años 50 del s. XIX tomó personalmente numerosas fotografías del entorno de la Corte.   

Dicho esto, entre los fotógrafos profesionales extranjeros que trabajaron al servicio real hay que tomar nota del inglés Jules Richard que se instaló en Teherán ya en 1844 y más adelante, en los años 60, se convirtió al islam con el nombre de Agha Reza. Posteriormente su hijo, al que puso el nombre de Yousef, heredó el negocio fotográfico paterno.

Para entonces se había asentado en el país el italiano Luigi Pesce, de cuya obra, acumulada durante los primeros años 60, se conservan actualmente 75 fotos en los fondos del Museo Metropolitano de Nueva York. Asimismo, de esa época, se conservan también unas 60 fotografías tomadas por otro fotógrafo italiano, de nombre Luigi Montabone, que este último exhibió en la Exposición Internacional de París celebrada en 1867.

Pero sin duda los fondos claves para observar la apertura del mundo persa a la modernidad son los legados por otro fotógrafo de nombre Antoin Sevruguin, hijo de un diplomático ruso casado con una mujer de ancestros armenios-georgianos. Antoin se asentó en Teherán y, una vez establecido allí, tomó miles de fotografías de toda Persia y su entorno durante una carrera profesional que se extendió desde los años 70 del s. XIX hasta bien entrado el primer tercio del s. XX.