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domingo, 5 de mayo de 2019

El hombre y los tanques


Out of the night that covers me,
black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
for my unconquerable soul.
(…)
It matters not how strait the gate,
how charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.

William Ernest Henley, Invictus



Esta imagen que podéis ver más arriba pertenece a un rincón de Minsk en la actualidad y encabeza la entrada de hoy porque, si lo pensáis bien, cuenta la historia del mundo en el último cuarto de siglo. En todo caso no importa demasiado si no entendéis exactamente qué quiero decir, porque hoy voy a hablar de otra fotografía mucho más conocida, perteneciente a uno de los momentos en que empezó todo. 

domingo, 18 de febrero de 2018

Contra Calvino

  
Huye, Adso, de los profetas y de los que están dispuestos a morir por la verdad, porque suelen provocar también la muerte de muchos otros, a menudo antes que la propia, y a veces en lugar de la propia.

Guillermo de Baskerville en “El nombre de la rosa”





Stefan Zweig fue un novelista austriaco de orígenes judíos nacido en Viena en 1881. Por entonces dicha ciudad, esplendorosa capital del hoy desaparecido Imperio austrohúngaro, era un hervidero de artistas y pensadores y por tanto podía ser considerada, quizás, como la segunda capital cultural de Europa tras París. Durante las siguientes décadas, hasta el estallido de la Gran Guerra, residieron allí Theodor Herzl, el fundador del moderno sionismo; poetas como Rainer María Rilke; músicos como Arnold Schoenberg; muchos pintores, si bien normalmente de menor fortuna y talento que los asentados por entonces en París o Londres; e igualmente diversos jóvenes que con el tiempo se convertirían en famosos en sus respectivas disciplinas como Sigmund Freud o el filósofo Ludwig Wittgenstein. Viena era en aquel tiempo una colmena de mentes de excepción plagada de cafés en los que se reunían ocasionalmente a intercambiar opiniones variopintos grupos de intelectuales. 

miércoles, 16 de agosto de 2017

La lucidez


Hay una misión, un mandato, que quiero que cumplan. Es una misión que nadie les ha encomendado pero yo espero que ustedes como maestros se la impongan a sí mismos: despierten en sus alumnos el dolor de la lucidez. Sin límites. Sin piedad. Porque la lucidez es un don y es un castigo. Lúcido viene de Lucífero, que es asimismo el nombre del arcángel rebelde. El demonio. Pero también se llama así al lucero del alba, la primera estrella, la más brillante, la última en apagarse. El bien y el mal todo junto. El placer y el dolor. Por eso la lucidez es dolor y el único placer que uno puede conocer cuando se tiene, lo único que se parecerá remotamente a la alegría, será el placer de ser consciente de la propia lucidez.

Federico Luppi, “La lucidez”





Karl von Ossietzky nació en Hamburgo en 1889, en el seno de una familia de clase media pese a lo que pueda sugerir el “von” del apellido. Aunque fue un mal estudiante desde muy joven empezó a trabajar como periodista, convirtiéndose pronto en una de las escasas voces que manifestaron una actitud pacifista y antimilitarista en Alemania en los años previos al estallido de la I Guerra Mundial. De hecho en 1913 se casó con una sufragista británica de buena familia.

Durante la Gran Guerra fue movilizado y las matanzas que presenció le sirvieron para afianzarse aún más en sus opiniones. Por ello en los años de la posterior República de Weimar fue ganando notoriedad como intelectual comprometido con el experimento democrático en la Alemania de entreguerras, todo ello en un momento en el que el país se desgarraba por los enfrentamientos entre los partidarios de modelos políticos más extremistas tanto por la izquierda como, sobre todo, por la derecha.

En 1927 se convirtió en editor jefe del periódico Die Wetbühne y dos años después publicó en dicho periódico un artículo explicando cómo el Ejército alemán estaba incumpliendo las limitaciones al rearme impuestas por el Tratado de Versalles (cambios en esa dirección empezaron a producirse en el seno de las Fuerzas Armadas teutonas mucho antes de la toma del poder por parte de Adolf Hitler). Debido a ello dos años más tarde Ossietzky, como director del periódico, y Walter Kreiser, el reportero que había firmado el artículo, fueron oficialmente procesados y condenados por “traición y espionaje”. Resulta interesante anotar que lo anterior ocurrió no porque lo que escribieron fuese mentira sino precisamente por todo lo contrario, es decir se les sancionó como consecuencia de contar la verdad sobre prácticas ilegales de su propio Gobierno.

jueves, 9 de marzo de 2017

En passant par Marseille


El hombre es en el fondo un animal salvaje, una fiera. No le conocemos sino domado, enjaulado en ese estado que se llama civilización. Por eso retrocedemos con terror ante las explosiones accidentales de su naturaleza. Que caigan, no importa cómo, los cerrojos y las cadenas del orden legal, que estalle la anarquía, y entonces se verá lo que es el hombre.

Arthur Schopenhauer






En mi última entrada hablé de fascistas, de nazis y de intelectuales. Pero lo hice desde mi tradicional perspectiva pesimista. Por ello me centré en los vínculos, en muchos casos hoy olvidados, de diversos intelectuales europeos con el totalitarismo de ultraderecha en auge durante la época de entreguerras del siglo XX. Sin embargo falta una parte de la historia. Una parte al menos parcialmente positiva. Una parte que nos remite a ese pequeño espacio de bondad que siempre ha existido, pese a todo, en el alma humana. Me refiero a la otra cara de la moneda, a los miles de intelectuales que no comulgaron con el fascismo o el nazismo, algunos de los cuales acabaron nutriendo por ejemplo la Exilliteratur. Aunque para hacer eso me voy a centrar, como hilo conductor, en la historia del pobre tipo que los salvó a casi todos y del que, por supuesto, hoy no se acuerda nadie.

sábado, 21 de enero de 2017

Gran problema en la pequeña España (Ya llega. Se acerca... Es la PUTA VENGANZA DE HONG)


    Todas las religiones son una respuesta estúpida a una pregunta estúpida.

“Peaky Blinders”, capítulo tercero de la tercera temporada.




A lo largo de este blog he dedicado algunas entradas a intentar explicaros una intuición personal. A saber, que lo que está ocurriendo en España de un tiempo a esta parte posee inquietantes conexiones con China y que debido a ello sin duda es la población china la que mejor puede comprender nuestra realidad presente. Lo cierto es que cuanto más lo pienso más me doy cuenta de que esos cabrones nos tienen calados. Y a raíz de la última entrada que he escrito, dedicada a los problemas del sistema educativo español, dicha idea no ha hecho más que reforzarse.  

jueves, 14 de abril de 2016

El secreto de la felicidad


   El conocimiento hace sufrir y por tanto aquel que hace crecer su conocimiento hace crecer también su sufrimiento.

(El nombre de la rosa)





A mi última entrada le faltó algo, por así decirlo. Me refiero a la cuestión de los sellos grabados y de los rastros de escritura (o más bien de escrituras) hallados por Evans en el entorno de Cnosos, así como más adelante también descubiertos por otros investigadores a lo largo de casi toda la isla de Creta. Es una historia menos divulgada que la de los grandes yacimientos y sus "palacios" pero quizás igual o más informativa e interesante, no solo por lo que implica para el conocimiento de las fases minoica y micénica de la historia de Grecia, sino por lo increíble y fascinante que resulta por sí misma como trabajo intelectual que dio sentido a la vida de varias personas excepcionales. 

domingo, 21 de febrero de 2016

El burro y los elefantes


Somos conquistadores. Yo soy Vasco de Gama y tú... no se, algún otro mejicano. Desembarcaremos allí y les compraremos cosas de valor a cambio de nuestras baratijas. Nuestro mayor desafío es no pillar sífilis.

Roger Sterling a Don Draper en el episodio 6x10 de Mad Men 


                        



Olivier van Noort fue el primer holandés en circunnavegar el globo. Partió de Rotterdam con cuatro barcos en el verano de 1598 con el objetivo de comerciar con China o con las “islas de las especias” y de paso atacar algún navío mercante español si se presentaba la ocasión. De cara a ello cruzó el Atlántico, perdió dos de sus barcos atravesando el estrecho de Magallanes debido a las tormentas frecuentes en la zona y tras una larga travesía por el Pacífico llegó a las proximidades del archipiélago de las Filipinas, en cuyas aguas se dedicó a la piratería por algún tiempo hasta el 14 de Diciembre del año 1600. Ese día se cruzó con dos navíos españoles con los que trabó un duro combate que resultó en la pérdida de un buque por parte de cada uno de los bandos. Tras eso un maltrecho Van Noort regresó a Holanda a través del cabo de Buena Esperanza resultando su aventura clave para la formación poco después de la celebérrima Compañía Holandesa de las Indias Orientales.

El caso es que en 1992 un investigador francés encontró por fin una de las dos embarcaciones que se hundieron durante aquel enfrentamiento. En concreto el barco español, llamado San Diego, en el cual se descubrió un pequeño tesoro compuesto tanto de porcelana china como de katanas japonesas, cañones portugueses o armaduras españolas. Muestra todo ello de que a finales del s. XVI y principios el s. XVII en el SE asiático se producían unas interacciones culturales y comerciales más ricas de lo esperado entre los grandes poderes de la región, tanto occidentales como asiáticos.

Y esa iba a ser en principio la historia de la que pensaba hablar hoy. Digo “en principio”, porque una de las cosas apasionantes de investigar el pasado es que sabes dónde empiezas pero no siempre puedes estar seguro de dónde vas a acabar. El rutinario trabajo de leer y leer, de tirar del hilo recolectando datos resulta que a veces, muy de cuando en cuando, tiene la recompensa de lo inesperado, de encontrarte con algo mucho más increíble, desconocido y fascinante de lo que esperabas.

domingo, 24 de enero de 2016

El auténtico cacouac


Después de las tinieblas, espero la luz.

(Divisa calvinista empleada por Juan de la Cuesta, editor del Quijote)





A finales del año 1757 estalló en Francia la llamada “polémica de los cacouacs” cuando en una primitiva gaceta de la época apareció un artículo anónimo titulado Avis utile ou premier mémoire sur les Cacouacs donde se ridiculizaba a un variopinto grupo de intelectuales progresistas que entonces pululaban por París. Ellos serían los citados “cacouacs” a los que se refería el título del escrito, una palabra francesa de fonética burlona cuyo significado podría traducirse al castellano como algo parecido a “malvado” o “villano”. 

   Luego de eso, a lo largo de más o menos un año, al artículo anterior siguieron otros firmados por gente como Jacob Nicolas Moreau, un historiador de marcado tinte conservador y monárquico, quien unos años más tarde se convertiría en preceptor del futuro Luis XVI; o el abad Joseph de Giry de Saint Cyr, doctor en teología, consejero de Estado, miembro de la Academia Francesa y antiguo preceptor en este caso de Louis Ferdinand (hijo de Luis XV y padre de Luis XVI),.

El resultado fue establecer la palabra “cacouac” como un término anti-ilustrado a través del cual diversos “sabios” del período, todos ellos adscritos a una ideología desfasada y reaccionaria pero muy bien situados en puestos políticos, universitarios o académicos en general, pretendían  mofarse del grupo de pensadores que hoy en día denominamos “philosophes” o “enciclopedistas”, debido a la vinculación de estos últimos con la proyecto de redacción de la famosa “Enciclopedia” francesa, por entonces en su momento álgido.

¿Qué estaba ocurriendo?, ¿cuál era el problema?

miércoles, 9 de diciembre de 2015

¿Quiénes son los buenos?


Tal vez desde siempre solo exista una revolución verdadera que merezca la pena, la de los buenos contra los malos. La pregunta es ¿quiénes son los buenos?.

Burt Lancaster en "Los profesionales". 




En febrero de 1991 el Centre des hautes études sur l’Afrique et l’Asie modernes organizó en París un ciclo de conferencias sobre Vietnam. Durante una de ellas, celebrada el día trece de dicho mes, un oscuro profesor de Filosofía e Historia que hacía de orador fue sorpresivamente interrumpido a gritos por un anciano que se encontraba entre el público. El caso es que dicho exaltado no era alguien cualquiera sino que se trataba nada menos que de Jean-Jacques Beucler, antiguo Secretario de Estado del Gobierno francés a finales de los años 70 y condecorado veterano de guerra. Y la razón por la que interrumpió la conferencia tampoco era baladí. Beucler, tras reconocer al conferenciante, lo acusó a gritos de haberlo torturado en Vietnam, a mediados de los años 50. Así empezó el “asunto Boudarel”, el cual constituye apenas una primera capa de la enrevesada cuestión que hoy vamos a intentar analizar.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Almost Superstars


De Musaylimah, Mensajero de Dios, para Muhammad, Mensajero de Dios. Saludos.

Misiva de un profeta de la zona Este de Arabia para otro profeta, con el tiempo más exitoso, asentado por aquel entonces en el Oeste de la región.


Pues si de Cristo se predica que ha resucitado de los muertos ¿cómo entre vosotros dicen algunos que no hay resurrección de los muertos? Si la resurrección de los muertos no se da, entonces tampoco Cristo resucitó, vana es entonces nuestra predicación y vana también nuestra fe.

Corintios, 15:12-14




"Jesucristo" es un sobrenombre occidentalizado. En realidad “nuestro” Jesús vivía en una sociedad que usaba el arameo como lenguaje y por tanto los nombres propios de la época se diferenciaban bastante de lo que nosotros estamos acostumbrados a usar y pronunciar. Debido a ello probablemente su verdadero nombre sonaba bastante parecido a YehoshúaYeshúa (algo así como “Yahvé salva”). Los primeros textos cristianos se escribieron en griego y en ellos se usó el nombre Iesous debido a que los cristianos de habla griega no usaban el sonido sh. Luego ese nombre se convirtió más adelante en el Iesua latino que posteriormente derivó en el "Jesús" que nosotros utilizamos de forma corriente. Por su parte el vocablo “Cristo” proviene también del griego y vendría a ser un intento de traducir a dicha lengua (mediante la cual se redactaron los primeros Evangelios) el título original de Mashiach, es decir de “Mesías”, de "ungido", un concepto perteneciente a la tradición hebraica, con el que se referían a él sus primeros seguidores. A partir de tal origen el término "Cristo" con el tiempo se hizo muy popular, pasó a definir a los “crist-ianos” como conjunto y unido al nombre de Jesús forma el vocablo Jesu-cristo al que me refería antes.

El fondo de la cuestión es que Jesucristo se llamaba Yeshúa. Ese es el nombre que le había puesto su padre el día de su circuncisión y era tan corriente entonces que había que añadirle algo más para identificar con precisión a la persona. Por ello en su localidad natal a nuestro profeta favorito la gente lo llamaba Yeshúa bar Yosef, es decir “Jesús el hijo de José” siguiendo el sistema patronímico de la época. Mientras que lejos de allí lo conocían como Yeshúa ha-notsrí, “Jesús el de Nazaret” (porque es allí donde nació y no en Belén, un puro mito inventado a posteriori, como tantos otros presentes en los Evangelios).

Tan común era ese nombre por entonces (los arqueólogos han desenterrado más de setenta tumbas de la época con ese nombre grabado) que hasta "Barrabás" (aquel prisionero que fue liberado en vez de Jesús sellando así el destino de este último) se llamaba de esa misma forma. En concreto, Yeshúa bar Abbá. Lo cual vendría a ser algo así como “Jesús, el hijo del padre”, nombre confuso por otra parte. No es descartable por tanto que este segundo apelativo haya llegado a nosotros contaminado. De hecho los primeros padres de la Iglesia, al ponerse a traducir y reelaborar las primeras versiones de los Evangelios, se mostraron muy molestos y conmocionados de que un pecador se llamase exactamente igual que el hijo de Dios. Por lo cual suprimieron su nombre real y pasaron a conocerlo por el sobrenombre que nos suena a nosotros hoy en día, "Barrabás", el cual como digo es posible que además sea producto de algún tipo de alteración lingüística o literaria de su filiación auténtica.

Aunque no quiero aburriros con estas cuestiones. Quedémonos por ahora con el dato de que probablemente un porcentaje importante de los varones judíos de la época de Jesús se llamaban exactamente igual que él. Y entre ellos no faltaban los profetas. No hay cifras exactas pero tirando por lo bajo puede asegurarse que en un lapso de unos 25 años antes y después de la muerte de Jesús los romanos hicieron ejecutar en Jerusalén no menos de una docena de profetas, varios seguramente con ese mismo nombre.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Si me queréis, ¡irse¡


¿Alguna vez viste un desastre más espléndido?

Anthony Quinn en “Zorba el griego”

        


                       



Supongo que a estas alturas todo el mundo lo sabe pero lo comentaré igualmente. Los lemmings, esos simpáticos roedores nórdicos protagonistas de una adictiva serie de videojuegos, no se suicidan en masa. Nunca lo han hecho. Esa falsa creencia procede de un tramposo documental de 1958 producido por la casa Disney llamado White Wilderness y cuyas peripecias de rodaje seguramente podréis encontrar en la web. 


                                       


En realidad el animal conocido con mayor tendencia a desarrollar pautas de comportamiento contraproducentes y estúpidas, en cierta forma parecidas a las que falsamente hemos atribuido a los lemmings, es precisamente el más inteligente de todos: el ser humano. En ese sentido se podría redactar un artículo completo recopilando, por ejemplo, desastres relacionados con estampidas humanas masivas en conciertos de música o celebraciones deportivas (desde la Tragedia del Estado Nacional del Perú, hasta las celebérrimas catástrofes de Heysel y Hillsborough). De hecho las catástrofes colectivas de este tipo podrían remontarse mucho más atrás en el tiempo, hasta la época de los primeros anfiteatros romanos, construidos en madera; a los altercados entre verdes y azules en el hipódromo de Constantinopla ya en época justinianea; o a las barbaridades que tal vez ocurrieron -aunque no dejasen rastro documental- en época medieval durante momentos de catarsis religiosa colectiva.

Sin embargo una de las primeras referencias precisas a este tipo de fenómenos la tenemos en fecha tan tardía como el s. XVIII cuando una crónica de época nos informa que durante la representación de una obra de Beaumarchais murieron tres personas aplastadas debido a una avalancha espontánea entre un sector de los espectadores. Eran tiempos en los que se producían abundantes altercados en representaciones teatrales o musicales debido a la beligerancia del público (parte del cual a veces era comprado para asegurar el éxito de la obra con sus vítores, o bien para todo lo contrario, hundirla con sus vehementes protestas).

Pero es ya en plena época contemporánea, debido al crecimiento de la población y la acumulación de cada vez mayores aglomeraciones urbanas, cuando estos fenómenos saltaron al siguiente nivel. En 1823 más de cien personas murieron en las celebraciones del Carnaval en la capital de la isla de Malta y en 1883 fueron cerca de doscientas las víctimas en Sunderland durante una estampida que se produjo en un reparto de regalos a niños.

  Viajemos ahora a mayo de 1896 en Moscú, durante las celebraciones posteriores a la coronación de Nicolás II como zar, escenario del que quizás sea el primero de estos desastres cuyos detalles conocemos a través de una extensa documentación.

sábado, 1 de agosto de 2015

Por un puñado de dólares


 - Un caballero no debe fumar en presencia de una dama.

- Hace tres semanas le extraje una bala a un hombre que había sido herido por un caballero. La bala estaba en la espalda.

     John Carradine y Thomas Mitchell en “La Diligencia”


Por casualidad me he dado de bruces con el libro Airmen Without Portfolio: U.S. Mercenaries in Civil War Spain, escrito por un tal John Carver Edwards (autor que no conocía previamente ya que ni el tema ni el período me interesan particularmente). No obstante ese desconocimiento me ha servido para, tras hojear muy por encima su libro, empezar a interesarme y tirar del hilo, ya por mi cuenta, en torno a la existencia de diversos “mercenarios del aire” durante el segundo cuarto del s. XX fundamentalmente.  

¿De qué hablo?. Veamos. En la Guerra Civil española combatieron unos 2.800 estadounidenses a favor de la República, en su mayoría como soldados de infantería (encuadrados principalmente en el famoso Batallón Abraham Lincoln). No obstante en su libro Edwards se dedica a examinar en concreto la vida y andanzas de los poco más de una docena de aviadores estadounidenses que lucharon alistados en el bando republicano durante la Guerra Civil española.

domingo, 26 de julio de 2015

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida


- Ha pasado mucho tiempo desde lo de España.

- Si… Los mejores murieron allí. 

  (Burt Lancaster en “Scorpio”)


    


    Aprovechando las fechas estivales hoy vamos a viajar a las islas Baleares y de cara a ello, en consonancia con el tono depresivo y pesimista de este blog, me centraré en contaros una historia que tiene como protagonista destacada a la muerte. A fin de cuentas en esas islas se acumulan los casos de gente que se ha muerto de forma muy rara sin que a nadie le importase ni le llamase particularmente la atención en su momento; y no me refiero solamente a las típicas muertes estivales por balconing de jóvenes turistas borrachos.

miércoles, 1 de julio de 2015

Got Milk?


- Me gusta cuando dice cosas como que la homosexualidad es abominable.

- Yo no digo que la homosexualidad sea abominable señor presidente, lo dice la Biblia.

- Cierto, el Levítico.

- Dieciocho, veintidós.

- Capítulo y versículo... Quiero hacerle un par de preguntas aprovechando que está aquí. Me interesaría vender a mi hija como esclava, tal como aprueba el Éxodo 21-7. Está en segundo año de carrera y habla italiano fluidamente. ¿Cuál cree que sería un buen precio?. Mientras se lo piensa me gustaría hacerle otra pregunta. Mi jefe de gabinete Leo McGarry insiste en trabajar el domingo. El Éxodo dice que quien trabaje el séptimo día debe morir, ¿estoy moralmente obligado a matarle yo mismo o debo llamar a la policía?. Ahora otra muy importante, porque hay muchos fanáticos del deporte en la ciudad. Tocar la piel de un cerdo muerto lo convierte a uno en impuro, Levítico 11-7. Si prometen llevar guantes ¿pueden los jugadores del Washington Redskins seguir jugando al fútbol?. ¿Cree usted que todo el pueblo debe reunirse para apedrear a mi hermano John por plantar diferentes cosechas una al lado de la otra?. ¿Tengo que quemar a mi madre en una reunión familiar por llevar vestidos hechos de dos hilos diferentes?... 

Fragmento del capítulo "Elecciones legislativas" de la serie El ala oeste de la Casa Blanca.


                                                        


Hace unos días el Tribunal Supremo de los EE.UU. declaró ilegales las leyes que aun existían en catorce Estados prohibiendo casarse a personas del mismo sexo, gracias a ello el matrimonio homosexual se consolida como un derecho garantizado por la Constitución para todos los ciudadanos estadounidenses. En la mismísima California, la cuna del movimiento gay en el país, se había votado en 2008 (así como en muchos otros estados) la llamada Proposición 8 –puesta sobre el tapete por el lobby mormón- y que negaba esa posibilidad de matrimonio entre homosexuales (aunque no las uniones civiles). Incluso hace algunos meses en el Estado de Indiana se aprobó una normativa que abría la puerta a que comercios y empresas se negasen a atender a personas homosexuales amparándose en que eso podría atentar contra la libertad religiosa de los empleados en cuestión. Uno de los últimos episodios de la reciente temporada de la excelente The good wife en parte giraba en torno a ello. Sin embargo lo que cogió por sorpresa a los sectores conservadores que ampararon este último cambio legal fue la reacción social que desencadenó. Así, gracias a ella, lo que empezó como un intento de restringir los derechos y la visibilidad de la comunidad homosexual ha desembocado justo en lo contrario, tras la reciente decisión del Tribunal Supremo.

Por tanto no cabe duda de que todo esto que últimamente ha ocurrido en los USA, al respecto de la igualación de derechos de la comunidad gay con el resto de la población, resulta no solo un símbolo sino también una metáfora que resume muy bien el proceso de tira y afloja, y en última instancia de cambio social respecto a esas cuestiones, que se ha producido en buena parte del mundo desarrollado durante las últimas décadas.

miércoles, 10 de junio de 2015

Bellas durmientes


Intenté establecer un negocio recogiendo fósiles en Lyme Regis pero no funcionó. Demasiado lluvioso.

(Jonathan Strange and Mr. Norrell, The Friends of English Magic).




En ciencia en ocasiones se conocen como “bellas durmientes” aquellos trabajos donde se manejan conceptos adelantados a su época pero que, por lo que sea, pasan desapercibidos en un primer momento, siendo apreciados en su verdadero valor solo al cabo de unos cuantos años.

Mary Anning nació en 1799 en una pequeña población del Sur de Inglaterra llamada Lyme Regis. Su padre era carpintero y consiguientemente Mary recibió una educación muy básica. En general su infancia fue dura debido a la pobreza, a que la familia no era bien vista en la zona y a que en la región abundaban las epidemias de viruela y rubeola. De hecho Mary tuvo nueve hermanos de los que solo uno, Joseph, sobrevivió a la infancia. Por si fuese poco, cuando Mary tenía once años también falleció su padre, el cabeza de familia, por lo que ella tuvo que ponerse a trabajar para ayudar a mantenerse a su madre y su hermano.     
Sin embargo lo peculiar del caso es la forma de trabajo que escogió. En vez de emplearse como criada o prostituirse (como era habitual durante aquel tiempo en el caso de mujeres en situación parecida), Mary Anning con la ayuda de su hermano Joseph desarrolló una profesión por entonces, digamos, novedosa. 

miércoles, 4 de marzo de 2015

El ciclo de la vida


Todas las grandes verdades comienzan por ser blasfemias.

George Bernard Shaw

Es usted un hombre inteligente pero creo que debo recordarle que quien intenta cambiar el mundo normalmente fracasa por una razón simple pero inevitable: las demás personas. 

Black Sails, 2x01



   ¿Puede un humilde ginecólogo y obstetra convertirse en un héroe?. Hoy vamos a ver que sí.

Durante la historia humana cientos de millones de hombres han muerto combatiendo en conflictos bélicos. También muchas mujeres han muerto debido a ese tipo de enfrentamientos pero, dado que la guerra ha sido preferentemente una actividad masculina, han sido los hombres los más afectados por la mortalidad derivada de la misma a lo largo de la historia.

Y sin embargo el porcentaje de hombres y mujeres a lo largo de la historia se ha mantenido más o menos equilibrado en torno al cincuenta por ciento para cada sexo. Esto se explica debido a que, al margen de prácticas sociales como el infanticidio femenino en sociedades agrícolas, una de las respuestas de la naturaleza para nivelar demográficamente el número de hombres y mujeres en la sociedad ha sido la altísima mortalidad sufrida por las mujeres al dar a luz. Al menos hasta bien entrado el s. XX.

Más en extenso, durante la mayor parte de la historia el régimen demográfico imperante implicaba en general altas tasas de mortalidad para la población producto de guerras, enfermedades y hambrunas. Por tanto, de cara a simplemente compensar lo anterior y mantener los niveles de población estables o en lento crecimiento, era necesario que cada mujer diese a luz múltiples veces a lo largo de su vida. Algo que por otra parte era casi inevitable habida cuenta de la falta de medios anticonceptivos fiables hasta tiempos recientes. Pues bien, cada vez que se producía un parto la correspondiente madre se arriesgaba a morir debido a que durante el mismo podían producirse múltiples incidencias para las que la medicina solo ha encontrado respuesta hace algunas décadas, siendo muy frecuentes hasta el período de entreguerras en el s. XX los casos de fallecimientos de parturientas debido a hemorragias o infecciones.

Todo eso implica que, hasta tiempos recientes, el destino de un porcentaje importante de las mujeres a lo largo de la historia humana implicaba morir tarde o temprano producto de algún parto. Por tanto si, como he dicho anteriormente, a lo largo de la historia los hombres han muerto por cientos de millones luchando para arrebatar vidas, las mujeres han muerto en iguales cantidades en el intento de dar lugar a nuevos nacimientos. Procesos complementarios.  

En relación con ello hoy vamos a viajar a Viena a mediados del s. XIX en concreto a una de las secciones de maternidad abiertas en uno de los más reputados hospitales de la capital del flamante Imperio austríaco (más adelante conocido como Imperio austrohúngaro ya a partir de 1867, en fechas posteriores a lo que hoy toca).

domingo, 15 de febrero de 2015

El sexto hombre (III): Un hombre con tres huevos


 Un asno vivo es mejor que un león muerto, ¿no es así?. 

    Ernest Shackleton

 

 

 

En la Antártida, como en general en todo el hemisferio Sur, las estaciones están invertidas, cuando en el hemisferio Norte es otoño allí es primavera, cuando aquí es verano allí es invierno y al revés. Por eso el capitán Scott emprendió su intentona de alcanzar el Polo Sur en los meses que en Europa consideramos “invernales”, llegando a dicho lugar en enero de 1912, mientras Amundsen lo había hecho a su vez un poco antes, en diciembre del año anterior. Todo estaba planificado para lanzar el asalto en esa época del año que en aquellos lugares corresponde al verano, aunque obviamente en la Antártida durante esas fechas sigue haciendo frío. En concreto Scott durante su estival carrera hacia el Polo se encontró unas temperaturas entre los -18 °C y los -29 °C. Lo dicho, verano.

miércoles, 11 de febrero de 2015

El sexto hombre (II): Tras las montañas de la locura



         Venid, amigos míos.
         No es demasiado tarde para buscar un mundo nuevo.
         Zarpemos, y sentados en perfecto orden hiramos
         los resonantes surcos, pues me propongo
         navegar más allá del poniente y el lugar en que se bañan
         todos los astros del Occidente, hasta que muera.
         Es posible que las corrientes nos hundan y destruyan;
         es posible que demos con las Islas Venturosas,
         y veamos al gran Aquiles, a quien conocimos. 
         A pesar de que mucho se ha perdido, queda mucho; y, a pesar 
         de que no tenemos ahora el vigor que antaño 
         movía la tierra y los cielos, lo que somos, somos: 
         un espíritu ecuánime de corazones heroicos,
         debilitados por el tiempo y el destino, pero con una voluntad decidida 
         a esforzarse, buscar, encontrar y no ceder. 
(Extracto del “Ulysses” de Alfred Tennyson cuyos tres últimos versos se convertirían en el epitafio escogido por los supervivientes de la expedición Scott para sus compañeros muertos).

 

 

 

  Pese a lo que se suele creer en la Antártida hay montañas. Montañas muy altas que forman incluso cordilleras al completo, algunas de las cuales se interponen a su vez entre zonas de la costa y el interior. Así ocurría al menos con el territorio próximo al Mar de Ross, la zona de desembarco donde los británicos y los exploradores de otros países instalaron sus bases a principios del s. XX en su intento por adentrarse en el territorio. De cara a esto último, a partir de esas cabezas de playa lo siguiente era recorrer una elevada meseta que en algunas zonas próximas al litoral asciende a más de 2.500 metros de altitud y donde la sensación térmica es extrema. Para salir de ese infierno había que encontrar algún paso por el que penetrar entre las cordilleras montañosas que separan dicha altiplanicie costera del interior. A ese respecto la ruta abierta por Shackleton para acceder hacia el interior de la Antártida usaba los glaciares de la zona -en su caso el llamado glaciar Beardmore-, glaciares que aportaban un terreno llano el cual, abriéndose paso entre algunas de esas cimas, descendía suavemente hasta una llanura helada central en cuyo interior se encuentra el Polo Sur. En consecuencia el glaciar Beardmore fue también la puerta escogida por Scott para acceder al interior del continente helado y comenzar la última parte del viaje del que os he hablado en la entrada anterior.

viernes, 6 de febrero de 2015

El sexto hombre (I): La edad heroica



Siempre fallaste; no importa, inténtalo otra vez, falla mejor.

Samuel Beckett




De alguna forma hubo una época en que la Antártida estuvo maldita. En 1819 un barco español, el San Telmo, un navío de línea de más de 70 cañones en ruta hacia Perú durante las famosas guerras de Independencia de Latinoamérica, fue desviado hacia el Sur por una tormenta mientras recorría el llamado paso de Drake, una zona de mar entre América del Sur y la Antártida al Sur del Estrecho de Magallanes y el cabo de Hornos. Aquel enorme navío contaba con una tripulación de 644 personas a bordo. Jamás se las volvió a ver. De todas formas lo que les ocurrió es más o menos conocido en tanto que unos meses después un capitán de navío británico llamado William Smith tocó tierra en una helada isla cercana a la costa de la Antártida. Allí localizó restos del naufragio de “un navío español” en la costa Norte de la hoy llamada Isla Livingston. Según cuenta la leyenda el propio Williams pereció en aquel ignoto lugar y allí fue enterrado en un ataúd construido con la madera de los propios restos del barco perdido que había encontrado. Por si fuera poco los siguientes expedicionarios que cartografiaron aquellas aguas y consiguieron regresar con vida fueron el inglés James Weddell, que murió arruinado, y el francés Jules Dumont d´Urville quien poco después de volver de su viaje de exploración por la zona murió quemado vivo junto con su mujer y todos sus hijos debido a un trágico accidente. Irónico sin duda, sobrevivir al hielo para morir calcinado tras regresar a la seguridad del hogar. Lo que os digo; la Antártida estuvo maldita. Quizás aún lo está. 

No obstante, aunque cueste creerlo, buceando hacia atrás en el pasado se puede encontrar un tiempo remoto en que ese infierno fue un paraíso, como de hecho también ocurrió con el Sáhara aunque en momentos más recientes. La razón es que tanto la temperatura de la Tierra como la posición concreta de los continentes han variado con el tiempo y por tanto la historia geológica del pasado planetario nos ofrece sorpresas. Debido a ello hace unos 500 millones de años el continente antártico era un vergel vegetal situado más o menos a la altura del Ecuador. Sin embargo en ese momento inició su deriva hacia el Sur hasta quedar aprisionado en la posición extrema que hoy ocupa. Y peor aún, hace unos 35 millones de años quedó totalmente rodeado de agua, un océano por el que discurren corrientes frías que bloquean completamente el intercambio térmico con regiones más al Norte. De hecho es la Corriente Circumpolar Antártica quizás la mayor responsable de las bajas temperaturas que se llegan a dar en la zona desde hace unos cuatro millones de años, momento en que la vegetación y la vida fueron derrotadas definitivamente por la capa de hielo perenne que cubre la Tierra de la zona desde entonces, un hielo que ocasionalmente se extiende también a las aguas próximas.

El caso es que la Antártida que el hombre ha conocido es esa y solo esa. Una tierra desolada, durante mucho tiempo inaccesible y que, por ello, se mantuvo al margen de migraciones y exploraciones humanas hasta fechas realmente tardías. Fue descubierta a finales del s. XVI por marinos holandeses o bien a principios del s. XVII por el navegante hispano Gabriel de Castilla. No está claro. Pero las temperaturas extremas en la zona hicieron que incluso cuando África empezaba a dejar de ser un continente salvaje, a finales del s. XIX, la Antártida se mantuviese virgen, desafiante e inexplorada, una gigantesca incógnita alzada en las fronteras del mundo civilizado, dominado por la ciencia de los hombres. Debido a todo eso fue hacia ella a donde volvieron su mirada los últimos grandes exploradores románticos cuando la industrialización y la expansión del imperialismo por el planeta amenazaban con dejar a los grandes aventureros de la época sin objetivos o metas, sin lugares por descubrir ante ellos, una vez que casi todas las selvas, ríos y mares de la Tierra contaban ya por entonces con una cartografía cada vez más precisa.

   Pues bien, a lo largo de esta entrada y otras dos más que la seguirán voy a intentar contaros la historia de cómo un puñado de esos exploradores intrépidos intentó domar el continente helado a fuerza de voluntad, cómo y por qué fracasaron, y sobre todo os voy a ir desgranando poco a poco la historia a veces conmovedora, a veces ridícula, de uno de ellos, el penoso y lamentable último testigo de una aventura imperecedera. Repudiado y despreciado, el haber sobrevivido a la tragedia paradójicamente se convirtió en su penitencia.

Ese hombre era Cherry Garrard. Él será nuestro guía en esta historia. La información habitualmente disponible sobre él es bastante genérica. En Internet o en las enciclopedias habituales se menciona que participó en la expedición a la conquista del Polo Sur del capitán Scott, que sobrevivió a la misma, y que años después describió sus experiencias en un libro que oficialmente “permanece como un clásico de las historias de aventuras”. Pero ese retrato general no hace justicia a su historia, la cual mezcla hasta tal punto lo dramático y lo ridículo que la mayoría de los autores prefieren pasar de puntillas sobre esto último. Yo por el contrario pienso recrearme especialmente en ello.

De esa forma, para intentar desentrañar la trayectoria vital de nuestro “héroe”, tal vez es mejor empezar por el hecho que marcó su vida. Veamos. En esencia Garrard pasó a la historia como el hombre que hacía excursiones en trineo alrededor de un depósito llamado gráficamente “Una tonelada" (de comida) situado a 18 kilómetros de donde el capitán Scott y los últimos miembros de su equipo se murieron de hambre y agotamiento atrapados en su tienda por una tormenta. Garrard a la espera del retorno del capitán Scott en vez desplazarse a su encuentro decidió regresar al campamento base porque le preocupaba la salud de sus perros.

Años después de aquello Garrard contó su particular visión de dichos acontecimientos en ese libro que “permanece como un clásico de las historias de aventuras”. Al libro lo llamó directamente El peor viaje del mundo y en realidad dedica buena parte del mismo no al intento definitivo de conquista del Polo Sur por parte de Scott y su grupo sino a narrar sus propias experiencias durante una salida del campamento base que Garrard realizó unos meses antes de los hechos en busca de huevos de pingüino. Más adelante Garrard nos explica cómo durante dicho viaje sintió tanto terror “que casi me da miedo ahora irme a dormir”, cómo nunca volvió a celebrar la Navidad tras regresar de la Antártida, cómo se destrozó la dentadura de tanto castañetear los dientes por el frío, o el disgusto que se llevó cuando en el transcurso de la expedición se tuvo que comer un poni que le habían asignado (uno de los errores de Scott durante su expedición fue confiar preferentemente en ponis -no como los actuales, sino pequeños caballos de Manchuria o Islandia acostumbrados al frío- para acarrear suministros en vez de en trineos tirados por perros). Además gracias a los escritos de Garrard -el cual además padecía diarrea crónica- sabemos también lo que se siente (o más bien no se siente) al cagar a cincuenta grados bajo cero (y sin papel higiénico a mano).

Visto así. Apsley Cherry Garrard se nos presenta como un aventurero bastante particular. Inmediatamente surge la pregunta: ¿qué diantres hacía en la Antártida con el capitán Scott este peculiar individuo que perdió la virginidad a los 53 años y que durante la IIª Guerra Mundial llevó ante los tribunales a los cuerpos de la Defensa Local británicos por negarle su derecho a desfilar en zapatillas?.

Intentemos explicarlo.